Tus tres superpoderes

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TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU BIENESTAR » 11. SI NO PUEDES MÁS ES CUANDO MÁS TIENES QUE PODER

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SI NO PUEDES MÁS ES CUANDO MÁS TIENES QUE PODER

Para crecer y mejorar, primero uno ha de dejarse «estirar».

UNA HISTORIA DE JUVENTUD

Recuerdo con horror mi paso por el Departamento de Obstetricia y Ginecología del hospital donde hice mi formación clínica cuando era un joven estudiante de Medicina. Por distintas razones, aquella asignatura se me atravesó. Ni me gustaba cómo la explicaban, ni la encontraba encanto por más que lo buscara. Por eso me dediqué a estudiar a fondo las otras asignaturas que me interesaban más y me parecían mucho más atractivas, como podían ser la Medicina Interna o la Cirugía. Pero para todo estudiante antes o después llega un momento clave que son los exámenes, y el de Obstetricia y Ginecología también llegó. Cinco días antes de que lo tuviera me puse a estudiar la asignatura con auténtico furor. Recuerdo la enorme dificultad que tenía para concentrarme estudiando algo que me gustaba tan poco.

Mi desesperación era enorme, porque me pasaba horas y horas delante de aquellos tomos de pastas verdes y no se me quedaba nada, absolutamente nada. Parecía que estaba condenado inexorablemente al más estrepitoso de los fracasos. Pensé en no presentarme e ir directamente a la recuperación meses después. Sin embargo, había algo en mí que se resistía a abandonar y por eso seguí. Había consumido tres de los cinco días que tenía para prepararme y había conseguido asimilar muy poco.

En la noche del tercero al cuarto día, algo muy extraño me

sucedió. Me acosté tarde como los días anteriores y con una mezcla de frustración e impotencia. En eso no había nada distinto y, sin embargo, lo que sí resultó distinta fue la experiencia que tuve durante el sueño. Me vi corriendo por la orilla de una playa preciosa cuando, de repente, tropecé y me caí. Fue en ese momento cuando sentado en el agua y con las manos apoyadas en la arena del fondo empecé a mirar alrededor y me di cuenta del sitio tan espectacular en el que estaba. Era un paisaje idílico. En aquel momento caí en la cuenta de que era absurdo arrastrar un nivel tan elevado de angustia, desesperanza, frustración e impotencia ante un examen cuando los ojos de mi mente eran capaces de observar semejante belleza. Cuando me desperté a la mañana siguiente, yo había experimentado una transformación anímica. Me levanté lleno de alegría, entusiasmo y confianza. Desayuné, me puse a estudiar y, aquellos temas que los días anteriores se me resistían de forma implacable, ahora me entraban como si yo fuera una esponja. Aquello me dejó completamente descolocado. Nunca en mi vida había sido capaz de aprender tanto y a tal velocidad. Además, lo que estudiaba no se me olvidaba. Me pasé dos días estudiando a ese ritmo y con esa capacidad de comprensión y aprendizaje. Finalmente me presenté al examen y saqué una magnífica nota. Además, sin decir que la Obstetricia y la Ginecología sean hoy una especialidad que me resulte para nada apasionante, sí que la veo mucho más interesante de lo que la veía cuando era un estudiante de Medicina.

Esta experiencia que la recuerdo vivamente, aunque hayan pasado más de cuarenta años, me ha hecho pensar mucho a lo largo del tiempo y hoy, con lo que he podido estudiar de la mente humana, tiene al menos para mí una explicación que no encuentro absurda.

UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN

Todos nosotros tenemos una inteligencia, una creatividad, una memoria y una capacidad de aprendizaje que son muy, muy superiores a las que experimentamos habitualmente.

Estos recursos internos que todos tenemos solo afloran en esos momentos en los que nos negamos a abandonar, a «tirar la toalla». No es que tiremos la toalla porque seamos blanditos, sino porque tenemos la sensación de que ya no podemos más. Son esos momentos en los que el sueño nos invade, el agotamiento es manifiesto y uno aparentemente ya no da para más. Parece tan lógico entonces abandonar, darse por vencido, dejar de esforzarse. ¿Quién no se retiraría cuando da por cierto que ha hecho todo lo que se podía hacer y que ha logrado todo lo que se podía lograr?

Si nosotros nos ofrecemos una salida para escapar del sufrimiento y del agotamiento, el cerebro nunca buscará una solución. Si hay que tirar de la fuerza de voluntad y de todo lo que se tenga es, precisamente, en esos momentos, en esos instantes de prueba, en esos puntos de inflexión. Si somos capaces de mantener nuestra confianza, determinación y persistencia, y, si no estamos dispuestos a abandonar, algo nuevo e inesperado va a emerger. Van a emerger nuestra inteligencia y nuestra creatividad. Además, y de forma sorprendente, aparecerá una nueva energía que nos permitirá actuar donde antes éramos incapaces de hacerlo.

Es importante recordar que la mente, cuando actúa en nuestra contra, es capaz de bloquearlo todo, desde la energía de la que disponemos hasta la capacidad de entender, aprender y recordar. Nos hace sentirnos perdidos, asustados, impotentes y frustrados. Esta mente disfuncional hace que hallemos con facilidad las razones y justificaciones para salir de ese «infierno» en el que estamos. Al final damos por hecho que hasta aquí hemos llegado y no hay mundo más allá.

Dice la leyenda que cuando Alejandro Magno había conquistado toda Asia Menor y se disponía a avanzar aún más allá, uno de sus generales le conminó a que no prosiguieran. Alejandro, sorprendido, preguntó por qué.

—Porque aquí se acaban los mapas —contestó el general.

Parece ser que la respuesta de Alejandro Magno fue:

—General, los ejércitos mediocres se quedan dentro de los mapas, mientras que los grandes ejércitos exploran lo que hay fuera de ellos.

Efectivamente, Alejandro Magno siguió avanzando y así llegó

a la India.

UNA ESTRATEGIA

Una cosa es gestionar correctamente los niveles de energía y buscar episodios de descanso y recuperación, y otra muy distinta es dejarnos dominar por esos archivos mentales que hacen que abandonemos cuando estamos en pos de nuestros sueños.

No veo manera de expandir nuestras mentes si no recuperamos la capacidad de reconducir nuestra vida precisamente en los momentos en los que es más importante hacerlo. Sé por experiencia que no es fácil. Lo que sí sé es que cuando rompemos esos techos que parecen de hormigón y que, sin embargo, son de cristal, algo extraordinario sucede. Lo que también sé es que cuando seguimos adelante a pesar de no poder, acabamos pudiendo.

El crecimiento, la evolución, la mejora, el descubrimiento y el aprendizaje son tesoros que aguardan a los espíritus que no se dejan doblegar, asustar, engañar, empequeñecer.

UN ENTRENAMIENTO

Cuando te encuentres en una de esas situaciones en las que sabes que has de seguir, que has de avanzar, que has de poder, es importante que reconozcas tus sentimientos porque son tu punto de partida. Tal vez te sientas mal, asustado, pequeño, incapaz. Quizás también sientas que no tienes ni la energía que es necesaria para mover un pie. Incluso es posible que notes una gran tensión acumulada en tus músculos. No importa, no pasa nada, ya que lo fundamental no es el punto del que partes, sino tu punto de destino. Ábrete a la posibilidad de que si reúnes todas tus fuerzas, si das un paso más, vas a penetrar en un nuevo espacio mental en el que lo imposible se hace posible. Yo sé lo difícil que resulta, sobre todo si tenemos una escapatoria fácil. Lo que también sé, porque lo he vivido, es lo

que emerge cuando no nos damos por vencidos.

UN RECONOCIMIENTO

En la casilla de tu manual de entrenamiento en la que pone «Cuando no puedo es cuando tengo que poder» pon un tick

(✓) cada vez que no «tires la toalla» y sigas adelante cuando parece que no puedes más. Pon un tick

cuando cambies los «es que» por «hay que», renunciando así a todas las razones y justificaciones para no seguir.

Cuando hayas conseguido acumular cinco ticks,

ten un gesto de profundo reconocimiento hacia ti, ya que has superado algo que muy poca gente es capaz de superar. Celébralo de alguna manera porque tus verdaderos recursos están empezando a emerger.

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