Vuelo

Vuelo


Entonces » Capítulo 19

Página 24 de 50

19

Así están las cosas. Hace días que los mensajes han cesado y todavía estoy intentando convencerme de que no me importa. Si Sean no entiende que me mantenga firme tras su asqueroso comportamiento, es que es una causa perdida.

Me enamoré de cada una de las frases que sus preciosos labios me regalaban solo para acabar sintiéndome abofeteada.

He frenado justo a tiempo.

Para empeorar esta mierda de situación, la macarra de la fábrica se ha propuesto amargarme aún más la vida, burlándose de mí en un español que no entiendo en la sala de descanso. Anoche nos peleamos y estuvo a punto de aplastarme contra la pared. La tiene tomada conmigo y me lo está dejando bien claro turno a turno. Obviamente, lo último que quiero es informar a mi supervisor, al que estoy tratando de evitar por todos los medios.

Me echo más protector solar y me recuesto en la tumbona, sintiendo el cosquilleo del sol sobre la piel. Un día de descanso más que merecido en soledad es justamente lo que necesito para recargar pilas. Ojalá mi libido hiciera el favor de estar de acuerdo conmigo.

Sean ha vuelto a despertar esa parte de mí y ahora se niega a que la ignoren. El deseo está presente día tras día y mi nuevo anhelo me recuerda lo que me estoy perdiendo.

Será un alivio dejar atrás las hormonas de la adolescencia, pero más me vale convertirme rápido en una mujer hecha y derecha, porque he decidido dejar de salir con chicos.

Inquieta por un día más sin novedades, cierro los ojos después de intentar por tercera vez centrarme en la novela, segura de que tardaré más de siete días en dejar este vicio nuevo.

Una ola gigante de agua me empapa, doy un grito desde la tumbona y me levanto de un salto. Entonces me encuentro nada menos que a Dominic emergiendo a la superficie ondulada. El agua resbala sobre él mientras se pone en pie un segundo antes de que el hombre al que he estado ignorando durante una semana, pero al que no logro quitarme de la cabeza, me tape la vista.

—¿Creías que te dejaría escapar tan fácilmente? —Sean me mira con sus brillantes ojos castaños y la sonrisa deslumbrante que no logro desterrar de mis pensamientos.

—¿Qué hacéis aquí?

El golpe del portón al cerrarse me hace apartar la mirada de Sean y veo aparecer a Tyler con una nevera.

—Hola, guapa —dice a modo de saludo, echando un vistazo al jardín y soltando un silbido—. Ya veo por qué te escondes aquí.

Lo saludo con la mano y me protejo los ojos del sol para mirar a Sean.

—¿Qué coño estáis haciendo?

—Nosotros hemos compartido nuestra casa contigo —dice él, encogiéndose de hombros—. Es lo justo.

—Tal vez, aunque suponía que sabrías captar una indirecta.

Su mirada se enciende y su mandíbula se tensa.

—No te hagas la zorra. Me gustas demasiado.

Se sienta a mi lado y no sé si tengo más ganas de besarlo o de abofetearlo. No me decido por ninguna de las dos.

—Bésame —dice, leyéndome el pensamiento con precisión.

Se acerca a mí y yo hago todo lo posible por contener la respiración, pero fracaso y acabo inhalando profundamente su olor. Es como volver a casa.

—Saca a ese imbécil de mi piscina.

—Déjalo ya —me ordena Sean.

Yo retrocedo.

—¿Quién coño te crees que eres?

—El novio con el que estás enfadada.

Su declaración me llega al alma y pone en riesgo mis progresos mientras Tyler deja la nevera entre las tumbonas y se quita la camiseta.

—Danos un minuto —le pide Sean.

Tyler asiente, sonriéndome por encima del hombro.

—Hola, Cee.

No puedo evitar corresponderle con otra sonrisa, sobre todo cuando su hoyuelo hace acto de presencia.

—Hola, Tyler.

—Estoy celoso —susurra Sean.

—¿Por qué?

—Por esa sonrisa que le acabas de regalar. ¿De verdad la he cagado tanto?

—Me has hecho daño —digo, decidiéndome por la sinceridad absoluta—. Creía que teníamos algo bonito y me siento como si me hubieras echado a los lobos.

—Eso es lo que estoy intentando evitar. Pero tú transformaste la situación en aquello que esperabas que pasara. Esperabas que mostrara mi lado géminis, pero soy virgo, ¿recuerdas? No tenía nada que hacer contra tu imaginación. Esta pelea era inevitable. Ambos sabíamos que, en cuanto te hiciera enfadar, este sería tu argumento.

Lo miro boquiabierta.

—Puede que me cueste confiar en la gente, pero tú estás haciendo que me resulte imposible.

Me pone una mano en el cuello y se acerca hasta que nos tocamos con la nariz.

—Dime que no me echas de menos.

—Eso da igual. Si no puedo contar contigo cuando te necesito, ¿de qué me sirve?

—La cuestión es que no me necesitabas. Simplemente creías que sí y yo quería que te dieras cuenta de que no. Pero tú abandonaste mi cama y decidiste castigarme por no solucionar tus movidas.

—¿Mis movidas? —No doy crédito—. Hace falta valor.

Él se niega a darme espacio y me agarra con más fuerza.

—Yo lo llamo «fe». Eres mucho más fuerte de lo que crees y quería que te percataras.

—¿Por qué?

—Porque quiero tenerte cerca el máximo tiempo posible —murmura.

Mi lado guerrero empieza a debilitarse ante Sean y su lógica. Me asusta lo que siento por él. Me asusta muchísimo; puede que estuviera buscando una razón para alejarme de él.

—Creía que habías dicho que era mi decisión.

Él enreda los dedos en mi pelo.

—No me gusta tu decisión de mandarlo todo a la mierda. Pero la respetaré si eso es lo que de verdad quieres.

Se ha puesto las gafas de sol de espejo y yo se las quito y me las coloco para que no pueda ver las emociones que seguramente estoy transmitiendo.

—No pienso permitir que nadie me trate así.

—Pues no lo permitas, pero a mí ya me lo has dejado claro. Lo siento, nena —murmura, espero que con sinceridad—. Y más te vale creerme cuando te digo que puedes contar conmigo siempre que lo necesites. —Aprieta mi mano contra su pecho—. Aunque no creas ni una palabra más. —No puedo resistirme a él. No puedo, por mucho que me asuste. Deseo a Sean, deseo que sus palabras sean ciertas y la única forma de saber si es así es arriesgándome a seguir con él y capear el temporal—. Creía que estaba haciendo lo correcto, pero contigo ya no sé qué es correcto y qué no lo es. —Parece hecho polvo y su mirada se desenfoca mientras pronuncia esas palabras.

—¿Qué quieres decir?

Su actitud cambia y cualquier rastro de sarcasmo desaparece.

—Quiero decir que, por el bien de ambos, probablemente debería dejarte en paz, pero no me da la puta gana.

Me abraza y me besa con pasión. Yo gimo, aferrándome a él de inmediato, mientras su beso se vuelve inapropiadamente intenso. Pero así es Sean y esa es una de las cosas que más me gustan de él. Sigue besándome durante un buen rato y yo se lo permito y le correspondo. Cuando se aleja, estoy en llamas y me resulta imposible ocultar la agitación de mi pecho.

—Joder, qué guapo me veo en ti. —Levanta las gafas que descansan sobre mi nariz y presiona su frente contra la mía—. Ojalá no me hubiera traído a estos idiotas.

Echo un vistazo y veo a Dominic sentado en el extremo poco profundo de la piscina.

—Mi padre tiene cámaras de seguridad por todas partes y ya me ha amenazado con lo de las visitas. Esto no va a traer nada bueno.

—Ya nos encargamos nosotros.

—¿Vosotros? ¿Cómo?

Señala con la cabeza a Dominic y yo gimo.

Sean se gira hacia mí.

—Oye, no es una persona fácil. Pero ha venido por voluntad propia.

—¿Se supone que eso debería hacerme sentir mejor? Ese tío es un hijo de puta.

Tyler aplaude y se reúne con nosotros en las tumbonas.

—Genial, mamá y papá se han reconciliado. Esto hay que celebrarlo. —Saca una cerveza de la nevera, la agita y nos rocía con ella.

—Capullo. —Yo sonrío y Sean me coge en brazos en plan luna de miel y se lanza a la piscina conmigo.

Cuando salimos, estoy esbozando una sonrisa y no me cabe la menor duda de que es de esas tontas y demasiado reveladoras. Él me mira y me besa antes de lanzarme por los aires. Grito mientras me elevo, con sus gafas de sol medio puestas, medio quitadas.

—¡Idiota, no estaba preparada!

—Pues entonces deberías mejorar tu juego —se burla mientras arremeto contra él.

Retozamos en el agua mientras Tyler se pone cómodo en una tumbona y enciende la radio. El móvil de Sean suena y él sale de la piscina y levanta un dedo antes de contestar, indicando que es algo importante.

—Hola, papá.

Me acerco a Dominic, que está bebiendo una cerveza. No puedo verle los ojos detrás de sus Ray-Ban clásicas negras, pero sé que me está mirando mientras camino por el agua hacia él.

—Supongo que quieres que me disculpe.

Se pone las gafas sobre la cabeza y su grueso cabello negro las sostiene con facilidad. Empapado, parece aún más letal; todo en él luce más oscuro, sus pestañas, todo. Es imposible obviar su atractivo. Y su pérfida sonrisa no hace más fácil respirar a su lado.

—No tengo todo el día.

Él levanta un dedo, se traga la cerveza y yo pongo los ojos en blanco.

—Vale, creo que ya estoy preparado. —Coge aire como si estuviera a punto de dar un gran discurso—. Siento haberle dicho a Sean que te había pillado mirándome la polla.

No puedo evitarlo y me echo a reír.

Él me regala su primera sonrisa auténtica y estoy a punto de caerme de culo.

—Eres un cabrón, además de un bicho raro.

—Prefiero «hijo de puta». Aunque eso le pegaría más a Tyler, ¿verdad, colega?

Tyler sigue tomando el sol tranquilamente.

—Que te den.

Dominic sonríe y yo niego con la cabeza.

—La puerta estaba abierta. Obviamente, me sorprendí.

—¿Y los otros cinco minutos?

—¿En serio las mujeres duermen contigo?

—Nunca. Están demasiado ocupadas gritando mi nombre —replica sin el menor rastro de ironía—. Excepto la última, que era un cadáver.

—Eres lo peor. El sueño de cualquier psiquiatra, efectivamente. —Me pregunto por un instante si a ese tarado le pondrá el rollo violento. O, más bien, si será lo único que le pone.

—¿En qué estás pensando? —me pregunta Dominic, esbozando una sonrisa mientras se baja las gafas de sol.

—En nada.

Sonríe con suficiencia antes de salir de la piscina e ir hacia la puerta de atrás.

—¿Qué haces?

—Tengo que usar el cagadero.

—Podrías pedir permiso. —Él da media vuelta con el traje de baño un poco bajado, dejando a la vista la parte superior de su tonificado culo, antes de ir hacia el lateral de la casa. Yo me tapo los ojos—. Madre mía. Entras, pasas el estudio, sigues por el pasillo y a la izquierda. Salvaje.

—Ah —dice, subiéndose el traje de baño—. Creo que eso todavía me gusta más que lo de «hijo de puta».

Me llevo las manos a la cara mientras Sean se ríe y se reúne conmigo en la piscina.

—Acabarás acostumbrándote a él. De verdad.

—O eso o me lo cargo.

—Es otra opción. —Sean me acorrala en una esquina de la zona profunda y me atrae hacia él para abrazarme.

—¿Así que tú puedes usar tu teléfono, pero yo no puedo usar el mío?

—Hoy no me quedaba otra, por mis padres. Lo siento, sé que parece una hipocresía.

—Lo es.

—Todo lo que te pido es por alguna razón.

—Que algún día me revelarás.

Él asiente con la cabeza.

—Cuando llegue el momento. —Su aliento golpea mi piel cuando se inclina y yo languidezco simplemente con su proximidad—. Dime una cosa, pequeña.

—¿Qué?

—¿Por qué te has rendido con tanta facilidad? —me pregunta, mirándome fijamente. Un único vistazo de esos ojos castaños es como una inyección de suero de la verdad—. ¿Porque no confías en ti misma o porque no confías en mí?

—Ambas cosas.

—Confía en tus instintos. —Su tono es de todo menos jocoso.

—Ya estás siendo críptico de nuevo.

—Te deseo, ¿qué opinas de eso?

—Pues…

Se pega a mí y se me escapa un gemido mientras miro más allá de su hombro.

—¿Dónde está Tyler?

—Le he pedido que se vaya a tomar por saco un ratito.

—¿Por qué?

Sean me besa y en unos segundos estoy enredada en él, con la parte de abajo del bikini echada hacia un lado mientras me penetra con los dedos. Me engancha un brazo alrededor de su cuello.

—Porque no puedo pasar ni un puto minuto más sin estar dentro de ti. Agárrate a mí, nena.

Esa es la única advertencia que recibo antes de que me invada, embistiéndome tan profundamente que tengo que morderle el hombro para amortiguar mis gemidos. Se mueve dentro de mí, volviéndome loca, mientras yo apoyo la espalda contra el despiadado cemento. Hace a un lado el triángulo de tela que cubre mi pezón para succionarlo con fuerza, acelerando mientras nos mantiene conectados hasta un punto que casi resulta doloroso. Su castigo está siendo de lo más excitante y puedo percibir su actitud posesiva. En cuestión de segundos, me corro con su nombre en los labios mientras mis ojos buscan cualquier señal de Dominic y Tyler por encima de su hombro. Aunque no tengo muy claro que pudiera pedirle a Sean que se detuviera en este momento, por mucho que los estuviera viendo.

—Dios, cuánto te he echado de menos —gruñe, saliendo de mí y mordiéndome el hombro mientras se corre.

—Yo también te he echado de menos —susurro antes de que él acerque mis labios a los suyos para darme un beso y luego otro y otro más.

Me coloca la parte de abajo y la de arriba del bikini después de volver a cerrarse el traje de baño, solo unos segundos antes de que Tyler salga de nuevo por la puerta. Sean entierra la cara en mi cuello con la respiración entrecortada mientras este nos habla como si no tuviera ni idea de que acabamos de tener un orgasmo. Y, aunque puede no lo sepa, para mí esto es lo más parecido al voyerismo que he hecho en mi vida. Me ruborizo mientras Sean se aleja, deslumbrándome con su maravillosa sonrisa. Yo niego con la cabeza lentamente.

—Prometo acabar más tarde lo que he empezado. Bueno, ¿todo arreglado?

—El sexo no va a solucionar nuestro problema de comunicación —señalo, tratando de igualar un poco el marcador.

Nos miramos fijamente durante varios segundos.

—Lo sé, pero, por favor, no vuelvas a hacerme esto —me pide con dulzura.

—¿Él qué?

—Pasar de mí.

Ir a la siguiente página

Report Page