Tus tres superpoderes
TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU BIENESTAR » 9. NO VER EN LA INCERTIDUMBRE UN OCÉANO DE PELIGROS, SINO UN CONTINENTE POR DESCUBRIR
Página 17 de 33
9
NO VER EN LA INCERTIDUMBRE UN OCÉANO DE PELIGROS, SINO UN CONTINENTE POR DESCUBRIR
Recuerda que toda la magia está fuera de tu zona de confort.
UNA HISTORIA COMÚN QUE MUESTRA ALGO RELEVANTE
Hace unos meses fui al cardiólogo a hacerme una revisión rutinaria. Cuál no sería mi sorpresa cuando caí en la cuenta de que el cardiólogo era un viejo conocido mío al que hacía años que no veía. De hecho, le había conocido en un hospital en el que yo trabajé como cirujano cuando él era un joven celador. Después se hizo enfermero, después médico y, finalmente, hizo la especialidad de cardiología. Siempre me había gustado su actitud tan dispuesta a ayudar y hacerlo con tan buena cara.
—Oye, Javier —le pregunté—, debe de ser muy duro para una persona que viene aquí a hacerse una exploración rutinaria que cuando está corriendo en la cinta le tengas que ordenar que se pare inmediatamente porque el electrocardiograma muestra datos compatibles con una isquemia, con un problema de riego sanguíneo en el corazón.
—Sí lo es, Mario, y esto ocurre en unas cuantas ocasiones. Sin embargo, he comprobado que lo que a veces más angustia a estas personas no es el saber que pueden tener una enfermedad en el corazón, sino la incertidumbre de no saber lo que a partir de ahora será su vida. Por eso una de las cosas que hago y que resulta muy efectiva a la hora de reducir ese nivel de angustia es, precisamente, reducir su nivel de incertidumbre a base de darles la mayor cantidad de información posible.
UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN
El cerebro no tiene una especial dificultad para manejarse en la incertidumbre. De hecho, de los dos hemisferios cerebrales, el derecho está especialmente dotado para hacerlo. El hemisferio cerebral derecho explora los nuevos entornos con interés y curiosidad. Está ante todo atento a aquellas cosas que pueden representar peligros potenciales. Es cauto y a la vez un audaz explorador. Busca entender los patrones que operan en un entorno nuevo para así aprender cómo ser más efectivo a la hora de desenvolverse en dicho entorno.
Hace cerca de un millón de años, el Homo erectus
exploró lo que había más allá de su mundo conocido y que se limitaba a una zona en el este de África. Con embarcaciones sin duda más que rudimentarias se adentró en lo que hoy es el océano Índico y llegó a lugares tan lejanos como Java en Indonesia o Australia. Imaginemos el nivel de incertidumbre al que tuvieron que enfrentarse nuestros ancestros. Ni tenían cartas o instrumentos de navegación, ni sabían lo que había más allá del horizonte, ni disponían de buques que aguantaran cualquier temporal. El problema, repito, no está en la incapacidad del cerebro para gestionar con eficacia la incertidumbre. El problema está en la mente.
En cuanto nos salimos de nuestra «cuadrícula», del mundo que conocemos y dominamos, se activa una especie de software
que es nuestro diálogo interior y que no solo nos habla, sino que, además, nos proyecta imágenes de todo lo malo que nos puede pasar si nos atrevemos a explorar lo que hay más allá de esa «cuadrícula» a la que se conoce como zona de confort. Esto activa en el cerebro el mecanismo de protección frente a la amenaza que nos induce a resistirnos a lo nuevo, o que nos lleva a tomar una actitud belicosa, o incluso a quedarnos bloqueados. En esos instantes se nos ha olvidado caer en la cuenta de algo de extraordinaria relevancia, y es que el mundo real es mucho más benévolo que el mundo mental.
La mayor parte de las personas diagnosticadas de una cardiopatía isquémica, de una falta de riego en el corazón, van a poder tener una vida normal si, además de seguir el tratamiento médico adecuado y dejar de fumar, en caso de que lo hagan,
cuidan por lo menos estas cuatro cosas en su vida:
— Lo que comen; sobre todo en lo que se refiere al consumo de azúcar y grasas saturadas. Ya vimos en el capítulo dedicado a la nutrición la importancia de seguir una dieta mediterránea que tiene unos efectos positivos tan claros en la salud del cerebro y del corazón.
— El ejercicio físico que hacen; declarando la guerra al sedentarismo. Recordemos cómo el ejercicio favorece que se formen nuevos vasos sanguíneos en el corazón.
— Su estado de ánimo; siendo más optimistas y dedicando momentos al silencio y la quietud a través, por ejemplo, de la práctica del mindfulness
. Se ha visto cómo su práctica favorece la coherencia cardíaca, la cual tiene un efecto protector sobre el corazón.
— Sus relaciones personales; para evitar que la soledad entre a formar parte de sus vidas.
Lo que muchas veces nos preocupa es tener la sensación de que no tenemos ninguna capacidad de control sobre lo que nos va a pasar. Si a una persona con una enfermedad, en este caso con una cardiopatía isquémica, se le ayuda a caer en la cuenta de que su riesgo de no tener una vida normal se reduce si cuida esas cuatro cosas, el nivel de angustia baja de forma inmediata. Recordemos que la angustia siempre empeora cualquier problema que afecte al riego sanguíneo del corazón.
Esto que estamos viendo se puede aplicar a muchas otras dimensiones de nuestra vida. De lo que se trata es de bloquear esos programas mentales disfuncionales que nos alejan de la realidad y que nos sumergen en un mundo de oscuridad, confusión, soledad y desamparo. Creemos que el mundo es así porque no somos conscientes de que es un espejismo, una pura proyección de nuestra mente que la vivimos como la única posible e incuestionable realidad. Si el Homo erectus
se hubiera dejado seducir por uno de estos programas mentales tan perturbadores, nunca hubiera salido de África y hoy ninguno de los presentes estaríamos vivos. Más que presentes, estaríamos ausentes.
Ya sé que cuando veo una mosca en una pared blanca
iluminada puedo pensar que la mosca está en la pared. Sin embargo, si tuviera un poco más de perspectiva, me daría cuenta de que la mosca está en realidad en la lente del proyector cuya luz ilumina esa pared.
UNA ESTRATEGIA
Cuando sientas una tensión incómoda ante la perspectiva de viajar a un país cuya cultura es muy distinta a la tuya, empezar a trabajar en un departamento nuevo o simplemente ir a una fiesta donde probablemente no conozcas a nadie, recuerda siempre de que esa tensión es la consecuencia directa de cómo te estás proyectando a ti mismo lo que está por venir.
Mira qué dos proyecciones tan distintas frente a lo mismo en relación con un posible viaje a la India:
PROYECCIÓN
1
Posibilidad de comer algo que me siente mal, de que me engañen comprando o de que me roben. Posibilidad de que me coja una infección, etc.
PROYECCIÓN
2
— Ir a un país que ha producido algunas obras literarias como el Bhagavad Gita,
escrito hace unos tres mil quinientos años y que dentro de la espiritualidad se encuentra entre los escritos de mayor profundidad y belleza que se conocen.
— Ir a un país donde puedes encontrar una sonrisa en el entorno más desfavorecido.
— Ir al país de los mil colores donde las mujeres sorprenden con su elegancia en el vestir y donde se puede encontrar en la comida nuevos aromas y nuevos sabores.
— Hacer no solo un viaje como turista, sino también como peregrino. En el primero solo hay un viaje exterior que consiste, fundamentalmente, en ver paisajes y
monumentos. En el segundo también hay un viaje interior en el que se ponen al descubierto cosas de uno mismo.
La proyección 1 genera resistencia y desencuentro. Si viajo a la India es porque tengo que ir y no porque quiera ir. Curiosamente, esta proyección no es que me vuelva cauto —lo que estaría muy bien—, es que me pone tenso y en una situación de alarma. Curiosamente, y según cómo funcione nuestro cerebro, esto se traduce en dificultad para estar atento y presente, y en la proyección de peligros donde no los hay. Mi tensión también hace que si hablo con alguien mi tono o mi mirada por sí solos incomoden a mi interlocutor. Mi cuerpo estará tenso y, por tanto, pronto me fatigaré.
La proyección 2 invita a la exploración y al encuentro, sin obviar las precauciones necesarias que son tan importantes en la India como en cualquier otro país. Por eso yo estaré atento y relajado, y de esta manera seré más capaz de conectar con el mundo real en lugar de vivir atrapado en un espejismo mental.
Si hay algo que mata el progreso, la iniciativa, la mejora y la evolución es una mente que proyecta en la incertidumbre un nivel excesivo de riesgo. Hace quinientos años la humanidad proyectaba en lo que había más allá del horizonte un nivel de riesgo tan elevado que nadie se atrevía a cruzarla. Los primeros que lo hicieron se encontraron no con el precipicio lleno de monstruos del que tanto se hablaba, sino que descubrieron un nuevo continente lleno de extraordinarias posibilidades.
UN ENTRENAMIENTO
El entrenamiento va a consistir en que poco a poco vayas saliendo de tu zona de confort, de esa «cuadrícula mental» que te tiene atrapado y que no te permite expandirte y crecer. Por eso es importante que empieces a probar cosas sensatas y beneficiosas, pero que estén fuera de tu «cuadrícula». Se trata de que te estires y notes la tensión del estiramiento sin que sea necesario que hagas nada radical ni disruptivo. No busques de entrada la revolución, sino la evolución. Son pequeños pasos
los que te acercan a una nueva frontera. A medida que vayas descubriendo nuevos paisajes fuera y dentro de ti, empezarás a sentir la alegría del descubrimiento y el gozo ante tu propia evolución. Si la palabra cambio te asusta un poco, piensa en la palabra evolución. Seguro que puedes encontrar algo en lo que te gustaría evolucionar. Cuando lo encuentres, ponte a ello con confianza y determinación.
UN RECONOCIMIENTO
En la casilla de tu manual de entrenamiento en la que pone «Hoy abrazo la incertidumbre» pon un tick
(✓) cada vez que hayas salido de tu zona de confort en cualquier aspecto que para ti sea importante hacerlo.
Lo que antes vivías como un problema —alejarte de tu «cuadrícula mental», de tu mundo conocido, del «este de África»—, ahora lo ves como una oportunidad, la de descubrir nuevas tierras, nuevas posibilidades, nuevas oportunidades. Imagínate, por ejemplo, lo que ha supuesto para la humanidad el descubrimiento de Australia o Indonesia.
Cuando hayas conseguido acumular diez ticks,
ten un gesto de reconocimiento hacia ti, algo sencillo, pero que sirva de refuerzo a tu voluntad y compromiso por superarte. Cuando hayas conseguido superar la inercia y tengas lo que se denomina momentum,
ya verás cómo te supone mucho menos esfuerzo seguir practicando cada día. Al cabo de un tiempo te verás sorprendido buscando oportunidades de cambio y mejora en lugar de seguir aferrándote a lo conocido, simplemente porque te aportaba una falsa sensación de seguridad.
Recuerda que no se trata de que te creas nada, sino de que lo verifiques a través del entrenamiento. Lo único que es realmente convincente es la experiencia directa.