Tus tres superpoderes

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TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU BIENESTAR » 7. ¿POR QUÉ HUNDIRSE CUANDO UNO PUEDE MANTENERSE A FLOTE E INCLUSO VOLAR?

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POR QUÉ HUNDIRSE CUANDO UNO PUEDE MANTENERSE A FLOTE E INCLUSO VOLAR?

Si te sientes hundido o quemado, primero renuévate

y después descubrirás lo que es rendir de verdad.

UNA HISTORIA DE TRANSFORMACIÓN

Tenía diecisiete años cuando entré en la Facultad de Medicina. Para mí se abría la puerta a un mundo nuevo y prácticamente desconocido. No había ningún médico en la familia y lo único que sabía acerca de la medicina era lo que conocen la mayor parte de las personas. Sin embargo, junto a la ilusión de quien puede hacer aquello que responde a una clara llamada, se unía una gran preocupación.

El primer año de la carrera era selectivo y se estudiaban cuatro asignaturas: Física, Biología, Química y Matemáticas. No me inquietaban demasiado las tres primeras, porque en Física y Química me había manejado razonablemente bien en el colegio y, la Biología me encantaba y se me había dado muy bien. El gran escollo eran las Matemáticas. Durante todo el periodo escolar habían sido para mí algo francamente difícil de superar. En todos los años pasados, siempre había peleado con ellas. Ahora, en primero de Medicina, la situación todavía se complicaba más porque aquellas Matemáticas eran mucho más complicadas de lo que había vivido hasta entonces.

Yo había escogido hacer Medicina desde el corazón y escuchando su clara llamada a que hiciera algo que redujera el sufrimiento humano. Sin embargo, había hecho caso nulo a mi cabeza, que sabiendo mi relación pasada con las Matemáticas, me había estado previniendo para que no escogiera algo que a

todas luces me era imposible de superar. No obstante, lejos de toda aparente lógica, las cosas transcurrieron de una manera completamente distinta a la esperada. No es que la asignatura fuera más fácil de lo que yo suponía, sino que yo me relacioné con ella de una forma radicalmente distinta a como lo había hecho durante mis años en el colegio. Aquellas matemáticas empezaron a gustarme y mucho. Las entendía, las sabía manejar. Algunos de mis compañeros en la facultad, que procedían del mismo colegio que yo y que habían sido muy buenos en matemáticas, me miraban con asombro, tal vez pensando que en algún momento alguien me había hecho un «transplante de cerebro» sin que ellos se hubieran dado cuenta. Obtuve el único sobresaliente en Matemáticas, no de mi clase, sino de todo el curso. ¿Cómo era posible que alguien como yo, del que había dicho un profesor de Matemáticas en el colegio que mi cabeza solo servía para plantar guisantes, hubiera logrado algo semejante?

Cuando somos capaces de conseguir cosas que previamente no podíamos, es porque nuestro cerebro ha estado operando de una manera radicalmente distinta. Sí, es como si nos hubieran hecho una especie de «transplante de cerebro» o, mejor dicho, como si hubiera cambiado el sistema operativo del cerebro. Esto es lo que me ocurrió a mí, y quien sin duda lo favoreció de una extraordinaria manera fue el maravilloso profesor que tuve. Siempre recordaré su sonrisa, su rostro afable y su enorme simpatía. Él hacía que yo me sintiera cómodo en clase. Nunca sentí que podía ser humillado en medio de la clase por una supuesta falta de inteligencia y de capacidad de comprensión. Jamás se cebó con ninguno de nosotros cuando cometíamos errores. Era firme sin ser duro. No solo explicaba bien, con interés y paciencia. Es que, además, nos trataba con afecto y respeto.

UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN

Quiero que te imagines un cuadrado grande y te voy a pedir que con tu imaginación lo dividas en cuatro partes iguales (figura 9). Tu cuadrado se ha convertido ahora en cuatro. Como

cada uno de estos corresponde a lo que vamos a denominar un estado mental, cualquiera de nosotros y en un momento determinado podemos estar en alguno de esos estados mentales.

ZONA DE ALTO RENDIMIENTO

Al cuadrado que está arriba y a la izquierda le vamos a llamar la zona de alto rendimiento. Cuando estás aquí, experimentas serenidad, confianza y entusiasmo. Tu desempeño mejora, sencillamente porque estás usando mucho mejor tu inteligencia, tu memoria y tu creatividad. Por eso comprendes mejor y aprendes mucho más deprisa.

ZONA DE SUPERVIVENCIA

Al cuadrado que está arriba y a la derecha le vamos a llamar la zona de supervivencia. Cuando estás aquí tu objetivo no es conseguir mejores resultados, sino ponerte a salvo de una posible amenaza. No es que alguien te esté amenazando con una pistola, sino que de alguna manera te encuentras inseguro ante una situación que no sabes cómo controlar.

Esta zona se asocia a una caída muy pronunciada en el desempeño y a la aparición de sentimientos como la ira, la frustración, la ansiedad, el miedo y la sensación de impotencia. Las tres reacciones típicas cuando se está en esta zona son el ataque, la huida o el bloqueo. La persona se torna irascible y agresiva, trata de escapar como sea de esa situación que tanto la incomoda, o se queda paralizada.

ZONA DE HUNDIMIENTO

Al cuadrado que está abajo y a la derecha le vamos a llamar la zona de hundimiento, también conocida como zona de burn out —

zona de estar quemado—. Cuando estás aquí apenas tienes energía como para mover un dedo. Estás apático o incluso deprimido. Tu capacidad para concentrarte y tener un buen rendimiento es prácticamente nula. Has estado tanto tiempo sometido a una situación de estrés que es como si te hubieras «quemado».

Las dos últimas zonas que acabo de describir fueron muy estudiadas por el doctor Hans Selye. Trabajando con ratas a las que sometía a todo tipo de amenazas, observó que al principio ellas entraban en su zona de supervivencia y hacían lo que podían para hacer frente a la amenaza. Cuando llegaban a la conclusión de que hicieran lo que hicieran seguirían estando en peligro y sufriendo, entraban en la zona de hundimiento. Aquellas ratas dejaban de moverse y pasaban a un estado de apatía, de indiferencia, hasta que finalmente morían. En las autopsias que el doctor Selye les practicó encontró múltiples úlceras en el estómago y una hemorragia de las glándulas suprarrenales. El doctor Selye, famoso por sus estudios sobre el estrés, demostró que vivir en la zona de supervivencia o en la de hundimiento puede tener consecuencias físicas muy negativas. En estas zonas, la actividad del denominado sistema nervioso simpático, y que es el que responde a las amenazas, es demasiado intensa.

ZONA DE RENOVACIÓN

Finalmente tenemos el cuadrado que está abajo y a la izquierda y que se denomina zona de renovación. Cuando se está aquí, otra parte del sistema nervioso vegetativo, llamado sistema nervioso parasimpático, se dedica a ayudarnos a recuperar la energía y a renovarnos de cualquier desgaste que hayamos experimentado. No solo es que en esta fase se produce una recuperación y renovación física, sino también mental.

Los doctores Jim Loehr, Jack Groppel y Tony Schwartz han llevado a cabo investigaciones extraordinarias en este sentido. Sus estudios los han hecho fundamentalmente con atletas y deportistas de élite, y han publicado artículos en algunas de las

revistas más prestigiosas del mundo como puede ser el Harvard Business Review

.

La conclusión que se saca cuando se estudian los estados mentales es que cualquiera de nosotros tendría que pasar la mayor parte de su tiempo en la zona de alto rendimiento y en la de renovación. Sin embargo, sucede con demasiada frecuencia lo contrario.

Muchas personas en las familias, en las empresas y en la sociedad se encuentran una gran parte del tiempo o en la zona de supervivencia o en la de hundimiento.

Cuando una persona siente que no puede controlar nada de lo que le sucede porque la sobrepasa, o cuando alguien no se siente valorado, apreciado, reconocido en sus esfuerzos por mejorar, o siente que se le deja de lado, que se la ignora, que no se cuenta para nada con ella, que no se la incluye dentro del equipo, hay altas probabilidades de que esa persona caiga en una de las dos «zonas oscuras». Lo que ocurrirá es que su rendimiento bajará, se tornará irascible o tenderá a aislarse y, además, si no cambia la situación, existe la posibilidad de que enferme. Obviamente, todo esto, lejos de mejorar la situación, la empeora.

Un líder en una familia, una empresa o un país tiene que favorecer que las personas a las que lidera no vivan atrapadas ni en la zona de supervivencia ni en la de hundimiento. Esta es una gran responsabilidad y tiene que hacer frente a ella. Por eso el papel fundamental de un líder es favorecer que las personas se sientan retadas, pero no amenazadas. También es parte de su responsabilidad tratarlas como seres humanos y no como piezas.

La neurociencia nos muestra claramente que la zona de supervivencia y la de hundimiento están asociadas a una reducción en el funcionamiento de las áreas prefrontales del cerebro y de los hipocampos. Por eso cae en picado la capacidad de comprender, de prestar atención, de buscar caminos creativos o de aprender. Además, se produce un desgaste del organismo, desgaste que afecta a todos los sistemas biológicos, sobre todo al inmune.

Las personas que viven una gran parte de sus días en la zona de supervivencia o en la de hundimiento son proclives a las

infecciones y a la depresión.

UNA ESTRATEGIA

Hemos visto la gran conexión que tienen los procesos mentales y las funciones biológicas. Mi profesor de Matemáticas en primero de Medicina fue para mí un gran líder porque favoreció que me sintiera valorado y acogido. Yo iba a clase tranquilo, sin sentirme amenazado en su presencia y sin sentirme amenazado ante la asignatura. Fue él quien creó unas condiciones adecuadas para que yo me mantuviera en la zona de alto rendimiento y así despertara mi inteligencia, mi memoria, mi creatividad y mi capacidad de aprendizaje. Como no tuve que enfocarme en defenderme de ninguna amenaza, pude concentrarme en la asignatura. Mis áreas prefrontales, claves en el mantenimiento de la atención y en la denominada inteligencia ejecutiva, estuvieron en pleno rendimiento. Además, mis hipocampos, estructuras esenciales en el aprendizaje de nuevos conceptos, no estuvieron sometidos a los efectos devastadores de ese estrés negativo al que el doctor Selye denominó distrés. Como no estaba tenso en clase, mis músculos estaban relajados y eso ahorraba energía, con lo cual tenía mayor vitalidad. Todo ello, sin duda, contribuyó a que obtuviera unos resultados tan buenos en Matemáticas.

Es importante tener muy presente que cuando creemos que lo que nos falta para hacer frente a algo es más inteligencia, memoria, creatividad o capacidad de aprendizaje, esta es una verdad solo a medias. No es que no tengamos esos recursos tan necesarios en momentos de desafío y prueba, sino que esos recursos son inaccesibles cuando nos encontramos, aunque no lo sepamos, en la zona de supervivencia o en la de hundimiento.

La estrategia que te quiero proponer tiene tres fases:

PRIMERA FASE

Sé consciente, date cuenta de en cuál de las cuatro zonas estás. Si tu rendimiento es inadecuado, sientes tensión y enfado o te falta energía, no pierdas el tiempo interpretando que esto

se debe a que tú no vales lo suficiente, a que eres alguien débil o a que te falta la inteligencia, la memoria, la creatividad o la capacidad de aprendizaje que son necesarias para triunfar. Esto es falso, radicalmente falso, y si tiras por ese camino lo único que vas a hacer es arruinar tu vida y tu salud, y convertirte en alguien triste y amargado. No muerdas tan jugoso «cebo» porque de lo contrario notarás con gran intensidad los efectos del «anzuelo». Por eso para inmediatamente ese diálogo interior tan negativo y estúpido que te intenta convencer de lo poco que vales y que merma algo tan importante como es tu autoestima.

SEGUNDA FASE

Una vez te des cuenta de que estás en la zona de supervivencia o en la de hundimiento serás consciente de que lo que estás viviendo como incapacidad para hacer frente a un determinado obstáculo o desafío es una consecuencia no de quién eres, sino de dónde estás. Por eso has de enfocar tu atención no en intentar averiguar qué es lo que hay en ti de defectuoso, sino en ver cómo saltar a la zona de alto rendimiento.

TERCERA FASE

Para cambiar de una zona de limitación a una de posibilidad tienes que hacer seis cosas:

1.

La primera de ellas es dejar de resistirte a lo que estás sintiendo. El cómo te sientas ahora carece de importancia. Da igual si te encuentras triste, enfadado, amargado, impotente, desesperanzado. No importa nada, absolutamente nada. Sé que es contraintuitivo lo que digo y, sin embargo, es así. Cuanto más te enfoques en reducir tu tristeza, tu amargura, tu sensación de impotencia o tu desesperanza, más las reforzarás. El cebo es hacerte creer que cuanto más luches contra estas sensaciones, más cerca estarás del triunfo. ¡Es mentira, una

hábil mentira! Por eso vas a hacer justo lo contrario a lo que parece lógico, vas a darle la bienvenida a esos sentimientos. Si ya están dentro de «tu casa», ¿por qué enfadarte con su presencia? Dales la bienvenida y «a otra cosa, mariposa». Verás cómo cuando dejes de darles conversación, esto es, de prestarles atención, se acabarán yendo de tu casa sin que tú tengas que echarles. Cuanto más te esfuerces en echarles de tu casa, más difícil te será.

2.

La segunda cosa que te propongo es que aceptes lo que estás experimentando como perfecto y necesario. Recuerda que si te resignas a ello es porque lo ves como algo negativo, pero te aguantas con ello. Si lo aceptas lo ves como algo positivo y por eso lo celebras. Si crees que esto carece de lógica, tienes razón. Sin embargo, yo te diría que hay dos tipos de lógica, la de aquello que nos parece lógico y la de aquello que es lógico, aunque no nos lo parezca. Cuando tú verifiques por experiencia directa los efectos de aplicar la estrategia que te comento, serás quien saques tus propias conclusiones.

3.

La tercera cosa que te sugiero es que te enfoques no en los sentimientos que estás experimentando, sino en los resultados objetivos que quieres obtener. Pon el foco en el resultado que quieres obtener y visualízalo con la mayor claridad posible.

4.

El cuarto elemento que has de poner en juego es la acción. Da un paso, por pequeño que sea y en la dirección de tu objetivo. No importa si te sientes mal o fatal. Tú ponte en marcha hacia tu meta y punto. Cuando lo hagas no arrastres los pies, evita que tu cuerpo se encoja o que tengas una expresión tan triste en la cara que las personas con las que te cruces se apenen solo con verla. Pon el cuerpo recto, mirada al frente y sonríe como si estuvieras disfrutando. No importa que finjas, lo importante es

que lo hagas.

5.

En quinto lugar has de tener preparada una frase para bloquear esa «jaula de grillos» que tienes en la cabeza y que no deja de enviarte pensamientos limitantes y de generar distorsiones mentales. Has de buscar una frase corta que te inspire y repetírtela una y otra vez hasta que, literalmente, ahogue a esa otra voz interior disfuncional.

6.

En sexto lugar has de comprender que no es nada fácil pasar directamente de la zona de hundimiento a la de alto rendimiento sin pasar por la zona de renovación. Diferentes abordajes pueden ser útiles en este sentido. Te sugiero de entrada los siguientes porque van a ser, sin duda, una inestimable ayuda para recuperarte:

— Empezar a dormir una media de entre siete y ocho horas.

— Volver a una dieta mediterránea.

— Empezar a hacer ejercicio físico.

— Introducir un poco de sentido de humor en tu vida.

— Practicar todos los días de diez a veinte minutos de mindfulness

.

— Tomarte si puedes unas breves vacaciones.

— Recibir algún masaje que relaje la contractura muscular.

UN ENTRENAMIENTO

A medida que te vayas entrenando con confianza, determinación, disciplina y persistencia en la estrategia que te propongo irás cambiando de zona y empezarás a ver las cosas de una manera diferente. También y «mágicamente» comenzarás a sentir mucha más alegría, entusiasmo y confianza.

Recuerda que la libertad interior es una conquista diaria y

que la voz interior que nos limita no pierde una oportunidad para hacerse oír y someternos. Todo esto sin duda exige dedicación y esfuerzo. Muchas personas no están dispuestas a ello y prefieren vivir una vida de mediocridad, echando la culpa a las circunstancias o a su falta de recursos internos. No seas tú una de ellas. Si estás llamado a la grandeza, no aceptes la mediocridad como tu destino. De nuevo recuerda que aquí la pregunta clave no es ¿cuánto me va a costar?, sino ¿hasta dónde me puede llevar?

UN RECONOCIMIENTO

En la casilla de tu manual de entrenamiento en la que pone «¿Por qué hundirme cuando puedo mantenerme a flote e incluso volar?» pon un tick

(✓) cada vez que hayas seguido cualquiera de las tres fases que te he descrito en la estrategia.

Cuando hayas acumulado veinte ticks,

ten un gesto de reconocimiento y celebración. Yo sé que al principio todo te va a parecer muy poco natural y bastante forzado. No nos suele gustar seguir planteamientos tan estructurados. Sin embargo, recuerda que para saber montar en bicicleta primero necesitaste usar ruedines y poco a poco aprendiste a controlar el manillar y a manejar los pedales.

La autogestión emocional es algo que distingue a las personas que tienen libertad interior de las que no la tienen. Es, además, una de las competencias claves para triunfar en los negocios, en las relaciones y en múltiples aspectos de la vida personal y profesional. Quien no sabe gestionar sus emociones depende por completo de las circunstancias externas y no es capaz de desplegar su poder interior.

Hoy, en un mundo marcado por la incertidumbre, todos hemos de ganar maestría en la gestión de nuestro mundo interior porque es imprescindible para que cuerpo, mente y alma puedan sacar a flote sus verdaderos recursos.

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