The game
COMETAS
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¿Dónde me había quedado? [Esto es algo que odio de la política: siempre te distrae de las cosas que son realmente importantes.] Ah, sí. ¿Lo había entendido Descartes, que una verdad sin movimiento es inútil, y no somos capaces de entenderlo nosotros, entrenados como estamos con los dispositivos digitales? Improbable. Y de hecho, luego, en la vida, trabajamos de forma constante con verdades-rápidas, hemos llegado a ser maestros del storytelling, utilizamos la baja densidad del Game en vez de rechazarla. Prácticamente todos sabemos que se trata de un sistema peligroso, que lleva en sí la posibilidad real de construir eficaces Verdades-rápidas fundadas en casi nada, o en hechos inventados. Pero estamos aprendiendo a controlar el fenómeno, estamos trabajando duramente para inventar vacunas y antídotos. Prácticamente todos nos damos cuenta de que hemos elegido un sistema muy inestable, y que nos hemos obligado a vivir con verdades quebradizas, siempre en movimiento, condenadas a un territorio tortuoso. Sufrimos el asunto, a menudo, pero también, de una manera u otra, y en alguna parte instintiva de nuestra mente, nos acordamos de que demasiada firmeza de las verdades y la solidez de los hechos han generado un desastre del que hemos escapado: por lo tanto, no cedemos.
Ceden de vez en cuando los menos equipados, o los demasiado refinados. Pero el cuerpo central del Game no se detiene y va moliendo los días a la luz de cometas que llama verdad. Sabe hacerlo, logra hacerlo. Seguirá haciéndolo, con la obstinación obtusa y genial que algunas aves nos enseñan, en su migración hacia una buena tierra.