Vuelo

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Entonces » Capítulo 2

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Jurando como un carretero, aparco en la última fila del aparcamiento de la fábrica y me abro paso rápidamente a través de un mar de coches hacia el vestíbulo. Ya solo me faltaba un sermón sobre la puntualidad, después de la cena rancia y aburrida con mi padre de anoche. Esa hora y pico que me he visto obligada a soportar bajo su atentísima mirada de lince ha sido suficiente para agradecer mi nuevo horario, que me obligará a trabajar casi todas las noches.

El calor del sol desaparece en cuanto abro las puertas de cristal. El edificio en sí parece bastante antiguo. Aunque pulidos, los suelos de baldosa están agrietados y desconchados tras décadas de uso. Hay un gran helecho en una maceta en el centro del vestíbulo que crea la ilusión de que hay vida en algún lugar allí dentro, pero, al mirarlo más de cerca, me doy cuenta de que es falso y está lleno de telarañas. Un solitario guardia de seguridad venido a menos permanece impasible mientras una mujer mayor, bien vestida y de ojos grises, me saluda desde detrás del mostrador.

—Hola, soy Cecelia Horner. He venido a la formación.

—Estoy al tanto, señorita Horner. Última puerta a la izquierda —responde, fijándose en mi vestido, mientras señala un largo pasillo.

Una vez me ha despachado, subo las escaleras, paso por unas cuantas oficinas vacías y, justo a tiempo, me cuelo por una puerta que una mujer está sujetando para que entre el último de los novatos. Me saluda con una sonrisa cálida —el único calor que parece haber en el edificio— mientras yo me estremezco por el gélido clima interior. Me pide que ponga mi nombre en una etiqueta y yo sigo sus instrucciones; después, la pego en el vestido de verano que he optado por llevar ese día antes de que me obliguen a ponerme el aburrido uniforme que me espera en el armario. Percibo las miradas intensas de las personas que ya están sentadas y elijo el pupitre más cercano.

La sala está a oscuras, iluminada solamente por una pantalla de proyección en la que pone «Bienvenidos» en negrita con el logotipo de la empresa Horner Technologies en la parte inferior.

Nunca he estado orgullosa de mi apellido. Por lo que a mí respecta, no fui más que una eyaculación que Roman tuvo hace años y que pudo permitirse el lujo de limpiar con dinero. No albergo esperanzas de estrechar lazos con él jamás. No me mira con la misma cruel indiferencia que a mi madre —por lo que he visto en los pocos encuentros que he presenciado—, pero, definitivamente, nunca he sido su prioridad.

La cena de anoche fue, como mínimo, incómoda y nuestra conversación, forzada. Hoy estoy aquí para hacer su voluntad. Otra hormiga trabajadora para añadir a su granja industrial. Es como si pretendiera enseñarme la lección vital de que el trabajo duro tiene su recompensa, algo que no me resulta en absoluto ajeno. Me he valido por mí misma desde que pude empezar a trabajar; me compré mi primer coche y pagué las cuotas del seguro con mi propia chequera. No tengo nada que aprender de él, eso lo tengo claro. No me cabe la menor duda de que, cuanto más tiempo cumpla con sus exigencias y siga los planes que él tiene para mí, más crecerá mi resentimiento.

«Lo hago por mamá».

La mujer que me ha recibido en la puerta se pone al frente de la sala y sonríe.

—Parece que ya estamos casi todos, así que vamos a empezar. Soy Jackie Brown. Sí, como la de la película. —Ninguno de nosotros se ríe—. Llevo ocho años trabajando para Horner Tech. Soy la directora de Recursos Humanos y me hace mucha ilusión daros la bienvenida al programa de formación. Para intentar conoceros a todos, me encantaría que os fuerais levantando uno a uno y presentándoos brevemente.

Yo estoy en el primer asiento de delante y ella me hace un gesto con la cabeza. Me pongo de pie de mala gana, sin molestarme en mirar al resto de la sala, y le hablo directamente a ella.

—Me llamo Cecelia. No como la de la canción. Soy nueva en la ciudad. Para dejar las cosas claras desde el principio, quiero que sepáis que mi padre es el dueño de este sitio, pero no quiero recibir ningún trato especial. Y prometo no chivarme si os tomáis un descanso de más para fumar u os gusta disfrutar de un encuentro apasionado en el armario de la limpieza.

Veo que mi presentación no le sienta bien a Jackie Brown, que me mira boquiabierta mientras alguien se ríe detrás de mí. Me siento, maldiciendo mi incapacidad de pasar los primeros minutos de formación sin que mi rencor asome su asquerosa cabeza. Debería saber que no conviene provocar a la fiera el primer día y tengo claro que mi padre se enterará de esto. Pero, más allá de las inevitables repercusiones, me cuesta arrepentirme. Me recuerdo por enésima vez que estoy haciendo esto por mi madre y me comprometo a mantener mi carácter a raya, al menos hasta acabar el periodo de prueba.

—Siguiente. Tú, el que está detrás de ella.

Alguien se mueve detrás de mí y percibo un olor a cedro antes de que hable.

—Soy Sean, no tengo nada que ver con el jefazo y esta es la segunda vez que trabajo en Horner Tech. He estado fuera una temporada. Y no me importaría disfrutar de un encuentro apasionado en el armario de la limpieza. —Se oyen unas risas ahogadas en la sala mientras en mi cara se dibuja la primera sonrisa que soy capaz de esbozar en días.

Me giro en el asiento para mirar hacia atrás y me topo con unos ojos burlones de color avellana que me ponen la piel de gallina. En la penumbra, a escasos centímetros de distancia y antes de que vuelva a sentarse, puedo apreciar el seductor contorno de las facciones de ese hombre y su increíble físico, así como su camiseta ceñida sobre los pectorales y sus vaqueros ajustados oscuros. Jugamos unos instantes a mirarnos fijamente y yo me aventuro más allá del punto de la incomodidad antes de volver a mirar a Jackie Brown.

—Bienvenido de nuevo, Sean. Vamos a abstenernos de hacer más comentarios como ese, ¿de acuerdo?

Me cuesta horrores ocultar mi sonrisa y noto que él sigue mirándome mientras el resto de las personas de la sala se van levantando una a una para presentarse.

«Tal vez esto no esté tan mal, después de todo».

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