Tus tres superpoderes
TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU BIENESTAR » 8. ERES UN ATLETA Y ESTÁS COMPITIENDO EN LAS OLIMPIADAS
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ERES UN ATLETA Y ESTÁS COMPITIENDO EN LAS
OLIMPIADAS
Con foco, compromiso, inspiración, apoyo y recuperación
se baten las mejores marcas.
UNA HISTORIA EMPRESARIAL
En una ocasión me llamó el presidente de una empresa que se dedicaba a la fabricación y venta de ordenadores para hacerme una consulta. Él no encontraba ninguna explicación a algo que había sucedido con uno de los mejores equipos de ventas de la compañía. Se trataba de un grupo de personas sumamente unidas y que tenían bien definido su objetivo como equipo. Era, además, gente entusiasta y muy capaz, que estaban comprometidos con la empresa.
Por si esto fuera poco, dentro del equipo había un claro liderazgo que inspiraba y apoyaba. El equipo llevaba trabajando sin parar en un proyecto y alcanzando extraordinarios resultados de ventas.
Todo iba como la seda hasta que, de repente, todos los miembros de aquel equipo cayeron en una especie de depresión. Se les veía desinteresados y apáticos. No había ninguna causa aparente que pudiera explicar semejante caída en el ánimo de aquellos seres humanos.
No cabe duda de que todo tiene una explicación si disponemos de ciertas claves. A veces las claves a algunos problemas humanos las encontramos en la psicología, pero otras están en la biología.
UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN
Todos sabemos lo difícil que es en ciertos momentos pensar con claridad y enfocarnos con precisión en la mejor forma de resolver un determinado desafío, y es precisamente en esos instantes cuando más necesitamos mantenernos en calma y confiados. Si pensamos, por ejemplo, en un atleta olímpico que se ha pasado cuatro años de su vida preparándose para dar el «do de pecho» en unos pocos minutos, bien podemos entender que su rendimiento estará supeditado por completo a cómo maneja esos momentos de gran presión en los que se juega tanto en tan poco tiempo. Por eso la preparación mental es al menos tan importante como la preparación física.
Si a ese atleta su mente le jugara una mala pasada, por más entrenado que tuviera a su cuerpo, no tendría muchas opciones de subir al podio con una flamante medalla colgando de su cuello. Aunque sin duda el éxito o el fracaso se deciden en el momento de la prueba final en la Olimpiada correspondiente, en realidad ese éxito o ese fracaso ya se están fraguando mucho tiempo atrás.
Hay cuatro elementos que hacen muy difícil, por no decir imposible, que una persona alcance su máximo rendimiento, sobre todo si las circunstancias no son las más favorables. Esos cuatro elementos son:
1.
FALTA DE FOCO EN LA META A ALCANZAR
Aquí la precisión es la clave. Sabemos que un rayo de luz está formado por fotones. Lo que diferencia los fotones de un rayo de luz de los de un rayo láser es que los de este último vibran de una forma coherente. Por eso pueden perforar una plancha de metal. El cerebro necesita una gran precisión en la meta. Si nuestro pensamiento está disperso entre varias cosas, no vamos a tener lo que es preciso tener para alcanzar ciertas metas.
Es falso que la multitarea sea efectiva. No lo es ni tan siquiera en los niños que han crecido en un entorno digital. Cuando la atención no la enfocamos específicamente en algo concreto, sino que estamos en más de una cosa «a la vez», nuestra
atención pierde en eficacia y esto tiene un claro impacto tanto en el aprendizaje como en la toma de decisiones.
Diversos estudios apuntan que los adultos estamos distraídos al menos el 47 por 100 del tiempo. Esto, como nos podemos imaginar, resta eficacia y eficiencia a todo lo que hacemos, desde analizar una situación del mercado hasta escuchar a uno de nuestros hijos cuando nos cuenta un problema.
2.
FALTA DE VERDADERO COMPROMISO POR ALCANZAR ESA META
Cualquier meta importante va a exigir de nosotros dedicación, interés, entusiasmo y una gran cantidad de esfuerzo. Todos vamos a tener tropiezos y a cometer errores en nuestro camino. Lo que nos va a poner una y otra vez en pie va a ser nuestro compromiso.
Una persona que no esté verdaderamente comprometida con un proyecto determinado, sea personal o profesional, nunca podrá alcanzar su máximo nivel de rendimiento porque ambos elementos, compromiso y rendimiento, van siempre de la mano. El entusiasmo abre el intelecto, mientras que la indiferencia, el desinterés, la apatía, lo cierran.
Con frecuencia valoramos en exceso el talento que alguien tiene e infravaloramos su entusiasmo, su pasión y su compromiso. Qué duda cabe que hay muchos momentos que no son ni fáciles ni agradables cuando uno se esfuerza por conseguir algo. Aun así, la ilusión por alcanzar nuestro objetivo, sabiendo las implicaciones positivas que ello puede tener en nuestra vida, es un acicate para seguir esforzándonos incluso en los momentos de mayor dificultad. Ver poco a poco cómo uno progresa, cómo uno mejora, cómo uno evoluciona, no solo nos alegra y nos inspira, sino que, además, nos ayuda a verificar que vamos por el camino correcto.
3.
FALTA DE INSPIRACIÓN Y APOYO
Si hay algo que a cualquiera de nosotros nos influye de una manera notable es la percepción que tenemos acerca de cuánto nos valoran aquellas personas que nos rodean. Pocas cosas duelen más que sentir que somos unos don nadie ante los ojos
de los demás. Cuando a los otros no les importamos, notamos, por una parte, su indiferencia a lo que sentimos y necesitamos y, por otra, su falta de interés en inspirarnos, desafiarnos y en ayudar a desarrollarnos.
Pocas relaciones tienen más importancia que la que existe entre hijos y padres. Harry Harlow, un psicólogo norteamericano estudioso de la conducta en monos macaco y cómo esta se veía afectada por los vínculos entre padres e hijos, demostró que aquellos macacos que desde pequeños habían sido separados de sus madres y criados por el personal del laboratorio preferían quedarse agarrados a una madre artificial hecha con alambres y trapo que tomar sus biberones. Cuando se les ponía en sus jaulas y se les ofrecía un pequeño cojín de trapo, se aferraban a él como si les fuera la vida en ello. Cuando se les quitaba el cojín, los pequeños monos se encogían como si estuvieran experimentando la mayor de las depresiones.
Experimentos llevados a cabo posteriormente, también con macacos y en otros lugares de Estados Unidos, han demostrado que, cuando no se crean estos vínculos maternofiliales, los monos al crecer se vuelven agresivos y, además, están continuamente enfermos. Por si esto fuera poco, sometidos a ciertos test que de alguna manera miden la inteligencia del macaco, estos monos obtienen muy pobres resultados. Sin embargo, si se les pone en contacto durante cierto tiempo con monos adultos que muestran una conducta cercana y compasiva, dichos macacos aumentan su puntuación en los test de inteligencia, se vuelven mucho más pacíficos y rara vez enferman. Esto que parece algo de lo más extraño y sorprendente tiene una explicación científica llena de belleza. Existen en los macacos, al igual que en los seres humanos, una serie de genes que están involucrados en factores como la conducta social, la expresión de la inteligencia y la actividad del sistema de defensa o sistema inmune. En aquellos macacos que no habían recibido afecto, estos genes estaban bloqueados con un grupo metilo y, por tanto, no se expresaban. Por eso esos macacos eran agresivos, torpes y padecían múltiples infecciones. Las muestras de sangre que se obtuvieron después de que estos macacos privados de afecto hubieran pasado un tiempo con una pareja de monos cercanos y cariñosos,
mostraron que aquellos genes se habían reactivado, perdiendo el grupo metilo que los tenía bloqueados. Por eso los macacos se volvieron más sociables, mostraron conductas más inteligentes y, además, combatieron mucho mejor las infecciones. No cabe duda de que esos mecanismos epigenéticos que controlan la activación y desactivación de los genes responden a mediadores químicos que se liberan en la sangre en presencia del afecto, la cercanía y la inclusión.
Uno de los elementos clave para obtener éxito en la vida es rodearnos de personas que nos quieran, que crean en nosotros, que nos valoren, que nos desafíen, que nos apoyen y que nos acompañen. En nuestro camino ya vamos a encontrarnos suficientes obstáculos y desafíos como para prestar demasiada atención a aquellas personas que no tienen ningún interés en añadir valor a nuestra vida, sino que lo único que quieren es sacarnos todo lo que puedan para añadir valor a la suya.
4.
FALTA DE RECUPERACIÓN SUFICIENTE DESPUÉS DE LOS EPISODIOS DE MÁXIMO ESFUERZO
Ni la mente ni el cuerpo soportan momentos de gran intensidad en el esfuerzo si después no hay periodos de recuperación. Tal vez al principio nos parezca que podemos con todo lo que nos echen. Sin embargo, al cabo de no mucho tiempo, nos daremos cuenta de que no es así. Si comparáramos la capacidad de una persona con la de un motor de seis cilindros, la falta de recuperación con el tiempo haría que su capacidad, su motor, funcionara como si solo tuviera tres cilindros.
La sociedad no es especialmente amable con estos periodos de recuperación porque, como vivimos en la sociedad de las prisas, parece que pararse —no para holgazanear, sino para recuperarse— es una absurda pérdida de tiempo. Si queremos alcanzar una gran excelencia en cualquier campo que elijamos vamos a tener que esforzarnos mucho y por eso también hemos de seguir un periodo de recuperación.
Hace poco tiempo tuve la ocasión de coincidir en México con Michael Phelps, que como sabemos es el deportista que mayor número de medallas olímpicas ha conseguido en la historia,
veintiocho en total. Él nos hablaba de la extraordinaria disciplina que tuvo que cultivar para lograr sus múltiples éxitos en el mundo de la natación. La gente que triunfa de una manera honesta, se esfuerza muchísimo, pero también cuida de sus momentos de descanso y recuperación entre las sesiones de entrenamiento. Ambos elementos son esenciales. De la misma manera que el día que uno no ha dormido bien se siente más atontado, el día que uno no se ha recuperado adecuadamente su rendimiento baja. Hay muchos grupos de trabajo que han demostrado que después de un esfuerzo intenso de hora y media tendríamos que dedicar unos minutos a recuperarnos. Nuestro organismo lo necesita.
Lo que le ocurrió al equipo de ventas de aquella empresa que fabricaba ordenadores no fue debido ni a falta de foco, ni a falta de compromiso, ni a falta de inspiración y apoyo. Lo que le ocurrió a aquel equipo fue causado por no introducir momentos de recuperación en medio de la actividad febril de cada día.
UNA ESTRATEGIA
Si no tienes muy claro lo que persigues, debes dedicar tiempo a precisarlo con la mayor claridad posible. Si no perderás capacidad para lograr tu meta.
Si aquello que quieres alcanzar no tiene la suficiente relevancia en tu vida como para hacerte inasequible al desaliento, raro será que lo alcances. Recordemos que el verdadero compromiso es aquello que nos hace levantarnos después de cada caída. Tener presente la importancia de eso que persigues y el valor que puede añadir a tu vida y a la de aquellos que te rodean, es de una importancia capital.
Si todas las voces que escuchas a tu alrededor, lejos de animarte en tu proceso, tienen el efecto contrario, piensa si no te sería beneficioso rodearte de personas con mayor capacidad inspiradora. No se trata de buscar personas que nos digan lo que queremos oír, sino de buscar personas que realmente crean en nosotros y en nuestro potencial.
Nadie tiene una bola de cristal como para determinar quién
llegará a alcanzar algo y quién no. Nadie es lo suficientemente experto como para saber hasta dónde puede llegar un ser humano cuando empieza a desplegar su verdadero potencial movido por un auténtico espíritu de superación. Para uno de esos «expertos», director de un periódico de Nueva York, Walt Disney no llegaría muy lejos en el mundo de la animación porque carecía de imaginación. Me gustaría ver su cara después de saber que ese joven, que para él carecía de imaginación, consiguió a lo largo de su vida veintiséis Óscar, cuatro de ellos honoríficos.
UN ENTRENAMIENTO
Dedica tiempo a enfocarte más y más en tu meta, imaginarla, verla, sentirla, tocarla. Resuelve ahora mismo que eso que quieres, porque consideras que es relevante en tu vida, lo vas a conseguir, lo vas a sacar adelante sí o sí. Busca fuentes de inspiración donde sea, en personajes vivos o en personajes muertos. Lee biografías de superación que te inspiren y que te hagan sentirte acompañado, busca frases que te impacten.
Trabaja intensamente, esfuérzate como un atleta olímpico para conseguir eso que anhelas. Recuerda que ese periodo en el que lo has dado todo, sobre todo cuando supera los noventa minutos, ha de ir seguido de cinco a diez minutos de recuperación.
UN RECONOCIMIENTO
En la casilla de tu manual de entrenamiento en la que pone «Soy un atleta olímpico, una atleta olímpica, y estoy compitiendo en las Olimpiadas» pon un tick
(✓) cada vez que hayas aplicado cualquiera de las pautas que he descrito en el apartado anterior. Cuando hayas conseguido acumular treinta, ten un gesto de reconocimiento hacia ti, algo sencillo, pero que sirva de refuerzo a tu voluntad y compromiso por superarte. Observa cómo te sientes y cómo ves ahora tu meta. Lo habitual
es que hayas ganado en claridad, ilusión, fuerza y energía. Cuando tú verificas algo, ya no necesitas creértelo, porque lo has comprobado de forma directa.