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Cuarta parte. Pandemónium » Capítulo 22
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Había momentos de intensa actividad en el hospital a medida que las flotas de vehículos llegaban con los supervivientes, la mayoría de los cuales —le había dicho a Will una de las enfermeras— estaban recibiendo tratamiento por desnutrición o exposición a sustancias tóxicas. Will oía cuando los trasladaban en camilla por el pasillo a todas las horas del día, y alcanzaba a ver a los soldados que parecían organizar todo.
Estaba encantado de estar tumbado en una cama y descansar mientras se recuperaba de su operación. Pero durante una de las treguas en las que reinaba un silencio absoluto en el lugar y él estaba mirando fijamente el techo con aire ausente, algo lo sacó de su sopor. La puerta de su habitación se abrió unos centímetros por un impulso, como si una brisa hubiera soplado por el pasillo. Se quedó mirando por si alguien estaba a punto de entrar a visitarle.
—¿Jiggs, es usted? —preguntó, no sabiendo si sería el hombre que tenía aquella habilidad para volverse casi invisible.
Pero allí no había nadie.
—Me voy a volver chalado —balbució, sintiéndose bastante tonto.
Pero entonces ocurrió algo de lo más extraño.
Acompañada de un ruido de arañazos sobre el linóleo, la cabeza de un gato asomó por encima de los pies de Will al final de la cama.
—¡Bartleby! —exclamó el muchacho, convencido realmente de estar viendo un fantasma. El Cazador le olisqueó con curiosidad, luego bajó el hocico y empezó a corretear por la habitación. Era evidente que el animal percibía toda clase de nuevos e interesantes olores de la corteza exterior con los que no se había encontrado nunca.
—No exactamente —dijo la señora Burrows cuando entró en la habitación con el Primer Agente tras ella—. Pero es uno de sus gatitos.
—¿Gatitos? ¡Si es enorme! —replicó Will, sonriendo a su madre. Se sentía dichoso por volver a verla después de lo que se le antojaba tantísimo tiempo.
—¿Y cómo está mi hijo? —La señora Burrows se acercó a Will y le dio un abrazo—. Jiggs me informó de que te estás recuperando bien después de la operación.
—Sí, nos enteramos de que tuvisteis la batalla de vuestra vida aquí arriba —terció el Primer Agente, que con su descomunal mano cogió la de Will y se la estrechó.
El «gatito Bartleby», o simplemente Bartleby, como le llamaba el Primer Agente porque era más fácil, se aficionó inmediatamente a Will y se subió a su cama. Sin duda el Cazador quería jugar cuando rodó sobre el lomo y empezó a lanzarle golpes al chico con sus gigantescas patas.
—Dios, si podría ser prefectamente Bartleby —comentó Will—. Es idéntico. —El gato había reparado en los tubos transparentes que asomaban por debajo de la manta y estaba mordisqueando uno de ellos—. ¡No, eso no! —se apresuró a decirle Will, intentando apartarlo de un empujón.
La señora Burrows condujo al gatito fuera de la habitación, y luego empezó a charlar con Will. Le contó que ella y el Primer Agente pasaban todo el tiempo en Highfield, donde muchos Colonos estaban ayudando en una operación de limpieza y a donde muchos ya habían decidido mudarse.
—Lo irónico del caso es que, de una manera indirecta, las profecías escritas en el Libro de las Catástrofes se han cumplido —le confirmó la señora Burrows—. Los Colonos han recuperado la Superficie. Hay un pueblo vacío esperando a los que quieran ir allí. Porque en Highfield no queda nadie con vida.
—¿Nadie en absoluto? ¿Están todos muertos? —preguntó Will en voz baja.
Llamaron a la puerta, y Parry entró.
—Tienes mejor aspecto, chaval —dijo, antes de preguntarle a la señora Burrows y al Primer Agente si les importaría concederle un momento para hablar a solas con Will.
—Están montando una cafetería improvisada en la planta baja —les sugirió Parry—. Si preguntan en recepción, les dirán dónde está.
—No se preocupe, creo que puedo encontrarla —respondió la señora Burrows dándose un golpecito en la nariz mientras le hacía un guiño a Will. Ella y el Primer Agente se marcharon arrastrando los pies y dejando a Bartleby dormido sobre la cama de Will, que tenía las piernas al aire.
—Jiggs me comentó que ahora usted es el primer ministro —dijo Will, sonriendo a Parry—. ¿Significa eso que tengo que llamarle señor?
El hombre enarcó las cejas.
—Para nada, y de todas formas, ¿cuándo me has mostrado tú algún respeto? —El comandante se encogió de hombros—. Además, sólo ocuparé el puesto hasta que encuentren a alguien del anterior gabinete que se encargue de la tarea.
Parry echó un vistazo por la ventana cuando otro helicóptero tomó tierra.
—Ahora que ya no hay peligro, está empezando a llegar la ayuda de emergencia de la comunidad internacional.
—¿Ya no lo hay, no obstante? —preguntó Will—. ¿Es verdad que no ha quedado ni un solo styx en la Superficie ni nadie que tuviera sangre styx en sus venas, como Elliott?
El rostro de Parry se entristeció y durante un segundo apartó la mirada.
—Sí, es verdad. No queda ni uno solo, así que supongo que al final ganamos, aunque perdimos a algunas buenas personas en el camino. Elliott, por supuesto, pero también Eddie y su equipo. —Suspiró—. Y luego está lo que le ocurrió a Chester…
—Y a Drake… Siento muchísimo lo de Drake —replicó Will en voz baja cuando se dio cuenta de que le tenía que decir algo sobre su hijo al comandante.
Y él tampoco se sentía lo bastante fuerte todavía para pensar en la pérdida de su amigo.
—Gracias. —Parry hizo un gesto de asentimiento con la cabeza y entonces clavó la mirada en el muchacho—. Will, por desgracia no estoy aquí sólo para ver cómo estás. También tengo que interrogarte. Sigue habiendo algunas lagunas en lo que sabemos, y tengo que oír tu versión de los acontecimientos.
—Esto parece oficial.
—Me temo que lo es, y en su momento necesitaré una declaración completa. Verás, en realidad está en marcha una investigación internacional, en buena medida porque varios países nos acusan de realizar pruebas atómicas subterráneas. Sugieren que ésa fue la causa de un temblor que se sintió en todo el mundo, y también de que se desarrollaran los Armagi, aparentemente una especie mutante que se originaría a raíz de la alta radiación. Bien, en cualquier caso eso es lo que creen los franceses. —Parry se rió entre dientes, y luego enarcó una ceja de manera burlona—. Y los yanquis no saben si darnos un montón de medallas del honor del Congreso, o condenarnos a todos por alguna clase de crimen internacional contra la humanidad. Tú también estás en la lista, Will, para lo uno y para lo otro.
El chico soltó una risa inquieta.
Parry se puso serio.
—Pasaste más tiempo con Elliott que nadie —prosiguió, sin abandonar la seriedad—. Necesito que me cuentes todo lo que puedas recordar acerca de ella, y lo que sucedió cerca del final.
—Por supuesto, pero mis recuerdos son un poco fragmentarios desde que los Armagi me echaron el guante y me llevaron a San Pablo —respondió el muchacho—. Y a propósito, ¿por qué es Elliott tan importante en todo esto?
—Porque a unos cuantos nos aterrorizan las consecuencia de que alguna especie de fuerza extraña haya tomado el control del destino de todos nosotros.
Mientras Bartleby roncaba a sus pies, Will relató lo que le había sucedido en compañía de Elliott durante el tiempo que pasaron juntos en el centro del mundo, el descubrimiento que realizaron en la pirámide y la subsiguiente aparición de la torre. Parry no le interrumpió ni una vez cuando Will le contó cómo él y Elliott habían sido transportados de vuelta a la Superficie y habían hallado más tarde el cetro en un sarcófago egipcio.
—¿Así que no puedes arrojar ninguna luz sobre qué fue exactamente lo que estuvo guiando a Elliott a lo largo de todo eso? —preguntó Parry—. Porque parece que sabía qué hacer exactamente a cada paso.
Will negó con la cabeza.
—Ni ella misma lo sabía. Puede que mi padre lo hubiera llamado memoria genética. —Will se tocó la frente—. Algo que tuviera en lo más profundo de aquí por su sangre styx, algo que la torre o la pirámide hubieran despertado, supongo. No sé de qué otra manera explicarlo.
Parry y Will siguieron charlando un rato más, hasta que la señora Burrows y el Primer Agente regresaron a la habitación. Luego, cuando Parry se levantó para marcharse, Bartleby se despertó. De inmediato, el gato correteó hasta la ventana donde con las garras en el alféizar, pareció quedarse contemplando el horizonte.
—Gatito tonto —dijo cariñosamente la señora Burrows—. ¿Qué le tendrá tan interesado?
Gimiendo de dolor, Will estaba intentando incorporarse para poder despedirse adecuadamente de Parry, cuando algo captó también su atención al otro lado de la ventana.
—¿Qué pasa? —preguntó el Primer Agente.
—No lo sé —balbució Will con los ojos entrecerrados—. Pero… pero ¿es mi imaginación o el sol parece más pequeño de lo normal?
Riéndose por lo bajinis al oír el comentario y con la mano en el picaporte de la puerta, Parry ya estaba a punto de irse cuando su teléfono vía satélite sonó. Se detuvo para sacarlo y lo miró.
—Llamada de Estados Unidos —anunció.
—Parece más pequeño, ¿sabéis? —murmuró Will, todavía hipnotizado por el pálido círculo del cielo. Bartleby no se había movido de la ventana, como si su instinto animal también le estuviera diciendo algo.
—Sí, Bob, ¿qué puedo hacer por ti? —preguntó Parry.
—¡Eso es! —prorrumpió Will—. ¡Eso es lo que me dijo! Lo último que Elliott me dijo fue que todos nos íbamos a ir a casa, que ella tenía que dar comienzo a una especie de «retirada».
—¿Qué quieres decir con eso de ir a casa? ¿A casa dónde? —preguntó la señora Burrows.
—¿Que la NASA dice qué? —vociferó Parry al teléfono.
—Elliott dijo que tenía que iniciar una retirada para detener a los styx y los Armagi —dijo Will—. No sabía adónde íbamos a ir, pero me dijo que tal vez sucediera esto. Que el planeta entero, o la nave espacial o como lo queráis llamar, empezaría a moverse.
—Todo eso parece un poco loco, Will —objetó la señora Burrows—. Y en cualquier caso, ¿cómo puedes creer realmente en esa teoría del planeta como una nave espacial?
—No la rechazarías con tanta rapidez si hubieras visto lo que he visto yo en el centro de la Tierra. Y no, no es tan loco si lo piensas —respondió su hijo—. ¿Por qué crees que los humanos se han metido siempre bajo tierra a la primera señal de problemas? Porque es donde nos sentimos a salvo. ¿Por qué creéis que sir Gabriel Martineau y todos los Colonos edificaron una ciudad subterránea con los styx? —planteó Will a su madre y al Primer Agente—. Porque es nuestro instinto natural. Porque el centro de la Tierra es de donde todos procedemos, y es posible que durante todos estos miles de años hayamos estado intentando regresar a casa de nuevo.
Parry no había terminado su llamada con Bob, pero tenía la mano sobre el micrófono cuando se acercó a toda prisa a la ventana. Bartleby seguía con las patas encima del alféizar y miró al hombre con cierta curiosidad.
Al cabo, Parry se volvió a Will con el rostro lívido.
—La última información posicional de la NASA es que la Tierra ha empezado a desviarse de su órbita. La NASA dice que es algo sin precedentes. Creen que hemos empezado a alejarnos del Sol.
—Os lo advertí. —Will se incorporó con dificultad—. Mamá, ¿puedes averiguar qué hicieron con mi ropa? ¿Y puedes también encontrar a un médico que haga algo con estos tubos?, porque no podré ir muy lejos llevándolos dentro de mí.
—¿Por qué? ¿Adónde vas a ir? —preguntó su madre.
Will volvió a echar un vistazo por la ventana.
—Tienes que conseguir que todos esos Colonos vuelvan de nuevo al mundo interior, y voy a regresar allí contigo. Porque no creo que ninguno de nosotros deba quedarse aquí en la Superficie más tiempo del necesario.
—Bob, perdona por tenerte esperando de esta manera —se excusó Parry—. Sí, tienes razón. Parece que aquí estamos en otro apuro. Y es sumamente grave.