Tor
27. «La gente me amenaza»
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27. «LA GENTE ME AMENAZA»
Té trenta anys, els ulls vermellosos —el primer cop que el veig sospito que és a causa de l’alcohol, però amb el temps m’adono que sempre els té així— i parla com Palanca, però en castellà. Frases inacabades, inconnexes, moltes repeticions, molts crits, no para de gesticular, de moure’s endavant i endarrere… Tot plegat per pronunciar un monòleg llarguíssim al seu aire.
Pel que diu, sembla que ara el seu enemic és el Rosendo Montané, el germà que ha heretat les propietats i, aparentment, també els enemics del mort.
—Porque en el pueblo de Tor no se vive gracias al ayuntamiento de Alins, que no nos abre la carretera. Tenemos que marchar de aquí con el ganado, que el ayuntamiento de Alins no nos abre la carretera ¡eh! Viviríamos aquí todo el año, estamos aquí todo el año, todo el año estando aquí en este pueblo porque tengo cojones y punto y ya basta de decir tonterías de si es suyo la montaña o no es suyo, yo me paso eso por los cojones, pero no quiero que digáis que este señor está viviendo todo el año aquí, ¿me entiendes? ¡Mentira!, porque casa suya está cerrada antes que las nuestras, antes que casa Palanca o casa de Cisquet, está cerrada; él, él si que es verdad que la ha cerrado antes que nosotros, ¡y punto!, y eso lo diré aquí y mañana, pero quiero que salga por la tele, que lo vea todo el país del mundo y del extranjero, porque eso es verdad, eso es una verdad como una casa, tenemos que marchar por culpa de la puta carretera esta, que no la abren. La abren para lo que les interesa a ellos, para el verano, para salir aquí, hacer cuatro viajes de turista y cuatro cosas, para chupar ellos.
Aquest home s’embala tot sol. Quan ell i Palanca diuen que no obren la carretera el que volen dir és que les autoritats no netegen de neu el camí en tot l’hivern i que per tant els veïns no poden pujar-hi per res. Però en lloc de dir-ho senzillament i amb coherència, va i ve, puja i baixa. És inentrevistable. No sé per on agafar-lo.
—Oye, Lázaro, ¿y tu quién crees que mató a Montané?
—¿Quién mató al Sansa? ¡Yo! ¿No lo sabes? ¡Lo maté yo! Lo maté yo, que no estaba aquí, que estaba en la Pobla. Pero ya me hubiera gustado, ya, ¡ese cabrón! Estaba vivo y se murió. Mira, yo soy una persona y estoy aquí y estoy vivo, y si se ha muerto es porque estaba vivo… ah, yo que sé, si se lo cargaron o no se lo cargaron. El juez de Tremp y toda esa gente, toda esa mafia, tanto saben, ¡coño!, sabrán lo que le han hecho a una persona. Yo sólo venía a dormir aquí. Yo trabajaba en Pobla y en Andorra y sólo venía a dormir, a casa Palanca. Y si se murió es porque estaba vivo y si no, no se hubiera muerto.
—Joder, Lázaro, no entiendo nada. A ver si te aclaras, tío. ¿De qué mafia hablas?, ja ver, aclárate!
—¿Cómo, la mafia? La mafia es la mafia, ya se sabe, el ayuntamiento, el juzgado de Tremp y toda esta gente es una mafia, toda esta gente es una mafia. Yo no lo sé, yo no la he visto, esa mafia, no la he visto, esa mafia, es que no lo aclaráis ni vosotros ni el mejor doctor, la mafia sí que lo sabe, nosotros no sacaremos nada en claro, ni yo ni nadie, vosotros estáis como yo, perdidos, vamos perdidos por estas montañas, dicen que la mafia, ¡tú!, yo lo que me toca los huevos que sale en la tele el tío ese maricón y dice que ahora la montaña es suya, ¡tú!
—¡Pero déjate de hostias, coño! De momento no ha salido nadie en la tele diciendo de quién es la montaña. Porque, según tú, ¿de quién es?
—¿De quién? ¡De todos! Si nosotros tres tenemos una cosa, será de los tres, ¿o no?, o de los cuatro, o de los cinco, ahora somos tres o cuatro personas aquí y será de los cinco, si llevamos algo en el coche por ejemplo, si llevamos contrabando, lo llevamos los cinco, ¿será de los cinco o no?, ¿eh? Pues la montaña es del pueblo, de todos, hombre, de la gente del pueblo de Tor, es la montaña, no del señor Montaner —molta gent ho pronunciava amb erra final—, ni del otro, ni del otro, es de la gente del pueblo, de la gente, ¿de quién va a ser la montaña?
—¿Tu eres amigo de los contrabandistas?
—Los contrabandistas ni los veo… yo no los veo, son pasajeros, pa mi. Los contrabandistas… y que yo también puedo hacer contrabando, y tú, tú a qué has venido aquí. A hacer contrabando? También diré que hacéis contrabando vosotros, ¡eh!
Ho deixo córrer. D’aquesta pseudoentrevista no en traurem res.
—Bueno, Lázaro, muchas gracias pero nos tenemos que marchar.
—¿Marchar? Yo tengo que marchar del pueblo. Yo estaría todo el invierno aquí, eh, y ¡que salga en la tele, lo quiero ver!, y por culpa del alcalde de Alins, que nos quiere hacer desaparecer, el puente de aquí arriba, si lo habéis visto, el puente de aquí arriba, ¿os habéis dado cuenta de cómo estaba?, quiero que lo grabéis, esto, ¡eh! Hicieron un puente para que pasáramos, para que pasáramos mejor, lo cerraron. Tuvimos que sacar las yeguas, las tuvimos que dar la vuelta por arriba, a tomar por el culo todo, sabes?
En sentir això del pont recordo el que m’havien explicat de les amenaces del Lázaro al delegat de la Generalitat el dia que va anar a visitar les obres del pont. Es ell, qui els ha fet plegar, i ara es queixa! Increïble. Però ell continua al seu aire.
—Sí señor, y hoy vivo aquí, en casa Palanca, sí señor, aquí estoy y me véis aquí hoy y aún estoy aquí en casa Palanca y voy a mirar cómo está la carretera. Voy a mirar cómo está la carretera para subir mi ganado aquí, que lo quiero tener aquí, no lo quiero tener por las carreteras, lo quiero tener aquí, en casa y he subido a ver como està la carretera porque hasta hoy no se podía subir con un coche, eh, ahora se sube de aquella manera, que vosotros lo habéis visto, está la carretera también jodida, o no, ¿eh?, y aquí ni meten sal ni hacen nada. El Ayuntamiento quieren cobrar de caza y pesca, cobran ellos, ¡eh!, de la caza y de la pesca cobra el ayuntamiento de Alins, ¡eh!, y aquí, nada. Cuando yo fui a pedir sal me querían echar. Fui a pedir sal para echarla aquí abajo, echar un poco de sal y querían echarme hostilazos a la cara y le dices cualquier cosa y me quiere hacer matar este tío, hombre. A mí me han amenazado, a mí me han dicho que me tengo que ir de aquí, de este pueblo, porque no quieren, no quieren que viva.
—Pero, ¿quién te amenaza, y por qué?
—¿Amenazarme? La gente me han amenazado aquí. La gente que no quiere que viva aquí, me amargan la vida, amenazarme es una cosa y otra cosa es que me amarguen la vida. No me ha amenazado nadie, lo que pasa es que me han amargado la vida y, cuando te amargan la vida, tienes que marchar de un sitio.
—¿Tu amenazaste al Montané?
—¡Mentirà! El juzgado de Tremp me quiere machacar la vida, me han machacado con la muerte de Sansa, también, yo no tenia culpa ninguna y ellos me querían investigar. El juez, que investigue el juez, que investigue el juez conmigo, hombre, ¡un inocente que trabaja como un cerclo! Aquí me tiene, en la montaña muriendo matando, me cagondéu, ¡hombre! A ver lo que pasa, a la mafia no le hacen nada, a la gente sí que le hacen. Me gustaria que lo vea todo el mundo, lo que pasa aquí, en el pueblo de Tor, quisiera que lo vieran, me cagüen Dios, mañana me pueden matar a mí. Aquí hay una mafia grande. Que yo no soy dueño, pero me mataran igual, porque yo estorbo aquí, hombre, ¡estorbo! Porque estoy aquí en el pueblo, hombre, que no quieren que haya nadie y punto… y tanto porque estoy con Jordi Riba, el Palanca. En 1980 al Palanca lo querían matar y él se escapó y mataron a los dos chavales que tenia, igual me pueden matar ahora a mí. Yo no tengo miedo, vengo aquí al pueblo de Tor y si me matan, mala suerte. El único que me puede sacar de su casa, y me diga «tienes que marchar de casa», ¡yo marcharé!, es Jordi Ribas —molts ho deien amb essa final— el Palanca. A menos que me diga que yo marche de casa, y marcharé, ¡y punto!
S’acaba la bateria de la càmera i aprofitem l’avinentesa per tallar la situació. Ell ja s’ha desfogat, puja al cotxe i marxa. Això sí, abans s’acomiada al seu estil.
—Bueno, ya sabes que si os veo con Rosendo o me hacéis quedar mal en la tele me acordaré de tus costillas, ¿eh?
Mentre baixem amb el cotxe, el Pol em fa veure un perill important:
—Si aquest carallot parla amb Palanca abans que nosaltres sabrà que li hem dit una mentida i tindrem problemes.
—Hòstia, és veritat! Hem de trobar Palanca aquesta mateixa nit.