Twisted Games
Capítulo 37
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Bridget
Rhys y yo no volvimos a la recepción. Cuando terminó conmigo, no hubo forma de recomponerme para volver a estar presentable ante los demás, así que nos escabullimos por una puerta lateral y volvimos al palacio. No nos pillaron de milagro.
Era horrible que una dama de honor se fuera antes de tiempo sin decir nada, pero la fiesta ya estaba de capa caída cuando nos retiramos, y, de todos modos, la mayoría de los invitados estaban demasiado borrachos como para notar mi ausencia.
Sin embargo, sí que me sentí fatal por dejar tirado a Steffan. Le llamé a la mañana siguiente y me disculpé mil veces, alegando que la urgencia de mi amiga había durado más de lo esperado. Como era previsible, se lo tomó bien. Durante la recepción no había estado tan nervioso como el día del hotel, pero sí que estuvo distraído y sospeché que se debió de sentir aliviado cuando desaparecí de repente.
—¿Adónde fuiste? —me preguntó Mikaela cuando terminé la llamada. Estábamos en mi habitación, pensando ideas para conseguir que Erhall llevara al pleno la moción de derogación de la Ley de Matrimonios Reales—. Desapareciste en mitad de la fiesta.
—Una amiga de la universidad me llamó para una urgencia. —Evité su mirada mientras estudiaba el registro de votaciones parlamentarias de Erhall.
—¿En serio? —dijo vacilante—. ¿Te llamó desde otro país?
—Necesitaba consejo para un tema personal.
Otra mentira. Se me estaban acumulando, unas encima de otras, y pronto me sepultarían y me dejarían sin escapatoria.
Pasé la página con más ímpetu del necesario.
—Vale. —Mikaela seguía con un atisbo de duda, pero no insistió—. Te lo pregunto porque tu primo te estaba buscando.
Me quedé helada.
—¿Andreas? ¿Me estaba buscando en la recepción?
—Sí, dijo que tenía que decirte algo importante.
Se me disparó el ritmo cardíaco.
Te estás poniendo en lo peor.
Creía que Andreas ya se había ido. Le había oído despedirse de Nikolai y Sabrina mucho antes de que Rhys y yo nos fuéramos. ¿Había oído mal o es que había vuelto por alguna razón? ¿Nos habría visto irnos a Rhys y a mí? Aunque fuera así, no podía saber lo que estábamos haciendo… A menos que nos hubiera seguido. Pero si Andreas lo sabía, no habría perdido oportunidad de habérmelo dicho a la cara, y ya había pasado un día entero.
Me daba vueltas la cabeza mientras imaginaba todos los escenarios posibles.
—¿Le dijiste dónde estaba?
—No —dijo Mikaela despacio—. Yo no sabía dónde estabas, ¿te acuerdas?
—Cierto. Perdón. —Me presioné las sienes con los dedos, intentando poner en orden mis pensamientos—. Tengo el cerebro frito. ¿Podemos seguir con esto en otro momento?
—Claro. Además tengo una cena en un rato. —Puso cara de preocupación mientras recogía el bolso y se lo colgaba al hombro—. ¿Estás segura de que no pasa nada más? Llevas varias semanas muy rara.
—No, solo estoy estresada. Necesito vacaciones. —Solté una risa forzada—. Luego hablamos. Que lo pases bien en la cena.
Cuando Mikaela se fue, guardé las notas de Erhall y respondí a las cartas de los ciudadanos de esa semana. El volumen de correo había crecido tanto que iba a necesitar un ayudante, pero de momento me gustaba contestarlas personalmente cuando podía. Además, era una buena forma de distraerme de la inquietud que me provocaba Andreas.
Estaba sacando demasiadas conclusiones de un comentario sin importancia de Mikaela. Andreas podía haberme buscado por un sinfín de motivos diferentes, y tenía una idea distorsionada de lo que era importante. Probablemente se quería quejar de que le habían sentado en la mesa equivocada en el banquete de bodas, o algo así.
Llevaba la mitad de la pila de cartas cuando en mi portátil sonó la notificación de un email nuevo. Estuve a punto de ignorarlo, pero algo me hizo pinchar en ella y sentí una punzada de desconfianza al ver la dirección de correo del remitente (una combinación aleatoria de números y letras de un dominio que no conocía) y el cuerpo del mensaje, que solo tenía una línea.
«Hay que tener más cuidado, alteza».
Me quedé mirando el archivo MP4 adjunto al correo. No tenía nombre, ni había ninguna pista del contenido.
No abrir archivos de correos desconocidos era de primero de ciberseguridad, pero este era un email que solo tenía mi círculo más personal. Para la correspondencia pública tenía otro.
De nuevo, tampoco era tan difícil averiguar un email, ni siquiera uno privado.
La curiosidad pudo a la desconfianza y pinché en el archivo.
Perdonadme, dioses de la ciberseguridad.
El vídeo se abrió y se empezó a reproducir. Estaba muy oscuro y tenía mucho grano, por lo que me costó un poco entender la imagen, pero cuando lo hice se me cayó el alma a los pies.
Me agarré al borde del escritorio y miré con espanto la imagen: Rhys y yo en la biblioteca de Nikolai. Aunque no tuviera sonido, era condenatorio: yo estaba tumbada en la mesa, él me agarraba del pelo y me embestía desde atrás.
Estaba lo bastante oscuro como para que no se nos reconociera, de no ser porque yo giraba la cabeza en mitad de la grabación. La cara de Rhys no salía en cámara, pero su pelo, su altura y su complexión hacían que se le pudiera reconocer sin mucha dificultad, y probablemente con algo de edición se podría mejorar la calidad y aclarar la imagen para que cualquiera pudiera ver exactamente lo que estábamos haciendo.
Voy a vomitar.
Me empezó a arder la piel, y sentí un zumbido en los oídos mientras me asaltaban las preguntas.
¿De dónde había salido el vídeo? ¿Quién lo había conseguido tan rápido? ¿Quién sabía dónde encontrarlo?
A juzgar por el ángulo, la cámara estaba dentro de la sala, aunque Nikolai y Sabrina siempre habían sido muy tajantes sobre no tener cámaras de seguridad en sus dependencias privadas. Alguien debió de ponerla. ¿Esperaban pillar a Nikolai y Sabrina haciendo algo y en su lugar nos pillaron a Rhys y a mí? Y de todos los lugares donde colocar una cámara, ¿por qué hacerlo en una biblioteca a medio construir? ¿Por qué no en un dormitorio o en un despacho?
Y lo más importante de todo… ¿Qué quería la persona que lo había enviado?