Ánima
II Bestiæ fabulosæ » Canis lupus familiaris terra americana Staffordshire
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Canis lupus familiaris terra americana Staffordshire
Tengo la boca llena del sabor del hombre. Mi amo fuma cigarrillo tras cigarrillo. No reacciona a las lamentaciones del otro, no responde a su incesante pregunta: ¿Están muertos…? ¿Están muertos…? ¡Claro que están muertos! Ovillado contra la puerta del camión, no para de gemir, con la pierna dolorida entre las manos. El mordisco que le he dado ha dejado una huella de color carbón. La herida supura y dibuja una aureola en su pantalón. Exhala un olor amargo.
—¿Y ahora qué hacemos? ¿Adónde vamos?
—Vamos a llamar a Coach.
—¡Me duele!
—Tendrás que esperar a que lleguemos a la reserva.
—¿Está lejos?
—Lejos, no. Pero no me extrañaría que se te hiciera largo.
El camión reduce la velocidad, mi amo gira el volante para trazar una curva. Nos alejamos de la violencia de las pistas gobernadas por coches enfurecidos. Tomamos la salida y atravesamos un puente que pasa por encima de la autopista. Nos alejamos. Estamos solos. En lo alto de una pendiente vemos aparecer el campo, blanco e inmóvil, cubierto por un cielo sin nubes. Todo duerme. La carretera está desierta. Un árbol solitario alza el enrejado de sus ramas hacia el cristal del día que ya declina. La luz palidece y avanzamos hacia el ocaso. Nos alejamos, nos hundimos. A mi lado, el hombre no deja de lamentarse. ¡No puede ser…! ¡No puede ser…! ¡Están muertos!