Sobrenatural

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11 Espacio-tiempo y tiempo-espacio

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Si miras las fechas que se desplazan desde la materia hasta el campo unificado —la línea recta de la parte superior— y que representan todas las posibilidades, advertirás que debes viajar a través de las frecuencias más bajas, que representan distintos niveles de pensamientos y emociones. Mira los niveles de consciencia que deberás atravesar para llegar a la plena unidad y comprenderás por qué muchos abandonan a mitad del viaje.

Según sigues ascendiendo por la escala que te aleja de la materia y la separación, vas experimentando un grado cada vez mayor de plenitud, orden y amor. La armonía de esta energía coherente transporta información, y esa información contiene más y más amor.

Si sigues acelerando la materia, por fin vibrará a una frecuencia tan rápida que se convertirá en una línea recta. Esa línea alberga infinitas frecuencias, lo que implica también infinitas posibilidades. Se trata del campo punto cero, o punto de singularidad del cuanto: un campo de información omnipresente y ubicuo que existe como energía y frecuencia y que ordena toda la realidad desde un solo punto.

Podríamos referirnos a esa línea recta como la mente de Dios, la consciencia unitaria, la fuente de energía o la nomenclatura que quieras adoptar para definir el principio por el cual el universo se organiza a sí mismo. En ese lugar, todas las posibilidades existen en el plano del pensamiento: la fuente definitiva de inteligencia amorosa y un amor creador que da forma a la realidad física a través de la observación. En consecuencia:

Cuanto más alta es la frecuencia que experimentamos, mayor es la energía.

Cuanta mayor energía, más información a nuestro alcance.

Cuanta más información, mayor es el grado de consciencia.

Cuanto mayor grado de consciencia, más aumenta la presencia.

Cuanta mayor presencia, más se despliega la mente.

Cuanto más se despliega la mente, mayor es nuestra capacidad para influir en la materia.

En la jerarquía de las leyes universales, las leyes cuánticas vencen a las newtonianas (o clásicas). De ahí que Einstein dijera: «El campo es el único gobierno de la partícula», pues el campo cuántico gobierna, organiza y unifica las leyes de la naturaleza, y constantemente ordena la energía creando forma a partir de patrones de luz. Basta mirar la naturaleza aquí, en este planeta, para advertir cómo la secuencia de Fibonacci, también conocida como la proporción áurea (una fórmula matemática que aparece una y otra vez en la naturaleza para crear orden y coherencia), aporta organización a la materia. Es el campo punto cero, hecho de posibilidades o pensamientos (porque los pensamientos son posibilidades), el que reduce su propia frecuencia para generar forma y estructura.

El campo unificado es una inteligencia organizada en sí misma que produce orden y forma en el mundo material a través de la observación. Cuanto mayor sea tu capacidad para aceptarlo, más te acercarás a él, más te unirás a él, menos separación y carencia experimentarás y más pleno e integrado te sentirás. Cuando tú, en cuanto que consciencia, te despliegas en esa región infinita de posibilidades, empiezas a notar la conexión con la consciencia de toda materia, todos, todo, en todo momento, en todo lugar, incluida la de tus sueños del futuro. Como la consciencia es presencia y la presencia consiste en prestar atención, el primer paso para captar el campo unificado consiste en ser consciente de su existencia, porque si no lo eres, no existe. Así pues, cuanta más atención prestes a este campo, más consciente serás de su realidad.

Sin embargo, debo hacerte una advertencia. Como ya hemos visto, la única manera de acceder al ámbito de la pura consciencia es transformarse en presencia también; dicho de otro modo, a esta región de pensamiento únicamente se puede acceder con el pensamiento. Eso significa que tendrás que trascender tus sentidos, desviar la atención de la materia y las partículas para enfocarla en la energía o la onda. Si eres capaz de desplegarte en este ámbito invisible e inmaterial de negrura infinita y ser consciente de que eres presencia ante una presencia mayor, tu consciencia se fundirá con esa otra, más grande.

Si lo consigues, si logras retirarte a un lado y permanecer en este campo sin forma y sin identidad, si puedes ponerte en las manos de ese amor creador —la misma inteligencia innata que organiza el universo y te da la vida—, te consumirá. Esta inteligencia amorosa es tanto personal como universal, está dentro de ti y a tu alrededor, y cuando te consuma creará y restaurará el orden y el equilibrio en tu anatomía, porque su naturaleza la induce a organizar la materia de manera más coherente. Cruzarás el ojo de la aguja, y al otro lado ya no vas a encontrar separación entre dos puntos de consciencia. Tan sólo una misma presencia o unidad. Es allí donde existen todas las posibilidades.

Y como estás en los dominios de la consciencia, pensamiento, información, energía y frecuencia, el puente que discurre del espacio-tiempo al tiempo-espacio es el paso de tener un cuerpo, ser alguien, tener algo, en algún lugar y en algún momento a ser no-materia, nadie, no tener nada, en ningún lugar y en el no-tiempo. He ahí el nexo, el umbral al campo cuántico o unificado (vuelve a mirar las figuras 11.8 y 11.9).

En esta región de infinitas posibilidades por descubrir, te aguardan ilimitadas experiencias y futuros en potencia. Despídete de las viejas situaciones que has vivido una y otra vez. Al fin y al cabo, ¿no nos referimos a eso cuando hablamos de lo desconocido? Una incógnita no es más que una posibilidad que existe en forma de pensamiento. Cuando entras, a través del pensamiento, en este universo de pura inteligencia, el único límite es tu imaginación. Ahora bien, si cuando estás en este ámbito de pensamiento te sorprendes a ti mismo pensando una y otra vez en tu cuerpo, en alguien, en algo, en algún lugar o tiempo conocido, tu consciencia (y, en consecuencia, tu energía) retornará a la vieja realidad de este espacio-tiempo tridimensional; regresará al ámbito de la separación.

Habida cuenta de que cada uno de tus pensamientos vibra en una frecuencia, en cuanto empieces a pensar en el dolor de tu cuerpo, en la evolución de tu enfermedad, en los problemas del trabajo, en las diferencias con tu madre o en las tareas que debes llevar a cabo en las próximas horas o días, regresarás al mundo tridimensional. Tu consciencia viajará al reino de lo material y tus pensamientos vibrarán en una frecuencia equivalente a materia y partículas (vuelve a mirar la figura 11.10). Tu energía descenderá al nivel del mundo físico tal como lo conoces, así que perderás capacidad para influir en tu realidad personal. Estarás vibrando otra vez como materia, y ya sabemos adónde te lleva eso.

Según tu frecuencia desciende a planos más densos, te alejas más y más del campo unificado; y en ese caso experimentas separación. De ser así, si tus sueños existen en cuanto que pensamientos en el campo unificado, vas a tardar mucho tiempo en verlos materializados.

Si estás pensando en tu cuerpo, en alguien, en algo, en algún lugar o momento, no trasciendes tu identidad, que ha sido modelada por la totalidad de tus experiencias pasadas. Continúas, literalmente, instalado en los mismos recuerdos de siempre, pensamientos habituales y emociones reflejas que asocias con personas y objetos de ciertas épocas y lugares de tu realidad conocida, lo que implica que tu atención y energía se encuentran centradas en tu realidad personal pasado-presente. Tus pensamientos reflejan tu identidad, así que tu vida seguirá siendo la misma. Eres la personalidad de siempre tratando de crear una nueva realidad personal.

Cuando digo que debes trascenderte a ti mismo, me refiero a que olvides tu ser; que desvíes la atención de tu personalidad y de tu realidad pasada. Cabe concluir, pues, que si quieres sanar tu cuerpo tendrás que trascender ese mismo cuerpo. Para crear algo nuevo en tu vida, tendrás que olvidar la vieja vida de siempre. Para solucionar algún problema de tu entorno externo, tendrás que avanzar más allá de tus recuerdos y de las emociones asociadas a ellos. Y si quieres generar acontecimientos nuevos e inesperados, deberás dejar de anticipar inconscientemente un futuro predecible, basado en los recuerdos del pasado. Tendrás que alcanzar un nivel de consciencia mayor que la consciencia que creó esas realidades.

En el campo unificado no hay lugar adonde ir, porque ya estás en todas partes; no hay objeto que desear, porque te sientes tan pleno y completo que no necesitas nada; no cabe juzgar a nadie, porque tú eres todos; y no precisas convertirte en otro, porque el otro eres tú. ¿Y por qué preocuparte por la falta de tiempo, si habitas una región donde el tiempo es infinito?

Cuanto más completo te sientes y menos carencia experimentas, menos ansías. ¿Cómo vas a querer algo, o a sentir carencia, si eres un ser completo? Y cuando se reduce la sensación de carencia desciende también la necesidad de crear desde la dualidad, la polaridad y la separación. ¿Qué sentido tiene querer algo cuando lo tienes todo? Cuando creas desde la plenitud, te embarga la sensación de que ya posees eso que deseas. El ansia, el intento, el deseo, la predicción, la lucha y la esperanza dejan de existir. Al fin y al cabo, la esperanza es un mendigo. Cuando creas desde un estado de plenitud, únicamente existen el saber y la observación. Ésa es la clave para materializar una realidad: sentirse conectado, no separado.

Si el tiempo, en tu mundo tridimensional, se crea por la ilusión del espacio que discurre entre dos objetos o puntos de consciencia, cuanto más integrado te sientas en el campo unificado, menos distancia percibirás entre los objetos materiales y tú. Cuando tu consciencia se funde o se conecta en mayor grado con el campo cuántico —el reino de la integración y la unidad—, la separación entre los puntos de consciencia se esfuma. La plenitud se refleja entonces en tu biología, tus reacciones químicas, tus circuitos, tus hormonas, tus genes, tu corazón y tu cerebro, devolviendo así el equilibro a todo tu organismo. Una frecuencia o energía más elevada circula ahora por tu sistema nervioso autónomo; un sistema que constantemente te da la vida y cuya función es crear orden y equilibrio. La nueva energía transporta un mensaje de integración y, a consecuencia de ello, eres más sagrado. Cuanto más elevada sea la vibración que experimentes, menos tardará en manifestarse en este espacio-tiempo tridimensional.

Como comentábamos al principio de este capítulo, si disminuyes el espacio entre dos puntos de consciencia, colapsas el tiempo. Cuando esa ilusión de separación deja de existir, percibes menos espacio entre tu persona (una identidad que vive en un cuerpo, en un entorno físico, en el tiempo lineal) y el resto de las personas, objetos, lugares y materia, e incluso tus sueños. En consecuencia, según te acerques al campo unificado, más conectado te sentirás con todo y con todos.

Tú, en cuanto que consciencia, estás en el reino de la unidad y, como no hay separación, el tiempo es eterno. Y recuerda: cuando el tiempo es infinito, hay espacios infinitos, dimensiones posibles y realidades que experimentar. Estarás allí donde «pienses» que estás, serás quienquiera que «creas» ser. De hecho, no tendrás que esforzarte por crear nada porque ya existe como pensamiento en el ámbito de todos los pensamientos. Basta con que seas consciente de ello y lo manifiestes por propia experiencia a fuerza de observación.

Echa un vistazo a la figura 11.12 antes de continuar. Cuando desplazas la atención del cuerpo a la no-materia y de ahí a toda la materia, puedes crear cualquier cuerpo. Cuando pasas de vivir como alguien a no ser nadie y de ahí a ser todos, puedes convertirte en cualquiera. Según desvías la atención de una cosa, entras en el reino de la nada, te fundes con todo y, en consecuencia, puedes poseer cualquier cosa. Y si desplazas la presencia de algún lugar a ninguna parte, estarás en todas partes y podrás vivir donde quieras. Y, por fin, si tu consciencia viaja de un tiempo al sin tiempo para descubrir el siempre, puedes desplazarte a cualquier momento.

Una vez que adquirimos la consciencia de ser toda materia, todas las identidades, tener todas las cosas, en todas partes, en todo momento…, teóricamente, podemos crear cualquier materia, ser cualquiera, tener cualquier cosa, vivir en cualquier parte y habitar cualquier momento.

A eso lo llamo yo ser sobrenatural.

En los talleres que imparto por todo el mundo, me he esforzado durante muchos años en enseñar a mis alumnos a trascenderse a sí mismos. Ahora sé que el primer paso del proceso radica en dominar el cuerpo, superar los condicionantes del entorno externo y trascender el tiempo. Cuando lo consiguen, les falta muy poco para experimentar el campo unificado. Cuando llegan al nexo, sin embargo, tengo que decirles que aún hay más por experimentar.

Si aprender significa generar nuevas conexiones sinápticas, cuanto más aprendes acerca de algo más capacidad tienes de apreciarlo, de ser consciente de ello y de experimentarlo, porque posees nuevas redes neuronales que te permitan disfrutarlo. Mediante el proceso de aprendizaje cambias y enriqueces tu experiencia, al fin y al cabo. Si no has aprendido nada nuevo, tu experiencia seguirá siendo la misma, por cuanto percibes la realidad a través del mismo circuito neuronal que antes. El conocimiento es el precursor de las nuevas vivencias.

A mí, por ejemplo, me encanta el vino tinto, y cada año organizo visitas turísticas a varios lugares del mundo relacionadas con el vino. Muchas de las personas que participan en esas excursiones me dicen, al comienzo, que no «saben» nada de vino. Mi interpretación de ese comentario es que seguramente nunca han aprendido nada acerca de la uva fermentada, o quizás que su exposición a ésta ha sido escasa. Lo que pasa en realidad es que, como poseen conocimientos limitados y pocas experiencias del pasado, su cerebro carece de las herramientas neuronales necesarias para percibir el sabor o los matices. Podríamos decir, pues, que, sencillamente, no saben qué buscar para disfrutar de la experiencia.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando aprenden cómo se produce el vino y entienden su historia, el tipo de uvas que se emplean y por qué se escogen ésas y no otras? Si les explicas todo eso y luego descubren cómo se almacena el vino en toneles de roble, durante cuánto tiempo y por qué, empiezan a familiarizarse con todo el proceso y van entendiendo por qué un vino en particular proporciona una experiencia tan placentera.

Esa información se refiere al proceso, pero luego toca aprender cómo disfrutar de ese vino una vez que está en la botella. Si no perciben el sabor a ciruela, las notas de cereza morada y pasas, los matices de la vainilla y del cuero, los aromas florales, los porcentajes de taninos y la diferencia entre un vino envejecido en barrica de roble o en tonel de acero durante más o menos tiempo, no saben qué buscar y no serán capaces de apreciar la vivencia en su totalidad. Sólo en el instante en que saben qué buscar y dónde poner la consciencia empiezan a disfrutar. Podríamos decir, pues, que la consciencia modifica la experiencia.

Sé que todo eso es verdad porque, en el transcurso de una semana, esas mismas personas que al principio decían no saber nada de vino o no apreciarlo se marchan con una impresión totalmente distinta. Tras pasar varios días aprendiendo y descubriendo qué buscar —tratando de estar presentes con cada cata y concentrándose en ciertos sabores y aromas, probando día tras día toda clase de vinos para averiguar qué les gusta y qué no, prestando atención constantemente y, en consecuencia, activando, programando y creando nuevas conexiones neuronales—, esas mismas personas tienen muy claro cuáles son sus vinos favoritos. En una semana alcanzan nuevos niveles de disfrute, consciencia y comprensión. Una vez más, la experiencia los ha transformado. Lo mismo sucede en relación con el campo unificado. Si no le prestas atención, no existe para ti. En cambio, cuanto más sabes acerca de éste y más comprendes qué debes buscar, más presencia le puedes dedicar y más aumenta tu fruición. Y ese gesto debería transformarte.

Desde el nacimiento te han enseñado a atender a la materia y no a la energía. Te han inducido a creer que precisas los sentidos para percibir la realidad; en otras palabras, si no ves, oyes, sientes, hueles, tocas o saboreas algo, no existe. Debido a eso, las personas tienden a colocar buena parte de su atención en la materia, los objetos y la partícula, mientras que apenas reparan en la energía, la información y la onda. Por ejemplo, no eres consciente de la existencia de tu dedo gordo del pie izquierdo a menos que le prestes atención. Siempre ha existido, pero tú no te dabas cuenta. En el instante en que le aplicas la consciencia, sin embargo, cobra vida. Lo mismo sucede con el campo unificado. Cuanto más consciente seas de su realidad, más presente estará en la tuya. Al concentrarse únicamente en la materia, las personas excluyen la posibilidad de sus vidas. Y la onda no es sino eso: la energía de la posibilidad. Para desplegar nuevas posibilidades en tu vida, tienes que fijarte en ellas.

Como la energía se concentra allí donde enfocas la atención, en el instante en que cobras consciencia de la existencia del campo unificado y le prestas atención, el campo se expande. Por ejemplo, cuando atiendes y eres consciente de un dolor, éste se agudiza, porque lo experimentas con más intensidad. Si te concentras aún más en ese malestar para percibirlo en toda su magnitud, se convierte en parte de tu vida. Lo mismo se aplica al campo unificado; si colocas la atención en él y adquieres mayor consciencia de su existencia, se expande. E, igual que el dolor del que hablábamos antes, si te concentras más y más en el campo, empieza a formar parte de tu vida.

El mero gesto de prestar atención al campo unificado —cobrar consciencia de que está ahí, advertirlo, experimentarlo, sentirlo, interactuar con él y estar presente en su realidad momento a momento— contribuye a que se manifieste y se despliegue en tu vida a diario. ¿Cómo se expresa y se multiplica? A través de lo inesperado: azar afortunado, sincronicidades, oportunidades, coincidencias, suerte, estar en el lugar y en el momento adecuados e instantes repletos de transcendencia.

Si tuviera que describirlo a partir de mi experiencia, diría que el campo unificado es una inteligencia divina y amorosa y un amor creador que se encuentra dentro de nosotros y a nuestro alrededor, de tal modo que, cada vez que enfocas tu atención en él, cobras consciencia de la divinidad en tu interior y en tu entorno. Si te fijas en ella, la divinidad se expresará en tu vida más a menudo. Como la consciencia es presencia y la presencia implica prestar atención, cuando eres consciente de la divinidad y le prestas atención empiezas a fundirte con ella. Tu participación en ella misma te llevará, literalmente, a ser divinidad, y a medida que te sumerjas más y más en el campo unificado descubrirás más y más para explorar y experimentar.

Si miras nuevamente la figura 11.11 comprobarás cómo, según te vas acercando a la línea recta que representa la fuente de energía o unidad, más atento debes estar a ella y más consciente debes ser de su presencia para seguir avanzando. Cuando lo haces correctamente, como los sentimientos son el resultado final de la experiencia, según viajes de la dualidad o separación hacia la unidad y la integración mayor debería ser el grado de amor, unidad y plenitud que sientas. Y cuando sientes y experimentas este amor creador en mayor grado, te suceden tres cosas.

En primer lugar descubrirás que, según aportas atención y la presencia al campo unificado y te vas acercando a la fuente y sumergiéndote en ella, más real se torna. El viaje graba un camino neurológico desde tu cerebro pensante hasta tu sistema nervioso autónomo. A partir de ese momento, cada vez que te aventures en sus profundidades y tus ondas cerebrales se ralenticen, estarás ampliando los carriles de tu autopista neurológica. Y esa neuroautopista se definirá más y más, porque la transitarás con frecuencia. Con el tiempo, te hundirás en el campo con más facilidad.

En segundo lugar, como la experiencia enriquece el cerebro, cada vez que interactúas con el campo unificado y lo vivencias, el cerebro cambia. Ésa es la consecuencia de la experiencia: enriquece y mejora los circuitos cerebrales. Así pues, cuando accedes al campo estás instalando el sistema operativo que tu cerebro necesita para ser más consciente del campo la próxima vez que te sumerjas en él. Igualmente, como la experiencia genera emoción, a medida que sientas el campo unificado empezarás a incorporarlo. En consecuencia, estarás incorporando la divinidad.

Según el modelo cuántico de la realidad, puesto que toda enfermedad se debe a una vibración baja e inadecuada, en el instante en que el cuerpo accede a una vibración elevada y coherente, la energía que se genera eleva a su vez la vibración del organismo hacia el orden y la coherencia. En los talleres avanzados que llevamos a cabo por todo el mundo hemos presenciado con frecuencia que, cuando los cuerpos de nuestros alumnos vibran en frecuencias más elevadas, su salud mejora al instante.

Como la función del sistema nervioso autónomo es favorecer el equilibrio y la salud, en cuanto nos apartamos de la escena dejamos de analizar, paramos de pensar y nos dejamos llevar y una inteligencia mayor toma el mando para poner orden. Pero ahora transporta un mensaje más nuevo y mejor organizado que vibra en una frecuencia más elevada del campo unificado. Esa misma energía coherente eleva la vibración de la materia. Es igual que mover el dial de una radio en busca de una señal más clara. El cuerpo recibe una señal más coherente.

Cuando eso suceda sentirás un amor intenso, una profunda alegría de vivir, mayor sensación de libertad, una dicha indescriptible, reverencia ante la vida, grandes niveles de gratitud y una humilde sensación de auténtico empoderamiento. En ese momento, la energía del campo unificado —en forma de emoción— recondiciona tu cuerpo a una nueva consciencia y una nueva mente. En un abrir y cerrar de ojos, las emociones elevadas activan nuevos genes de manera distinta, lo que transforma tu organismo y te arranca del pasado biológico.

En tercer lugar, según te acercas al campo unificado empiezas a asimilar y a procesar el conocimiento y la información de otro modo. Sucede así porque tus circuitos neuronales han cambiado y ya no eres la misma persona. Captarás la verdad a un nivel sin precedentes, y cosas que creías saber te parecerán totalmente nuevas. Tu experiencia interior habrá transformado la percepción que tienes de lo que sucede en el mundo exterior. En otras palabras, despertarás.

Una vez que protagonizas una experiencia, que albergas un sentimiento o que alcanzas una comprensión más profunda en relación con el campo unificado —una vez que las conexiones neuronales se modifican— experimentas y percibes la realidad de otra manera. De hecho, serás capaz de ver un espectro de la vida que tu cerebro no podía percibir anteriormente por carecer de los circuitos necesarios. La próxima vez que se activen esos circuitos, ya poseerás el sistema operativo que precisas para disfrutar de esa realidad en un grado todavía mayor si cabe. Estarás percibiendo algo que siempre ha existido; sencillamente, tu cerebro no estaba preparado para verlo.

Y si consigues viajar a la fuente con la frecuencia suficiente (ver nuevamente la figura 11.11) y conectar con ella, en el instante en que realmente interactúes con ella tu conducta empezará a reflejarla. Su naturaleza devendrá tu naturaleza y el amor creador se manifestará aún más a través de ti. ¿Qué cualidades emana? Serás más paciente e indulgente, estarás más presente y serás más consciente, generoso, altruista, voluntarioso, amoroso y considerado, por nombrar tan sólo unas cuantas. Comprenderás que eso que tanto buscabas te busca constantemente. Te convertirás en ella, y ella se expresará en ti.

La disciplina, pues, consiste en:

Permitir que tu consciencia se funda en una consciencia más grande.

Entregarte aún más al amor creador.

Confiar en lo imprevisible.

Renunciar constantemente a algún aspecto del ser limitado para unirte a un ser mayor.

Sumirte en la nada para devenir el todo.

Flotar en el mar infinito de la energía coherente.

Seguir desenvolviéndote más y más en la unidad.

Renunciar constantemente al control.

Experimentar grados de integración cada vez más grandes.

Desde la consciencia, momento a momento, estar presente, prestar atención, experimentar y sentir cada vez más el campo unificado a tu alrededor… sin devolver la consciencia a la realidad tridimensional.

Si lo haces correctamente, ya no precisarás usar los sentidos porque los habrás trascendido. Serás pura consciencia.

Meditación del espacio-tiempo y el tiempo-espacio

Empieza por llevar la presencia al corazón y, una vez que estés centrado en el lugar que tu corazón ocupa en el espacio, sé consciente de la respiración. Permite que entre y salga del corazón, al mismo tiempo que alargas y relajas las respiraciones. Sin desviar la atención del corazón, evoca una emoción superior y mantén ese sentimiento durante un rato al mismo tiempo que atiendes a la respiración. Proyecta esa energía más allá de tu cuerpo en el espacio.

A continuación, recurriendo a una canción que te inspire (puedes usar la que empleaste para la meditación del capítulo 5), realiza esa misma meditación para separar la mente del cuerpo. Toma toda la energía que almacena tu cuerpo en forma de emociones de supervivencia y transfórmala en emociones elevadas. Recuerda que su grado de intensidad debe ser mayor que la energía del cuerpo cuando remplaza a la mente.

Durante los siguientes diez o quince minutos, escucha un par de canciones (sin letra) que te lleven a un estado de trance. Transfórmate en consciencia pura hasta no tener cuerpo y no ser nadie ni nada, fuera del tiempo y del espacio según te despliegas desde la presencia en el campo unificado.

Ha llegado el momento de conectar con la consciencia de toda materia, de toda identidad, de todas las cosas en todas partes y en todo momento para unirte a una consciencia mayor en el campo unificado. Tan sólo tienes que ser consciente de ese campo, prestarle atención, permanecer presente en su seno y sentirlo, momento a momento. Empezarás a notar una sensación de integración y unidad que se reflejará en tu biología porque una energía más coherente recorre tu cuerpo ahora, según construyes tu propio campo de energía. Permanece en ese estado durante diez o veinte minutos e intenta sumergirte en él más y más profundamente. Cuando hayas terminado, devuelve la consciencia a tu nuevo cuerpo, al nuevo entorno y a un tiempo enteramente distinto.

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