Tus tres superpoderes

Tus tres superpoderes


TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU FELICIDAD » 17. ¡CON MÁS COMPASIÓN, CÓMO MEJORARÍA EL MUNDO!

Página 26 de 33

17

¡

CON MÁS COMPASIÓN, CÓMO MEJORARÍA EL MUNDO!

Reconocer que no se sabe es en sí un rasgo de sabiduría.

UNA HISTORIA BASTANTE COMÚN

Me encontraba yo dando un curso de liderazgo para empleados de una empresa, cuando sucedió algo un tanto extraño. Llevábamos como dos horas de programa y estábamos en medio de un juego, cuando se abrió la puerta y entró una persona con cara de muy pocos amigos. Su presencia se hizo notar porque sin mediar palabra se sentó solo en una mesa como si no quisiera saber nada de nadie. En aquel momento yo sentí un claro rechazo hacia aquel nuevo participante que mostraba tan poco interés en lo que estábamos haciendo. Sin embargo, preferí no decir nada para tal vez hablar con él cuando terminara el juego. Una vez finalizado este, se abrió de nuevo la puerta coincidiendo con el primero de los descansos y entró alguien para entregarme la hoja de asistencia. Este es un documento que los participantes tienen que firmar para dejar constancia de su presencia en el curso. En cuanto la vio, el participante en cuestión se acercó a la hoja de firmas, estampó su rúbrica y se marchó. Yo me olvidé del tema hasta la hora de la comida cuando otro de los participantes me preguntó:

—¿Te ha sorprendido la reacción de Ramón?

Yo no sabía a qué se refería ni quién era Ramón.

—Ramón es esa persona que ha entrado con cara de enfado y que después de firmar la hoja de asistencia se ha ido.

—Pues sí, me he fijado —contesté yo—, francamente me ha llamado mucho la atención su actitud tan poco amigable.

—No es de extrañar —continuó aquel participante—. Para Ramón su abuela ha jugado en su vida un papel superior al de sus propios padres. Sencillamente la adora. Pues bien, su abuela se está muriendo, él está destrozado anímicamente y eso no ha impedido que le obliguen a venir a este curso en el que, entre otras cosas, se aborda la importancia de la empatía en el liderazgo.

UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN

El verdadero líder quiere a las personas, cree en ellas, las valora, las potencia, las desafía, las apoya y las acompaña en su proceso de crecimiento. Resulta paradójico que obligaran a Ramón a asistir a un curso de liderazgo en una situación tan difícil para él y cuando más apoyo necesitaba. Por otro lado, la reacción que de manera automática causó él en mí, lejos de favorecer que yo me acercara para intentar entender lo que le pasaba, favoreció que me mantuviera a distancia.

Recordemos que todos nosotros tenemos acceso tan solo a un punto de vista, es decir, a la vista desde un único punto y por eso, porque no estamos en su piel, no podemos comprender aquello por lo que otra persona está pasando. A menos que nos acerquemos empujados por el interés y la intención honesta de comprender y ayudar, viviremos ciegos a su realidad y atrapados en nuestras propias y limitadas interpretaciones.

La compasión precisa de empatía, de un entendimiento del sentir de la otra persona, pero no se queda ahí, sino que va más allá. En la compasión existe una voluntad de reducir el sufrimiento por el que esa persona está pasando. Por eso no hay compasión sin acción.

UNA ESTRATEGIA

Cuando alguien haga algo que genere en ti una reacción inmediata de rechazo y sientas las ganas de apartar a esa

persona de tu vida, te propongo que te plantees lo siguiente:

— Reconoce que careces de la información suficiente para entender por lo que esa persona está pasando, los desafíos a los que se está enfrentando. Tampoco conoces lo que siente y lo que necesita en esos momentos, sus anhelos, sus luchas y sus sufrimientos. En esos instantes no solo la estás viendo como distinta, sino también como distante. No cabe duda de que sí es distinta a ti y, sin embargo, al igual que tú quiere sufrir menos y ser más feliz. Tu indiferencia hacia lo que esa persona está experimentando, simplemente aumenta la distancia entre los dos. Ya sé que en esos momentos todos tendemos a pensar que somos nosotros los que tenemos la razón y es la otra persona la que está equivocada. Nos falta la humildad necesaria para reconocer que, aunque nuestra percepción pueda ser correcta, es a la vez profundamente limitada. Si expandiéramos dicha percepción tal vez sin necesidad de justificar una determinada conducta, sí que podríamos entenderla. Por eso lo que propongo es un entrenamiento en humildad y compasión. Responder con afecto a quien es afectuoso no requiere de especial grandeza, pero tratar a alguien de forma respetuosa y amable, aunque no se nos esté tratando de la misma manera, eso sí que es una expresión de grandeza.

— Es importante que tengas presente que tu forma de responder no te garantiza que la otra persona cambie de manera inmediata. Lo único que puedes hacer es invitarla con tu forma de ser a que ella también cambie su forma de ser. Aquí hay que estar dispuesto a poner el cien por cien, aunque la otra persona ponga el cero por cien. Sencillo de comprender, pero muy difícil de hacer. Por eso necesitamos entrenarnos en ello.

UN ENTRENAMIENTO

Cuando notes una reacción automática ante lo que una

persona te diga, observa lo que pasa en tu cuerpo, el cambio en tu manera de respirar, la tensión en tu musculatura, la contracción de tu mandíbula y tal vez la aceleración de tu corazón. No reacciones, no contraataques, mantente en ese silencio que no es el silencio de la mudez, sino ese silencio que solo es capaz de mantener una persona verdaderamente libre, una persona que no reacciona automáticamente, sino que responde. Evita como sea quedar atrapado en ese diálogo interno en el que estás por dentro «llamando de todo» a esa persona. Cada segundo que mantengas tu silencio y no reacciones estarás ganando un milímetro de libertad, un milímetro que ganas a patrones automáticos de conducta que dañan tu salud, matan tus neuronas e incrementan la violencia en nuestro mundo. De una mente agitada no puede salir nada favorable, de un corazón en guerra no puede salir ninguna propuesta de paz.

Recuerda que tú desconoces por completo cómo está esa persona viviendo la situación. Su percepción es sin duda tan limitada como la tuya y, sin embargo, ella, al igual que tú, cree que está en lo cierto y que su punto de vista representa la verdad.

Haz un ejercicio de humildad reconociendo que en realidad no sabes. Haz un ejercicio de curiosidad y muestra interés en saber, en conocer, en comprender. Sé que es mucho trabajo y que no es fácil de hacer. Sin embargo, imagínate el valor que tiene desarrollar una competencia de esta importancia. Imagínate lo que puede significar en tu vida ganar en autocontrol y en compasión. Imagínate la libertad de una persona que sabe que tiene la competencia necesaria para «lidiar» con situaciones de semejante dificultad.

UN RECONOCIMIENTO

En tu manual de entrenamiento y en la casilla donde pone «Trabajando la compasión» pon un tick

(✓) cada vez que hayas puesto en marcha la estrategia que te he descrito. Lo que busco es que empieces a percibir lo que hasta ahora vivías como un problema, como una oportunidad para entrenarte en esta

importante habilidad. Hasta que tú no actúes y lo pongas en práctica no lograrás que se vaya integrando dentro de ti. Lo importante no es tanto lo que sepas como lo que sepas hacer, porque eso es lo que va a tener un claro impacto en tu vida y en el de las personas con las que tú te relacionas.

Cuando hayas conseguido acumular cinco ticks,

ten un gesto de reconocimiento hacia ti, algo sencillo, pero que sirva de refuerzo a tu voluntad y compromiso por superarte.

Ir a la siguiente página

Report Page