Tus tres superpoderes

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TRES SUPERPODERES PARA POTENCIAR TU BIENESTAR » 13. DONDE HAY ENTERRADO UN GRAN TESORO

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DONDE HAY ENTERRADO UN GRAN TESORO

No te fijes en la incomodidad, fíjate en la oportunidad.

UNA HISTORIA DE SUEÑOS SIN CUMPLIR

En una ocasión visité una abadía. El abad, un hombre alto, delgado y ocurrente, empezó a contarme cómo era la vida en aquel lugar.

En un momento de la visita, aquel monje me señaló un hueco en una pequeña superficie de hierba.

—Esa es mi tumba —me dijo—. No sabes, Mario, cómo te cambia la perspectiva cuando todos los días pasas delante de ese agujero.

Yo creo que los cementerios contienen fabulosas riquezas. Ahí están los restos de muchas personas que tuvieron excepcionales ideas y pensaron en magníficos proyectos. Sin embargo, muchas de esas personas nunca llegaron a hacer realidad sus sueños. En algunas ocasiones la muerte les visitó demasiado temprano. En otras, aunque les hubiera visitado mucho más tarde, nada hubiera cambiado. ¿Por qué a veces nos morimos sin haber hecho sonar nuestra música? ¿Qué es lo que hace que grandes ideas e iniciativas nunca vean la luz? ¿Hay algo más allá de los obstáculos y dificultades externas con las que esas personas se encontraron que hubiera impedido que tanto talento y tan extraordinario potencial llegara a florecer?

UN MOMENTO DE INSPIRACIÓN

Una de las cosas que claramente separa a aquellos que han

hecho sus sueños realidad de los que no lo han logrado es que no tiraron la toalla, que no abandonaron. Todas las personas encontramos obstáculos, incomodidades, imprevistos y dificultades en nuestras vidas, aunque no todas respondemos ante ellos de la misma manera. Es poco frecuente que alguien que tropiece con uno de tales obstáculos encuentre de forma inmediata cómo hacerle frente de manera efectiva. Sin embargo, hay quien de inmediato se frustra y abandona y hay quien persiste hasta encontrar un camino.

Hay una leyenda zen que nos ilustra muy bien esto. Había un rey que gobernaba un país en el que los habitantes se habían hecho blandos y perezosos. Insatisfecho ante dicha situación, el monarca quiso darles una lección. Quería de alguna manera inspirarles para que recuperaran su afán de superación y salieran de ese estado de apatía en el que se encontraban. Para ello tenía que hacer algo que les llevara a reaccionar y a despertar de esa especie de letargo en el que vivían. Aprovechando que había un concurso de tiro con arco fuera de la ciudad, y que todos los habitantes habían ido a competir o a acompañar a los participantes, el rey ordenó a su guardia que colocara una enorme piedra en el camino que llevaba a la ciudad. La piedra era tan grande que bloqueaba por completo el camino, impidiendo que los habitantes pudieran volver a sus casas, ya que el camino discurría entre dos acantilados. El rey se escondió en un lugar estratégico para observar las reacciones de sus súbditos cuando se encontraran con aquella enorme piedra. Lo lógico, pensó el rey, era que buscaran entre todos alguna forma de retirarla del camino. Sin embargo, no fue así. Uno tras otro al verla se retiró apesadumbrado. Es cierto que unos pocos intentaron empujarla, pero al ver que no podían moverla se fueron abatidos. Hubo algunos que incluso empezaron a maldecir al rey y al Gobierno por no resolver semejante problema.

Habían pasado varios días cuando un caminante que iba a la ciudad se encontró con aquella piedra y, viendo que no la podía mover con su propia fuerza por más que lo hubo intentado, se puso a reflexionar. De repente algo se le ocurrió y se puso en marcha hacia un bosque que había visto al pasar. Allí encontró lo que buscaba, y con su espada cortó una rama recta y gruesa.

De vuelta al lugar donde estaba la roca y utilizando la rama como palanca, a base de tiempo y esfuerzo, consiguió desplazarla y hacerla rodar por uno de los acantilados.

Bajo la piedra aquel caminante encontró una bolsa con monedas de oro y una carta del rey. El mensaje de su majestad era escueto: «Todo obstáculo en el camino nos invita a persistir para descubrir una oportunidad allí donde parece que solo hay un problema».

Nosotros podemos ir por la vida con dos tipos de mentalidad, una rígida y otra abierta. Las personas que tienen una mentalidad rígida en realidad no creen en su capacidad para hacer frente a los obstáculos y las dificultades. Si no ven una solución inmediata, se ponen tensas, se enfurecen, empiezan a culpar a otros o sencillamente abandonan. No tiene esto nada que ver con una supuesta falta de capacidades reales, sino con la falta de confianza en sí mismas y en sus posibilidades. Por eso cada vez su vida se va haciendo más limitada, porque solo quieren estar tranquilas y que no aparezcan imprevistos en ella. Hay, sin embargo, otras personas que teniendo incluso menos talento, resuelven mucho mejor los desafíos porque al igual que el caminante de nuestra fábula no abandonan.

Recordemos que si al cerebro humano le damos una salida fácil por nuestra incapacidad de soportar la presión, él jamás se esforzará en buscar una solución. Si somos capaces de aguantar la presión, si no tiramos la toalla y probamos uno y otro camino para resolver una determinada situación, el cerebro pondrá en juego su inteligencia y su creatividad para que descubramos el camino que estaba oculto.

Tener fe en que debajo de la piedra vamos a encontrar las monedas de oro hace que acometamos las dificultades del camino de otra manera. Una mentalidad abierta sabe que necesita de estos obstáculos y dificultades para entrenar competencias esenciales para crecer, mejorar y superarse como persona. Por eso mantiene su entusiasmo y su confianza, y no se deja intimidar por el tamaño aparente del obstáculo.

UNA ESTRATEGIA

Cuando te encuentres con un obstáculo, con una desilusión, con una dificultad en el camino, acepta la situación y acepta los sentimientos que desencadene esa situación. Sin embargo, no te dejes arrastrar por ella. Posiciónate inmediatamente en el convencimiento de que existe una solución y que antes o después tú, solo o acompañado, la vas a encontrar.

Para que se active tu inteligencia y tu creatividad necesitas tener ante el obstáculo una presencia plena. No se puede tener una presencia plena si muestras aversión hacia eso que ha aparecido en tu camino. Has de verlo como una extraordinaria oportunidad y, por consiguiente, en lugar de intentar escapar de ella, has de hacer lo contrario: abrazarte a ella. Cuando esto sucede, cuando uno es capaz de ver la lección necesaria escondida en la prueba incómoda, es cuando uno puede empezar a desplegar sus verdaderos talentos.

El tema verdaderamente importante no es si tienes o no la capacidad para hacer frente al obstáculo, sino si puedes tener una actitud que te haga relacionarte con el obstáculo como uno se relacionaría si se encontrara con la gran oportunidad de su vida. Eso es lo más difícil porque es lo que menos sentido común aparentemente tiene.

Hoy se sabe que el máximo rendimiento en cualquier tarea tiene una relación directa con cómo nos estamos relacionando con dicha tarea. Quien la ve como algo complejo e incómodo huye de cualquier relación estrecha. Quien la ve como una oportunidad «disfrazada en ropas de trabajo», lo que quiere es justo lo contrario, estrechar la relación.

Recordemos que quien ha encontrado un qué y un por qué antes o después acaba encontrando un cómo. Así funciona el cerebro humano. Por eso es importante saber revertir esa tendencia mental a huir de lo incómodo cuando ahí precisamente puede estar una oportunidad que pocos pueden reconocer como tal.

UN ENTRENAMIENTO

Vive cada cosa que te pase como una oportunidad para descubrir algo valioso, para aprender algo que es necesario en

tu proceso de crecimiento y evolución. Y si aparecen cosas incómodas, que lo que más pese en ti no sea huir de la incomodidad, sino buscar en ellas la oportunidad.

UN RECONOCIMIENTO

En la casilla de tu manual de entrenamiento en la que pone «Superando los obstáculos del camino»pon un tick

(✓) cada vez que hayas hecho un esfuerzo serio para ver el obstáculo, la dificultad, la prueba, desde una perspectiva más positiva. Cuando hayas acumulado diez, ten un gesto de reconocimiento y celebración. Cualquier avance que hagas en este sentido va a empezar a cambiar el tipo de cosas que te ocurren en la vida.

Después de haber aprendido una lección, aunque haya resultado duro dicho aprendizaje, ya no es necesario pasar por la misma lección; y si por alguna razón tuviéramos que enfrentarnos a la misma prueba y volver a pasar por ella, ten por cierto que eso sucedería para que otras personas se sintieran inspiradas por tu ejemplo de superación.

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