Sospechosos

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38. La policía vasca busca información

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38La policía vasca busca información

38. La policía vasca busca información

—Qué extraño es todo esto. Aquí pasa algo —comentó Sara, que no salía de su estupefacción.

—Vamos a olvidarnos de nuestra relación y de nuestras batallas con Garrincha y Lucía. Es difícil abstraernos, pero vamos a intentarlo. Sabemos quién es y a qué se ha dedicado. Ahora vienen los colegas de Madrid y nos cuentan esto. ¿Qué pensaríamos? —planteó Gabarrita.

—Que ha vuelto a las andadas y está otra vez moviendo farlopa —contestó Fabretti.

—Después de lo que ha pasado Garrincha, no me lo creo. La historia con ese Willy tiene que ser de otro tipo, no puede ser de drogas —indicó convencida Sara.

—Tampoco están muy seguros Felipe y Adriana —apuntó Gabarrita.

Como si tuviera un resorte en el culo, Sara se levantó, se despertó de su letargo y comentó levantando la voz:

—Los colegas nos han contado que el inglés estuvo diez años en la cárcel cumpliendo una condena por contrabando de petróleo en Nigeria. ¿Os suena el contrabando de cemento en Nigeria? ¿Quién estaba pringado?

—Ignacio —contestó Fabretti.

—¿Y si está relacionado y Echevarría estuvo liado en lo del petróleo? —preguntó con una sonrisa la inspectora.

—¿Llamamos a Ramón? —preguntó Fabretti.

—Esperaría, vamos a investigar antes, no querría poner sobre aviso a nuestro amigo. Ramón es el suegro de Lucía y quizás mantengan alguna relación. Estoy pensando también en el cónsul en Lagos, que se vio con Garrincha y la novia de Willy en la Cervecería Alemana.

—El cónsul y Fátima nos llevan a Nigeria, probablemente al petróleo, no a la cocaína. Esa puede ser la conexión: Garrincha, Willy e Ignacio —comentó Fabretti cada vez más animado.

—Hablaré con la brigada de información de la policía nacional.

—¿A quién llamamos? —preguntó Gabarrita.

—Tengo un buen contacto allí. Le pediré que investigue, de forma discreta, si Ignacio estuvo pringado en el contrabando de petróleo, si tuvo relación con Willy o si estuvo en Nigeria… Vamos, lo que consiga sobre el tema —dijo Sara.

—Pídele también información sobre el cónsul y Fátima —sugirió Fabretti.

—Yo intentaré conseguir algo sobre la abogada de Madrid —apuntó Gabarrita.

—Vamos a ponernos en marcha, tenemos trabajo. —Sara se dirigió a su mesa para coger el teléfono y hacer la llamada.

El contacto en la policía nacional, Rodrigo Leñero, se mostró encantado de colaborar y se comprometió a investigar el caso. La policía tenía personal asignado en la embajada y en el consulado de Lagos que trabajaba allí. Se pondrían en contacto con ellos.

Cuando acabaron la jornada, Sara y Fabretti estaban cansados. Dudaron si ir dando un paseo o coger el coche y optaron por esto último; lo dejaron en el garaje de casa y dieron un paseo hasta el Casco Viejo, que se encontraba en plena ebullición. El día era muy largo y con mucha luz. Con una temperatura muy agradable, el personal ocupaba las calles y evitaba como fuera encerrarse en casa.

Entraron por la calle Correo y, por uno de los cantones donde se encontraba el mural de Eguillor, accedieron a la plaza Nueva. Aunque había mucha gente, en una de las terrazas encontraron una mesa y allí se sentaron con ganas de calmar la sed.

—No imaginaba esta sorpresa, la verdad.

—Sara, son ya cinco años y, cuando menos lo esperas, están ahí. Nuestras vidas siguen unidas a estos dos…

—A estos dos sinvergüenzas, no te reprimas, Miguel, es lo que son. La verdad es que, si lo miramos con cierta distancia, tiene su lógica. El caso Echevarría no deja de ser una continuación del caso anterior. El chantaje a Lucía nació por su relación con Eduardo y ahora siguen los protagonistas, con Garrincha ejerciendo, como siempre, de detective-gánster y protector de Lucía.

—Y ahora vuelve. Llamado por no sé quién, pero entrando de lleno en estos crímenes.

—¿Para proteger a Lucía otra vez? —preguntó Sara—. O a su marido. ¿Por qué no?

—Creo que pronto vamos a saber su papel.

—¿Sabes lo que más me jode? Que encima todo será legal y tendremos que mirar para otro lado —concluyó Sara sin poder disimular su cara de hartazgo.

—Garrincha nunca ha sido legal, no sabe serlo, alguna sorpresa nos deparará.

—A este paso nos vamos a quedar sin vacaciones y cada vez las necesito más. Estoy cansada. —A Sara se le notaba.

—Tras la detención de los franceses, la presión está siendo mucho menor. La investigación será más discreta y menos mediática.

—Pero siguen apareciendo cadáveres.

—Este podemos decir que no es nuestro. Al inglés no lo conoce nadie y estoy convencido de que ya han acabado con la familia.

—Tenemos que irnos unos días, Miguel, aprovechando que Rebeca y David están en Reading. ¿A dónde te apetecería ir?

—A Galicia, a las Rías Baixas. Hace muchos años que no voy por allí y siempre me ha gustado. Es tranquilo, bonito, se come bien…

—Si hace buen tiempo, es una buena idea. Podemos ir en coche, hay muchos sitios que ver.

—Le podemos pedir a Garrincha que nos recomiende algún hotelito en Cambados o en Villagarcía, conoce bien la zona —comentó Fabretti mientras sonreía.

—Y, de paso, que nos presente a algún colega. Seguro que lo haría sin darle mayor importancia. En La Toja, al lado de O Grove, hay un parador o un resort que está muy bien.

—Olvídalo, Sara, estará todo ocupado, más fácil en el mismo O Grove. Voy a mirar algo y te digo, nos orientamos hacia la segunda quincena de julio.

—Sí, cuenta con que los chicos regresan el día de san Ignacio.

Siguieron un rato más, dieron una vuelta por la catedral de Santiago y se dirigieron hacia la zona del Mercado de la Ribera. Entre los soportales regresaron hacia el Arenal, bordearon la ría y continuaron hasta casa.

David ya había llegado y estaba cenando en la cocina. Rebeca había salido con su novio y llegaría tarde. Sara se había cambiado de ropa y se preparaba para cenar cuando en su teléfono móvil entró un wasap de Rodrigo Leñero, su colega de la policía nacional: «Sara, mañana a primera hora espero tener información relevante de Lagos. Aunque sea sábado me gustaría hablar contigo. ¿Algún problema?».

«Por favor, Rodrigo, ningún problema. Eficacia total, estoy encantada. Llámame cuando quieras a este número».

Leñero contestó con dos caritas sonrientes.

Cuando Sara se lo leyó a Fabretti, este le comentó:

—Si va a tener noticias relevantes de Lagos es porque los Echevarría estuvieron pringados en Nigeria.

—Vamos a esperar, pero pienso que por ahí irán los tiros.

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