Vuelo
Entonces » Capítulo 10
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A la mañana siguiente, sonriendo como una boba después de haber estado rememorando mis sueños en la ducha, bajo las escaleras con una excusa ensayada en los labios y los nervios a flor de piel mientras cruzo el vestíbulo y entro en el comedor. Me alivia encontrarlo vacío. Pero ese alivio dura poco, porque mi teléfono suena y recibo un correo electrónico de mi padre con el asunto «Visitas». Roman Horner no envía mensajes, eso es demasiado personal. Se comunica con su hija por correo electrónico.
Eres una mujer adulta y soy consciente de que las condiciones de tu estancia en mi casa pueden resultar un poco agobiantes para tus actividades extracurriculares debido a tu horario tardío. Dicho lo cual, esta es la segunda noche que me desvelo a causa de tu llegada a altas horas de la madrugada y al ruido que has hecho al presentarte delante de mi puerta. A partir de ahora, haz lo posible por volver por tus propios medios por las noches y sé respetuosa con mi casa, Cecelia. Las visitas deberán reducirse al mínimo. En otro orden de cosas: tengo que pasar unos días en Charlotte por cuestiones laborales. El ama de llaves estará hoy en casa. Si necesitas algo, házselo saber.
Roman Horner
DIRECTOR GENERAL DE HORNER TECHNOLOGIES
Lucho contra el impulso de responder con un emoticono de una carita con los ojos en blanco. En vez de ello, respondo con un «Sí, señor».
Estoy a punto de llamar a Christy por FaceTime cuando mi teléfono suena.
—Hola, mamá —digo mientras voy a la cocina a por un yogur.
—Ya han pasado dos días y no sé nada de ti.
—He estado ocupada. Tampoco he llamado mucho a Christy.
—¿Y se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor?
—Pues sí. Es la primera persona a la que llamo por las mañanas y la última con la que hablo por las noches.
Se hace el silencio. La estoy culpando y portándome fatal con ella. Sabe que no ha estado pendiente de mí desde que le dio por hacer un paréntesis vital.
—¿Qué tal por ahí?
—Bien.
—Sabes que odio esa palabra.
—Hasta ahora Roman ha estado prácticamente ausente, como era de esperar. En serio, no tengo ni idea de lo que viste en él.
—Eso fue hace mucho tiempo. La vida era diferente. —Su tono es lúgubre y me pregunto si alguna vez entenderé cómo llegué a existir.
—No tenéis nada en común. Nada de nada. ¿Cómo estás?
—Bien. —Noto por su voz que está sonriendo.
—Venga ya. —Compartimos una carcajada y, cuando esta se desvanece, su persistente silencio me inquieta—. Mamá, ¿estás bien?
—¿Ha dicho algo de mí?
—No. Ni siquiera hablamos del tiempo. ¿Por qué?
—Es que no quiero que me critique.
—Aunque lo hiciera, no le haría caso. No fue él quien me crio.
La oigo suspirar.
—Eso me hace sentir mejor, supongo.
—¿Seguro que estás bien?
—Sí. No me gusta nada que estés ahí. Tengo la sensación de haberte fallado.
—Solo es un relevo. Tienes derecho a él. Todos lo tenemos de vez en cuando, ¿no?
—Ya. Pero si odias estar ahí…
—No. Estoy aprovechando para centrarme en mí misma. Es como estar en un resort, pero sin personal. Podré soportarlo.
—¿Seguro?
«Si es por ti, sí». Eso es lo que me gustaría decirle.
—Seguro.
—Te quiero, cielo.