Tus tres superpoderes

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TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU FELICIDAD » 18. KINTSUGI

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KINTSUGI

Hacen falta las grietas para que pueda penetrar el oro.

UNA HISTORIA DONDE EL ARTE Y LA ESPIRITUALIDAD SE ENCUENTRAN

En una ocasión escuché a una mujer japonesa hablar del kintsugi como un arte muy apreciado en Japón. Al parecer se remonta al siglo XV

cuando gobernaba en Japón un sogún o comandante del ejército llamado Ashikaga Yoshimara. Entre sus muchas posesiones había dos tazones de té a los que el sogún tenía especial aprecio. Un buen día, ambos tazones se cayeron y se rompieron en varios fragmentos. Como aquel hombre no estaba dispuesto a desprenderse de ellos, los envió nada menos que a China para que unos conocidos artesanos lo repararan. Sin embargo, el tipo de reparación que hicieron a sus tazones no le gustó al sogún en absoluto, ya que los fragmentos de cerámica los habían unido con unas burdas grapas. Los tazones habían perdido su belleza y suavidad.

No dispuesto a darse por vencido, el sogún pidió a algunos miembros de su corte que buscaran en su propio país a alguien que pudiera reparar sus tazones de una manera más bella y original. Fue así cómo nació el kintsugi o «carpintería de oro». Los fragmentos de cerámica son unidos mediante una mezcla de resina y polvo de oro que dan a la pieza en cuestión un aspecto sorprendentemente bello y original.

Aquella técnica de reparar las piezas de cerámica rotas llegó a tener tanto éxito que se llegaban a romper a propósito valiosas piezas de cerámica para convertirlas en piezas de kintsugi.

UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN

La falta de una autoestima verdadera es extraordinariamente frecuente, y creo que en gran medida se debe a que nos vemos como piezas burdas de cerámica llenas de imperfecciones, llenas de fracturas.

Llamo fracturas a todas esas cosas que no nos gustan de nosotros y de las que de alguna manera nos avergonzamos. Nuestros complejos, nuestras inseguridades, nuestras incompetencias son defectos que intentamos ocultar para que los demás no los vean. Sin embargo, sufrimos en silencio porque si hay alguien a quien no se lo podemos ocultar es a nosotros mismos. Como no nos validamos a nosotros, tenemos que conseguir que nos validen los demás y eso se logra cuando nos prestan atención y nos quieren.

Muchas personas han intentado reparar esas imperfecciones, esas grietas que les impiden amarse así mismas. Sin embargo, mucho de ese trabajo, de ese esfuerzo sostenido durante años, parece que con frecuencia ha sido poco fructífero.

Tenemos lo que podríamos llamar un vacío en el ser, es decir, que nos parece que somos poca cosa. ¿Quién se puede creer que es alguien valioso si se percibe como una pieza de cerámica llena de imperfecciones?

Más de una persona que no ha conocido el amor en su vida, acaba justificándolo pensando que quién iba a poder amar a alguien como ella. Por eso nos esforzamos todo lo que podemos para llegar a ser algo en la vida. Pensamos que si a base de trabajar y trabajar conseguimos tener como «piezas de cerámica» una apariencia adecuada —dinero, poder, estatus—, entonces seremos valorados y queridos. Sin embargo, aunque los otros se interesen un poco más, nosotros sabemos que eso en el fondo es pura fachada y, aunque siempre son agradables los halagos de los demás, por dentro nos vamos a sentir igual de vacíos. Por eso creo que para ir a la raíz de esta pobre autoestima tenemos que entender lo que el kintsugi puede aportar a nuestra vida.

Lo que voy a proponer puede escandalizar a aquellas personas que tengan una visión exclusivamente materialista de la vida. Me refiero a quienes consideran que el ser humano es

solo materia y que el universo es puro azar. Que hay un plano material en la vida y que tiene excepcional importancia es algo que hemos tratado extensamente en capítulos anteriores. Sin embargo, pensar que la dimensión trascendental no existe corresponde a una corriente de pensamiento que se denomina materialismo.

Abramos por un instante nuestra mente e imaginemos que el universo no solo tiene una dimensión material, sino que hay algo más, algo a lo que con frecuencia se denomina un océano de conciencia y amor. Si nosotros somos hijos de las estrellas y hemos sido creados por un universo sabio, eso quiere decir que hay dentro de nosotros la posibilidad de experimentar lo sagrado. Sin embargo, dicho universo omnipotente respeta nuestra libertad y solo puede penetrar plenamente en nosotros si no nos escondemos de Él. Precisamente esas fracturas, esas deficiencias, esas grietas que tenemos por nuestra condición humana material y que tanto intentamos ocultar a los demás, son nuestra gran oportunidad para que dicho universo las cubra con ese oro del más extraordinario kintsugi que podamos imaginar. Por consiguiente, ese universo que es consciencia y amor, lejos de rechazarnos por nuestras imperfecciones, nos ama especialmente por ellas, porque si se las mostramos, Él las rellenará con oro. Por eso quien se veía como una tosca pieza de cerámica llena de grietas, fracturas y desperfectos, ahora se descubre como algo de extraordinario valor, nuevo, único. Se ha reparado ese vacío, esa pobre autoestima y por eso y, por tanto, esa persona ya no tiene que esforzarse por hacer cosas para obtener unos resultados que le permitan ser algo. Ya es todo lo que tiene que ser, una vasija llena de valor y sentido. Y es desde ese ser renovado como uno actúa con una claridad mental, una creatividad, una energía, un espíritu emprendedor, una compasión y una voluntad de servicio que previamente ni se nos hubiera pasado por la imaginación.

UNA ESTRATEGIA

La estrategia para aplicar kintsugi en la vida es directa y sencilla, que no simple. Lo que busca esta estrategia es mejorar

la autoestima a través de una visión radicalmente diferente del universo, de Dios, de la sabiduría infinita o como quieras llamarla. Nos lo han explicado muy mal. No se trata de esconderse para ocultar las vergüenzas, sino de saber que dichas «vergüenzas», dichas grietas, si se las presentamos a ese universo, a ese Dios, a esa sabiduría infinita con humildad y confianza, no serán la razón por la que seremos castigados o rechazados, sino que muy al contrario serán la razón por la que seremos reparados con el más puro de los oros.

Nuestra soberbia, nuestra autosuficiencia se opone directamente a este gesto de rendición ante la grandeza de un universo que actúa de una forma opuesta a la de los hombres. Si los hombres rechazamos a quien aparece ante nosotros con sus grietas correspondientes —su mal humor, su pereza, su irascibilidad, su retraimiento, su egoísmo, etc.—, el universo hace lo contrario. Quien con humildad y confianza tiene el valor de mostrar a ese universo, a ese Dios, a esa sabiduría infinita unas limitaciones tan propias de nuestra humanidad, sobre todo cuando se han vivido experiencias traumáticas y a continuación pide una ayuda confiada para repararlas, puede experimentar cómo toda su vida se renueva. Esta renovación en forma de serenidad, paz interior, alegría, entusiasmo, confianza, creatividad, inteligencia, fortaleza mental y capacidad emprendedora es el resultado de tener ahora esas juntas de oro que hacen que lo material y lo espiritual se hayan integrado plenamente.

UN ENTRENAMIENTO

Cuando te encuentres con esos defectos, con esas carencias, con esas tristezas y angustias que no paran de manifestarse en tu vida por más que hayas querido contrarrestarlas, lejos de avergonzarte por ellas, velas como la gran oportunidad para que el universo, Dios, la conciencia infinita apliquen el arte del kintsugi contigo. Muéstraselas con absoluta confianza y deja que ese oro de valor incalculable convierta tus fracturas, tus grietas, tus defectos, en algo lleno de hermosura. Esta es la verdadera piedra filosofal, la que convierte en realidad el

plomo en oro, la que produce una absoluta transmutación que supera ampliamente todo lo que nuestro intelecto tan racional y limitado es capaz de concebir.

UN RECONOCIMIENTO

En la casilla de tu manual de entrenamiento en la que pone «Hoy me abro al arte del kintsugi»

pon un tick

(✓) cada vez que hayas hecho ese gesto de no ver tus defectos como una razón para despreciarte, sino para apreciarte, sabiendo que es ahí donde aparecerán las vetas de oro. Cuando hayas acumulado diez, ten un gesto de reconocimiento y celebración. Es mi opinión que nada de lo que hagas tendrá más impacto en tu vida que esto. Sin embargo, todos ofrecemos una gran resistencia porque nos puede sonar a raro o esotérico. No nos parece que esto entre en la lógica que habitualmente manejamos, y es verdad. Sin embargo, que no entre en nuestra lógica actual no quiere decir que no pueda ser verdad. Tampoco hace unos años entraba en nuestra lógica que habría teléfonos móviles, ordenadores o simplemente que podríamos volar.

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