Twisted hate

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54. Josh

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Josh

Le acaricié la espalda a Jules con cariño mientras salíamos del ascensor y nos dirigíamos a un apartamento que parecía recién sacado de las páginas de Architectural Digest.

Paredes de color gris claro, suelos de mármol negro y algunos toques dorados. Era una casa de soltero en toda regla, aunque, a diferencia de hacía algunos años, ahora contaba con ciertos toques femeninos que le aportaban un aire un poco más dulce: un ramo de azucenas blancas por aquí, una acuarela por allá...

—Saldrá bien —le susurré a Jules.

Los dos la habíamos cagado a nuestra manera, pero por fin podíamos dejar el pasado atrás y avanzar juntos... después de saltar un último obstáculo.

—Para ti es fácil decirlo —respondió también en voz baja—. Compartís genes. Yo no.

—Te quiere más a ti que a mí.

—Mmm... Ahí llevas razón.

Cuando Ava nos recibió en la entrada del ascensor privado que llevaba al piso que compartía con Alex, dejé de reír y bajé inmediatamente la mano.

Por fin nos habíamos armado del valor suficiente como para contarle la verdad a Ava una semana después de reconciliarnos. Sin embargo, todo ese valor salió volando cuando la expresión de mi hermana cambió, pasando de una alegre sonrisa a una mirada llena de sospecha, al ver que llegaba con Jules al lado.

La había llamado y le había dicho que iba a pasarme por ahí, pero había omitido que también vendría Jules. No quería que atara cabos antes de que pudiéramos decírselo nosotros mismos.

Aunque igual no fue mi mejor jugada. Quizás debería haber dejado que digiriera el shock antes de quedar con ella.

«Maldita sea, Chen.»

Bueno, ahora ya era demasiado tarde. Ya estábamos en el baile y tendríamos que bailar.

Le dediqué mi más encantadora sonrisa.

—Hey, hermanita. Hoy estás especialmente deslumbrante. Toma. —Le pasé una cajita donde había un pastel red velvet de Crumble & Bake, su favorito—. Te he traído un regalo.

Ava no lo cogió. Alternó la mirada entre Jules, que estaba a mi lado con una exagerada sonrisa, y yo.

—¿Qué hacéis aquí los dos? —Era evidente que cada vez sospechaba más—. No iréis a pedirme que vuelva a hacer de mediadora otra vez para solucionar uno de vuestros conflictos, ¿no? Porque ya sois adultos.

Jules y yo intercambiamos una rápida mirada.

A lo mejor deberíamos haber pensado en un plan mejor que traerle un pastel a Ava para ponerla de buen humor.

Alex apareció detrás de mi hermana y arqueó una ceja cuando vio la cajita de Crumble & Bake.

¿En serio? ¿Este es vuestro plan? No tenía ni que decirlo; tenía muy claro lo que pensaba Alex.

Lo fulminé con la mirada. Cállate.

Él respondió sonriendo con superioridad.

Capullo.

Era como si se hubiera olvidado de que quien estuvo un tiempo saliendo con mi hermana a escondidas y sin contármelo había sido él.

—Mejor lo hablamos mientras comemos algo de pastel —canturreó Jules—. No hay nada como un buen red velvet para empezar bien la noche.

Ava se cruzó de brazos.

—Más vale que me siente antes de que me contéis lo que hayáis venido a decirme, ¿verdad?

—Quizás sí. Es probable. —Carraspeé—. Definitivamente, sí.

Nos acomodamos los cuatro en el salón: Ava y Alex en un sofá, y Jules y yo enfrente. El sol ya se estaba poniendo y los tenues rayos de luz que se colaban por las ventanas dividían el salón en una mitad oscura y una mitad más cálida.

La caja de pastel seguía en la mesita de café que nos separaba, esperando a que alguien la abriera.

—A ver, la razón por la cual estamos aquí juntos es, eh..., porque hemos venido juntos —anunció Jules.

Alex suspiró y se frotó la cara con la mano.

—Y la razón por la cual hemos venido juntos es porque... —«Venga, tío. Es como una tirita: hazlo de golpe y luego afrontas las consecuencias»—. Estamos saliendo —confesé.

Ava se nos quedó mirando con cara de póquer.

—En plan romántico —aclaró Jules.

—En plan novios —añadí.

Más silencio.

Ava no se había movido ni un ápice desde que habíamos empezado a hablar, y eso era una mala señal.

Una perla de sudor se fue deslizando por mi columna vertebral.

No era normal. No debería tener miedo de mi hermana pequeña. No obstante, estaba acostumbrado a lidiar con una Ava charlatana; la Ava callada era más bien aterradora.

Y entonces hizo lo último que me habría esperado. Se echó a reír a carcajada limpia. Se tapó la cara, agitó los hombros y Jules y yo nos miramos, preocupados.

Joder, ¿acababa de hacer que mi hermana enloqueciera?

—Qué buena —soltó Ava entre respiraciones—. Casi me lo trago. —Intentó ponerse seria, pero no lo consiguió y volvió a echarse a reír enseguida.

—Eh... —Me había imaginado que esta conversación podría ir de mil formas, pero jamás me habría imaginado a mi hermana perdiendo la razón.

Jules me dio un golpe en la rodilla con la suya.

—Que cree que va de broma —dijo en voz baja.

—Ya lo veo. —Me aclaré la garganta—. Avita...

—Estoy impresionada de que hayáis dejado vuestras diferencias de lado durante el suficiente tiempo como para planear todo esto, de verdad os lo digo. —La risa de Ava cedió un poco, aunque mi hermana continuó sonriendo.

—Ava...

—¿Me la estáis devolviendo por lo de Vermont? Porque ya hace meses de ese fin de semana y yo no tenía ni idea de que solo iba a haber una cama.

—¡Ava, que no va en broma!

Mi confesión retumbó por toda la sala, seguida de un pesado y aturdido silencio.

La sonrisa de mi hermana desapareció.

—Que no va... —Alternó la mirada entre Jules y yo de nuevo, y vio lo tensos que estábamos y que nuestros muslos se rozaban. Se le dibujó una expresión de horror en la cara—. ¿Estáis saliendo en serio? Pero ¿cómo es posible? ¡Si os odiáis!

—Bueeenooo... —dije arrastrando las vocales—. Ya no.

Jules intervino:

—Hemos estado trabajando juntos en el Centro...

—La cosa empezó como un lío sin ataduras...

—No imaginamos que fuera a pasar esto...

Nuestras voces se fueron superponiendo la una a la otra hasta que Ava levantó la mano y nos cortó.

—¿Cuánto tiempo lleváis saliendo?

Hice una mueca de dolor.

—Eh... Pues, esta vez, una semana.

—¿Cómo que «esta vez»?

Mierda. Definitivamente deberíamos haber preparado un guion.

Como ya era demasiado tarde, Jules y yo se lo contamos todo a Ava, empezando por nuestro acuerdo puramente sexual y terminando por nuestra reconciliación de hacía una semana. No entramos en los pormenores del tema de Max y le dijimos que hubo un malentendido para cubrir el expediente de por qué habíamos roto; por lo demás, fue un resumen bastante completo.

Cuando hubimos terminado, a Ava se le había teñido la piel de un ligero tono verdoso y me fulminó con la mirada.

—¿Me estás diciendo que llevas meses acostándote con mi mejor amiga? —Señaló a Jules—. ¿Y que tú llevas meses acostándote con mi hermano? ¡Me parece increíble que no me lo dijeras antes!

Jules se encogió de hombros.

—Nunca encontraba el momento adecuado para contarte que me estaba tirando a tu hermano.

El tono verdoso en la piel de Ava se intensificó.

—¡Pero si tú hiciste lo mismo con él! —Señalé a Alex, que nos miraba con cara de aburrimiento. Ni siquiera intentó echar un cable. Traidor—. Estuvisteis meses saliendo a escondidas. No seas hipócrita.

—No es lo mismo —se quejó Ava—. Nosotros no nos odiábamos enardecidamente, le dimos la vuelta a la tortilla a la situación y empezamos a enrollarnos.

—Sé que lo que te estamos contando es cuando menos sorprendente dadas mis viejas... desavenencias con Josh. —Jules se mordió el labio inferior hasta hacerlo desaparecer—. Pero como trabajamos juntos en el Centro y nos vemos tanto, ha surgido sin más. La cosa es que, como no sabíamos hacia dónde iría todo esto, preferimos no decirte nada hasta que estuviéramos un poco más seguros para que no fuera todo aún más raro.

—Ya. —Ava cerró los ojos y cogió una profunda bocanada de aire—. Alex, tráeme un cuchillo.

Palidecí.

—¡Hey, hey, hey! —Levanté una mano y acerqué a Jules a mí con la otra—. Que soy tu hermano. Me quieres. ¿Recuerdas cuando te daba las últimas bolitas de Milk Duds en el cine? Qué tiempos aquellos...

Ava pasó de mí hasta que Alex volvió con el objeto que le había pedido.

Lo miré con el ceño fruncido. O sea que iba a morir así: traicionado una vez más por mi mejor amigo y apuñalado por mi propia hermana. Ni Julio César había sufrido una muerte tan tétrica.

El corazón me empezó a latir con más fuerza. Ava cogió el cuchillo, se inclinó hacia delante... y abrió la caja del pastel. Cortó una porción y le dio un mordisco.

Silencio.

—¿Crees que debemos decir algo más? —me preguntó Jules en voz baja.

—Sigue con el cuchillo en la mano —respondí susurrando—. Mejor esperamos.

Nos quedamos mirando a Ava mientras acababa de comer con una expresión indescifrable en la cara. No obstante, cuando volvió a hablar, su tono no fue tan duro como antes.

—¿Vais muy en serio?

La angustia que sentía en el pecho se fue mitigando. Reconocía esa voz. Estaba volviendo en sí.

No me preocupaba que fuera a retirarnos la palabra para siempre solo porque habíamos estado saliendo a sus espaldas, pero tampoco quería pasarme semanas sin hablar con mi hermana.

—Ya no quiero matarla cada vez que la veo, así que sí, bastante —bromeé antes de volver a ponerme serio—. Oye, sé que para ti esto tiene que ser raro de cojones, pero te prometo que no habríamos venido a contártelo si no fuéramos en serio. ¿Recuerdas lo que te pregunté cuando me enteré de que estabas con Alex? ¿Recuerdas lo que me dijiste? —Miré a Alex, que ahora parecía más interesado—. Pues siento lo mismo por Jules.

 

 

—Ava. —Estaba en shock. Me la quedé mirando, tratando de entender un mundo que, de repente, estaba patas arriba. Mi hermana y mi mejor amigo. Mi mejor amigo y mi hermana—. ¿Lo... quieres?

Hubo una breve pausa.

Cuando Ava volvió a hablar, lo hizo en voz baja, pero segura de sí misma.

—Sí. Lo quiero.

 

 

La Ava del presente se me quedó mirando un poco más; luego se levantó y señaló la cocina con la cabeza.

—Quiero hablar contigo. A solas.

Me levanté y Jules me miró nerviosa. Respondí a su gesto con lo que esperaba que fuera una sonrisa tranquilizante antes de ir hacia la cocina con mi hermana.

—Lo que me acabas de decir, ¿lo decías de verdad? —Me preguntó Ava cuando ya estuvimos alejados de los otros dos y no podían oírnos—. Eso de lo que sientes por ella.

—Sí. —Se me relajó la expresión—. La quiero, hermanita. Puede que todavía nos peleemos o discutamos en alguna ocasión, pero... sé que es ella.

Preferiría pelearme mil veces con Jules que estar con alguien con quien cada día fuera todo fácil.

Porque yo no quería algo fácil. Yo la quería a ella.

—Vale. —Ava suspiró. Por fin se le relajaron los hombros y una mueca de culpabilidad le atravesó el rostro—. No quería ser tan dura contigo, sobre todo porque tú fuiste muy comprensivo conmigo y con Alex, pero es que sé cómo eres con las mujeres y sé cómo es Jules con los hombres. Los dos detestáis el compromiso y no quiero que le rompáis el corazón al otro. Si eso ocurriera, no podría posicionarme a favor de nadie; os quiero a ambos. Dicho esto —me clavó el cuchillo sin punta en el pecho—, como le hagas daño, te mato.

—¿Qué te hace pensar que voy a ser yo quien haga daño a Jules? Yo podría ser perfectamente el dañado.

¿Existía «dañado» como sustantivo? Si no, acababa de inventarme una nueva palabra.

—Te-mato —repitió Ava enfatizando las palabras y acompañándolas con más golpes de cuchillo.

—Lo he pillado. —Sonreí—. ¿Significa eso que no te importa que estemos saliendo?

—Supongo —contestó mientras se le iba ensanchando la sonrisa—. Mi mejor amiga ha conseguido que mi hermano se arrodillara por una tía. Buen trabajo, Jules.

Fruncí el ceño para reemplazar mi previa sonrisa.

—No ha conseguido que me arrodille. Bueno, metafóricamente hablando, al menos.

Esta vez, a quien le desapareció la sonrisa fue a mi hermana.

—A ver, vamos a establecer una regla. No quiero que insinúes ni me hables de absolutamente nada acerca de tu vida sexual. Nunca. —Fingió arcadas.

Me reí y la acerqué a mi pecho para abrazarla. La despeiné un poco igual que cuando éramos pequeños y me gané un amortiguado quejido.

—De acuerdo, pero lo mismo te digo.

—Vale. —Ava me apartó la mano y se pasó la suya por el pelo mientras soltaba otro gruñido; sin embargo, su cara de pocos amigos enseguida adoptó una expresión más dulce—. Me alegro de que estés contento, en serio. Sé que has pasado una época complicada por... todo. Yo siempre voy a estar a tu lado, pero me alegro de que también tengas a alguien como Jules. A veces puede llegar a ser un poco... dramática —los dos reímos—, pero es una de las personas con el corazón más grande que conozco.

Me emocioné y noté un nudo en la garganta.

—Lo sé. —Abracé a Ava con más fuerza y le di un beso en el pelo—. Gracias, Avita.

A pesar de que en ocasiones nos sacáramos de quicio el uno al otro, tenía mucha suerte de que Ava fuera mi hermana. Antes de conocer a Alex, si tenía algún problema de cualquier tipo, lo hablaba con ella, y viceversa. Ahora que éramos mayores y cada uno tenía su propia vida, no nos contábamos tanto nuestras confidencias, pero siempre estaríamos allí el uno para el otro.

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