Sospechosos

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34. En Bayona y en Pau

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34En Bayona y en Pau

34. En Bayona y en Pau

Esa misma tarde del martes veinticinco de junio, la gendarmería, organizada en dos equipos, detuvo a la misma hora a Bernard en Bayona y a Pierre en Pau.

Se realizaron los registros solicitados y autorizados por el juez en las viviendas de ambos y en el taller donde trabajaba Pierre.

Aunque no encontraron las armas ni la munición, dos gorras idénticas a las que llevaban en Bilbao y en Madrid aparecieron en un armario de la casa de Bernard en Bayona, junto a un gorro de lana similar al visto en Bilbao. También se hallaron dos gafas de sol que, aunque eran corrientes, coincidían con las de las imágenes de las cámaras.

Como había comentado el comandante Louis, el lunes veinticuatro Pierre no había trabajado en el taller y el automóvil aparcado en el garaje de su casa marcaba un número de kilómetros realizado en un periodo compatible con el viaje de ida y vuelta a Madrid.

Los empleados del Ibis los reconocieron por videoconferencia, aunque serían citados para una ratificación judicial. Las ruedas de reconocimiento se realizaron con todas las garantías, entre hombres de edad y complexión física similar y en presencia de su abogado. Ninguno de los empleados tuvo ninguna duda en reconocer a cada uno de ellos en ruedas diferenciadas.

Este reconocimiento fue decisivo para que el juez acordara su ingreso en prisión, no eludible bajo fianza, con la acusación de homicidio en las personas de Ignacio y Luisa Echevarría.

En lo que hubo menos suerte fue en el interrogatorio. Se negaron a declarar y ni siquiera consideraron cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo.

Sara Cohen y Miguel Fabretti estuvieron presentes, pero los dos detenidos tenían la lección bien aprendida. Fueron asistidos por un conocido penalista de Burdeos, pero no hizo falta su recomendación para que no declararan. Ya lo habían manifestado antes de hablar con él y en el juzgado hicieron lo mismo.

El abogado comentó que quizás más adelante podrían escuchar alguna propuesta, pero lo decía a título personal y no como su representante legal. Ya verían.

Los inspectores Sara y Fabretti aprovecharon para tener una reunión de trabajo con los gendarmes y ambas partes se pusieron al tanto de todo. Quedaron en investigar las cuentas bancarias por si habían recibido algún pago por su trabajo, aunque no confiaban demasiado en ello.

Con las pruebas que tenían sería suficiente para que la Audiencia Provincial de Bilbao dictara una sentencia condenatoria y, probablemente, también la de Madrid.

Ambas policías, para adelantarse a la aparición de noticias sobre el tema, convocaron dos ruedas de prensa en Bilbao y Pau a las seis y media de la tarde del miércoles veintiséis de junio. Además, emitieron un comunicado conjunto en francés y castellano, suscrito por las dos policías, que enviaron a todos los medios. En él se daba cuenta de la detención de los autores de dos crímenes, en una operación de colaboración intensa entre las dos policías, el lugar de la detención, su identidad y su ingreso en prisión. El resto de los detalles que pudieran hacerse públicos los darían en la rueda de prensa.

Pactaron lo que iban a decir y lo que no, optando por ser reservados. La operación aún no estaba cerrada.

—Ramón, soy la inspectora Cohen. Prefiero que se entere por nosotros. Tengo que darle buenas noticias aunque, claro, este término siempre es relativo.

—La escucho, están tan lejanas las buenas noticias que seguro que serán bienvenidas.

—Hemos detenido a los autores de los asesinatos de Ignacio y de Luisa. No hay ninguna duda.

Ramón se quedó en silencio unos segundos, que a Sara se le hicieron eternos.

—No sabe cómo se lo agradezco, estoy emocionado. ¿Se puede saber quiénes son?

—Emitiremos ahora un comunicado conjunto con la gendarmería francesa y mañana por la tarde daremos una rueda de prensa. Pero le adelanto que son dos sicarios franceses contratados para ello. Están camino de la cárcel, se han negado a declarar y no sabemos quién los contrató.

—La felicito, inspectora. Para mi familia esto es muy importante y nos da tranquilidad. Esperemos que haya acabado esta pesadilla.

—Nosotros también, pero sigan con las precauciones previstas. Y no paguen nada.

—Desde luego, así lo haremos.

—Informe de mi parte a su familia.

—Lo haré ahora mismo. Reitero las gracias, inspectora.

—Es nuestro trabajo, no es necesario que insista.

A Sara tanta corrección le parecía exasperante, no podía entender tanta contención.

Después de colgar, Ramón no pudo aguantar y se le escapó un llanto generoso, pero quedó en la reserva del despacho de su oficina, sin que nadie viera ese desahogo.

En unos minutos toda la familia respiraba aliviada.

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