Vuelo
Entonces » Capítulo 24
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Sean me recibe con una sonrisa deslumbrante mientras bajo despacio las escaleras del porche y voy hacia la puerta del copiloto, donde me está esperando devorándome con la mirada. Llevo puesto un vestido playero y, por debajo, un bikini peligrosamente sexi. Cuando me reúno con él, me aprieta el culo con sus manos cálidas y fuertes, atrayéndome para reivindicar sus derechos sobre mí. Me besa con pasión y un suave gemido retumba en su pecho, dejándome con ganas de más. De más de lo que hemos estado haciendo; estoy deseando ver lo que está por venir. Anoche llamé a Christy y sin vergüenza alguna le conté todos los detalles; me guardé muy poco para mí, porque es mi alma gemela, y está tan impresionada como yo por todo lo que ha ocurrido con Sean.
Estar con él me hace feliz. Hace vibrar mi corazón romántico. Le gusta cuidar a la gente y desde el día que nos conocimos eso es exactamente lo que ha estado haciendo conmigo. Me agarra con fuerza, me besa una y otra vez, nuestras lenguas se baten en duelo y su tacto y su olor hacen que lo desee más todavía. Me alimento de él mientras se apodera aún más de mí, atrayéndome más hacia él, frotando su erección contra mi abdomen para hacerme saber que me desea tanto como yo a él.
Cuando por fin nos separamos, tiene los ojos encendidos y una sonrisa de satisfacción baila en sus labios.
—¿Con qué soñaste anoche?
—¿Te refieres a con quién?
—No quiero presumir.
—Pues deberías. Sales en todos los sueños que recuerdo.
—¿Son buenos?
—Son la leche.
—Me alegra oírlo. ¿Preparada para divertirte?
—Eso siempre.
—Esta es mi chica. —Me hundo en el asiento del copiloto y él me abrocha el cinturón y me da un beso suave en los labios, como si no pudiera esperar ni un segundo más para hacerlo.
—Dom también viene. Espero que no te importe.
Me limito a asentir, un tanto decepcionada. Esperaba que estuviéramos a solas, pero no le doy importancia, porque todo el tiempo que pase con él estará bien empleado. Dominic me pone nerviosa y me hace sentir incómoda. Mi atracción hacia él es inexplicable y eso hace que me sienta culpable. No se lo digo a Sean porque no quiero que se raye, como he hecho yo estos últimos días. Estar con Dominic es como ver chocar a cámara lenta dos planchas de metal. Con Sean me siento más segura, pero, cuando Dominic está cerca, tengo la sensación de estar respirando peligro. Y aun así, a cada inspiración, él se vuelve más embriagador.
Pero yo prefiero estar sobria y consciente, o al menos eso es lo que trato de decirme a mí misma.
Una vez en el asiento del conductor, Sean me coge de la mano y me acaricia el muslo con el pulgar.
—Estás impresionante.
—Tú también —respondo, con una sonrisa radiante.
—Vamos allá, nena —murmura, haciéndose con mis labios una vez más antes de recostarse en el asiento y encender el motor.
El rock sureño retumba por los altavoces mientras él tamborilea con los dedos sobre el volante y yo… me limito a observarlo. Puede que esto aún no sea amor, pero, definitivamente, estoy coladísima. Canturreamos varios temas clásicos mientras él conduce hacia el lago a toda velocidad, con una nevera detrás del asiento.
—Temazo —dice mientras suena una canción nueva y empieza a cantarla.
Yo siento curiosidad, echo un vistazo al salpicadero y leo el título: Night Moves, de Bob Seger. Él me aprieta el muslo tranquilamente mientras canta, pero cuando me paro a escuchar la letra empiezo a venirme abajo de nuevo. Cuanto más canta, peor me siento. La canción habla de un ligue de verano sin importancia, de alguien con quien acostarse hasta encontrar algo mejor. Se da cuenta de que estoy enfadada justo cuando llegamos a la casa de su primo. La pintoresca imagen del lago rodeado de montañas se va oscureciendo rápidamente, igual que mi estado de ánimo.
Cuando aparca, aparto su mano de mi muslo y salgo del coche como una exhalación. Veo que Dominic nos observa desde una balsa del tamaño de una rueda de tractor atracada al borde del lago.
—¿A qué coño ha venido eso? —me pregunta Sean mientras yo doy media vuelta y voy en dirección contraria, hacia el bosque que proyecta su sombra a unos cuantos metros de distancia.
Ya estoy empezando a subir por un pequeño sendero de una colina que lleva a un claro cuando oigo hablar a Dominic.
—¿Qué coño le pasa?
No me molesto en girarme para dar explicaciones, sino que me limito a pasar a toda velocidad por delante de unos árboles con unas chanclas que no son en absoluto adecuadas para una caminata matutina. Estoy haciendo el ridículo y necesito controlarme antes de empeorar las cosas.
—Cecelia.
—Sean…, dame un minuto.
—De eso nada —dice mientras me sigue a toda prisa—. No pienso pasar por esto otra vez.
—En serio, necesito un poco de espacio —le digo, mirando hacia atrás.
—No era eso lo que decías hace veinte minutos.
Arremeto contra él, a punto de chocar con su pecho.
—Hablando de decir cosas, ¿qué coño ha sido eso?
Él frunce el ceño.
—¿A qué te refieres?
—A la canción que me has cantado. ¿Me estabas insinuando algo?
—He cantado como siete durante el viaje. ¿Podrías ser más específica?
Me cruzo de brazos mientras él se devana los sesos e identifico el momento en el que cae en la cuenta.
—Solo era una canción.
—¿Eso es lo que soy para ti? ¿Eso es lo que va a ser esto?
Se abalanza sobre mí y me agarra la muñeca. Entonces pone mi mano sobre su corazón.
—Todavía no tengo ni idea de lo que va a ser y tú tampoco, pero puedo prometerte que solo una cuarta parte de lo rápido que está latiendo esto tiene que ver con estar persiguiendo a una chica guapísima y un tanto chalada.
—Dicen que os gusta compartir.
Él ni se inmuta.
—A veces.
Silencio absoluto.
Aparto la mano y me cruzo de brazos.
—¿Quieres explicarte mejor?
—No. Y si te has enterado de eso, no es porque nosotros hayamos dicho nada al respecto.
—Caray, menuda arrogancia.
Se pasa una mano por el cabello dorado.
—Es la verdad.
—¿Por eso estoy aquí?
Él aprieta la mandíbula.
—Estás empeorando las cosas actuando de esta manera.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que a lo mejor debería ofenderme que me consideres un puto depravado por hacerlo. —Lo fulmino con la mirada mientras él se acerca y me acorrala, con los ojos encendidos de rabia—. Te atrae Dominic. Puedes negarlo todo lo que quieras, pero lo he visto y lo he sentido. No pienso entrometerme y reclamarte como mía no nos va a hacer ningún bien a ninguno de los dos. La verdad es que eso solo me hace desearte aún más. Y sí, me excita, y no pienso disculparme por ello, joder. Como tampoco pienso hacer que te disculpes por sentirte atraída por él. Te lo dije cuando nos lo montamos por primera vez: yo no hago las cosas de forma tradicional. Y Dominic tampoco. El hecho de que te deje elegir más bien refleja mi respeto y mis sentimientos por ti y por lo que quieres, y es mucho mejor que negarme a mí mismo que te he visto follártelo con la mirada en más de una ocasión. —Lo miro boquiabierta, totalmente estupefacta por su brutal honestidad—. Deja de lado el lavado de cerebro por unos segundos y sé sincera contigo misma. Es lo único que te pido. Sé franca. En el fondo, si no te vieras obligada a elegir, ¿lo harías?
Sigo aturdida cuando él se acerca a mí, invadiendo mis sentidos.
—Yo… yo… estoy… estoy contigo —tartamudeo, detestando que haya sacado todas esas conclusiones.
Su superpoder de leer la mente de las personas y anticiparse a lo que quieren me acaba de estallar en toda la cara. A medida que se aproxima, me invade la culpa.
—Dios, me gustas muchísimo —dice—, pero te equivocas si crees que quiero algo más de lo que estás dispuesta a dar. —Su dedo baja de mi barbilla a mi cuello—. No estoy tratando de manipularte en absoluto. Y hoy, cuando te he recogido, no tenía intención de que te metieras otra polla que no fuera la mía… y sin público. —Sus ojos moteados se iluminan—. Aunque me pone cachondísimo que se te esté pasando por la cabeza. —Me roza los labios con los suyos—. Pero la decisión siempre siempre será tuya. —Yo sigo con la boca abierta, por completo pasmada. Él maldice, leyéndome la mente—. Simplemente, dejémoslo sobre la mesa, ¿vale? Estabas radiante cuando te recogí y lo último que quiero hacer contigo hoy es discutir. Vamos a intentar divertirnos.
Yo sigo totalmente estupefacta y alucinada cuando él tira de mí. Lo aparto de un manotazo.
—¿Me estás vacilando? Acabas de decirme… —No doy crédito—. Creía que nosotros…
Él se gira y supongo que ve el dolor y la confusión reflejados en mis ojos, en mi expresión.
—¿Estás empezando a sentir algo por mí, pequeña?
No me queda otra que ser igual de honesta que él.
—Sí, claro que sí. Nosotros…, esperaba…, no sé.
—Eso es: no sabemos. Así que no tiene sentido ir por ahí ofendiéndonos y montando dramas cuando no es necesario. Quieres confiar en mí, pero no te lo permites y no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Puedo decirte todos los días que estás a salvo conmigo, pero, si tú no te lo crees, no tiene sentido. Y que conste que yo siento algo por ti desde la primera vez que te vi. —Flaqueo mientras me pasa un dedo por los labios—. Eres guapa, inteligente, buena persona y sensible, entre muchas otras cosas. —Apoya la frente sobre mi hombro y gime.
Una vez superado el susto inicial, decido intentar ser completamente sincera conmigo misma, para permitirme la libertad de intentar ver las cosas a su manera. Hay mucha verdad en sus palabras, pero espero ver dolor en sus ojos y no es así. Eso me decepciona y, en cierto modo, me molesta. Esperaba que a estas alturas fuera más posesivo conmigo, pero eso no es lo que estoy percibiendo.
—No quiero sentirme…
Él levanta la cabeza.
—¿Utilizada? ¿Humillada? Eres tú la que te haces sentir así a ti misma. Eres tú, nena. No yo. —Se acerca más a mí—. Si alguien está emitiendo algún juicio aquí eres tú, única y exclusivamente. —Sigue agarrándome de la mano y la levanta despacio para besar las yemas de mis dedos una por una—. Cuando empezamos a salir, no esperaba… —Sus ojos me atraviesan el alma—. He sido y seguiré siendo monógamo contigo, Cecelia, si eso es lo que realmente quieres. No me supone ningún problema. Me entran ganas de encerrarme contigo en una habitación y tirar la llave cuando pienso en lo que creo que estás empezando a sentir. Pero hay vida al otro lado y no quiero retenerte, porque la liberación puede ser algo muy hermoso. Y tú te mereces tener todo lo que quieras. —Se acerca a mí y me besa con suavidad en el hueco de la base del cuello, recorriendo con los labios mi piel, que está empezando a calentarse a marchas forzadas. Me agarra del pelo y noto su cálido aliento en la oreja—. No pasa nada por desear su polla, nena; la veré entrar en ti y disfrutaré de esa puñetera imagen. Me volverá loco.
Me alejo sin saber cómo reaccionar a sus palabras y no veo más que satisfacción antes de que él me coja el labio con la boca, lo que contribuye a que el deseo se acumule rápidamente entre mis muslos. Baja la mano por mi vientre, la desliza por debajo de la tela e introduce un único dedo dentro de mí. Luego lo levanta, brillante y empapado, obligándome a ver lo mucho que me excitan sus insinuaciones, y me resulta imposible apartar la mirada mientras se lo mete en la boca. Estoy al borde del colapso y empiezan a temblarme las piernas cuando él se agacha.
—Muy bien, vamos a limar asperezas.
Le empujo la cabeza con apremio y él se ríe con sorna mientras me desata la parte de abajo del bikini. Se arrodilla ante mí y su pelo me hace cosquillas en la barriga a través del vestido calado.
—Sean. —Gimo su nombre mientras él me separa las piernas y se echa una sobre el hombro—. Joder.
—Ábrete —dice, empujándome más las piernas.
Un gruñido profundo y gutural llega a mis oídos un segundo antes de que su lengua aterrice sobre mi clítoris. Me estremezco con el contacto y él me agarra, sujetándome con firmeza mientras arremete con la lengua. En cuestión de segundos, empiezo a sentir un orgasmo incipiente mientras él me come con avidez.
—Sí, joder —murmura, levantando la vista hacia mí al tiempo que me mete un dedo y aparta el vestido para que yo pueda ver cómo lo desliza adentro y afuera.
Añade otro mientras lo contemplo, con su dorada coronilla brillando en aquel claro entre los árboles, y veo cómo se arrodilla entre las agujas de los pinos con los ojos castaños rebosantes de lujuria. Nunca en mi vida olvidaré la maravillosa sensación de que te miren y te toquen así. Con la respiración agitada, empiezo a estremecerme mientras me agarra y me hace llegar al orgasmo con maestría. Es bueno, demasiado bueno, y esa pizca de celos me estimula mientras me tenso alrededor de sus gruesos dedos. Me limito a observarlo mientras él se concentra en venerarme. Lo observo atentamente mientras se agacha y empieza a lamerme con la presión perfecta, girando los dedos antes de hacerme explotar. Un gemido de satisfacción vibra en su garganta mientras me contempla desde abajo, moviendo más rápido la lengua mientras yo pierdo el control.
Tiemblo entre sus brazos cuando el orgasmo se apodera de mí por completo y él se esfuerza por mantenerme erguida. Incapaz de controlarme, grito su nombre mientras él sigue lamiéndome hasta que la ola remite. Cuando me quedo sin fuerzas, vuelve a atarme la parte de abajo del bikini y me besa la piel desnuda del vientre antes de ascender con su cálida boca por mi cuello y reclamar mis labios. Ese beso me hace sentirme segura e idolatrada. No juzgada por mis perversos pensamientos ni condenada por haberme excitado con sus sugerencias.
Sean se aparta.
—Joder, te follaría ahora mismo. —Niega con la cabeza al ver mi expresión aturdida—. Se está librando una batalla en tu cabeza entre lo que te han enseñado y lo que crees que podrías desear y es normal, nena. No pasa nada. Hay quien cree que, sin reglas ni moral, no seríamos más que animales. —Se acerca a mí y hace un gesto seductor con la boca—. Aunque puede ser muy divertido ser un animal y todo depende de las decisiones que tomes. Pero eso siempre va a depender de ti. ¿Entendido? —Asiento con la cabeza mientras él me echa por detrás del hombro unos gruesos mechones de cabello—. Bien. —Se da la vuelta y se agacha delante de mí—. Ahora, sube antes de que se te escape una chancla.