Sospechosos

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51. Viernes, 5 de julio. Garrincha con Félix el asturiano

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51 - Viernes, 5 de julioGarrincha con Félix el asturiano

51. Viernes, 5 de julio. Garrincha con Félix el asturiano

Llamé a Félix Suárez y quedé el mismo viernes a mediodía en Barakaldo. Félix era un asturiano asentado desde hacía muchos años en la ciudad fabril y, en mi opinión, era el mejor sicario que conocía. Trabajaba en exclusiva para mi amigo Jon Etcheverry, el famoso killer francés, y me había hecho de guardaespaldas en el asunto de Kalinka[5].

Me ayudó mucho y conjuntamente pudimos sortear y salir bien librados de los peligros que entonces me acecharon. Era un excelente profesional, muy competente y discreto. La policía nunca supo el nombre del participante en aquel affaire y, aunque era un hombre conocido en el sector, no estaba quemado.

Me vi con él en el Centro Gallego. Félix vivía cerca, en el tradicional barrio de San Vicente, y a los dos nos encantaba su cocina. Nos sentamos en una mesa apartada y dejamos que la camarera nos organizara el menú.

Enseguida nos trajo unas nécoras, un bogavante y unos percebes, acompañados de un blanco de ribeiro en una jarra. Los dos lo preferíamos a otros blancos gallegos. Luego llegó el lacón con grelos, que nunca perdonábamos, y para entonces ya le había contado todo. Se lo fui narrando desde el principio y, aunque a él le sorprendían pocas cosas, con este asunto quedó impresionado.

Tuve suerte y él se encontraba tranquilo aquella temporada; el francés no lo necesitaba hasta el otoño. Estuvo de acuerdo, ajustamos un precio razonable, mil euros al día más gastos, y quedó en empezar esa misma tarde.

No nos hablaríamos ni nos saludaríamos, cualquier comunicación por el móvil y, aunque le había detallado con bastante precisión el aspecto de mis dos perseguidores, quedamos en que si veía a alguno me tiraría varias veces de la oreja izquierda. Ambos iríamos armados.

—Garrincha, todavía recuerdo la aventura que tuvimos con aquellos rusos.

—No podemos quejarnos…

—Tengo un buen recuerdo. Son de esas acciones que, cuando salen bien, recuerdas toda la vida.

—Ni que lo digas, pero preferiría que todos se olvidaran de mí.

—Eso es cierto. Además de un poco de suerte, la clave está en ser más rápido que el contrario, esto es como el fútbol —apuntó el asturiano.

—Me quedo con el fútbol.

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