Tor

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30. Els morts de 1980

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30. ELS MORTS DE 1980

El 3 de juliol de 1980 va esclatar a Tor la tensió acumulada durant molts anys d’odis, enveges i enfrontaments. Aquest és un breu resum dels esdeveniments:

Amb la postguerra els veïns van abandonant el poble, especialment a partir de 1944, quan una baralla entre els maquis i la Guàrdia Civil acaba amb cinc cases cremades. La pau ja no hi torna mai més, a Tor, i la canalla pugen enmig d’aquest clima d’odi i de rancúnia. A poc a poc la misèria els va empenyent tots a marxar, però se’n van amoïnats pels estatuts de la societat de condomini fundada el 1896, que estipulen que per tenir dret a la muntanya s’ha de tenir sempre foc encès a Tor, és a dir, que s’hi ha de viure tot l’any. Als anys setanta en realitat ja no hi ha ningú que hi visqui tot l’any, però algunes famílies hi van més sovint que les altres.

El desembre de 1976 tres condueños, Sansa —impulsor del projecte—, Cerdà —president de la societat— i la Generosa —germana del Cerdà i matriarca molt influent—, s’autoproclamen membres únics de la Sociedad de Condueños i firmen un contracte d’arrendament de la muntanya de Tor amb un promotor immobiliari d’Andorra, el Ruben —pronunciat amb accent a la u— Castañer Ejarque. La intenció declarada és edificar un complex hivernal per connectar les estacions d’Arinsal, Pal i Tor —que encara s’ha de construir—, amb els aprofitaments urbanístics que se’n derivin.

Els tres signataris asseguren que els altres nou copropietaris no tenen cap dret sobre la muntanya perquè ja no viuen tot l’any al poble. Primer problema, i gros: no compten que Jordi Riba, Palanca, no s’estarà de braços plegats. L’arribada de l’andorrà, doncs, fa rebrotar antigues enemistats que la misèria havia mantingut contingudes durant anys.

El Ruben s’entossudeix a fer petites obres, com reformar l’anomenada Casa de la Sociedad de Condueños, que fa les funcions d’ajuntament, però durant la nit algú ho destrueix tot. I així una vegada i una altra durant mesos.

Agost de 1978. Palanca convoca els altres propietaris, entre ells les famílies de la Sisqueta, l’Emília i la Concepció, a una junta d’accionistes i obren un llibre d’actes paral·lel. «Som majoria, els altres tres no han vingut», diuen, i revoquen els acords presos pels altres. Elegeixen president Palanca. Però, legalment, qui havia d’haver convocat la junta era Cerdà, el president, i no Palanca. Tot i així, i mentre la tensió va augmentant dia a dia, Palanca arrenda la fusta de la muntanya a dos llenyataires de Vic.

L’estiu de 1980 Palanca es fa acompanyar sempre per aquests dos llenyataires —allà en diuen «maderistes»—, Pedro Liñán i Miguel Aguilar —que no té res a veure amb el Miquel Aguilera, l’skin—. Però Palanca no és l’únic que no s’atreveix a anar sol pel món. El Ruben Castañer, que continua sentint-se’n amo pel contracte d’arrendament que va signar amb Cerdà i Sansa, també va sempre acompanyat de dos individus: un guàrdia civil retirat, Dionisio Rodrigo, i un «treballador», Ramon Miró.

«Aquell estiu —expliquen l’Emília i les altres pubilles— les nits de Tor eren més negres i més tenses que mai». I els dies no pintaven gaire millor. La sentència de l’Audiència de Lleida va descriure els fets així:

En este ambiente de íntima intranquilidad y temidos presagios, la tarde del 3 de julio de 1980 Rubén Castañer llegó a Tor procedente de Andorra en su «jeep», acompañado del procesado Ramón Miró y de los albañiles Antonio Córdoba Fernández y Luis Samitier Almunia, con quienes reconoció la casa de la Sociedad de condueños y les dio instrucciones sobre unas obras a efectuar en ella, tras lo cual se dirigieron todos a casa «Peretona» sita en la parte alta del pueblo, donde se reunieron con sus moradores incluido el otro procesado Dionisio Rodrigo, prosiguiendo juntos la conversación, en cuyo curso fueron advertidos por la hija de la casa de la presencia en las inmediaciones de Jorge Riba, con Pedro Liñán Hernández y un asociado suyo en el aprovechamiento de pastos y lenas llamado Miguel Aguilar Rosa, quien como en días anteriores llevaba visible un cuchillo-puñal de 16,5 ctns. de hoja sujeto al cinto, y aunque Riba y Aguilar se alejaron poco después hacia la parte baja de la aldea, donde se ubica la casa «Palanca» del primero, quedó Pedro Liñán en una roca pròxima a casa Peretona, al lado del jeep estacionado de Rubén Castañer, por lo que éste desoyendo las advertencias de las mujeres para que no saliera, fue hacia su vehículo y entabló dialogo con Liñán sobre la discutida titularidad de los derechos de la montaña de Tor que fue subiendo de tono y desemboco en disputa, al tiempo que ambos bajaban por la pista-camino, seguidos a escasa distancia por Ramón Miró, los dos citados contratistas y Dionisio Rodrigo, hasta llegar a una placita frente a casa «Sisqueta» y a escasa distancia de casa Palanca, de la que al oir los gritos salieron Miguel Aguilar y Jorge Riba, terciando éste en la disputa y llegando a las manos con Rubén, que a consecuencia de un golpe fue a apoyarse sobre Liñán, quien por su mayor corpulencia y fuerza sujetó a Rubén y le echó al suelo, cayendo sobre él para tenerle inmovilizado y seguir pegándole, lo que movió al contratista Antonio Córdoba a acercarse para intentar separaries, pero fue interferido por Miguel Aguilar quien con la punta del puñal le presionó levemente para que no avanzara un paso más, paralizándole, dando la misma orden al otro contratista Samitier que igualmente quedó estático, mientras el procesado Dionisio sin entrar en la reyerta se limitó a tocar con el palo que lleva el puñal de Aguilar indicándole lo retire del asustado contratista, pero el otro acusado Ramón Miró golpea con el bastón que porta a Jorge Riba, quien a consecuencia cae a una zanja contigua de 80 cms. de profundidad, tras lo cual Miró ve dirigirse hacia él a Aguilar con el puñal en actitud amenazante, en cuyo momento y temiendo se lo vaya a clavar, grita a Dionisio «¡Saca la pistola!», quien en efecto ante la inminencia del peligro que corre su companero, sin tiempo a reflexionar, empuña el arma, la monta y sin solución de continuidad dispara a unos 6-8 mts al cuerpo de Aguilar, que entretanto ha levantado los dos brazos como queriendo proteger la cabeza, penetrándole el proyectil por la cavidad axilar izquierda y en trayectoria transversal-horizontal sale por hemitórax derecho entre las costillas 2a y 3a, a nivel de la línea axilar posterior, a consecuencia de lo cual cae al suelo gravemente herido. Seguidamente, el procesado Miró pega un bastonazo a Pedro Liñán, con tanta fuerza que rompe el palo, para que éste suelte a Rubén (que sigue aprisionado debajo de él), y en enfurecida reacción Liñán se adelanta agresivamente hacia Miró que, por encontrarse en un plano ligeramente más bajo y ante la corpulencia de Liñán que cree va a aplastarle por lo ocurrido, retrocede unos pasos y viendo a su lado a Dionisio le coge la pistola con la que rápidamente dispara a distancia de 5-7 mts dos tiros consecutivos contra Liñán, alcanzándole uno de ellos con entrada por región hepática, siguiendo trayectoria oblicua de abajo-arriba y delante-atrás, que afecto hígado, diafragma, lóbulo inferior del pulmón, vasos mediastínicos y columna vertebral, quedando alojada la bala a la altura de la 3a vèrtebra cervical, cayendo también fulminado a tierra. En cuanto a Rubén Castañer, como efecto de la pelea resulto con herida en la sien y contusiones múltiples, curadas sin impedimento profesional a los 10 dtas de asistencia.

Tras ello, escapó desde la zanja donde había caído Jorge Riba, que asustado fue hacia su casa, frente a la cual tenia su jeep aparcado, en el que, desoyendo las voces de los demás que le llamaban para prestar auxilio a los dos heridos, marchó para Alins donde dio sucinta noticia de lo ocurrido a la pareja de la Guardia Civil de servicio, indicándoles que los del otro bando creia habrían huído a Andorra, y continuó a Sort y Tremp; sin que se haya en absoluto acreditado que contra dicho Riba fuese dirigido disparo alguno de los tres efectuados. Por su parte, el procesado Miró, presa de gran alteración psíquica, huyó apresuradamente en el jeep de Rubén al limítrofe Principado de Andorra. Por el contrario, Rubén Castañer, el acusado Dionisio y los dos contratistas organizaron el traslado de las víctimas, una de las cuales al menos (Liñán) seguia con vida, y en el único vehículo que quedaba en Tor, un jeep grande conducido por José Ma Sarroca, salen los cinco con ellas hacia Tirvia, población más pròxima donde reside un médico, deteniéndose momentáneamente a su paso por Alins para que la aludida pareja de servicio comunique por radioteléfono con Tirvia en preparación de la inmediata asistencia facultativa, pero a poco de llegar la expedición allí los dos heridos habían fallecido, no obstante los cuidados prodigados por sus acompañantes, en los que se distinguió el acusado Dionisio, quien muy apenado por lo acaecido mantuvo en su regazo la cabeza de uno de los lesionados durante todo el viaje, y daba prisa al chofer para acelerar la marcha.

El siguiente dia 9 de julio el acusado Ramón Miró, que hasta entonces permaneció en Andorra, dolorido y desasosegado por su participación en las muertes producidas, volvió a España y voluntariamente se presento ante el Juez de Instrucción de Tremp, confesando con veracidad esencial su intervención en los hechos.

Dionisio Rodrigo va ser condemnat a set anys de presó i Ramon Miró a vuit. També van ser condemnats a indemnitzar les famílies de les víctimes. Se n’havia de fer càrrec Ruben Castañer com a responsable civil subsidiari. Les famílies dels morts no han cobrat mai res.

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