Ánima

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II Bestiæ fabulosæ » Calliphora vomitoria

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Calliphora vomitoria

Entra. Las hojas plastificadas de la puerta se cierran, la temperatura ambiente de la cabina aumenta. Él descuelga, yo doy vueltas, hay humedad en el aire, su olor me vuelve loca, él suda, yo tengo sed, subo por encima de su cabeza, desciendo en espiral.

¿Oiga? /

Me poso en un mechón de su cabello.

Con el coroner Aubert Chagnon, por favor /

Camino hasta el inicio de su frente, donde el sudor es abundante.

Wahhch Debch / Gracias /

Despliego la trompa, vierto saliva sobre el azúcar de su piel. El azúcar se funde. Me aparta con la mano, levanto el vuelo, doy vueltas, desciendo, me poso, despliego la trompa, lo absorbo todo, defeco.

¿Y usted? / ¿No hay ninguna noticia? /

Me aparta con la mano. Se da la vuelta, remonto. Se apoya en la pared transparente de la cabina. Desciendo, doy vueltas a su alrededor atravesando el aire húmedo, me poso en el vello de su antebrazo.

De día todo va relativamente bien, de noche la cosa se complica un poco, apenas consigo cerrar los ojos / Sacude el brazo, pero me agarro bien.

Sueños, pesadillas /

Absorbo su jugo.

Entro en casa, veo a Léonie, pero no es Léonie / Absorbo su jugo.

Otras caras, otros cadáveres, animales muertos /

Defeco sobre su piel, vacío los intestinos, levanto el vuelo, doy vueltas, me poso en su hombro. La piel se esconde bajo la espesa materia textil que la recubre.

Cuanto más tardan en atraparlo, más cosas afloran a mi memoria / No lo encontrarán / Pero eso ya no tiene demasiada importancia para mí, la verdad /

Entre las fibras de la tela hay incrustadas finas láminas de grasa. Salivo, lo fundo todo, aspiro, defeco.

Ya sé que no soy yo, pero al mismo tiempo soy yo /

La humedad no para de aumentar. Segrego un líquido graso para advertir a mis congéneres de la presencia de alimentos.

No estoy diciendo eso /

No viene nadie.

Cuando vi muerta a Léonie recordé que de niño me habían enterrado vivo bajo tierra. No es que no lo recordara, pero nunca había vuelto a pensar en ello. Se había convertido en algo banal. Las cosas banales se olvidan. El esfuerzo que están haciendo por detener al asesino de Léonie ha abierto una brecha en mi memoria. Cuanto más corre ese hombre, cuantos más días pasan, más se despeja mi memoria. Esta noche he tenido el convencimiento de que el terrible hecho de haber sido enterrado cuando era un niño no es el final sino el principio del recuerdo, y si ya el haber sido enterrado vivo es algo horrible, tengo la sensación de que las causas que me llevaron a terminar bajo tierra, y que el cuchillazo en el vientre de Léonie ha vuelto a despertar, son más horribles todavía, y realmente no sé si quiero conocerlas. Por eso estoy impaciente por que lo detengan. No es cuestión de justicia, la justicia es asunto suyo, yo solo tengo la esperanza de que, al detener su carrera, se detendrá también el tractor que labra mi memoria. Quizá entonces todo vuelva a la normalidad, quizá entonces podré soñar con reconstruir mi vida, como dice usted, quizá sí. Pero hasta que no le echen el guante, no habrá manera de hacerme entrar en razón / ¡No! Se lo digo y se lo repito: no creo que vayan a detenerlo / Lo habrían hecho ya, y usted lo sabe perfectamente /

La humedad aumenta. No viene nadie. Revoloteo alrededor de su cara. Me aparta dando un manotazo al aire. Me alejo. Me vuelvo a acercar.

Intentaré ir hasta Las Vegas /

Levanta la mano, remonto en espiral, me poso sobre un mechón de pelo, busco su cuello.

No, en autoestop / Mi padre /

Me aparta, levanto el vuelo, me poso en su hombro. La piel se esconde bajo la espesa materia textil que la recubre. No viene nadie.

Lo mantendré informado /

Cuelga. La humedad aumenta. Descuelga. Levanto el vuelo, doy vueltas, me poso en su mano, sacude la muñeca, levanto el vuelo, me agarro a la pared.

Papá, soy Wahhch. Quería saber cómo estabas. Te… te intentaré llamar otra vez /

Cuelga. Se va. No viene nadie. Va a llover.

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