Sobrenatural
12 La glándula pineal
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12 La glándula pineal
Como ya sabes, cuando trascendemos desde la consciencia el mundo de los sentidos en esta realidad tridimensional podemos sintonizar con frecuencias que transportan información específica cuya vibración trasciende la materia y la velocidad de la luz. En esas circunstancias, el cerebro procesa amplitudes de energía extremadamente altas. Hemos observado y registrado este fenómeno una y otra vez en los escáneres cerebrales de nuestros alumnos avanzados. También has aprendido que, cuando se produce un incremento de energía en el cerebro, aumentan la consciencia y la presencia, y viceversa. De hecho, es muy difícil determinar qué provoca esos valores tan altos, si la energía o el nivel de consciencia. Sin embargo, no creo que se puedan separar una de otra, pues la energía no se transforma sin un cambio de consciencia. O, dicho de otro modo, la frecuencia no se transforma sin un cambio de información.
Cuando conectas con niveles más profundos del campo unificado, una energía mayor que transporta información específica en forma de pensamientos e imágenes activa el cerebro, que, literalmente, monitoriza y graba este intenso acontecimiento interno. A la persona que protagoniza la experiencia, lo que sea que está sucediendo en su cerebro se le antoja más real que cualquier acontecimiento objetivo del pasado. La energía incrementada captura la atención de la mente en forma de emoción poderosa. En ese instante, tanto el cerebro como el cuerpo experimentan una mejora biológica.
Si alguien sentado en una silla con los ojos cerrados durante una meditación puede vivir una experiencia sensorialmente aumentada sin la participación de los sentidos, cabe preguntarse: ¿qué sucede en el cerebro en tales circunstancias? ¿Cómo explicar ese efecto sobrenatural? Al protagonista de la vivencia, por más que esté sentado e inmóvil, se le antoja más real que cualquier otro suceso (definido por la participación de los sentidos) del pasado. Lo que suscita aún más preguntas: ¿cómo podemos vivir experiencias sensorialmente aumentadas sin la participación de los sentidos? ¿Qué funciones específicas del cerebro y el cuerpo traducen las interacciones con el campo cuántico a profundas experiencias internas?
Dicho de otro modo, si podemos relacionarnos con un campo de información más coherente que es capaz de generar acontecimientos internos tan estimulantes, debe de haber una explicación neurológica, química y biológica para tales sucesos sobrenaturales. ¿Qué sistemas, órganos, glándulas, tejidos, compuestos químicos, neurotransmisores y células contribuyen a generar experiencias tan profundas? ¿Acaso nuestro organismo posee componentes fisiológicos en estado latente que pueden ser activados?
Cuatro estados de consciencia nos ayudarán a construir un marco para la información de este capítulo. El primero es la vigilia, un estado en el que, como ya sabemos, nos encontramos conscientes y despiertos. El siguiente es el efecto de dormir, un estado de inconsciencia que favorece la reparación del cuerpo. A continuación vendría el sueño, un estado alterado de consciencia en el que el cuerpo yace en catatonia mientras la mente se enzarza en imaginería visual y simbolismo. Y por último debemos hablar de momentos trascendentales de consciencia que escapan a nuestra noción de realidad. Estos acontecimientos trascendentes, por lo que parece, nos cambian, a la vez que transforman para siempre nuestra concepción del mundo. A continuación me propongo ofrecer mi punto de vista acerca de la biología, la química y la neurociencia de estas experiencias trascendentales. Empezaremos hablando de la molécula melatonina, la principal responsable.
Melatonina: el neurotransmisor del sueño
Cuando despiertas por la mañana y retornas al mundo de los sentidos, tan pronto como tus ojos perciben la luz a través del iris, los receptores del nervio óptico envían una señal a una parte de tu cerebro denominada «núcleo supraquiasmático». Éste, a su vez, estimula la glándula pineal, que reacciona fabricando serotonina, el neurotransmisor diurno.
Como recordarás, los neurotransmisores son mensajeros químicos que transmiten y comunican información entre células nerviosas. La serotonina le indica a tu cuerpo que ha llegado la hora de levantarse y comenzar la jornada. Según integras la información procedente de los sentidos para dar significado a los estímulos externos e internos, la serotonina estimula tu cerebro, cuyas ondas pasan de un estado delta a zeta y de ahí a alfa y beta, lo que te ayuda a ser consciente, de nuevo, de que ocupas un cuerpo físico ubicado en el espacio y el tiempo. Así pues, cuando tu cerebro genera ondas beta, prestas buena parte de la atención al entorno externo, al cuerpo y al tiempo. Eso es normal.
A medida que cae la noche y empieza a oscurecer se produce un proceso similar a la inversa. La inhibición de la luz envía una señal que recorre la misma ruta hasta la glándula pineal, que ahora fabrica melatonina, el neurotransmisor del sueño. La producción y liberación de melatonina ralentiza las ondas cerebrales, que pasan de beta a alfa, de tal modo que tienes sueño, estás cansado y eres menos propenso a pensar y analizar. A medida que disminuye la actividad cerebral, te sientes más predispuesto a prestar atención al mundo interno que al externo. Por fin, cuando el cuerpo se duerme y entra en estado catatónico, las ondas cerebrales cambian de alfa a zeta y a delta, lo que induce periodos de ensoñación, así como un sueño profundo y reparador.
Viviendo al ritmo que marca el ambiente externo, a partir de esa pauta de vigilia y sueño (basada en lo que dicta el mundo), nuestro cerebro se adapta automáticamente a la producción diaria de esos compuestos químicos en momentos concretos de la mañana y la noche. Llamamos a ese proceso «ritmo circadiano». Muchos de nosotros sabemos que cuando rompemos el ritmo natural del sueño nos ponemos de mal humor; por ejemplo, cuando viajamos a otra parte del mundo, donde el Sol sale y se pone siete horas antes que en nuestra zona horaria habitual. Conocemos este fenómeno como «desfase horario» y tardamos un tiempo en recuperarnos. Cuando el cuerpo abandona su ritmo circadiano, nos cuesta unos días adaptarnos a los tiempos solares del nuevo entorno. La explicación hay que buscarla en las reacciones químicas derivadas de nuestra interacción con el mundo externo tridimensional, que parten de la reacción de los ojos al Sol y a la frecuencia de la luz visible.
La melatonina induce el sueño REM (de movimientos oculares rápidos), una fase del ritmo circadiano que provoca las ensoñaciones. Según los pensamientos y la charla interna disminuyen, nos dormimos y empezamos a soñar, un estado en el que el cerebro ve y percibe internamente imágenes, figuras y símbolos. Pero antes de entrar a explicar por qué la melatonina es tan importante, vamos a mirar de cerca la estructura molecular de este neurotransmisor nocturno.
El proceso de la creación de la melatonina comienza con el aminoácido esencial L-triptófano, el material responsable de la fabricación de la serotonina y la melatonina. Para convertirse en melatonina, el triptófano debe atravesar una serie de transformaciones químicas conocidas como metilación. La metilación es el proceso por el cual un carbono y tres hidrógenos (conocidos como el grupo metilo) participan en infinidad de funciones críticas para el organismo tales como el pensamiento, la reparación del ADN, la activación y la desactivación de genes, la lucha contra las infecciones y mucho más. En este caso es parte de la producción de melatonina.
En la figura 12.1 puedes ver la melatonina en acción. Como el grupo metilo está formado por elementos muy estables, la estructura básica de los anillos de cinco y seis lados sigue siendo la misma durante toda la serie de reacciones químicas. Sin embargo, a medida que distintos grupos de moléculas se adhieren a estos anillos, las propiedades y las características de la molécula cambian.
La glándula pineal transforma el L-triptófano en 5-hidroxitriptófano (5-HTP), que a su vez se convierte en serotonina. La serotonina es una molécula más estable que el 5-HTP, se conserva en el cerebro y posee una función más útil, como veremos enseguida. A través de otra reacción química distinta, la glándula pineal transforma la serotonina en N-acetilserotonina, que una reacción adicional transforma en melatonina. Y todo eso sucede en la glándula pineal. En un ciclo de 24 horas, la producción de melatonina alcanza el nivel máximo entre la una y las cuatro de la madrugada. Es importante que lo recuerdes.
Sabemos ahora que existe una relación inversa entre las hormonas adrenales y la melatonina. En la medida en que los niveles de cortisol adrenal aumentan, los niveles de melatonina descienden. Eso explica que no podamos dormir cuando sufrimos estrés. En la antigüedad, este fenómeno servía como mecanismo de supervivencia. Por ejemplo, si un depredador te perseguía unas cuantas veces cuando ibas de camino a la charca y luego avistabas unas cuantas fieras más cerca de tu territorio, tu cuerpo, gracias a su inteligencia innata, hacía lo posible por impedir que acabaras devorado. En esos casos, el sueño y la restauración no eran tan importantes como la supervivencia o, expresado con más propiedad, seguir vivo aun a costa de permanecer despierto toda la noche era preferible a dormir y arriesgarse a morir.

Proceso de metilación del aminoácido L-triptófano en serotonina y melatonina.
Cuando el cuerpo intenta descansar sin renunciar a permanecer atento, no consigue el sueño reparador que necesita porque los compuestos químicos relacionados con la supervivencia, como el cortisol, activan los genes correspondientes. Si el agente estresor no es un tigre dientes de sable, sino la complicada relación con tu exesposa, con la que debes tratar a diario, el estrés crónico mantiene activado el sistema de supervivencia. En ese caso, la válvula de seguridad ya no es adaptativa, sino mal adaptativa. El estrés crónico altera los niveles normales de melatonina (e incluso los de serotonina) y rompe el equilibrio homeostático.
Ahora bien, si reduces los niveles de cortisol, los de melatonina aumentan. En otras palabras, cuando cortas la reacción de estrés porque superas la adicción emocional a esas combinaciones químicas, tu cuerpo es libre para volver a concebir proyectos a largo plazo en lugar de gestionar constantemente la supuesta emergencia. Echa un vistazo a la figura 12.2 para repasar la relación entre la melatonina y el cortisol.

Según los niveles de hormonas del estrés ascienden, los de melatonina descienden.
Según las hormonas del estrés aumentan, los niveles de melatonina se reducen.

Lista de algunos de los beneficios de la melatonina.
La melatonina posee muchas otras aplicaciones interesantes. Por ejemplo, se ha demostrado que mejora el metabolismo de los carbohidratos. Esto es importante, porque el cuerpo de algunas personas reacciona al estrés almacenando los carbohidratos en forma de grasas, y la grasa no es nada más que energía almacenada. Sucede porque algunos genes primitivos ordenan al cuerpo que haga acopio de energía por si llegase una hambruna. La melatonina también es conocida por sus propiedades antidepresivas. Incluso se ha demostrado que incrementa los niveles de DHEA, la hormona antiedad. Para saber más sobre la importancia de la melatonina, el neurotransmisor del sueño, ver la figura 12.3.58
Ahora entenderás mejor toda la información que has estado estudiando hasta este punto.
Activando la glándula pineal
Durante años, he dedicado muchísimo tiempo al estudio de la glándula pineal y a buscar investigadores que llevaran a cabo mediciones exhaustivas de sus tejidos y metabolitos. Intentaba relacionar lo que iba descubriendo sobre esta singular glándula con algunos antiguos misterios. Un extracto en particular llamó mi atención:
La glándula pineal es un transductor neuroendocrino que secreta melatonina, responsable del control fisiológico del ritmo circadiano. Una nueva forma de biomineralización es objeto de estudio en la glándula pineal. Consiste en pequeños cristales de menos de 20 micrones de longitud. Esos cristales son responsables de un mecanismo de transducción electromecánica y biológica de la glándula pineal gracias a sus propiedades estructurales y piezoeléctricas.59
Es mucha información para digerir de una vez, pero vamos a reducirla a dos puntos esenciales. Las palabras clave (en orden inverso) son propiedades piezoeléctricas y transductor.
El efecto piezoeléctrico se produce cuando aplicas presión a ciertos materiales y ese estrés mecánico se transforma en carga eléctrica. Por decirlo de manera más simple, la glándula pineal contiene cristales de calcita compuestos de calcio, carbono y oxígeno que, a causa de su estructura, pueden cargarse de electricidad. Igual que una antena, la glándula pineal posee la capacidad de activarse eléctricamente y generar campos electromagnéticos capaces de captar información. Ése es el primer punto. Además, igual que una antena vibra en un ritmo o frecuencia acorde con la señal entrante, la glándula pineal recibe la información que transportan campos electromagnéticos invisibles. Y como toda vibración transporta información, una vez que la antena conecta con la señal exacta del campo electromagnético, algún modo habrá de descifrar esa señal para convertirla en un mensaje con significado. Eso es lo que hace un transductor; y así llegamos al segundo punto.
Un transductor es cualquier cosa que recibe una señal en forma de energía y la transforma en otro tipo de señal. Mira un momento a tu alrededor. El espacio en el que estás sentado está repleto de ondas de televisión, radio y wifi cuya energía electromagnética ocupa gamas de frecuencia distintas en cada caso. (No las puedes ver, pero están ahí de todos modos.) Por ejemplo, la antena, que capta el espectro de frecuencias que transporta una señal a tu televisor, transforma la señal en las imágenes que aparecen en la pantalla. Cuando buscas una emisora de FM, estás sintonizando la antena a una frecuencia electromagnética específica. La información transportada en ese espectro de frecuencias se transforma en una señal coherente, equivalente a la música que oyes.
El estudio que he citado afirma que la glándula pineal es un transductor neuroendocrino, capaz de recibir y convertir señales en el interior del cerebro. Cuando la glándula pineal se comporta como un transductor, capta frecuencias que transcienden nuestra realidad tridimensional, espacio-temporal y basada en los sentidos. Una vez que la glándula pineal entra en actividad, puede establecer contacto con dimensiones más elevadas de esa otra realidad, que, como hemos comentado en el capítulo anterior, es el ámbito del tiempo-espacio. E igual que un televisor, puede transformar la información transportada por esas frecuencias en imaginería vívida y experiencias mentales surreales, lúcidas y trascendentes, incluidas visiones multisensoriales intensamente aumentadas que no se pueden describir con palabras. Se parece un poco a experimentar una película IMAX multidimensional.
A estas alturas puede que te estés preguntando: Y si esa pequeña glándula se encuentra en el interior de mi cráneo, ¿cómo voy a ejercer presión mecánica sobre los cristales que alberga, crear un efecto piezoeléctrico y activar la glándula pineal para que actúe como una antena? ¿Y cómo captará esa antena frecuencias e información que trasciendan la materia y la luz para poder transformar esas señales electromagnéticas en imágenes significativas, como una experiencia trascendental más allá de esta realidad tridimensional?
Para que la glándula pineal se active, se deben dar cuatro condiciones importantes. Abordaré ahora las tres primeras, y dejaré la cuarta para cuando llegue el momento de poner en práctica la meditación.
1. El efecto piezoeléctrico
Los cristales de calcita mencionados anteriormente y que se muestran en la figura 12.4 son fundamentales para provocar el efecto piezoeléctrico en la glándula pineal. Recuerda que hablamos de cristales minúsculos, de entre uno y veinte micrones de longitud. Para poner la información en contexto, diremos que su tamaño puede abarcar entre la centésima parte y un cuarto del grosor de un cabello humano. Suelen tener forma de octaedro, hexaedro y romboedro.
Como aprendimos en el capítulo 5, el objeto de la técnica de respiración que realizamos antes de muchas meditaciones es separar la mente del cuerpo mediante el gesto de liberar energía en potencia (almacenada en forma de emociones) de los tres centros energéticos inferiores. Según inspiramos y contraemos los músculos intrínsecos, acompañamos la respiración desde el perineo a lo largo de la columna vertebral hasta la cúspide de la cabeza y luego contenemos el aliento y estrujamos los músculos todavía más, estamos incrementando la presión intratecal. Como mencionaba en capítulos anteriores, se trata del mismo tipo de presión que ejerces cuando empujas contra los costados; por ejemplo, cuando contienes el aliento para levantar algo pesado.
La palabra piezoeléctrico procede de los vocablos griegos piezein, que significa «estrujar» o «apretar», y piezo, «empujar». Así pues, no es ninguna coincidencia que te pida que contengas el aliento y estrujes esos músculos intrínsecos. Cuando lo haces, estás empujando el fluido cerebroespinal contra la glándula pineal, de tal modo que ejerces estrés mecánico sobre ésta. Dicho estrés se traduce en una carga eléctrica, y ese gesto, precisamente, será el que comprimirá los cristales amontonados en la glándula pineal y creará el efecto piezoeléctrico: los cristalillos generan una carga eléctrica como reacción al estrés que estás aplicando.

Figura 12.4
Imagen de un cristal de calcita hallado en la glándula pineal.
Una de las características peculiares del efecto piezoeléctrico es que se trata de un proceso reversible; es decir, los materiales que experimentan el efecto piezoeléctrico directo (los cristales) también muestran un efecto inverso. Una vez que los cristales de la glándula sufren compresión y generan carga eléctrica, el campo electromagnético que emana de la glándula pineal induce a los cristales a alargarse según el campo se incrementa. Cuando los cristalillos que provocan el campo de energía alcanzan su tope y ya no se pueden estirar más, se contraen. En ese momento, el campo electromagnético cambia de dirección y se traslada hacia el interior de la glándula pineal. Cuando el campo electromagnético alcanza los cristales, vuelve a comprimirlos, lo que genera un nuevo campo electromagnético. Este ciclo de expansión y contracción del campo instala un campo electromagnético pulsátil.
No es de extrañar, pues, que te pida que contengas el aliento y aprietes y contraigas esos músculos; y tampoco debe sorprenderte que te sugiera que repitas ese proceso una y otra vez. Según respiras, contienes el aliento y contraes los músculos repetidamente, activas —con cada ciclo de respiración— las propiedades piezoeléctricas de la glándula pineal. Cuanto más lo haces, más aceleras los ciclos por segundo de la expansión y contracción de este campo electromagnético, lo que a su vez aumenta la rapidez de los pulsos. Mediante ese proceso, la glándula pineal se convierte en una antena pulsátil, capaz de captar frecuencias cada vez más sutiles y rápidas.
Mira con atención la figura 12.5. En el capítulo 5 hemos hablado del movimiento del líquido cefalorraquídeo que se produce con la técnica de respiración, pero vamos a ampliar la lección. Cuando el fluido penetra en el cerebro, se desplaza por el canal central, por el espacio entre la columna vertebral y la médula espinal. Desde esta juntura, fluye en dos direcciones. En primer lugar, el fluido llega al cuarto ventrículo, para continuar hacia el tercero. Según viaja del cuarto al tercer ventrículo, pasa por una vía o canal muy estrecho. Agazapado justo al fondo del tercer ventrículo se encuentra lo que parece una minúscula piña (de ahí el calificativo pineal). Es la glándula pineal y posee el tamaño aproximado de un grano de arroz. En segundo lugar, el líquido cefalorraquídeo fluye también por detrás del cerebelo al otro lado de la glándula, de modo que toda ella queda rodeada de fluido presurizado.
Al incrementar la presión intratecal, canalizas un mayor volumen de fluido al interior de la cámara del tercer ventrículo, así como al espacio que rodea el cerebelo. De ahí que, cuando contienes el aliento y aprietas los músculos, este volumen de fluido extra ejerce presión sobre los cristales desde dos direcciones distintas, lo que los lleva a comprimirse y crea el efecto piezoeléctrico. Éste es el primer paso del proceso que requiere la activación de la glándula pineal.

Cuando inhalamos por la nariz y al mismo tiempo contraemos los músculos intrínsecos, aceleramos el líquido cefalorraquídeo hacia el cerebro. Según acompañamos el recorrido de la energía hasta lo alto de la cabeza y contenemos el aliento apretando, incrementamos la presión intratecal. El incremento de presión desplaza el líquido cefalorraquídeo del cuarto ventrículo hacia un pequeño cantal del tercer ventrículo (ver las flechas). Al mismo tiempo, el fluido que se desplaza alrededor del cerebelo (ver las flechas) comprime los cristales de la glándula pineal. El estrés mecánico que reciben produce una carga eléctrica, lo que crea un efecto piezoeléctrico.
2. La glándula pineal libera sus metabolitos
El líquido cefalorraquídeo se desplaza a través de un sistema cerrado llamado «ventricular» (vuelve a mirar la figura 12.5). El sistema ventricular facilita el movimiento del fluido de abajo arriba, desde la base de la columna y a lo largo de ésta, a través de las cuatro cámaras del cerebro (llamadas acueductos o ventrículos) y de vuelta al sacro (la base de la columna vertebral). Cuando inhalas y acompañas la respiración hasta lo alto de la cabeza, y luego contienes el aliento y presionas hacia dentro y arriba, aceleras el líquido cefalorraquídeo.
La superficie de la glándula pineal está recubierta de unos pelillos llamados cilia, que en latín significa «pestañas» (ver figura 12.6). El desplazamiento del fluido a una velocidad más rápida de lo normal por las cámaras del sistema ventricular excita los pelillos, lo que sobreestimula la glándula. Como tiene forma de falo, la estimulación provocada por la aceleración del fluido que la recorre, combinada con la activación eléctrica creada por un incremento en la presión intratecal en el interior de un sistema cerrado, induce a la glándula pineal a eyacular metabolitos muy profundos y depurados de melatonina en el cerebro. En esa fase, estás un paso más cerca de activar la glándula pineal y vivir una experiencia trascendental.

Los minúsculos cilia de la glándula pineal experimentan estimulación cuando el paso del líquido cefalorraquídeo por el sistema ventricular se acelera.
3. La energía se transmite directamente al cerebro
Igual que sucede en el lanzamiento de un cohete al espacio, vencer la gravedad para despegar del suelo es la parte del proceso que requiere más energía, así que desplazar esa energía de los centros inferiores exige grandes dosis de intensidad y esfuerzo. El aliento deviene nuestra apasionada intención de liberarnos de las emociones limitadoras del pasado. La columna vertebral se convierte en el mecanismo de entrega de esa energía, y la parte alta de la cabeza se transforma en el objetivo.
Como ya sabes a estas alturas del libro, cada vez que pones en práctica el ejercicio de respiración, partículas cargadas ascienden por la columna vertebral. A medida que esas partículas ganan velocidad, crean lo que se conoce como un campo de inductancia (ver figura 12.7). El campo de inductancia revierte el flujo de la información que circula en dos sentidos para comunicar el cerebro con el cuerpo y el cuerpo con el cerebro. Igual que si creara un vacío, el campo de inductancia arrastra la energía de esos centros energéticos inferiores —energía involucrada en el orgasmo, el consumo, la digestión, el estrés del tipo «lucha o huida» y el control— y lo envía directamente al bulbo raquídeo con un movimiento en espiral. A medida que la energía recorre cada vértebra en su viaje ascendente, pasa también por los nervios que discurren de la médula espinal a las distintas partes del cuerpo, y una parte de esa energía se desvía hacia los nervios involucrados en los tejidos y los órganos. La corriente que discurre por esos canales nerviosos activa el sistema meridiano del cuerpo, de tal modo que el resto de los sistemas recibe más energía.60
Una vez que la energía llega al bulbo raquídeo, debe pasar por la formación reticular. La función de esta estructura es revisar constantemente la información que va del cerebro al cuerpo y a la inversa. Dicha formación forma parte de un sistema llamado «sistema activador reticular» (SAR) y es responsable de los niveles de alerta durante el sueño. Por ejemplo, cuando despiertas de un sueño profundo porque oyes un ruido en casa, es el SAR el que te avisa y te despabila. Ésa es su función más rudimentaria. Sin embargo, cuando el sistema nervioso simpático se activa y se une al parasimpático, en lugar de consumir la energía almacenada en el cuerpo, vuelve a liberarla al cerebro. En el momento en que esa energía alcanza el bulbo raquídeo, la puerta talámica se abre y la energía circula por la formación reticular hasta el diencéfalo, donde libera información a la neocorteza. Cuando eso sucede, la formación reticular se encuentra abierta y experimentas mayores niveles de consciencia. En cierto sentido, estás más consciente y despierto. (Imagina el tálamo como una gran estación de tren cuyas vías conducen a los centros superiores del cerebro.) Gracias a ese proceso, el cerebro pasa a generar ondas gamma.

Según la energía asciende del cuerpo al cerebro, pasa por los nervios que salen de entre las vértebras. La estimulación de este sistema activa todavía más los nervios periféricos, que transmiten aún más energía a los distintos tejidos y órganos del cuerpo. A consecuencia de ello, el organismo recibe más cantidad de energía.
A modo de apunte, cabe recordar que hay dos tálamos separados en el cerebro medio (uno a cada lado), que filtran los estímulos dirigidos a cada hemisferio de la neocorteza. La glándula pineal se ubica entre los dos, orientada a la parte posterior del cerebro (ver figura 12.8). Cuando la energía llega a cada unión talámica (recuerda que el tálamo se parece a una estación de paso en el camino a otras partes del cerebro), los tálamos indican a la glándula pineal que secrete sus metabolitos al cerebro. En ese caso, la neocorteza pensante se activa y produce ondas cerebrales de alta frecuencia, como las gamma. Los compuestos químicos generados, derivados de la melatonina, relajan el cuerpo al mismo tiempo que despabilan la mente.

En el cerebro medio, justo entre las dos mitades del tálamo, se encuentra la minúscula glándula pineal, con forma de piña, orientada hacia la parte posterior del cerebro.
Seguramente recuerdas que cuando el cerebro genera ondas beta, el sistema nervioso se prepara para una emergencia procedente del mundo exterior y emplea la energía para sobrevivir. En cambio, cuando el cerebro entra en estado gamma, en lugar de perder energía vital liberas y generas más energía en el cuerpo. No te enfrentas a una emergencia ni entras en estado de supervivencia cuando eso sucede; estás en éxtasis, y tu sistema nervioso simpático se activa para inducirte a prestar más atención a lo que sea que esté sucediendo en tu mente.
En el capítulo 5 decía que cuando la energía se desplaza del cuerpo al cerebro se crea un campo toroide alrededor del cuerpo. Si aceleras el movimiento del líquido cefalorraquídeo y creas una corriente ascendente por la columna vertebral, el cuerpo se transforma en un imán que genera un campo electromagnético en torno a él. Un campo toroide constituye un flujo dinámico de energía. Al mismo tiempo que la energía se desplaza hacia arriba, hacia fuera y alrededor de tu cuerpo, cuando la glándula pineal se activa, un campo toroide inverso de energía electromagnética atrae energía al interior de tu cuerpo a través de la cúspide de la cabeza. Y como toda frecuencia transporta información, tu glándula pineal recibe información procedente de un plano que trasciende la luz visible y los sentidos (ver figura 12.9).
Cuando esos tres acontecimientos se producen simultáneamente, la sensación se parece a tener un orgasmo en la cabeza. El cerebro se transforma en una antena que recoge información de planos situados más allá de la materia, el espacio y el tiempo. La información ya no procede de los sentidos o de la interacción de los ojos con el entorno. En vez de eso, la recibes directamente del campo cuántico, que viaja de la glándula pineal, situada en la parte trasera del cerebro, a otro ojo: el tercero.

Cuando la energía de los tres centros inferiores se activa durante los ejercicios de respiración y asciende por la columna al cerebro, se crea un campo toroide de energía electromagnética alrededor del cuerpo. Al activarse la glándula pineal, un campo toroide inverso de energía electromagnética que se desplaza en dirección contraria lleva luz del campo unificado al cuerpo a través de la parte alta de la cabeza. Como la energía es frecuencia y la frecuencia transporta información, la glándula pineal traduce esa información en una imaginería vívida.
Cuando la melatonina asciende de categoría, aparece la magia
Cuando la glándula pineal (o tercer ojo) se activa, por cuanto está captando frecuencias más elevadas, esas energías superiores modifican la química de la melatonina; cuanto más alta la frecuencia, mayor es el cambio. Esa transformación de información en química crea las condiciones para que vivas instantes trascendentales y místicos. En esos momentos, las puertas a dimensiones más grandes de espacio y tiempo están abiertas. Por eso me refiero a la glándula pineal como un alquimista: porque transmuta la melatonina en neurotransmisores profundos y radicales.
Echa un vistazo a la figura 12.10. Según las frecuencias más altas y los estados de consciencia superiores interactúan con la glándula pineal, uno de los primeros efectos es la transmutación de la melatonina en activos químicos llamados benzodiacepinas. Estas sustancias —a partir de las cuales se crea el Valium— anestesian la mente analítica, así que el cerebro pensante se relaja súbitamente y deja de analizar. Según las imágenes por resonancia magnética funcional, las benzodiacepinas suprimen la actividad neuronal en la amígdala, el centro de supervivencia del cerebro, lo que inhibe las sustancias químicas que te llevan a sentir miedo, rabia, agitación, agresividad, tristeza o dolor.61 Cuando actúan, notas el cuerpo tranquilo y relajado, pero la mente está despierta.
Otra sustancia que se genera a partir de la melatonina da lugar a un tipo de antioxidantes muy poderosos llamados pinolinas (ver figura 12.10). Las pinolinas son importantes porque atacan a los radicales libres, que dañan las células y provocan envejecimiento. Estos antioxidantes son anticancerígenos y antiedad, al mismo tiempo que nos protegen de las enfermedades cardiacas, los derrames cerebrales, la neurodegeneración, la inflamación y las infecciones por microbios. El proceso que estamos viendo es la fórmula perfecta para transformar la función antioxidante de la melatonina en la de un antioxidante supraactivo capaz de restaurar y sanar el cuerpo a un nivel que la molécula melatonina no suele alcanzar. (Ver la lista de poderosos antioxidantes procedentes de metabolitos de la melatonina en la figura 12.10.)

He aquí los diversos metabolitos de la melatonina que se crean cuando la glándula pineal conecta con frecuencias más rápidas que la luz visible y la molécula mística es ascendida biológicamente.
Si modificas esa molécula otra vez para convertirla en una prima de la melatonina, obtendrás la misma sustancia química que lleva a los animales a hibernar. Cuando la melatonina (responsable de la sensación de sueño) se altera sólo una pizca para transformarse en otra molécula más poderosa, transporta un mensaje que amplia aún más el descanso y la reparación. La señal reduce también el metabolismo del cuerpo, en algunos casos durante meses. Es comprensible, pues, que los mamíferos, en estado de hibernación, abandonen los hábitos típicos de su hábitat; por ejemplo, pierden el impulso sexual, el apetito, el interés o la necesidad de moverse por el entorno y de relacionarse. Se esconden para protegerse y sentirse seguros y, durante esos meses de recogimiento, su cuerpo entra en éxtasis. Lo mismo nos sucede a nosotros cuando esos valores se elevan. Como el cuerpo ya no remplaza a la mente, perdemos temporalmente el interés en el mundo exterior. Y como ya no experimentamos impulsos biológicos ni nos distraen las necesidades corporales, somos capaces de acceder más plenamente al momento presente y sumergirnos en él en profundidad. Si vas a crear el sueño de tu futuro, ¿no te parece buena idea retirar el cuerpo de la escena?
Si vuelves a mejorar esa misma molécula, producirás los mismos compuestos químicos que encontramos en las anguilas: una molécula fosforescente y bioluminiscente que amplifica la energía del sistema nervioso. Puedes consultar la figura 12.10 otra vez. Esta sustancia química es tan potente que puede provocar una conmoción considerable. Tengo la fuerte sospecha de que se trata del extraño principio que lleva al cerebro a procesar los enormes niveles de energía que hemos observado una y otra vez en nuestros alumnos. Imagina una anguila que, literalmente, se ilumina cuando la estimulan. Eso mismo sucede en el cerebro cuando se activa. Sin embargo, en este caso, la energía y la información creadas no proceden de una experiencia del entorno, percibida a través de los sentidos, sino del interior del cerebro, causada por un aumento de frecuencia. Cuando presenciamos esos niveles de energía superlativos en el cerebro, sabemos que la persona está viviendo una experiencia profunda y subjetiva que puede ser registrada objetivamente.
Piénsalo un momento. Cuando recibe estímulos del entorno a través de los ojos, la glándula pineal crea serotonina y melatonina. La luz visible procedente del Sol nos lleva a vivir en armonía con el ambiente, un proceso que conocemos como ritmo circadiano. A causa de este proceso, la serotonina y la melatonina transportan información acorde con la vibración del mundo físico. Como percibimos luz visible a través de los sentidos, esas moléculas forman parte inherente del ser humano; de ahí que sean el equivalente al plano tridimensional de nuestra realidad.
Recuerda que, como dijo Einstein, el techo de este mundo material es la velocidad de la luz. Entonces, ¿qué pasa si el cerebro procesa un incremento de frecuencia e información procedente de un plano situado más allá de los sentidos y más allá de la velocidad de la luz? ¿Será posible que la información y la energía llegadas del campo unificado transformen la composición química de la melatonina hasta convertirla en otra sustancia equivalente a la nueva situación? ¿Podría nuestro cerebro transformar esas frecuencias en un mensaje? Si la energía es el epifenómeno de la materia, cabría pensar que la información procedente de una frecuencia más rápida que la luz visible posee la capacidad de convertir la estructura molecular de la melatonina en un poderoso elixir dentro del mismo cerebro. La glándula pineal se encarga de traducir esa información a una variable química de la melatonina; en consecuencia, la molécula resultante acarreará un mensaje distinto, acorde con esa frecuencia. En esas circunstancias, la nueva frecuencia dará lugar a una supermolécula mejorada, que no será natural, sino sobrenatural. La melatonina habrá ascendido a un nuevo nivel.
Esa sustancia fosforescente y bioluminiscente no sólo incrementa la energía del cerebro, sino que realza la imaginería que la mente percibe internamente, de tal modo que parece iluminada por una luz surreal y refulgente. De ahí que la gente afirme haber visto colores que no conocía, porque proceden de más allá del espectro visible. Los colores parecen luces místicas, resplandecientes, salidas de un mundo en tecnicolor, lúcido y opalescente, de belleza en suspensión. Todo parece emitir esa luz hermosa, surgida de la misma radiante energía que uno está sintiendo. Este mundo poblado de halos dorados y refulgentes que emanan y envuelven cuanto lo puebla emite una luz más intensa que la realidad ordinaria basada en los sentidos. Y, por supuesto, cuesta mucho desviar la atención de tanta belleza. Como la atención queda absorta por la experiencia, uno se siente realmente allí, totalmente presente en ese otro mundo o dimensión.
Vuelve a echar un vistazo a la figura 12.10. Si alteras la melatonina de nuevo, crearás la dimetiltriptamina (DMT), uno de los alucinógenos más potentes de los conocidos por el hombre. Se trata de la misma sustancia química que encontramos en la ayahuasca, una planta medicinal tradicionalmente considerada sagrada que los indígenas de la Amazonia emplean en ceremonias religiosas. Según parece, el principal ingrediente activo de la DMT genera visiones espirituales y profundas revelaciones sobre el misterio del ser. Cuando se ingiere ayahuasca u otras plantas que contienen esta molécula, el cuerpo absorbe únicamente DMT. En cambio, cuando activamos la glándula pineal, el organismo recibe un cóctel de las sustancias antes mencionadas, y eso provoca experiencias internas sumamente poderosas. Según informan los alumnos, dichas experiencias incluyen dilatación del tiempo (el tiempo parece infinito), viajes en el tiempo, visitas a mundos paranormales, visiones de formas geométricas complejas, encuentros con seres espirituales y otras realidades místicas interdimensionales. Muchos de nuestros alumnos, durante la meditación de la glándula pineal, afirman haber vivido encuentros increíbles en planos que trascendían el mundo físico conocido.
Cuando esas sustancias son liberadas en el cerebro, la mente vive experiencias que parecen más reales que nada de lo que esa persona haya protagonizado en esta realidad de base sensorial. Resulta difícil describir la nueva dimensión con el lenguaje. La experiencia se despliega en un ámbito totalmente desconocido y, si nos dejamos arrastrar a él, siempre vale la pena.
Conectando con dimensiones más elevadas: la glándula pineal como transductor
Dependiendo de la traducción, en Mateo 6:22 Jesús dice algo así como: «Si tu ojo ve con claridad, todo tu cuerpo estará lleno de luz». Yo creo que se refería a la glándula pineal, porque eso nos permite experimentar el espectro más amplio de la realidad. Muchos de nuestros alumnos atestiguan el hecho de que, cuando la glándula pineal se activa —cuando conectan plenamente con el campo unificado—, todo su cuerpo emana luz y energía. Procedente del campo cósmico, una energía que trasciende los sentidos entra por la parte superior de la cabeza y viaja por todo su cuerpo. En esos casos, acceden a un banco de información que sobrepasa su memoria o los hechos predecibles de su vida cotidiana. Y todo comienza con la alteración química de la melatonina en la glándula pineal.
En el transcurso de mis investigaciones sobre la glándula mística, mi manera de entender este pequeño órgano ha evolucionado hasta la siguiente definición: La glándula pineal es un superconductor cristalino que envía y recibe información a través de la transducción de señales vibracionales energéticas (frecuencia que trasciende los sentidos, también conocida como campo cuántico) y la traduce al tejido biológico (el cerebro y la mente) en forma de imaginería significativa, igual que una antena traduce distintos canales a la pantalla del televisor.
Cuando la glándula pineal se activa, funciona como una pequeña antena en el cerebro. Cuanto más alta sea la frecuencia que capta, mayor energía aplica en la transformación y la transmutación de la melatonina. A consecuencia de estas transformaciones químicas, vas a vivir experiencias muy distintas de las que suele producir la melatonina. Quizás se entienda mejor si digo que vas a obtener una imagen más nítida. Piénsalo así: cuanto más alta sea la frecuencia, mayor será tu sensación de apagar un televisor de los años sesenta para sumirte en una experiencia IMAX 3-D en 360 grados con sonido envolvente. La melatonina, el neurotransmisor del sueño, se transforma en otro infinitamente más lúcido y poderoso que torna los sueños más reales.
La glándula pineal cuenta con un cómplice en todo este proceso: la glándula pituitaria. Ésta, parecida a una pera, se encuentra sobre el puente de la nariz, justo en el centro del cerebro. La parte anterior es responsable de la fabricación de buen número de las sustancias que afectan a las glándulas y las hormonas asociadas con cada uno de los centros de energía. Cuando la glándula pineal entra en actividad y libera cierta cantidad de metabolitos mejorados,62 la parte posterior de la pituitaria despierta y fabrica dos hormonas muy importantes: oxitocina y vasopresina.63
La primera hormona, la oxitocina, genera emociones superiores que inundan tu corazón de amor y alegría (algunos la denominan «la sustancia de la conexión emocional» o «la hormona del apego»). Cuando los niveles de oxitocina ascienden por encima de lo normal, casi todo el mundo experimenta intensos sentimientos de amor, indulgencia, compasión, alegría, plenitud y empatía; un estado que difícilmente cambiarías por nada externo a ti. (Esas emociones son, al fin y al cabo, la base del amor incondicional.)
Las investigaciones demuestran que, cuando los niveles de oxitocina superan cierto nivel, es difícil guardar rencor o estar enfadado. En un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de Zúrich, 49 sujetos participaron en una variante de lo que se conoce como «el juego de la confianza» doce veces consecutivas. En este juego, un inversor con cierta cantidad de dinero debe decidir si se lo queda o lo comparte con otro jugador llamado «el depositario». La suma, sea cual sea, que el inversor comparte con el depositario se triplica al instante. El depositario se enfrenta entonces a una decisión: quedarse con todo el dinero para él o compartir la suma triplicada con el inversor, que obviamente espera obtener ganancias. Básicamente, la decisión se reduce a si traicionar al otro o no. Si se decanta por la decisión egoísta, el depositario ganará más y el inversor perderá.
¿Qué pasa cuando introducimos la oxitocina en la ecuación? En el estudio, los investigadores administraron a algunos jugadores una dosis de oxitocina vía nasal antes de empezar a jugar, mientras que a otros les dieron un placebo. A continuación los científicos realizaron escáneres fMRI (imagen por resonancia magnética funcional) a los cerebros de los inversores según tomaban la decisión en relación con la cantidad a invertir y si depositaban su confianza en el otro o no.
Tras las primeras seis rondas, los inversores fueron informados del resultado de sus inversiones. Les notificaron que, más o menos, la mitad de las veces su confianza había sido traicionada. Los participantes que habían recibido el placebo antes de empezar a jugar se enfadaron o se sintieron estafados, así que invirtieron mucho menos en las siguientes seis rondas. Los participantes que se encontraban bajo los efectos de la oxitocina, sin embargo, invirtieron la misma cantidad que en las primeras rondas, pese a haber sido traicionados. Los escáneres fMRI mostraron que las áreas afectadas por el juego eran la amígdala (asociada con el miedo, la ansiedad, el estrés y la agresividad) y el estriado dorsal (que planifica futuras conductas en función de una respuesta positiva). Los participantes que habían recibido oxitocina mostraban mucha menos actividad en la amígdala, lo que implica menos rabia y miedo a ser traicionados de nuevo, así como menos temor a la pérdida de dinero. También reflejaban poca actividad en el dorsal estriado, lo que implica que no necesitaban confiar en resultados positivos para tomar decisiones futuras.64
Como demuestra este estudio, en el instante en que la pituitaria posterior libera compuestos químicos y los niveles de oxitocina ascienden, los centros de supervivencia de la amígdala se apagan, lo que implica un descenso de actividad en los circuitos relacionados con el miedo, la tristeza, el dolor, la ansiedad, la agresividad y la rabia. Únicamente experimentamos amor por la vida. Hemos tomado muestras de los niveles de oxitocina de nuestros estudiantes antes y después de los talleres. Al final del evento, algunos de ellos mostraban un ascenso significativo de la hormona. Cuando los entrevistamos, muchos de ellos repetían una y otra vez:
—Siento un inmenso amor por la vida y por todos los que forman parte de ella. Ojalá este sentimiento nunca se desvaneciera. Quiero recordarlo siempre. Así soy yo en realidad.
La otra sustancia química que genera la glándula pituitaria cuando activamos la pineal es la vasopresina u hormona antidiurética. Cuando los niveles de vasopresina ascienden, el cuerpo tiende a retener fluidos, lo que aumenta su composición acuosa. El fenómeno es importante, porque si vas a procesar una frecuencia más alta, necesitas la capacidad conductora del agua para gestionarla y transportarla a tus células. En el instante en que la vasopresina asciende, la glándula tiroidea se estabiliza. Eso afecta al timo y al corazón, lo que a su vez influye en las glándulas suprarrenales y en el páncreas, que producen una cascada de reacciones cuyos efectos positivos se extienden hasta los órganos sexuales.65
Cuando sintonizamos con esas energías superiores, obtenemos acceso a un tipo de luz distinto —a una frecuencia más rápida que la luz visible— y súbitamente activamos una inteligencia más elevada en nuestro interior. En ese caso, como la glándula pineal se activa, vibramos en frecuencias aún más altas, y las reacciones químicas se transformarán también. Cuanto más alta es la frecuencia que captamos, más se altera la química del cuerpo, lo que se traduce en experiencias más visuales, más alucinógenas y más místicas. Los cristales de la glándula pineal, que actúan como una antena cósmica, constituyen el umbral a esos planos de luz e información vibracionalmente más elevados. De ese modo logramos experiencias subjetivas más reales que las objetivas.
Los metabolitos pineales que fabrica el cuerpo se unen a los mismos receptores que la serotonina y la melatonina, pero transportan un mensaje químico muy distinto, procedente de un plano que trasciende la realidad material basada en los sentidos. Gracias a este proceso, el cerebro adquiere las condiciones necesarias para vivir una experiencia mística, según abre la puerta a otras dimensiones y traslada al sujeto de una realidad espaciotemporal a una realidad temporoespacial. Como toda frecuencia acarrea un mensaje y ese mensaje se expresa en reacciones químicas, una vez que la glándula pineal se activa y empiezas a experimentar y procesar esas frecuencias, esas energías y esos estados elevados de consciencia, dichas reacciones a menudo adoptan la apariencia de formas geométricas complejas y cambiantes que solemos percibir con la imaginación. Es normal; estás viendo información.