Twisted love

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Capítulo 33

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Alex

Pagué y salí del restaurante inmediatamente después de Ava. No se había ido muy lejos, así que la seguí discretamente para asegurarme de que llegaba bien a casa antes de volver a Washington.

Odiaba verla tan disgustada, especialmente en una noche en la que tendríamos que haber estado celebrando, no discutiendo. Quería correr tras ella y disculparme por ser un idiota, pero el tiempo pasaba y tenía que terminar lo que había empezado.

Solo entonces podría dejar el pasado atrás, de una vez por todas.

Miré cómo pasaban los minutos en la pantalla de mi ordenador. 23:55. Le había dado al hombre de plazo hasta la medianoche.

23:56.

No le había dicho la verdad a Ava sobre… muchas cosas. No tenía ningún asunto urgente de trabajo antes de la cena, al menos nada relacionado con el Grupo Archer. En realidad había estado hablando con el asesino de los asesinos de mi familia.

La policía había archivado el asesinato de mis padres y mi hermana como un robo con un final trágico, pero yo tenía más información. Los hombres habían dicho que fue un encargo y mencionaron a «un hombre», alguien que sabía que yo tenía que estar en un campamento de verano, aunque eso era algo que cualquiera con acceso a internet y nociones básicas de informática podía averiguar: todos los años se publicaba la lista de los asistentes al campamento.

Pero me guardé esa información para mí. Era joven, pero lo suficientemente mayor como para saber que el sistema penal no me daría la justicia que yo estaba buscando: aniquilación total.

Así que esperé.

23:57.

Mi tío era la única persona a la que se lo había contado. Él tampoco creía que hubiera sido un simple robo.

Pero la policía cogió a los culpables unos días después gracias a las cámaras de seguridad de la calle que grabaron la matrícula, y confirmó que había sido un allanamiento de morada. Los «ladrones» dijeron que no querían dejar testigos, y que por eso habían matado a todos. El juicio no llegó a celebrarse porque los dos fueron «misteriosamente» asesinados en prisión.

Mi tío hizo sus investigaciones y encontró al hombre que había contratado al asesino de los asesinos. Al parecer, era uno de los competidores empresariales de mi padre, y tenía un historial de negocios turbios y prácticas despiadadas. Por lógica, tenía que ser él quien ordenó el asesinato de mi familia.

Desde ese momento llevaba cada segundo de mi vida conspirando para destruirlo.

23:58.

Yo era solo un niño, y me fiaba de mi tío, pero lo que había leído en la biblioteca tiraba por tierra todo lo que sabía sobre él.

Ava tenía razón: esa semana había estado muy distraído, totalmente centrado en mi partida de ajedrez. No la que había dejado a medias con mi tío en la biblioteca, sino la que tenía que jugar en la vida real.

Ordené que mi hacker investigara los registros financieros de Ivan, hasta remontarse a la fecha del asesinato de mi familia, y le pagué un jugoso sueldo extra para que trabajara día y noche hasta que dio con lo que llevaba tanto tiempo esperando encontrar. Una enorme suma de dinero se había transferido desde una de las cuentas secretas offshore de mi tío a otra cuenta anónima, dos días antes del asesinato de mi familia, y el día posterior se había transferido la misma cantidad. Y el día después de que murieran los «ladrones» se había enviado una cantidad todavía más grande a otra cuenta anónima.

Pagué al hacker otra buena suma para que rastreara al segundo asesino. Y me llamó cuando estaba de camino a la cena con Ava para decirme que había encontrado a la persona: era un famoso sicario que atendía al nombre de Falcon. Al parecer ya estaba retirado, pero no necesitaba sus «servicios». Solo un nombre.

Como gesto de buena voluntad, le había transferido a Falcon el veinticinco por ciento de los cincuenta mil dólares que le había prometido si me decía quién le había contratado para matar a los ladrones.

Esperé.

23:59.

Miré la pantalla negra de Vortex, una web de mensajería encriptada muy popular en el mundo del crimen. No se podía hackear ni rastrear, por lo que ahí era donde solían hacerse las transacciones más oscuras del mundo.

Me recorrió un escalofrío.

Ni me había molestado en encender la calefacción. Me había comprado esa casa en Washington a nombre de una empresa fantasma porque quería un lugar donde llevar a cabo mis actividades más ilícitas sin que nadie se enterara, ni siquiera mi tío. Tenía un sistema de seguridad que podía ser la envidia del Pentágono, y que incluía un jammer escondido que deshabilitaba todos los dispositivos electrónicos que hubiera en la casa, excepto si se introducía un código que solo yo conocía.

00:00.

Un mensaje nuevo apareció en la pantalla.

Medianoche en punto. La puntualidad es una virtud en un asesino.

Leí el mensaje con calma, y la sangre más fría que el suelo y las paredes desnudas de aquella casa.

No había saludo, ni preguntas. Solo un nombre, como había pedido.

Transferí el resto del dinero a Falcon y me senté en la oscuridad, asimilando las noticias.

Lo sabía. Claro que lo sabía. Todas las pistas apuntaban a él, pero ahora tenía la confirmación.

El hombre responsable del asesinato de mi familia no era Michael Chen, el padre de Ava.

Era Ivan Volkov, mi tío.

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