Sobrenatural
12 La glándula pineal
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Como el sistema nervioso se encuentra en un estado tan alto de coherencia cuando protagonizas esas experiencias místicas, es capaz de sintonizar con esos mensajes supracoherentes. En la oscuridad del vacío, la glándula pineal deviene el vórtice de esas pautas organizadas y paquetes de información. Como pones la atención en ellas, cambian y evolucionan constantemente igual que las imágenes de un calidoscopio. Del mismo modo que una televisión sintoniza una frecuencia y la traduce en las imágenes que ves la pantalla, la glándula pineal transforma vibraciones elevadas en imágenes vívidas y surreales.
En el gráfico 13 del encarte en color verás algunas de esas formas geométricas, que se conocen como geometría divina (o sagrada). Dichas formas nos acompañan desde hace miles de años. En el capítulo 8 he mencionado que recuerdan a los antiguos mandalas. Son patrones de energía e información expresados en forma de frecuencia, y si te sumerges en ellos tu cerebro (a través de la glándula pineal) convertirá esas formas, esos mensajes y esa información en imágenes vívidas, imaginería o experiencias lúcidas. Lo mejor que puedes hacer cuando veas esas formas es dejarte llevar por la experiencia y no tratar de forzar nada.
Estas formas no suelen ser estáticas ni bidimensionales, sino patrones animados, dotados de profundidad, infinitos y sumamente complejos que incluyen desarrollos fractales matemáticos y muy coherentes. Otro modo de describir el fenómeno sería a través del concepto de la cimática. Derivada del vocablo griego para «onda», la cimática es un fenómeno basado en la vibración o frecuencia.
He aquí un modo de concebirla: supongamos que retiras la cubierta de un viejo altavoz y lo acuestas en el suelo. Si llenaras de líquido el altavoz, lo iluminaras y lo usaras para escuchar música clásica, la vibración y el sonido crearían ondas estacionarias coherentes. Esas ondas interferirían unas con otras y acabarían por generar formas geométricas dentro de otras formas. Igual que sucede con el caleidoscopio, las verías organizarse en patrones geométricos cada vez más complejos. La diferencia entre las imágenes de un caleidoscopio y la cimática es que las imágenes del primero son bidimensionales. Los patrones geométricos que surgen de la cimática, sin embargo, transmiten vida y son tridimensionales o incluso multidimensionales. Además del agua, el efecto vibratorio de la cimática se puede aplicar a la arena y al aire. Dicho de otro modo, esos tres medios son capaces de captar una vibración o frecuencia y transformarla en patrones geométricos coherentes. (Si buscas en YouTube, encontrarás numerosos ejemplos.)
Cuando la glándula pineal recoge información, está captando la misma clase de ondas que se encuentran en el entorno. Este pequeño órgano consolida esas ondas —coherentes, altamente organizadas, sostenidas y que trascienden el espectro visible— en paquetes de información y las traduce en imágenes. Sencillamente, son pautas estructuradas de información que se interconectan de manera muy coherente. Cuando les aplicas la consciencia, cambian y evolucionan hacia patrones todavía más fractales, complejos y divinos. Y, como albergan información, la glándula pineal, igual que un transductor, capta esos mensajes y los descodifica en forma de imaginería. Por todo ello, en parte, decidí usar un caleidoscopio en los talleres avanzados, para acostumbrar a los cerebros de los alumnos a no oponer resistencia cuando experimentaran esta clase de imaginería compleja, así como a reconocer más fácilmente ese tipo de información y abrirse a ella. Además, como el caleidoscopio ayuda al cerebro a pasar a un estado alfa o zeta que lo torna más sugestionable, mirar imágenes de ese estilo en un estado de trance prepara al subconsciente para una experiencia mística.
Una vez que la glándula pineal traduzca la información, agárrate fuerte, porque las cosas se van a poner emocionantes. Es posible que salgas de tu cuerpo y viajes por un túnel de luz, o que tu anatomía se ilumine por dentro. Podrías identificarte con la totalidad del universo y pensar, al mirar tu cuerpo, que no sabes cómo vas a entrar ahí dentro.
Cuando empieces a vivir esas experiencias tan trascendentes e insólitas, puedes hacer dos cosas: encogerte de miedo porque estás entrando en el ámbito de lo desconocido, o rendirte y confiar… porque sí, estás entrando en el ámbito de lo desconocido. Cuanta menos resistencia opongas y más confíes, más profunda será tu experiencia, tanto que no querrás retornar a la vigilia normal ni devolver tu cerebro al estado beta. Es el momento de dejarse llevar, relajarse y entrar aún más en ese estado de consciencia místico. En esos instantes no estás despierto ni soñando; has trascendido esta realidad. Si la química de tu cerebro funciona bien, tu cuerpo se encontrará total y completamente sedado. Para esto nos hemos estado entrenando: para experimentar niveles de unidad, plenitud, amor y consciencia todavía mayores si cabe.
Pero hay más…
Las alteraciones químicas crean una nueva realidad
Imagina que súbitamente tus sentidos se incrementaran un 25 por ciento. Si sucediera algo así, serías más consciente de todo lo que ves, oyes, saboreas, hueles y tocas. Y si la consciencia implica mayor presencia, también tu grado de presencia aumentaría, así como la energía que llega al cerebro (porque cada cambio de consciencia implica una transformación de energía y viceversa). Al conectar con una frecuencia distinta que procesa una nueva corriente de consciencia, tu cerebro rendiría al máximo y, como tus sentidos estarían amplificados, habrías generado un nivel de consciencia elevado. Cuanto más alta es la frecuencia o la energía, mayores los cambios químicos que experimentas y más lúcida la experiencia. De ahí que, cuando te encuentras en este estado trascendente, te sientas más alerta y seas más consciente que cuando vives en la realidad cotidiana del día a día. Según tu consciencia se amplía, te sientes como si de verdad habitaras en esa realidad trascendental.
Si estás captando información que procede de más allá de los sentidos, información que no se origina en el espectro de luz visible, cabe pensar que la estás viendo a través del tercer ojo. Como has vivido una experiencia interna tan profunda, y puesto que las vivencias inéditas generan nuevos circuitos neuronales, la experiencia enriquece los circuitos de tu cerebro. Según tu cuerpo procesa esas energías superiores, los procesos químicos se alteran y, si la consecuencia de la experiencia es una emoción, experimentarás sentimientos y emociones de naturaleza superior. Cuando tu cerebro se activa de ese modo, ves a través de un ojo distinto, con visión interna.
Si la acumulación de sentimientos equivale a una emoción y la emoción es energía, cuando te invaden emociones de supervivencia notas más la densidad de la materia y la química, porque éstas vibran en una frecuencia más baja. Sin embargo, cuando accedes a estados superiores de consciencia, que vibran en una frecuencia más alta, empiezas a sentirte menos materia y química y más energía. Por eso hablo de emociones elevadas cuando me refiero a esta energía expresada en forma de sentimientos.
Si el entorno activa los genes de las células y las vivencias procedentes del entorno generan emociones —y las emociones son las respuestas químicas al entorno— nada cambiará en el medio ambiente interno del cuerpo (que es el entorno externo de la célula) a menos que las circunstancias externas se modifiquen. Por ejemplo, si vives inmerso en las mismas emociones coercitivas año tras año, la biología de tu cuerpo nunca se va a transformar porque no conoce la diferencia entre la emoción que genera el ambiente externo y la que viene dictada por el interno. En vez de eso, el cuerpo cree vivir bajo las mismas condiciones medioambientales que en el pasado y responde con idénticas reacciones químicas. E, igual que el cuerpo vive en un medioambiente en el que nada cambia nunca, la célula habita también un entorno en el que todo sigue igual.
Sin embargo, cuando empiezas a protagonizar experiencias de presencia elevada y consciencia expansiva —más intensas y sensoriales que la misma realidad tal como la conoces—, en el instante en que sientes esas emociones amplificadas o esa energía extática, tu estado interno se modifica y, en consecuencia, vas a estar más atento a las imágenes que has creado. Y si vives una experiencia tan real que atrapa la plena atención de tu mente, el acontecimiento (o despertar) se grabará neurológicamente en tu cerebro. La nueva emoción creará así memoria a largo plazo al mismo tiempo que activa genes distintos, pero en esta ocasión la experiencia que genera el recuerdo no procederá del ambiente externo, sino del interno, que es a su vez el entorno externo de la célula.
Como el acontecimiento es tan poderoso que no puedes desviar la atención, cabe concluir que:
Cuanto más elevada sea la energía, mayor consciencia.
Cuanto más se eleve la consciencia, mayor presencia.
Según aumente la presencia, más vasta será nuestra experiencia de la realidad.
Como ya sabemos, toda percepción depende de los circuitos que las experiencias del pasado han grabado en el cerebro. No percibimos las cosas como son; la percibimos en función de cómo somos nosotros. Si acabas de vivir una experiencia interior que te ha permitido contemplar elevados seres místicos; si has visitado un mundo donde todo irradiaba luz o fulgor; si has sentido plenitud, unidad e interconexión con todo y con todos; o has viajado a un tiempo y un espacio completamente distintos, cuando abras los ojos, tu espectro de realidad en estado de vigilia se habrá ampliado enormemente. Sucederá así porque esa experiencia interna habrá transformado tu cerebro y ahora estarás neurológicamente programado para percibir una expresión más rica de la realidad. Es así como empezamos a cambiar de dentro afuera. Es así como transformamos nuestra experiencia en este mundo tridimensional de la materia.
La evolución, individual y como especie, es un proceso muy lento. Vives experiencias, te haces daño, aprendes la lección, creces. A continuación sientes dolor, aprendes la lección siguiente, avanzas hacia el próximo desafío, te sales con la tuya y consigues tus objetivos, te planteas nuevas metas, creces nuevamente y el ciclo continúa. Se trata de un proceso pausado, porque no recibimos demasiada información del entorno exterior.
Ahora bien, cuando protagonizas un acontecimiento interno más real que nada de lo que hayas vivido en el mundo exterior, nunca vuelves a ver la realidad del mismo modo, porque la vivencia te transforma a niveles muy profundos. Podría decirse que introduces una mejora en tu sistema o que actualizas el software. Si la realidad que percibimos se basa en la experiencia y tú acabas de sumergirte en una vivencia interdimensional, tu cerebro, a partir de ese momento, será capaz de procesar eso que siempre existió pero que tú desconocías por carecer de los circuitos neuronales necesarios.
Y si vives esas experiencias expansivas una y otra vez, irás accediendo a un espectro de realidad cada vez más vasto. El velo de la ilusión acaba por caer, y cuando lo hace eres capaz de ver la vida tal como es —vibrante, radiante, conectada y rebosante de luz resplandeciente— y comprendes que la energía dirige todo el proceso. Has sintonizado con un nivel de información mayor, donde súbitamente todo se ve y se percibe distinto a como era cuando, sencillamente, veías materia; y tu relación con la realidad se transforma. Éste es el camino que siguen los místicos y los maestros: sintonizan con su mundo interior para ampliar su percepción de la realidad exterior. Imagina la persona que podrías llegar a ser si dejaras de vivir a partir de las emociones de los tres centros energéticos inferiores, incluidas la supervivencia, el miedo, el dolor, la separación, la rabia y la rivalidad para existir, en cambio, desde el corazón y empezar a funcionar a partir del amor, la unidad y la conexión con todo, visible e invisible.
Los místicos y los maestros, tras vivir suficientes experiencias interdimensionales suscitadas por una información que trascendía los sentidos, no reflejaban los genes que les tocaron en suerte. No procesaban la realidad a partir de las pautas del cerebro que les había sido otorgado al nacer o de los programas que la evolución había impreso en sus cerebros. En cambio, a causa de su interacción con el campo, generaron la consciencia, los circuitos mentales y la mente necesarios para percibir una realidad distinta; una que siempre ha estado ahí.
Las propiedades mágicas y míticas de la glándula pineal, el alquimista del cerebro, no nos sorprenden, si bien la ciencia moderna parece estar empezando a descubrir algo que las antiguas civilizaciones siempre han sabido.
Melatonina, matemáticas, antiguos símbolos y la glándula pineal
El 23 de julio de 2011 apareció un dibujo en los cultivos de Roundway, muy cerca de Devizes, en la campiña inglesa de Wiltshire, que recordaba mucho a la estructura química de la melatonina. (Ver figura 12.11.) ¿Son los círculos de los cultivos un engaño muy elaborado? ¿O acaso alguien trata de decirnos algo desde otra dimensión? Cuando leas este apartado podrás decidir por ti mismo si los fenómenos como ése suceden por casualidad o hay que atribuirlos a alguna inteligencia divina.
El cerebro posee dos hemisferios, y si los dividieras por el centro obtendrías lo que se conoce como una sección sagital. Cuando mires la sección sagital de la figura 12.12, presta mucha atención a la ubicación y la integración de la glándula pineal, el tálamo, el hipotálamo, la glándula pituitaria y el cuerpo calloso. ¿Te recuerda a algo? Se parece mucho al Ojo de Horus del antiguo Egipto, símbolo de protección, poder y buena salud. ¿Acaso en la antigüedad ya se conocía el sistema nervioso autónomo, el sistema reticular activador, la puerta talámica y la glándula pineal? Los antiguos egipcios debían de intuir la importancia del sistema nervioso autónomo, y habían comprendido que la activación de la glándula pineal les permitía viajar al otro mundo o a otras dimensiones.66
Según el sistema métrico egipcio, el Ojo de Horus representaba también una herramienta de cuantificación fraccional para calcular partes de un todo. En matemática moderna, lo llamamos la constante Fibonacci o la sucesión de Fibonacci. Como he mencionado al principio del libro, se trata de una fórmula matemática que se repite en la naturaleza, como por ejemplo en los girasoles, en algunos moluscos, en las piñas, en los huevos e incluso en la estructura de la Vía Láctea. También conocida como la espiral dorada, el número áureo o la proporción áurea, la constante Fibonacci se caracteriza por el hecho de que, después de los dos primeros, cada número es la suma de los dos anteriores.
Si aplicaras esta fórmula a la sección del cerebro y dibujaras recuadros ajustados a la sucesión obtendrías una forma fractal, un patrón interminable que se repite a cualquier escala. Empezando por la glándula pineal, la fórmula representa la estructura exacta del cerebro (ver figura 12.13). ¿Empiezas a pensar que tal vez la glándula pineal posea alguna característica especial?


Figura 12.11
Estos círculos en los cultivos hallados en Roundway, Inglaterra, el 23 de julio de 2011, muestran la estructura química de la melatonina. Es posible que alguien esté tratando de decirnos algo.

Si seccionaras el cerebro por la mitad, podrías ver el sistema límbico. Echa un vistazo y advertirás la semejanza con el Ojo de Horus.

Si aplicas la proporción áurea, la constante Fibonacci, a lo largo de la circunferencia del cerebro, la espiral termina exactamente en la glándula pineal.
En la mitología griega, Hermes era un mensajero de los dioses que podría entrar y salir a su antojo de los reinos humanos y divinos. Estaba considerado un dios de transiciones y dimensiones, algo así como un guía a la otra vida. El símbolo que lo representaba es el caduceo, que consiste en dos serpientes entrelazadas en torno a una vara, de cuya parte alta surgen dos alas. (Ver figura 12.14.) El caduceo, que Hermes empleaba como bastón, se considera un símbolo de salud. ¿No te parece que esas serpientes que se mueven por el bastón bien podrían representar la energía que asciende por la columna, del cuerpo al cerebro, y que las alas podrían ser la liberación del ser cuando la energía alcanza la glándula pineal y lo ilumina? La corona representa nuestro máximo potencial y la expresión de nuestra divinidad cuando activamos la glándula pineal (representada por una piña). La coronación del ser es la conquista de la iluminación. De ahí que haya escogido esta imagen para la cubierta del libro.

Meditación para sintonizar con dimensiones temporales y espaciales más elevadas
Puesto que los niveles de melatonina están en su máximo apogeo entre la una y las cuatro de la madrugada, ésa será la mejor hora para poner en práctica esta meditación. Empieza por activar el centro del corazón durante una canción. A continuación bendice tus centros energéticos, empezando por el inferior, tal como aprendiste en la bendición de los centros de energía del capítulo 4. Para bendecirlo, deposita la atención en el centro y luego en el espacio de alrededor. Empieza por el primero, asciende al segundo y a continuación concéntrate en el primero y el segundo al mismo tiempo. Sigue bendiciendo los centros por orden, pero ve creando un campo mayor al conectar cada uno con los anteriores. Para terminar, alinea los ocho centros y la energía que rodea tu cuerpo simultáneamente. El proceso te llevará unos 45 minutos. Luego, descansa tendido durante veinte minutos y deja que tu sistema nervioso autónomo se encargue de equilibrar el organismo.
Ahora siéntate y realiza el ejercicio de respiración para dirigir la energía a la parte alta de la cabeza. Aguanta el aliento y contrae los músculos para oprimir los cristales de la glándula pineal con el fin de activarla y crear un campo electromagnético. El campo se extenderá cuanto pueda y luego revertirá el gesto, comprimiendo así los cristales. Según incrementas la frecuencia, vas a captar planos vibracionales cada vez más elevados. Tu cerebro transformará esa información en imaginería. Una última observación acerca de la respiración: quiero remarcar que no es necesario respirar a toda prisa, contraer los músculos internos con fuerza y contener el aliento hasta quedarse azul. En vez de eso, respira largo y tendido, coordinando la respiración con la contracción de los músculos centrales según vas inhalando y, despacio, acompaña el aliento hasta la parte superior de la cabeza.
Ésta es una de las formas de activar la glándula pineal. Cuando hayas terminado el ejercicio de respiración, enfoca la atención entre la garganta y la nuca. Al hacerlo, estás ubicando la glándula en el espacio y, según te concentras en ella, diriges tu energía hacia ese punto. Mantén la atención en la glándula pineal durante cinco o diez minutos. Como un pensamiento, una información o la consciencia, vuélvete realmente pequeño y ve hacia la cámara de la glándula pineal y percibe el espacio de esa habitación, en el centro de ese órgano y más allá. Quédate ahí de 5 a 10 minutos. Luego trata de percibir la frecuencia y el espacio que la rodean. Irradia esa energía más allá de la habitación, hacia la vasta oscuridad. Empapa la energía de tu intención de que la glándula libere sus metabolitos sagrados con el fin de vivir una experiencia mística. Emite la información hacia el espacio que rodea tu cabeza y más allá.
Ahora ábrete a la energía que alberga la negrura vasta y eterna y limítate a recibir. Cuanto más consciente seas de esa energía y más te abras a la frecuencia, más transformarás y actualizarás la melatonina, que ahora estará liberando sus metabolitos más elevados. No esperes nada en concreto e intenta no anticiparte; sigue recibiendo sin más. Para terminar, vuelve a tumbarte y deja que el sistema nervioso autónomo se haga cargo del proceso. ¡Que disfrutes del paisaje!