Tres meses

Tres meses


Capítulo 5

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Dilo, dilo.

—...con quien hacer... cosas...

—Sí.

Dilo, vamos, Jen.

—Bueno...

respecto a lo de antes...

A la mierda. Ya lo digo yo.

—Sí —la corté.

Me giré hasta quedar encima de ella, que contuvo la respiración. Me aceptó enseguida cuando me incliné hacia delante y la besé algo más bruscamente de lo que había pretendido en un principio. Pero es que llevaba demasiado tiempo esperándolo. Me pegué completamente a su cuerpo y noté que su piel ardía. Seguro que no más que la mía.

Casi sonreí cuando sentí que agarraba mi camiseta y tiraba hacia arriba. Eso estaba pasando realmente, ¿no? Porque si era un sueño esperaba, al menos, seguir dormido hasta que mis fantasías perversas se cumplieran.

Me daba igual si era un sueño o no. Solo podía centrarme en ella. La miré mientras la ayudaba a quitarme la camiseta. Le brillaban los ojos. Nunca la había visto así. Y pensar que esa mirada era solo para mí, hizo la situación todavía mejor. Me pasó una mano por el pecho con suavidad y me sentí que se me aceleraba el pulso. Entonces, me miró otra vez y se arqueó para quitarse la sudadera que le había dejado.

Sabía que la incomodaría, pero me quedé mirándola sin poder evitarlo. Era jodidamente perfecta. No podía creerme que no lo supiera. Era imposible.

Bueno, siempre podía demostrárselo.

Me volví a inclinar hacia delante y le besé los lunares pequeños que le había visto debajo de la oreja, pasándole las manos por las costillas. Por un momento, me acordé de lo que me había contado en el coche y casi esperé que se retorciera por las cosquillas. Y se retorció, pero no se empezó a reír. Y no intentó apartarme en absoluto. De hecho, sentí su mano apretándose en mi espalda para atraerme más cerca. Subí las manos y ella soltó una bocanada de aire cuando la miré y bajé los besos hacia la piel que había dejado descubierta.

No podía dejar de besarla y tocarla. Solo quería acabar con eso. Sentía que iba a explotar, pero a la vez solo quería alargarlo para que no terminara.

—Ross... espera.

Levanté la cabeza al instante, asustado. Dime que no la había espantado ahora, por favor. Ahora no. Una ducha fría ya no iba a ser suficiente. Tendría que irme al maldito Polo Norte para calmarme.

—¿Qué? —noté la urgencia en mi propia voz.

—No... no tengo...

Se puso roja y supe al instante a qué se refería. Mi pecho se deshinchó por el alivio.

Volví a subir a sus labios y la besé antes de inclinarme hacia mi cómoda y agarrar un condón. Se lo enseñé y me dedicó una mirada abochornada cuando le sonreí. Incluso en esa situación era tímida conmigo. Y, de alguna forma, me encendía todavía más. ¿Desde cuándo me gustaba tanto la ternura? Si siempre la había odiado.

Cualquier pensamiento racional desapareció cuando ella me rodeó el cuello con los brazos y pegó su pecho desnudo al mío. Dejé que guiara el beso durante unos segundos, pero era demasiado tierno. Y, aunque me encantaba su ternura, en ese momento quería algo todavía mejor. Le sujeté la cabeza con una mano y la besé más intensamente, bajando una mano entre sus pechos y hacia el inicio de sus pantaloncitos.

Oh, mi pervertido interior había tenido ganas de asaltar esos pantaloncitos inocentes desde que los había visto por primera vez.

Seguía teniendo la sensación de que en cualquier momento iba a decirme que parara y toda esa fantasía se borraría, pero no lo hacía. De hecho, parecía quererlo tanto como yo.

Apenas la había rozado cuando noté que ella soltaba una especie de jadeo y me sujetaba la muñeca, apartándola. Me quedé congelado. ¿Se había arrepentido? Apoyó la mano junto a mi cabeza y vi que alcanzaba algo que yo había dejado abandonado. Se quitó el resto de la ropa con una urgencia que me sorprendió y casi perdí completamente el control cuando me bajó los pantalones y los bóxers, acariciándome por todas partes.

—Jen... —intenté detenerla. No íbamos a poder hacer mucha cosa si seguía tocándome así.

—Déjate de tonterías y hazlo de una vez —exigió, rompiendo el condón y dándomelo.

Vale, definitivamente esa era la mujer de mi vida.

Bueno, si no quería tonterías, no iba a ser yo quien se las diera. Yo solo quería alargar el momento, pero... oye, teníamos toda la noche para alargarlo. Porque eso no iba a quedarse en un solo asalto. De eso nada.

***

Todavía tenía la respiración acelerada cuando me dejé caer de espaldas a su lado. El pecho de Jen subía y bajaba a toda velocidad. Todavía tenía su mano agarrada con fuerza al cabecero de la cama. Estaba completamente sonrojada, desnuda y agitada. Mi sueño hecho real. No pude evitar una sonrisita orgullosa. Yo había provocado esa expresión.

Buen trabajo, soldado.

—¿Qué hora es? —preguntó con voz agitada.

Miré a un lado y agarré mi móvil.

—Las cinco de la mañana —murmuré—. Tenemos tiempo para un asalto más.

Empezó a reírse y me dio un manotazo en el hombro. Atrapé su muñeca al instante y tiré de ella hacia mí hasta que la tuve tumbada encima, mirándome. Joder, no iba a acostumbrarme nunca a su piel rozando la mía de esa forma.

—¿Es que tú nunca descansas? —preguntó con una sonrisita.

Estaba completamente despeinada y algunos mechones de pelo le caían delante de la cara. Se los aparté con los dedos. Especialmente el mechón de siempre. Por fin podía apartarlo yo.

—Contigo, espero que no.

—Sinceramente, dos por una noche es más que suficiente por mi parte —me aseguró, suspirando—. Además, tengo que ir al baño.

—¿No has ido antes de venir a la cama?

—Sí, pero solo me he mirado en el espejo y he intentando calmarme —masculló.

Tanta sinceridad me sorprendió. Especialmente porque yo había hecho lo mismo aquí, en la habitación.

—Tomo prestada tu camiseta —añadió.

—¿Mi camiseta? ¿Para qué?

—No pienso pasearme desnuda por el piso, Ross.

—Todo el mundo está dormido, ¿qué más da?

—Tú no estás dormido.

Abrí la boca, ofendido, cuando se tapó los pechos con un brazo para incorporarse y recoger mi camiseta.

—Sabes que te los he visto, ¿no? Y les he hecho cosas peores que solo verlos.

—¡No lo digas... así! —protestó, enrojeciendo—. Y no me mires el culo al salir.

—Vale.

—No lo hagas, Ross.

—¡Te he dicho que vale!

Está claro que se lo miré.

Escuché sus pasitos por el pasillo y me pasé las manos por la cara. La cama estaba hecha un desastre. Yo entero estaba hecho un desastre. Pero me daba igual. Porque por fin había sucedido. Y había sido mucho mejor de lo que había imaginado.

Sonreí y me dije a mí mismo que, definitivamente, necesitaba un tercer asalto. Me puse de pie y recorrí el pasillo sin molestarme en vestirme. Jen no había cerrado la puerta del cuarto de baño, solo la había empujado. Al abrirla, vi que se estaba intentando peinar con los dedos. Se giró hacia mí, sorprendida, cuando cerré la puerta a mi espalda.

—¿Qué...?

Se calló cuando me incliné hacia abajo para sujetarle la cabeza y besarla. Noté que sonreía bajo mis labios al girarla hacia la encimera. Su cadera chocó con ella, quedando atrapada. Me recorrió la espalda con los dedos y yo intenté subirle la camiseta, pero me detuvo.

—¡No vamos a hacer eso... aquí! —susurró, mirando furtivamente la puerta.

—¿Por qué no?

Nunca lo había hecho en un cuarto de baño. Y empezar con Jen me parecía bastante apetecible.

—P-porque... podrían oírnos y...

—Ya te he dicho que están dormidos.

—¡Pueden despertarse!

—Pues no hagas ruido —sugerí con una sonrisita.

Para mi sorpresa, no se opuso cuando la levanté por el culo —¡por fin podía tocarle el culo como un pervertido!— y la senté en la encimera, separándole las rodillas y metiéndome entre ellas. De hecho, ella bajó las manos por mi espalda y me empujó todavía con más ganas. Me incliné hacia delante, obligándola a hacer lo mismo hasta que su espalda chocó con el espejo. Ya estaba empañado. Metí una mano entre nosotros y sonreí al ver que ella echaba la cabeza hacia atrás. Joder, podría acostumbrarme a eso. Quería acostumbrarme a eso.

—Vale, a la mierda —masculló—. Vamos a por un...

Se detuvo cuando levanté el condón que había estado sujetando con la mano libre y me puso mala cara.

—¿Cómo sabías que iba a aceptar, pervertido?

—Porque soy un pervertido muy persuasivo.

—Ya lo creo.

Rompí el envoltorio y me lo coloqué tan rápido como pude. Ella clavó los dedos en mi nuca para atraerme de nuevo en un beso tan intenso que casi hizo que perdiera el equilibrio. Le sujeté el muslo con una mano y la atraje, dejándola justo donde quer...

Me detuve en seco cuando escuché tres golpes furiosos en la puerta.

Oh, oh.

Jen también se quedó petrificada. Nos miramos el uno al otro sin movernos en absoluto. Ella abrió la boca para decir algo, pero justo en ese momento escuché la voz de Sue justo al otro lado de la puerta.

—Maldita sea, Will —espetó—. ¿Desde cuando echáis polvos en el cuarto de baño? Mejor me aguanto las ganas de hacer pis.

Y escuché sus pasos alejándose hasta que se encerró en su habitación.

Jen esbozó una pequeña sonrisa divertida y yo empecé a reírme entre dientes.

—Mejor dejamos el polvo en el cuarto de baño para otro día —murmuré.

—Sí, mejor.

La sujeté con un brazo y ella me rodeó la cintura con las piernas. Recorrí el pasillo sin soltarla y, en cuanto nos encerramos de nuevo en la habitación, nos dejé caer en la cama de nuevo.

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