Twisted Games
Capítulo 16
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Bridget
¿Era posible morir de humillación?
Cuarenta y ocho horas antes habría dicho que no, pero mientras me tomaba el desayuno en la mesa frente a Rhys, mi respuesta era un rotundo sí. O me explotaría la cara de bochorno, o bien me derretiría en un charco de vergüenza, lo que ocurriera primero.
—¿Quieres más beicon? —Me extendió el plato.
Negué con la cabeza, incapaz de mirarle a los ojos.
Me había levantado con un dolor de cabeza horroroso, un calor palpitante entre las piernas y un recuerdo espantosamente claro de todo lo que había hecho (y dicho) la noche anterior.
«Fóllame como acabas de prometer».
«Cuatro, tener un orgasmo que no me haya dado yo misma. Llevo mucho tiempo».
Me atraganté con la tostada y me entró un ataque de tos.
Rhys levantó la ceja.
—¿Estás bien? —Llevaba toda la mañana muy tranquilo, como si no hubiera pasado nada, y no estaba segura de si eso me aliviaba o me ofendía.
—Sí —dije sin apenas voz. Cogí el vaso de agua y me bebí la mitad de golpe hasta que se me pasó la tos.
—Deberías comer algo con hidratos —dijo con calma—. Van bien para la resaca.
—¿Cómo sabes que tengo resaca?
—Anoche te tomaste cinco chupitos, cada uno de una cosa distinta. No es difícil saberlo.
El hecho de que recordara que la fiesta de anoche había sucedido me hundió aún más en la vergüenza. Ojalá hubiera podido borrar de su mente y de la mía todo lo que pasó después del Borgia.
Ya que eso no era posible, estuve tentada de hacerme la tonta y fingir que no me acordaba de lo que había pasado, pero sí que me acordaba, y si no sacaba el tema, me perseguiría para siempre.
—Escucha. Respecto a lo de anoche… —Me obligué a mirar a Rhys—. Estaba borracha y no pensaba con claridad, y dije algunas cosas que no debería haber dicho. Perdona si te hice sentir incómodo.
En la cara de Rhys se dibujó algo parecido a la decepción.
—Yo también —dijo—. Estamos empatados.
No quiero besarte ni hacerte el amor. Quiero follarte. Quiero castigarte por ir de chula y por dejar que otro hombre te ponga las manos encima. Quiero arrancarte ese puto vestidito y embestirte tan fuerte que no puedas caminar en varios días.
En mi frente asomó una gota de sudor. Me retorcí en el taburete, tratando de aliviar las palpitaciones de mi clítoris, pero no hacía más que empeorarlo.
No tendría que haber dicho lo que dije, pero eso no significa que no lo hubiera dicho de verdad. Cuando Rhys me tumbó contra la cómoda y me empezó a restregar la polla…
Me bebí de una sentada el resto del agua para calmar el calor que me ardía en la piel.
—En ese caso, lo mejor es fingir que lo de anoche no ocurrió y no volver a mencionarlo nunca más.
Necesitaba más agua. Y aire acondicionado. Y puede que un baño de hielo también.
—Por mí vale. —Rhys apoyó una mano en la encimera mientras se bebía una taza de café con la otra. Fue un movimiento cotidiano que no tenía por qué ser tan sexi, pero lo era—. Con una excepción.
Oh, Dios.
—¿Y es…?
—Tu lista de deseos. —Me clavó los ojos metálicos—. ¿De verdad quieres hacer eso antes de ir a Eldorra?
No me esperaba que dijera eso.
Dejé escapar un suspiro de alivio antes de acordarme del número cuatro de la lista de deseos y sonrojarme otra vez.
—Sí, pero la mayoría no es posible.
Era más una lista de fantasías que una lista de deseos. Ya lo sabía cuando se me ocurrió, pero soñar era gratis.
—¿Y si te dijera que sí es posible? —Rhys colocó la taza en el fregadero antes de volver a mirarme.
—Diría que te estás cachondeando de mí.
Torció la boca en una pequeña sonrisa, y me entraron escalofríos. Rhys no solía sonreír, pero cuando lo hacía, era devastador.
—Me hace gracia cómo hablas, princesa.
«Fóllame como acabas de prometer».
El recuerdo se debió de cruzar en mi mente al mismo tiempo que en la suya, porque se le borró la sonrisa y se le calentó la mirada mientras yo me hundía un poco más en el asiento.
—No, no me estoy cachondeando de ti —dijo con la voz más áspera que un segundo antes—. Puedo hacer realidad tu lista de deseos si quieres.
No tuve el valor suficiente para preguntarle si también incluía el número cuatro.
—¿Por qué ibas a hacer eso?
—Es mi buena acción del año.
Era la típica no respuesta de Rhys, pero la intriga podía más que el fastidio.
—Vale, he picado —dije—. ¿Qué tienes en mente?
—No es una cosa. Es un lugar. —Rhys volvió a sonreír al ver mi cara de sorpresa—. Nos vamos a Costa Rica.