Vuelo

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Entonces » Capítulo 25

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Tumbada sobre el áspero exterior de la enorme balsa, con los ojos cerrados, levanto la barbilla hacia el sol. Tengo a Sean a un lado y a Dominic a otro. Ambos llevan el torso desnudo y un traje de baño oscuro, y hoy me está costando horrores apartar los ojos de ellos, sobre todo después de lo ocurrido por la mañana. Dominic me recibió en la barca hinchable con un brillo malicioso en sus ojos plateados y una sonrisa diabólica en sus labios carnosos: el vivo retrato de un ángel caído con intenciones perversas.

—¿Todo solucionado?

Sus palabras estaban cargadas de insinuaciones, como si supiera perfectamente por qué habíamos discutido y cómo había terminado la cosa, así que me limité a mirarlo con desprecio. Eso pareció complacerle y, sin mediar palabra, se puso a ayudar a Sean a colocar las dos neveras en la gigantesca balsa.

Llevamos horas en ella bebiendo, charlando, bañándonos, comiendo y tomando el sol como gatos perezosos. No es que Dominic se desviva por ser amable conmigo, pero es evidente, a medida que pasan las horas, que la dinámica ha cambiado desde aquel día que pasé con él.

La música suena por los altavoces de la pequeña radio que Sean ha traído mientras todos holgazaneamos en silencio, flotando en medio del lago, anclados en el agua, aislados por las majestuosas montañas que se ciernen sobre nosotros. Es un día de verano perfecto y el olor a coco de la crema bronceadora flota en el aire, envolviéndonos a los tres.

Me tumbo boca abajo y giro la cabeza hacia Dominic. Abro los ojos al notar que me está observando fijamente. Su mirada me sobresalta. Está despatarrado, con la piel resbaladiza por el sudor, y su mirada se vuelve turbia mientras me contempla.

—¿Qué?

Él no dice nada, simplemente se concentra en mí mientras yo noto la tensión en mi interior, el anhelo y la eclosión que confirman las palabras de Sean. Deseo a Dominic. Lucho constantemente contra nuestra atracción mientras trato de hacer las paces con lo que significaría para mí dejar de hacerlo.

«¿Está mal?».

¿Y será esta la única oportunidad de enrollarme con dos tíos buenos a los que deseo por igual?

Dominic gira el brazo para poder acariciar con la yema del pulgar mi columna vertebral. Me estremezco cuando me toca; abro un poco más los ojos y separo los labios mientras él sigue con la mirada la trayectoria de su dedo por mi piel. Siento un tirón en la parte posterior del cordón del bikini cuando él lo desata lentamente y el suave tejido se va aflojando en la parte delantera.

—No pienso… —Dominic arquea una ceja, dejando de tocarme, interrogándome con la mirada. Me está pidiendo permiso. Noto que Sean se mueve a mi lado y giro la cabeza. Me encuentro con sus ojos, de un verde claro con motitas marrones, que buscan los míos. Se inclina y me da un dulce beso en los labios mientras Dominic vuelve a acariciarme. Se trata de una decisión. De mi decisión—. No pienso follármelo… —le digo a Sean, pensando que eso es lo que quiere oír mientras trato de verbalizar mi mentira.

¿Puedo hacerlo?

¿Quiero hacerlo?

¿Seré capaz de superarlo?

Noto el aliento caliente de Dominic en la oreja. Se ha movido un poco desde que he girado la cabeza y siento la piel de su pecho en mi espalda cuando él susurra:

—Nunca permitiría que me follaras tú a mí. —Me giro hacia él. Está cerca, muy cerca, a un suspiro de distancia de mis labios—. Ya me entiendes.

Me quedo sin aliento. Los truenos resuenan en la distancia como si fueran una señal de advertencia y me incorporo sobre los antebrazos, olvidando que no tengo puesta la parte de arriba, para mirar las nubes que hay más allá de los picos de las montañas. Parece que se avecina una tormenta, en todos los sentidos. ¿Se trata de un aviso? Esto va en contra de mi propia naturaleza y del romanticismo que habita en mi interior. Dominic añade el resto de los dedos para acariciarme la espalda mientras sigue tumbado de lado y observando mi rostro con concentración y serenidad.

—Relájate, nena —murmura Sean.

Me recorre el brazo con los labios, besándome con suavidad, antes de tirar de mí de manera que la parte inferior de mi cuerpo siga sobre la balsa y la superior descanse sobre él. Me sonríe con una mirada ardiente y entonces se inclina un poco y se lleva a la boca uno de mis pezones. Yo lo miro, excitada por tenerlo debajo de mí, todo músculo y belleza. Me estremezco al sentir una caricia en mi espalda, muy consciente del hecho de que Dominic me está tocando.

Dominic me está tocando.

Y deseo que lo haga.

Temblando por el placer que me produce, me giro hacia él y veo que sigue observándome tranquilamente, en silencio.

Su espeso cabello está alborotado y ardo en deseos de enredar mis dedos en él mientras bajo la vista hacia sus labios carnosos justo cuando Sean me succiona el pezón con fuerza. Jadeando de placer, recorro con la mirada el cuerpo de Dom, hecho de trazos firmes y profundos valles: es la perfección personificada, como hecho por la mano de Dios. Aunque en realidad él es la manzana excesivamente tentadora que, tras un único mordisco, podría hechizarme de una forma que no sé si podré controlar.

Pero anhelo ese mordisco.

Sumidos en nuestra inacción, la mano de Dom se detiene mientras compartimos el mismo aliento.

Y es entonces cuando siento la conexión por ambas partes. Él se incorpora justo cuando yo me inclino y nuestros labios se encuentran.

Un montón de miniexplosiones recorren mi cuerpo y me estremezco a causa del impacto.

Sean gime como si pudiera sentirlo e introduce con voracidad mi otro pezón en su boca. Se escucha otro trueno mientras Dominic desliza su lengua por mis labios y enreda una mano en mi pelo, besándome apasionadamente, acariciándome con su lengua segura y curiosa, saboreando hasta el último rincón de mi boca. Yo gimo sobre la suya y su beso me embriaga mientras Sean recorre mi cuerpo con los labios, besando cada centímetro de piel. Dominic deja de besarme, pero me sujeta la cabeza con manos firmes y sigue mirándome fijamente.

Quiero hacer esto. Me muero por hacerlo. La destreza de Sean me hace gemir de forma ostensible y a Dominic se le iluminan los ojos mientras acerca de nuevo mis labios a los suyos para volver a besarme. Esta vez el beso es mucho más intenso, más… más. Me siento como una sirena: idolatrada, hermosa, sexi. Nunca había tenido más poder y son ellos los que me lo están otorgando.

Es mi decisión. Puedo parar esto en cualquier momento. Puedo pararlo ahora mismo.

Sean me acaricia sutilmente el cuerpo con los dedos mientras Dominic me arrulla con la lengua al besarme. Podría pasarme toda la vida besando a este hombre. Su beso es intenso, pecaminoso y ardiente, entre muchas otras cosas. Me aparto gimiendo, sorprendida por lo poco que me apetecía hacerlo. La mirada de Dominic parece coincidir con el sentimiento de desconcierto que me invade: nuestra conexión es brutal.

Se oyen más truenos y vuelvo a besar a Dominic, que parece contentarse con eso, como si fuera lo único que quisiera, mientras Sean me chupa los pezones, me estruja el culo, me abre las piernas y frota contra mí con su polla hinchada. Mi clítoris palpita, consciente, y sus latidos pasan de ser un zumbido constante a convertirse en algo más violento cuando algo dentro de mí, una especie de pálpito, empieza a despertar como si saliera de un profundo sueño.

Tengo preguntas, muchísimas preguntas, pero estas quedan en el aire mientras Dominic deja de besarme de repente, se incorpora para sentarse y me atrae hacia su regazo para que me siente a horcajadas sobre él. Nos miramos durante unos segundos hasta que él baja la cabeza y hace suya mi boca. El beso se vuelve más intenso cuando nuestros pechos se tocan y mis tetas rozan su sólida musculatura mientras él gime en mi boca. Es un beso cargado de una pasión y un deseo inesperados y parece no tener fin. Aun sabiendo que Sean está mirando, no puedo separarme de él. Nuestras lenguas se enredan y nuestras manos recorren nuestros cuerpos, explorando con avidez. Cuando nos separamos, nuestras respiraciones aceleradas se entremezclan mientras una revelación brilla en nuestras miradas. Sé que él puede leerlo en mis ojos y que los suyos son un fiel reflejo de estos. Su tacto, su presencia, sus besos… Es como estar dentro de una nube fría y oscura en la que me siento cómoda.

Por primera vez desde que conozco a Dominic, quiero saber realmente quién es y por qué sus besos me afectan de esta manera. Sigo fascinada cuando una mano familiar me aparta el pelo del hombro. Acto seguido, noto el aguijón de los dientes de Sean y luego su lengua. Ahora está detrás de mí, recorriendo con las manos todo mi cuerpo, sin prisa, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

Los truenos se acercan y sé que debería preocuparme por la tormenta que se avecina, pero no puedo dejar de mirar a Dominic. Sigue esperando a que tome una decisión. Y sé que es consciente del instante en el que lo hago. Llevo a la práctica la respuesta frotándome con el creciente bulto de su traje de baño.

Un chasquido suena a lo lejos mientras me dejo llevar, permitiendo que mis manos y mis dedos vaguen libremente y que mis labios puedan explorar. En un instante, me encuentro a cuatro patas sobre Dominic mientras este me agarra por la mandíbula, obligándome a mirarlo fijamente a los ojos. Sean me separa las piernas y reclama con los labios el interior de mis muslos. Dominic se deleita con mi placer, observando todas mis reacciones. Cierro los ojos para disfrutar de la boca errante de Sean y Dominic me aprieta la cara con más fuerza, como si me estuviera dando una orden. Cuando vuelvo a abrirlos, me topo con el reflejo del fuego que arde en mi interior. La satisfacción inunda el rostro de Dominic y este levanta una mano para acariciarme un pecho, rozándome el pezón con el pulgar al tiempo que Sean me desata la parte de abajo del bikini y me lo quita.

Lucho contra la distante voz de la razón que acecha en mi cabeza, dejando que el torbellino de la lujuria la ahogue. Dominic recorre con la mirada mi cuerpo desnudo, abrasándome.

Deseo hacerlo.

Y ellos lo saben.

Sean me aprieta el clítoris con los labios y grito por la sensación mientras Dominic me calma acariciándome la mejilla con el pulgar.

—Quiero oírla. —Su voz rezuma lujuria y tiranía.

Yo me abandono por completo.

Sean empieza a lamerme violentamente y añade un par de dedos al asalto. Todavía desnuda y a cuatro patas, miro hacia abajo y veo la cabeza de Sean apoyada entre los muslos abiertos de Dominic. De repente, este tira de mí hacia atrás para sentarme sobre la cara de su amigo. Empiezo a contonearme de inmediato, pero Dom sigue agarrándome con fuerza, disfrutando de mi reacción con los párpados caídos. No puedo besarlo en esta posición. Sean introduce su lengua en mi interior al tiempo que añade un tercer dedo y yo pierdo el control, meciéndome sobre su cara mientras apoyo las manos en los hombros de Dominic.

—Ya está a punto —dice Dominic, con voz lasciva.

Me acaricia el labio con el pulgar de la mano con la que me está sosteniendo la mandíbula antes de metérmelo en la boca. Yo lo rodeo con los labios, chupándolo con ansia y mordiéndolo cuando noto que mi cuerpo empieza a temblar por la acometida del orgasmo. Sean me abre más todavía, haciéndome cosquillas con la nariz en el clítoris antes de levantarme para empezar a lamerlo enérgicamente. Intento moverme para echar la cabeza hacia atrás, cabalgando sobre su boca, pero Dominic me lo impide, ordenándome que vuelva a concentrarme en él.

—Eres perfecta —susurra excitado y su voz inunda todo mi ser.

—Necesito tu boca.

—Lo sé —se limita a responder.

Intento tocarlo, agarrarle la polla, pero él me sujeta la muñeca con fuerza con la mano que tiene libre, impidiéndomelo con un movimiento de barbilla.

—Joder —murmura Sean justo antes de empezar a chuparme el clítoris con fuerza.

Yo me corro, gritando, mientras él ensancha mi abertura con los dedos.

El orgasmo me recorre violentamente mientras Dominic me sujeta la cara, observándome, viendo cómo mi cuerpo palpita, liberado, hasta que no soy más que un charco de sumisión.

Me hundo en la boca de Sean, que me está esperando, y sus lametones se ralentizan hasta que, finalmente, su cabeza desaparece. Dominic y yo colisionamos y nuestras bocas se devoran mientras vuelve a ponerme sobre su regazo. Los truenos están cada vez más cerca y me estremezco entre sus brazos, pero mientras me come la boca su beso es más intenso que mi miedo. Es el momento más erótico de toda mi puñetera vida y no quiero que termine. Lucho con mi beso porque deseo y necesito acercarme, estoy ávida de más. Cuando él se aparta, ambos estamos jadeando.

—Dilo —me ordena.

—Fóllame —respondo sin vacilar un instante, alejando cualquier tipo de duda que pudiera albergar.

En cuestión de segundos, Dominic tiene un condón en la mano y yo observo, embelesada, cómo lo hace rodar lentamente sobre su gruesa polla, con un ansia cada vez más insoportable. Detrás de mí, Sean explora mi espalda con sus labios, agarrándome posesivamente como un depredador, reclamándome.

—Tu sabor me vuelve loco —murmura sobre mi cuello y yo giro la cabeza y lo beso con avidez, probando mi gusto en él.

Dominic me abre con los dedos mientras Sean me mete la lengua hasta el fondo para darme uno de sus besos característicos, totalmente enloquecedores. Se aparta y me pasa un dedo por los labios.

—¿Estás segura?

Asiento con la cabeza, sin querer perder un segundo más de ese tiempo que me he regalado para desinhibirme y obtener lo que quiero.

Me vuelvo hacia Dominic, que está mirando fijamente el punto en el que me está abriendo y estirando. Moviendo las caderas, me froto contra su mano, disfrutando de su tacto y del deseo que él irradia.

Sean me levanta desde atrás como si fuera una ofrenda, rodeándome con los brazos, mientras Dominic se coloca a mi entrada. Mirándolo fijamente a él, Sean me va bajando lentamente, muy lentamente, sobre Dominic, centímetro a centímetro, mientras los tres observamos.

—Esto me pone muchísimo —me susurra Sean al oído mientras Dominic se aferra a mis caderas y yo jadeo al sentirlo completamente dentro de mí.

Mi interior late y la necesidad de moverme es insoportable. Empiezo a contonear las caderas, pero Dominic hace que me detenga con un movimiento de mentón. Se lo está tomando con calma, quiere mirar y eso es precisamente lo que hace: observar la parte de mí que lo está rodeando. Analizo su rostro: sus párpados caídos, su cabello húmedo, sus pestañas oscuras, los músculos que se contraen en su pecho, la tensión de su mandíbula. Pronuncio su nombre entre gemidos y de pronto sus ojos se clavan en los míos mientras se impulsa hacia arriba, dejándome sin aliento. Sean se aferra a mi cuello con los labios y los dientes.

—Joder. —La voz de Sean se tensa al máximo cuando Dominic vuelve a lanzarse hacia arriba, fusionando nuestros cuerpos, profundizando más mientras yo grito, arañándole el pecho. Entonces me libera.

Empiezo a mover las caderas a toda velocidad, con el corazón desbocado y un deseo incontrolable mientras lo miro. Su mandíbula se ha aflojado y el placer que veo en sus ojos me estimula. Siento una plenitud desbordante.

—Suéltala —le ordena Dominic a Sean.

De repente estoy de espaldas, jadeando mientras me penetra profundamente, mi pierna enganchada en su cadera, y me folla a un ritmo bestial, con mirada feroz, maldiciendo y gruñendo sin cesar.

Los miro a ambos y veo adoración en sus miradas mientras profieren palabrotas y obscenidades. Dominic cambia rápidamente de postura y se pone de rodillas sin romper nuestra conexión, dejando mi espalda apoyada en la balsa y la parte inferior de mi cuerpo sobre su regazo. Entonces empieza a embestirme, proporcionándole a Sean una perspectiva clara. Este baja la mirada y observa, con los ojos rebosantes de puro deseo, cómo Dominic me deja sin aliento y sin energía, mientras sus manos siguen moviéndose, acariciándome y estrujándome. Yo grito y mi cuerpo se acelera al tiempo que Sean se baja el traje de baño y se saca la polla para ponerse un condón antes de reclamar mis labios con un beso. Me alimento de él mientras Dominic aumenta el ritmo; se agita dentro de mí y sé que está a punto de correrse. Despego mis labios de los de Sean, levanto la vista hacia Dom y contemplo la perfección absoluta. Está ensimismado, completamente abstraído, concentrado en la conexión de nuestros cuerpos. Su mirada es indómita. Sean se levanta y se inclina sobre mí, desliza la mano entre ambos y presiona mi clítoris con el pulgar. Yo grito el nombre de Dominic y mi cuerpo convulsiona con otro orgasmo. Mis ojos se cierran de golpe y mi corazón late fuera de control. Sean se aleja, observando cómo me corro, mientras Dominic me penetra un par de veces más y suelta un profundo gemido al liberarse.

Agotado, se inclina hacia mí apoyándose en sus fuertes bíceps y me da un beso larguísimo antes de apartarse y dejarse caer de espaldas, con el pecho agitado por el esfuerzo. Entonces Sean empieza a besarme apasionadamente con una avidez insondable mientras abre las piernas y me sienta sobre él, dándole la espalda. Me agarra del pelo y me echa la cabeza hacia atrás para apoyarla sobre su hombro antes de ponerme en posición para penetrarme.

Grito ante su invasión mientras me folla sin piedad, abriéndome sobre su regazo, dejando mi clítoris palpitando al aire y acariciándome los pechos antes de bajar hacia el ombligo y llegar al punto en el que estamos conectados. Empieza a masajearme el clítoris en círculos con el dedo mientras me penetra con fuerza, destrozándome la boca con la suya y embistiéndome una y otra vez. Yo recupero las energías y me restriego contra él, sumida en una nube de lujuria. Cuando despega su boca de la mía, bajo la vista hacia Dominic, que me mira fijamente con los ojos encendidos y recorre mi cuerpo con una mirada nuevamente llena de deseo.

—Me encanta —murmura Sean tensándose, al borde del orgasmo.

Pongo mi mano sobre la suya y, en cuestión de segundos, me corro gracias a nuestra labor común, mirando fijamente a Dominic mientras Sean termina con un gruñido. Nos desplomamos sobre la balsa, con la respiración agitada y nuestras extremidades enredadas, mientras otro trueno retumba a lo lejos. La tormenta ha pasado de largo.

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