Twisted hate

Twisted hate


Escena extra 1

Página 64 de 68

Escena extra 1

Josh

—Te veo muy negociadora. —Le aparté las bragas hacia un lado y le acaricié el clítoris con el pulgar. Al notar la humedad que me envolvía los dedos, se me empalmó la polla—. ¿Y qué tipo de demostración quieres? ¿Que te folle hasta que hayas olvidado cómo te llamas? ¿Que te coma ese dulce y pequeño coño hasta que te corras en mi cara? ¿O quizás —le metí un dedo y lo encorvé hasta dar en un punto que hizo que Jules ahogara un grito— prefieres que llene cada uno de tus agujeros como la buena putita que eres?

Se le escapó un gemido. Sus juguetes sexuales ya nos habían acompañado en otras ocasiones y, aunque puede que a algunos tíos solo les guste utilizar su polla cuando se acuestan con alguien, a mí no me importaba en absoluto echar mano de algo más. Yo siempre estaba dispuesto a probar cosas nuevas y, si dichas cosas acababan en orgasmos..., bueno, no me quejaría ni de broma.

—¿Qué quieres, Pelirroja? —Le metí otro dedo—. Dímelo.

—Eh... —Se le sonrojaron las mejillas y se le movieron los párpados a pesar de tener los ojos cerrados.

—Tsss, deberías mejorar tus habilidades verbales. Pero, como hoy me siento generoso y tenemos que celebrar que has aprobado el examen de abogacía, te haré una demostración de prueba de las tres...

Me arrodillé y le quité las bragas; Jules volvió a gemir. Verla tan hinchada y con los jugos resbalándole por mí hizo que la polla se me pusiera más dura que una roca.

Le apoyé las piernas en mis hombros y le fui besando el muslo en dirección ascendente. Tenía la piel más fina que la seda, y el sutil temblor de sus extremidades no hizo sino ponerme más aún.

Podría vivir a base de Jules la vida entera y no cansarme nunca.

Cuando llegué al centro de su excitación, aplané la lengua e hice presión encima del clítoris antes de chupárselo lentamente.

Jules me agarró el pelo y soltó un grito ahogado.

—Josh...

—Ya lo sé, cariño. —Repetí el mismo gesto—. Pero esto solo acaba de empezar. —Me detuve un momento y volví a hundir la cabeza entre sus piernas, follándomela con la lengua y devorándola como si llevara días sin comer.

Dios... Ella, su sabor y los pequeños gemidos que soltaba siempre que se lo comía. Era el mayor subidón de la historia.

Jules no tardó ni cinco minutos más en correrse y empaparme la lengua con su orgasmo. La sangre me corría ardiente por las venas mientras le limpiaba los jugos con la lengua. Como no estuviera dentro de ella pronto, explotaría, joder.

Le di un momento para que se recompusiera; luego me levanté y la penetré. Jules gimió de nuevo cuando la levanté, le acomodé las piernas alrededor de mi cintura y la llevé a la habitación con la polla aún hundida en su coño.

Apreté la mandíbula al notar la fricción que generaba ese movimiento, pero conseguí no tirármela en el suelo del salón como un animal. Había un momento y un lugar para eso, pero Jules acababa de aprobar el examen de abogacía y yo quería tomármelo con calma para celebrarlo, por así decirlo.

Cuando llegamos a mi habitación la tumbé en la cama y cogí dos de nuestros juguetes favoritos de su colección. Y digo nuestros porque, vaya, siempre los utilizábamos juntos y uno de los dos lo había comprado yo como regalo de aniversario.

Le dejé uno delante.

—Demuéstrame lo que sabe hacer tu boquita.

Jules obedeció, se llevó la cabeza del dildo a los labios y empezó a chupar. Mi respiración se volvió más pesada.

La polla, que estaba muy viva y empalmada, me empezó a palpitar, pero la ignoré tanto como pude mientras preparaba a Jules con algo de lubricante. Ya estaba acostumbrada a utilizar juguetes anales, de modo que no tardó demasiado en estar lista, pero quería que se sintiera lo menos incómoda posible.

Cuando yo ya estuve satisfecho con las previas, le fui metiendo el tapón anal lentamente y lo encendí. El zumbido de las vibraciones casi ahogó el amortiguado gemido de Jules.

Se arqueó hacia mí y esa fue toda la invitación que necesité para penetrarla con una fuerte aunque suave embestida.

Soltamos un par de gemidos a la vez, si bien el suyo continuó sonando algo amortiguado a causa del juguete que tenía en la boca. Joder. Nunca dejaba de alucinarme lo increíble que era estar dentro de Jules; lo tenía estrecho y húmedo, y se adaptaba tan perfectamente a mí que no sabía dónde acababa yo y dónde empezaba ella.

Cerré los ojos y apreté los dientes. «Brócoli. Coles de Bruselas. Remolacha.» Fui pensando en tantas malditas verduras como pude para no descargar de inmediato cual virgen que acaba de follar por primera vez y aceleré el ritmo.

Se la saqué y dejé solo la punta dentro de Jules antes de volver a metérsela hasta el fondo una y otra vez, hasta que el sonido de mi piel chocando con la suya se unió a mis gruñidos y a sus gemidos.

—Sigue chupando, cariño. —La agarré de la cadera sin quitarle los ojos de encima para mirar cómo movía la cabeza hacia delante y hacia atrás mientras ella disfrutaba con el juguete. Aunque no era yo quien estaba dentro de su boca, verla chupar con tanto entusiasmo era jodidamente erótico—. Lo estás haciendo genial. Así, perfecto.

Y, mientras tanto, yo seguía follándomela. Metiéndosela y sacándosela cada vez más y más rápido hasta que sentí que una ola de electricidad se iba formando al final de mi columna. Gruñí por última vez antes de que el orgasmo se apoderara de mí e hiciera que me ardieran todos los nervios. Jules gritó a la vez y el coño se le contrajo alrededor de mi polla, haciendo que no me quedara ni una gota de semen dentro.

Esperé a que se nos ralentizara la respiración antes de sacársela definitivamente y tirar el preservativo.

—Estoy jodidamente orgulloso de ti, Pelirroja. —Le di un beso en el hombro mientras ella se dejaba caer en la cama, exhausta.

—¿Por haber aprobado el examen de abogacía o por algo más? —preguntó con la voz amortiguada por la almohada.

Reí y le quité el tapón con cuidado. Lo envolví con un pañuelo de papel de la cajita que tenía en la mesita de noche y lo dejé a un lado para limpiarlo más tarde.

—Por ambas cosas. —Le volví a dar un beso en el hombro y me tumbé a su lado para que quedáramos cara a cara.

—Mmm. Bueno, esta celebración ha estado bien. —Jules se estiró y bostezó. Ni teniéndola tan cerca era capaz de encontrarle un simple defecto. Era perfecta en todos los sentidos—. Te doy un sobresaliente, Chen.

—Oh, si todavía no he acabado contigo. Solo te estoy dejando reposar para no cansarte. —La acerqué a mí—. Tengo muuuchos planes hoy para ti.

—¿Ah, sí? —A Jules se le encorvó la boca en un intento por contener la risa.

—Ajá. Más vale que descanses un poco ahora que puedes, porque la segunda ronda empieza en diez minutos. —Le di un beso en el pelo y, a continuación, la acerqué más a mi pecho y me quedé escuchando cómo se le iba normalizando la respiración, adoptando un ritmo suave y constante.

Jules y yo teníamos una vida sexual sólida, pero los momentos así siempre serían mis favoritos. Me gustaba quedarme tumbado a su lado, ambos satisfechos y escuchando cómo latía el corazón del otro.

No necesitábamos palabras ni acciones para ser felices.

Solo nos necesitábamos a nosotros.

Ir a la siguiente página

Report Page