Mi historia

Mi historia

Diego Retamozo

La Geometría de la Interdependencia

Mi camino inició en la contabilidad, una disciplina que a primera vista puede parecer fría y meramente numérica, pero que para mí siempre fue la búsqueda de un orden universal y una estabilidad. Descubrí que Fray Luca Pacioli, padre de la contabilidad, escribió La Divina Proporción, obra que inspiró a Leonardo da Vinci y que enlaza directamente la matemática con la proporción áurea y los sólidos platónicos.

Sin embargo, al finalizar mi formación, sentí una profunda desconexión entre la técnica y la gestión, el orden de los números se sentía insuficiente y frío frente a la complejidad humana. Fue esa brecha, entre el rigor abstracto de la profesión y la incertidumbre, lo que me llevó a buscar una geometría tangible y colaborativa que pudiera sostener algo más que balances.

Esa necesidad de encontrar formas que reflejaran el orden y la permanencia me condujo a los domos geodésicos. Estas estructuras, nacidas de la geometría sagrada y popularizadas por Buckminster Fuller, me mostraron cómo los principios matemáticos podían transformarse en soluciones concretas, económicas y, sobre todo, colectivas.

Esta elección por la geometría geodésica no es casual; me conecta con una filosofía más profunda. Los domos se convirtieron en el ícono arquitectónico del movimiento hippie y su mensaje de paz en los años 60. Representan una búsqueda de la autosuficiencia y la armonía con la naturaleza, rechazando la jerarquía para abrazar una vida donde cada persona es un integrante más de la comunidad y no el jefe o dueño.

Al trabajar en la autoconstrucción del domo, descubrí que no se trata solo de levantar una estructura física. Es un proceso que moviliza a las personas, genera comunidad y vincula realidades. Así como el triángulo es la figura geométrica más simple y estable en la que se basan los domos, podemos compararlo con lo simbolizado por el K’intu (la ofrenda ritual conformada por 3 hojas de coca que representan la trinidad) en la cosmovisión andina donde Hanan Pacha es el mundo de arriba-espiritual, Kay Pacha es el mundo de aquí - terrenal, Ukhu Pacha es el mundo de adentro-interior.

De allí surge mi interés por la investigación aplicada a la dinámica de grupos. Estudiando el icosaedro, descubrí su potencia como herramienta de organización humana en la metodología Team Syntegrity, propuesta por Stafford Beer. Este enfoque permite trabajar temas complejos en grupos amplios, distribuyendo la comunicación de manera equitativa y potenciando la inteligencia colectiva.

De la confluencia entre esta metodología y los domos surgieron las Mingas (tradición comunitaria de trabajo colaborativo) como manera de plasmar y compartir el conocimiento. Estas experiencias quedaron registradas en los diferentes talleres Minga-Taller-construccion (la primer aplicación práctica de la metodología Sintegración en equipos), Taller-Sintegracion-en-Equipo (el primer taller virtual gamificado) y otros talleres virtuales y presenciales desarrollados en instituciones educativas y grupos de educación no formal, de los que hay registros en artículos como este -> No-solo-los-pozos-se-construyen-desde-arriba.

En la práctica pedagógica, integré esta metodología durante dos años en la materia Unidad de Definición Institucional (UDI) que trataba sobre Mutualismo y gestión de proyectos, tendiendo puentes entre la planificación y la filosofía para crear un nuevo dispositivo educativo lúdico que facilita el desarrollo gamificado de proyectos complejos y actúe como guía visual del tiempo y las tareas, resaltando el rol preponderante de la COMUNICACIÓN y su forma.

Hoy entiendo que mi profesión y mi práctica constructiva no son caminos separados. Como contador, me ocupo de ordenar flujos para dar estabilidad. Como constructor, canalizo esa misma búsqueda de orden y armonía en estructuras tangibles que invitan a la colaboración y la contemplación.

Esta búsqueda constante de coherencia en mis actos y la necesidad de alinear mi pensamiento con mi práctica encuentran un faro ético en los Cuatro Acuerdos Toltecas. Adherirme a estos principios me permite llevar la geometría del orden a la práctica interpersonal: siendo impecable con mi palabra al planificar proyectos y talleres; procuro no tomarme nada personal en la dinámica de grupos; me esfuerzo por no hacer suposiciones al facilitar el aprendizaje; y me comprometo a hacer siempre mi máximo esfuerzo al construir y enseñar.

Todo esto queda plasmado en el Proyecto Hormiguero Geodésico, que como iniciativa me permite experimentar libremente sobre la energía de las formas y su impacto en la vida de las personas.

En el fondo, todo se conecta, todos son lenguajes distintos de una misma verdad: que la vida se sostiene y evoluciona en la interdependencia y en la capacidad de crear juntos un orden más amplio que nosotros mismos. Un orden donde la forma guía, acompaña y registra la vida.

De esta confluencia entre la geometría, la pedagogía y mi vocación de servicio surge la necesidad de construir un espacio — el Taller del Hormiguero Geodésico — donde pueda plasmar las múltiples experiencias y seguir descubriendo las enseñanzas que nos brinda la vida, intentando respetar los valores de los 4 acuerdos toltecas y viviendo los principios del buen vivir.

El proceso de desmantelamiento existencial y reconstrucción al que llevó la construcción de este espacio se puede seguir en la publicación del Versario Libre donde, utilizando la introspección y el lenguaje poético, la intuición fue enviando mensajes encriptados para resolver conflictos que la mente analítica no pudo.

El Versario es el triunfo de la honestidad radical sobre la rigidez autoimpuesta, y la victoria de la libertad encontrada en la rendición al afecto.



Report Page