Sobrenatural
13 Proyecto Coherencia: creando un mundo mejor
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13 Proyecto Coherencia: creando un mundo mejor
Vivimos una época de extremos, y esos extremos constituyen tanto el reflejo de una vieja consciencia que ya tiene fecha de caducidad como de otra nueva que está transformando el planeta Tierra y a todos aquellos que lo habitamos. La vieja consciencia se alimenta de emociones de supervivencia como odio, violencia, prejuicios, rabia, miedo, sufrimiento, competitividad y dolor; emociones que nos inducen a creer que somos seres aislados. La ilusión de la separación pasa factura y divide a individuos, a comunidades, a sociedades, a países y a la propia madre naturaleza. La inconsciencia, la negligencia, la codicia y la falta de respeto que revela la actividad humana amenazan la vida tal como la conocemos. Por pura lógica, una consciencia tan destructiva no puede durar mucho más.
Como todo se mueve hacia polaridades extremas, a nadie se le escapa que muchos de los sistemas actuales —ya sean políticos, económicos, religiosos, culturales, educativos, médicos o medioambientales— empiezan a desmoronarse según los antiguos paradigmas pierden vigencia. El periodismo ofrece una muestra muy evidente, por cuanto ya nadie sabe qué creer o no de lo que dice la prensa. Algunos de esos cambios son fruto de elecciones personales, pero otros evidencian unos niveles cada vez más altos de consciencia. Sea como fuere, una cosa está clara: en esta era de la información, todo aquello que no está alineado con la evolución de la nueva era sale a relucir.
Si no has notado el aumento de frecuencia y energía que caracteriza esta época —un incremento de ansiedad, tensión y pasión— es posible que no estés prestando atención a tu propio estado interior y a la interdependencia de la humanidad con esta energía. Además de las turbulencias que sacuden el entorno político, social, económico y personal, muchas personas tienen la sensación de que los tiempos se están acelerando: un número mayor de acontecimientos cruciales se producen en periodos de tiempo más breves. Dependiendo del punto de vista, esta realidad puede implicar un emocionante despertar o un momento angustioso de la historia. En cualquier caso, lo viejo debe desplomarse o descomponerse para que algo más funcional ocupe su lugar. Es así como las personas, las especies, las consciencias e incluso el mismo planeta evolucionan.
Este exacerbamiento de la energía tanto en el interior de los seres humanos como en la propia naturaleza plantea diversas cuestiones: ¿es posible que estén en juego importantes aspectos que involucran la relación de la humanidad con la violencia, la guerra, el crimen y el terrorismo… y, por tanto, con la paz, la unidad, la coherencia y el amor? ¿Y si no fuera casual que tantas cosas estén pasando en este momento en particular?
La historia de las meditaciones colectivas por la paz
Actualmente, el poder de los proyectos temporales en pro de la paz ha quedado demostrado y concienzudamente constatado mediante más de cincuenta concentraciones de prueba y 23 estudios científicos arbitrados y revisados por investigadores independientes de todo el mundo.67 Los resultados han evidenciado una y otra vez efectos positivos en la reducción inmediata del crimen, los conflictos armados y el terrorismo en unos niveles que alcanzan más de un setenta por ciento de promedio.68 Párate a pensarlo un momento. Cuando un grupo de gente se reúne con la intención específica o la consciencia colectiva de cambiar «algo» o de alcanzar un resultado, esa comunidad unida, que genera energía y emociones de paz, unidad e integración —sin hacer nada en el plano físico—, consigue cambios un 70 por ciento de las veces. Para cuantificar los resultados de estas investigaciones, los científicos emplean un cálculo conocido como «análisis cruzado».
El propósito del análisis cruzado es revelar las correlaciones entre las personas y los incidentes. Por ejemplo, el análisis cruzado de los fumadores empedernidos mostrará que cuanto más fuma una persona, más probabilidades hay de que desarrolle un cáncer de pulmón. En relación con las meditaciones colectivas por la paz, los estudios han demostrado que cuantas más personas se reúnen a meditar (en combinación con el tiempo dedicado a la meditación), mayor capacidad muestra la concentración para disminuir los índices de crimen y violencia en la sociedad.
El proyecto de paz del Líbano, que reunió a un grupo de meditadores en Jerusalén en agosto y septiembre de 1983 para demostrar la «capacidad de propagación de la paz», ofrece un ejemplo poderoso. Aunque el número de meditadores fluctuó en el tiempo, a menudo fue tan grande como para lograr un efecto suprarradiante tanto en Israel como en el cercano Líbano. Dicho efecto se produce cuando un grupo de meditadores especialmente entrenados se reúne a diario, a la misma hora, para generar un efecto positivo e irradiarlo a la sociedad. Los resultados del estudio, de dos meses de duración, revelan que en los días de mayor participación el número de muertos de guerra se redujo en un 76 por ciento. Otros efectos incluyeron la reducción de crímenes e incendios, el descenso de los accidentes de tráfico, menos terrorismo y un mayor crecimiento económico. Los resultados se repitieron en siete experimentos consecutivos llevados a cabo en un periodo de dos años en una época en que la guerra del Líbano estaba en pleno apogeo.69 Y todo se consiguió mediante el gesto de aunar las intenciones de paz y la coherencia de una serie de personas con emociones superiores de amor y compasión. Los resultados demuestran que, cuanto más se unen las consciencias de las personas a la hora de compartir emociones elevadas de amor y compasión, mayor es su capacidad de cambiar la consciencia global y la energía de sus semejantes de manera no local.
En el que está considerado uno de los tres estudios punteros sobre meditaciones colectivas por la paz llevados a cabo en el hemisferio occidental, un laboratorio de ideas de la Corporación RAND para la investigación y el desarrollo reunió a un grupo de casi 8.000 meditadores entrenados (en ocasiones más) con el fin de concentrarse en la paz mundial y la coherencia durante periodos que abarcaban de ocho a once días, de 1983 a 1985. Los resultados mostraron que, durante ese tiempo, el terrorismo mundial había disminuido un 72 por ciento.70 ¿Puedes imaginar los resultados y las consecuencias positivas que tendría incorporar este tipo de meditación y mindfulness a los currículums educativos?
En otro estudio, éste llevado a cabo en la India de 1987 a 1900, siete mil personas se congregaron para concentrarse en la paz mundial. A lo largo de los tres años que duró la prueba, el mundo presenció un constatable descenso de la conflictividad global: terminó la guerra fría, cayó el muro de Berlín, la guerra Irán-Irak llegó a su fin, Sudáfrica hizo grandes avances en dirección a la abolición del apartheid y los ataques terroristas disminuyeron. Lo más sorprendente fue la rapidez con que se produjeron esos cambios globales, y siempre a través de procesos relativamente pacíficos.71
En 1993, del 7 de junio al 30 de julio aproximadamente, 2.500 meditadores se reunieron en Washington, D. C. con motivo de un experimento altamente controlado de meditación por la paz y la energía coherente. Durante los primeros cinco meses del año, los crímenes con violencia no habían dejado de crecer. Sin embargo, poco después de que comenzara el estudio, empezó a observarse una reducción estadísticamente significativa de la violencia (según los informes anuales del FBI sobre crímenes violentos), el crimen y la tensión en Washington, D. C.72 El resultado sugiere que un grupo de personas relativamente reducido, si se reúne con una actitud de amor y propósito, puede influir de manera estadísticamente significativa en una población diversa.
El 11 de septiembre de 2001, gracias a la inmediatez de los medios de comunicación globales, los seres humanos de todo el planeta se sintieron sacudidos por el horror, la incredulidad, el miedo, el terror y el dolor cuando varios aviones se estrellaron contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono de Washington, y en un campo cerca de Shanksville, en Pensilvania. En un instante, la consciencia colectiva del mundo entero conectó con el suceso. Poderosas emociones se derramaron por todo el globo mientras la gente se reconfortaba, creaba comunidades y se cuidaba mutuamente.
Durante los acontecimientos del 11-S, unos científicos del Proyecto de Consciencia Global de la Universidad de Princeton recogían a través de Internet los datos de más de cuarenta paquetes de software instalados en ordenadores de todo el mundo. Según los datos entraban en el servidor central de Princeton, Nueva Jersey, los científicos advirtieron cambios espectaculares en los patrones del software instalado, que no eran sino generadores de números al azar. (Un generador de números al azar sería algo así como tirar una moneda al aire mediante un ordenador. Registra la cantidad de caras y cruces, o unos y ceros, así que según las estadísticas los resultados obtenidos deberían haber sido de un 50/50 por ciento aproximadamente.) Ante las alteraciones tan increíbles que se dieron en los patrones de números, los científicos acabaron por concluir que la reacción emocional de dolor era de tal magnitud que había afectado al campo magnético de la Tierra.73
Todos estos estudios, en último término, vienen a demostrar que los grupos de meditación, si son del tamaño adecuado y cuentan con la preparación suficiente, son capaces de influir de manera constatable y no local en la paz mundial y en la coherencia global mediante la focalización de sus emociones y su energía. Si esos proyectos de meditación constituyen una fuerza coherente que trabaja en pro de la armonía social, ¿podría haber también fuerzas antiéticas que estuviesen generando incoherencia contra la humanidad?
La relación de la Tierra con los ciclos solares
Según la Tierra rota sobre su eje en el transcurso de un día, el Sol sale cada mañana para aportar luz a la oscuridad. Caldea y ahuyenta el frío de la noche, favorece la fotosíntesis de las plantas y proporciona seguridad a los seres humanos. De ahí que, hace más de catorce mil años, la adoración al astro rey se plasmara con frecuencia en tablillas y cuevas. Incontables mitologías (incluidas las civilizaciones del antiguo Egipto y Mesopotamia, los mayas y los aztecas o los aborígenes australianos, por nombrar tan sólo unas cuantas) adoraban el Sol como fuente de luz, iluminación y sabiduría. Sea cual fuere su ubicación y procedencia, casi todas las culturas han reconocido en el Sol al gran orquestador de la vida en la Tierra; sin él ninguna forma de vida podría existir.
Los seres humanos somos en buena parte seres electromagnéticos (entidades que envían y reciben mensajes constantemente mediante vibración de energías). Nuestros cuerpos están compuestos de luz e información gravitacionalmente organizadas. De hecho, todos los cuerpos materiales que habitan este mundo tridimensional son ante todo luz y energía gravitacionalmente organizadas. Y en cuanto que seres electromagnéticos, no somos sino un pequeño eslabón en la gran cadena del mundo electromagnético, partes individuales que están integradas en un gran todo.
A gran escala, es imposible negar la interconexión entre la energía del Sol, la energía de la Tierra y la de todas las especies vivas. A una escala más reducida, basta mirar el ciclo de vida de una fruta o un vegetal para comprender esa misma interdependencia. La verdura o la fruta comienzan su andadura en forma de semilla, y cuando las condiciones medioambientales como el agua, la temperatura, los nutrientes del suelo y la fotosíntesis alcanzan el equilibrio adecuado, la semilla germina. Por fin, el fruto de esa semilla se convierte en una fuente de sustento y nutrición para diversas formas de vida. El primer eslabón en esta compleja cadena y este delicado equilibro de acontecimientos es la privilegiada ubicación de la Tierra en nuestro sistema solar. Conocida también como «zona habitable circumestelar», la zona de habitabilidad de una estrella (como el Sol) es la región alrededor de ella que permite la existencia de agua líquida sobre la superficie de un planeta.
Por más que el Sol se encuentre a 149 millones de kilómetros, su actividad tiene importantes consecuencias en la Tierra, por cuanto nuestro planeta y el Sol interactúan a través de sus campos electromagnéticos. La función del campo electromagnético de la Tierra (ver figura 13.1) es protegerla de los efectos dañinos de la radiación solar y de los rayos cósmicos, las manchas solares y otros fenómenos del clima espacial. Aunque todavía no acabamos de comprender su naturaleza, las manchas solares son zonas del Sol relativamente oscuras y frescas provocadas por interferencias que tienen lugar en el interior del campo magnético del Sol; pueden medir hasta 50.000 kilómetros de diámetro. Para entender mejor lo que son, imagina las manchas solares como el tapón de una botella de soda; si agitas la botella y luego retiras el tapón, liberará una gran cantidad de fotones (luz) y otras formas de radiación de alta frecuencia.74

El campo electromagnético de la Tierra.
De no ser por la protección y el aislamiento que nos brindan los campos electromagnéticos de la Tierra, la vida tal como la conocemos no existiría, por cuanto sufrimos el bombardeo constante de un flujo de partículas letales. Por ejemplo, cuando se producen fulguraciones solares, el campo electromagnético desvía miles de millones de toneladas de las emisiones fotónicas que se conocen como eyecciones de masa coronal. Hablamos de enormes explosiones de plasma y campos magnéticos procedentes de la corona del Sol que se pueden propagar millones de kilómetros en el espacio. Sus efectos llegan a la Tierra de 24 a 36 horas después de que se produzcan.
Estas eyecciones calientan el núcleo terrestre, compuesto de hierro y otros metales. Cuando el núcleo se altera, el campo electromagnético de la Tierra se transforma. Las eyecciones de masa coronal forman parte de los ciclos solares que tienen lugar cada once años aproximadamente y, potencialmente, podrían causar estragos en todos los organismos vivos de la Tierra.
La observación de los ciclos solares comenzó en 1755, pero en 1915 un muchacho ruso de 18 años llamado Alexander Chizhevsky dio un paso de gigante en la comprensión humana del Sol y su relación con la Tierra cuando pasó todo un verano observando el astro rey. Durante esos meses empezó a formular hipótesis sobre cómo afectaban los periodos de actividad solar al mundo orgánico. Un año más tarde tuvo que participar en la Primera Guerra Mundial, pero cuando no estaba luchando por Rusia se dedicaba a proseguir sus observaciones. Se dio cuenta de que las batallas, particularmente, tendían a recrudecerse o a menguar en función de la fuerza de las fulguraciones solares (ver gráfico 14 del encarte en color).75 Chizhevsky recopiló más tarde las historias de 72 países de 1749 a 1926 para comparar el número de acontecimientos políticos y sociales de importancia (como el estallido de guerras, revoluciones, epidemias y violencia) que se habían producido cada año con la actividad solar, y demostró que existía una correlación entre la actividad del Sol y la agresividad humana. Por otro lado, lo que también es interesante, la actividad solar se ha asociado con momentos de gran creatividad, incluidas innovaciones en arquitectura, ciencias, artes y cambio social.76
Cada pico de la línea roja en el gráfico representa una erupción solar o una mancha solar acaecida entre los años 1750 y 1922. Las líneas azules representan acontecimientos históricamente relevantes sucedidos en el mismo periodo. Chizhevsky acabó por constatar que el 80 por ciento de los sucesos más significativos de los países analizados coincidían con fenómenos solares y gran actividad geomagnética.77 Por lo que parece, la energía solar liberada —que siempre transporta información— muestra una coherencia casi absoluta con las actividades, la energía y la consciencia de nuestro planeta. Y resulta que durante la redacción de este libro, en 2017, nos encontramos en mitad de un ciclo solar muy activo.
En la década anterior se habló largo y tendido de cómo esta energía solar estaba afectando al planeta y la vida de sus habitantes. En 2012, los agoreros pensaban que el final del calendario maya, que coincidía con el solsticio de invierno, significaba la llegada del fin del mundo. Los astrólogos actuales hablan de la era de acuario (las eras astrológicas son periodos de unos 2.150 años, correspondientes al tiempo que tarda el equinoccio de primavera, de promedio, en desplazarse de una constelación zodiacal a la siguiente) y auguran una nueva consciencia para la humanidad. Astrónomos y cosmólogos señalan una alineación galáctica, un raro suceso astronómico que se produce cada 12.960 años en el transcurso del cual el Sol se alinea con el centro de la Vía Láctea.
Tengas las creencias que tengas, todos estos hechos se refieren a ciclos solares que implican un incremento de la energía solar que alcanza la Tierra. Como somos seres electromagnéticos, conectados a nuestro planeta por campos electromagnéticos y protegidos de la radiación solar por escudos también electromagnéticos, este incremento de la energía solar por fuerza tiene que alterar la energía terrestre y la nuestra. En consecuencia, la nueva energía posee la capacidad de influir en los seres humanos tanto para bien como para mal, dependiendo de la vibración de nuestra energía personal. Por ejemplo, si experimentas separación, te alimentas de emociones de supervivencia y eres esclavo de las hormonas y las sustancias químicas del estrés, tu cerebro y tu corazón irradiarán incoherencia, lo que dividirá y desequilibrará tu energía y tu consciencia. El aumento de la actividad solar acrecentará este estado. Así pues, si vives sumido en la incoherencia, ese estado incoherente se multiplicará.
Igualmente, si tu cabeza y tu corazón se encuentran alineados de manera coherente y meditas a diario para conectar con el campo unificado y vencer las convicciones y actitudes que te coartan, podrás acceder aún más profundamente a la verdad y a la certeza de quién eres y por qué estás aquí.
La conclusión de todo lo antedicho es que nos encontramos en un momento de iniciación, y vamos a precisar unos niveles tremendos de voluntad, presencia y consciencia para permanecer centrados y no sucumbir a esas energías exacerbadas. Si logramos mantener la concentración, en lugar de ser víctimas de la incertidumbre, transformaremos esa energía en armonía, coherencia e incluso paz, tanto personal como global. Expresado en términos más sencillos, esa energía afianzará tu estado de consciencia; es decir, reforzará tu manera de pensar y de sentirte.
La resonancia Schumann
En 1952, el físico y profesor W. O. Schumann planteó la hipótesis de la existencia de ondas electromagnéticas mensurables en la atmósfera, presentes en la cavidad (o espacio) que se extiende desde la superficie de la Tierra hasta la ionosfera. Según la NASA, la ionosfera es una capa rica en electrones, átomos ionizados y moléculas que comienza a unos cincuenta kilómetros de la superficie de la Tierra y se extiende hasta el límite del espacio, a unos novecientos kilómetros de altitud. Esta zona dinámica crece y se encoge (y se divide en otras subregiones) en función de las condiciones solares, y constituye un eslabón crítico en la cadena de las interacciones que se producen entre la Tierra y el Sol.78 Es esta «central eléctrica celestial» la que hace posible las comunicaciones por radio.
En 1954, Schumann y H. L. König confirmaron la hipótesis de Schumann al detectar resonancias en la ionosfera que vibraban a una frecuencia de 7,83 Hz (ciclos por segundo). La «resonancia de Schumann» quedó constatada mediante la medición de las resonancias electromagnéticas globales que se creaban con las descargas eléctricas de los relámpagos en la ionosfera. Imagina esta frecuencia como un diapasón de la vida. En otras palabras, se comporta como una vibración de fondo que afecta a las conexiones neurológicas del cerebro de los mamíferos (el cerebro subconsciente, ubicado debajo de la neocorteza y sede del sistema nervioso autónomo). La frecuencia Schumann influye en el equilibrio corporal, la salud y la misma naturaleza de los mamíferos. De hecho, la ausencia de dicha resonancia puede provocar graves problemas físicos y mentales en el cuerpo humano.
Todo lo que acabo de exponer quedó demostrado en la investigación que el científico alemán Rutger Wever llevó a cabo para el Instituto de Fisiología Conductual de Erling-Andechs, en Alemania. Para efectuar este estudio, encerró a una serie de estudiantes voluntarios, todos jóvenes y sanos, en búnkeres subterráneos aislados herméticamente, con el fin de impedir el paso de la frecuencia Schumann. A lo largo de las cuatro semanas que pasaron allí dentro, los ritmos circadianos de los estudiantes cambiaron, lo que les provocó angustia emocional y migrañas. Cuando Wever reintrodujo la frecuencia Schumann en los búnkeres, bastó una breve exposición a una frecuencia de 7,83 hercios generada artificialmente para que los voluntarios recuperaran la salud.79
Por lo que sabemos, el campo electromagnético de la Tierra, que vibra de forma natural a una frecuencia de 7,83 hercios, protege y alienta todas las formas de vida. Considera la resonancia Schumann como el latido de la Tierra. Los antiguos rishis hindúes se referían a ella como OM o la encarnación del sonido puro. Coincidencia o no, lo cierto es que esta misma frecuencia exacta se emplea para la sincronización de las ondas cerebrales, por cuanto está asociada con los niveles inferiores de las ondas alfa y el espectro superior de las zeta. Esta frecuencia de ondas cerebrales nos permite trascender la mente analítica para entrar en el subconsciente. De ahí que se asocie con altos niveles de sugestionabilidad, facilidad para la meditación, un incremento en los índices de hormonas del crecimiento y mayores niveles de flujo sanguíneo al cerebro.80 Parece ser, pues, que la frecuencia de la Tierra y la del cerebro poseen una resonancia muy parecida y que el campo electromagnético de la Tierra tiene la capacidad de influir en nuestro sistema nervioso. Tal vez por eso nos siente tan bien salir de la ciudad para dar un paseo por el campo.
El concepto de emergencia
En 1996, los investigadores del Instituto HeartMath descubrieron que, cuando el corazón de una persona late a un ritmo coherente y armonioso, el individuo irradia una señal electromagnética más coherente al entorno, y que dicha señal puede ser detectada por el sistema nervioso de otras personas e incluso de los animales. De hecho, como ya sabes a estas alturas del libro, el corazón genera un fortísimo campo magnético que se puede detectar a varios metros de distancia.81 Este hecho explica de un modo muy lógico por qué, cuando alguien entra en una habitación, captamos el humor o el estado emocional de esa persona con independencia de su lenguaje corporal.82 Desde una perspectiva netamente científica, podríamos preguntarnos: si ese fenómeno funciona individualmente, ¿lo hará también globalmente?
En 2008, más de una década después, el Instituto HeartMath fundó la Iniciativa de Coherencia Global (GCI), un proyecto internacional que busca, desde una base científica, activar el corazón de la humanidad para generar paz, armonía y un cambio de consciencia global. El GCI parte de la idea de que:
La actividad geomagnética solar (el campo magnético de la Tierra) influye en la salud, los pensamientos, las conductas y las emociones de los seres humanos.
El campo magnético de la Tierra alberga información biológicamente relevante que conecta todos los sistemas de vida.
Todos los seres humanos influyen en la información que alberga el campo electromagnético de la Tierra.
Cuando un gran número de personas se reúne voluntariamente para abrigar estados de consciencia centrados en el corazón, esta consciencia colectiva genera un campo de información global o influye en éste. De ahí que las emociones elevadas de cariño, amor y paz favorezcan un entorno más coherente que puede beneficiar a los demás y contribuir a compensar la actual discordia e incoherencia planetaria.83
Como el ritmo del corazón humano y las frecuencias cerebrales (así como el sistema cardiovascular y el nervioso autónomo) se solapan con el campo de resonancia de la Tierra, los científicos del GCI sugieren que formamos parte de un bucle retroalimentado en el que no solamente recibimos información biológicamente relevante del campo, sino que también la enviamos.84 Dicho de otro modo, los pensamientos (consciencia) y las emociones (energía) interactúan con el campo magnético terrestre y dejan su impronta en él, información que a su vez será distribuida en ondas portadoras (la señal en la que se graba la información o que la transporta) por todo el planeta.
Para ampliar esta investigación y probar la hipótesis, el Instituto HeartMath, usando sensores de última generación ubicados en diversas partes del globo, creó el Sistema de Monitorización de Coherencia Global (GCMS), que registra los cambios en el campo magnético de la Tierra. Diseñado para medir la coherencia global, el GCMS emplea un sistema de magnetómetros altamente sensibles que le permiten medir de manera constante las señales que comparten espectro con las frecuencias a las que vibra la fisiología humana, incluidos el cerebro y el sistema cardiovascular. También controlan constantemente la actividad derivada de las tormentas solares, las erupciones, la velocidad del viento solar, las perturbaciones en la resonancia Schumann y las posibles marcas que indiquen acontecimientos a escala global con un importante componente emocional.85
¿Por qué lo hacen y con qué objeto? Si podemos crear voluntariamente un campo electromagnético coherente alrededor del cuerpo y nos relacionamos o conectamos con alguien que está haciendo lo mismo, las ondas de este campo compartido se sincronizan de manera no local. Según la sincronización tiene lugar, se generan ondas más potentes y campos más fuertes a nuestro alrededor, aumentando así nuestra capacidad para influir en el campo electromagnético de la Tierra.
Si pudiéramos crear una gran comunidad de personas repartidas por todo el mundo y cada una de ellas elevara desde la consciencia la energía de su propio campo para fomentar la paz, ¿acaso no sería posible que esa comunidad ejerciera un efecto global en el campo electromagnético de la Tierra? Esta comunidad intencional podría generar coherencia allí donde no la hay y orden donde reina el caos.
Las pruebas obtenidas en los estudios sobre las concentraciones por la paz apuntan a que nuestros pensamientos y sentimientos tienen de hecho un efecto en el conjunto de la vida que se puede medir y verificar. Tal vez hayas oído hablar de este fenómeno, conocido como emergencia o surgimiento. Para entenderlo mejor, visualiza un banco de peces nadando en sincronía o una bandada de pájaros volando al mismo tiempo. Parecen operar desde una sola mente, como si estuvieran conectados a un mismo campo de energía de manera no local. La particularidad de este fenómeno radica en que el grupo está organizado desde abajo, en el sentido de que carece de líder. En el grupo reina la igualdad, porque se comportan como un solo individuo. Según el concepto de la emergencia, cuando una comunidad global se reúne en nombre de la paz, el amor y la coherencia, debería ser capaz de provocar transformaciones en el campo electromagnético terrestre, así como en los campos mutuos. Imagina, pues, lo que pasaría si nos comportáramos, viviéramos, prosperáramos y actuáramos como un solo ser. Si entendiéramos que formamos parte de una misma mente —que somos un único organismo conectado y unido a través de la consciencia— sabríamos que si perjudicamos a otro o influimos en él de cualquier modo nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Este nuevo paradigma de pensamiento sería el mayor salto evolutivo en toda la historia de nuestra especie, por cuanto la necesidad de luchar, enfrentarnos, competir, temer y sufrir quedaría anticuada. Ahora bien, ¿cómo hacer ese sueño realidad?
Coherencia frente a incoherencia
Como habrás supuesto tal vez, para poder ejercer algún tipo de modificación en el campo terrestre (que a su vez influiría en el campo de otros individuos) tenemos que activar dos importantes centros del cuerpo humano: el corazón y el cerebro. Como decíamos en el capítulo 4, si bien es verdad que el cerebro es el centro de la consciencia y la presencia, el corazón —el centro de la unidad, la integración y la conexión con el campo unificado— posee también su propia mente. Cuando regulamos nuestros estados internos hacia la atención, la amabilidad, la paz, el amor, la gratitud y el reconocimiento, nuestro corazón, más coherente y equilibrado, envía una fuerte señal al cerebro, que se torna más coherente y equilibrado a su vez. Sucede así porque el corazón y el cerebro se comunican constantemente.
De igual modo, cuando alguien trasciende el vínculo con el cuerpo, el entorno y el tiempo y deja de prestar atención a la materia y a los objetos, se convierte en un ser sin cuerpo, nadie, nada, en ninguna parte y en el sin tiempo. Como ya comprendes muy bien, cuando nos trascendemos a nosotros mismos y enfocamos la atención en el mundo inmaterial de la energía, conectamos con el campo unificado, el reino de cualquier cuerpo, cualquier identidad, cualquier materia, cualquier lugar y cualquier momento. De manera que el gesto de desviar la atención de uno mismo te une con la consciencia de toda materia, todos, todo, en todo lugar y en todo momento. Como pura consciencia, entras en el campo cuántico de la energía y la información, el plano donde la consciencia y la energía son capaces de influir en el mundo de la materia de manera no local.
El efecto colateral del proceso que acabamos de exponer es un incremento en la coherencia del cerebro y en la energía del organismo, de tal modo que nuestra biología funciona de manera más organizada. En nuestras investigaciones hemos descubierto que cuando la coherencia del cerebro aumenta, el efecto se transmite al sistema nervioso autónomo y al corazón. Este órgano, nuestra conexión con el campo unificado, se comporta entonces como un catalizador que potencia a su vez la coherencia del cerebro. Como el corazón envía más información al cerebro que a la inversa, cuanta más coherencia cardiaca logres a través de las emociones elevadas, más se sincronizarán el cerebro y el corazón. Dicha sincronización produce efectos constatables no sólo en el organismo, sino también en el campo electromagnético que envuelve el cuerpo. Y cuanto mayor sea el campo en torno al cuerpo, más podremos influir en los demás de manera no local. ¿Cómo lo sabemos? Porque lo hemos comprobado una y otra vez en la variación del ritmo cardiaco de nuestros alumnos.
La capacidad del campo electromagnético del corazón para influir en otro corazón quedó demostrada también mediante un estudio llevado a cabo por HeartMath. Para ello, dividieron un total de cuarenta sujetos en grupos de cuatro y los sentaron alrededor de diez mesas. Si bien se midió el ritmo cardiaco de los cuatro miembros de cada mesa, sólo tres de ellos habían aprendido a elevar sus emociones mediante las técnicas impartidas por el Instituto HeartMath. Cuando los tres participantes expertos elevaron sus vibraciones y enviaron sentimientos positivos a los inexpertos, la coherencia de estos últimos mejoró también. Los autores del estudio concluyeron que «los valores registrados en el experimento sobre sincronización de corazón a corazón entre sujetos sustentan la posibilidad de que existan biocomunicaciones de un corazón a otro».86
Para que el proceso de coherencia tenga éxito es fundamental trascender la mente analítica. (Lo sabemos porque lo hemos constatado con la frecuencia suficiente en los escáneres cerebrales de nuestros alumnos. La participación reiterada de algunos estudiantes también ha demostrado que, con la práctica, la coherencia se alcanza en un lapso de tiempo relativamente breve.) Cuando el cerebro pensante se acalla, entramos en una frecuencia alfa o zeta, lo que abre el umbral entre la mente consciente y la subconsciente. En ese instante, el sistema nervioso autónomo se torna más receptivo a la información. Elevando nuestra energía mediante las emociones superiores, nos tornamos menos materia y más energía, menos partícula y más onda. Cuanto mayor sea el campo que generemos con esas energías —energía, presencia y consciencia—, más podremos influir en los demás de manera no local.
Y según aumenta la energía que creamos a través de las emociones superiores del corazón, crece también el vínculo con el campo unificado, lo que implica una mayor sensación de plenitud, conexión y unidad. Sin embargo, no alcanzaremos esa conexión si nos encontramos en un estado de incoherencia, experimentamos separación o nos alimentamos de las hormonas del estrés. Cuando las sustancias químicas que liberamos en momentos de estrés activan el cerebro, nos sentimos desconectados del campo unificado y tendemos a tomar decisiones menos evolucionadas. Sabemos, sin la menor duda, que las emociones de competitividad, miedo, rabia, baja autoestima, culpa y vergüenza nos separan mutuamente porque generan vibraciones más lentas y pesadas que las emociones superiores como el amor, la gratitud, el cariño o la bondad, que dan lugar a vibraciones más rápidas y altas. Y también hemos constatado que, cuanto más rápida es la vibración, mayor es la presencia de energía. Lo que nos lleva a formular varias preguntas:
¿Qué pasaría si reuniéramos una comunidad de varios cientos de personas en una misma sala, las ayudáramos a abrir el corazón y a elevar su estado energético y luego les pidiéramos que enviaran sus mejores intenciones a otro grupo de personas, presentes en la misma habitación?
¿Qué pasaría si el campo electromagnético que rodea a cada persona se uniera al de su vecino de asiento?
¿Podrían esos estados elevados provocar un cambio de energía en la habitación?
¿Sería posible que todo el mundo experimentara emociones elevadas y la energía creara coherencia en toda una comunidad?
Construyendo un campo colectivo coherente
Desde comienzos de 2013 trabajamos en colaboración con nuestros amigos del Instituto HeartMath para seguir avanzando en nuestras investigaciones. Desde que empezamos a reunir datos sobre los estados psicológicos de nuestros alumnos, hemos escaneado miles de cerebros y corazones, lo que nos ha proporcionado un volumen de información muy significativo. Algunos de los datos que han llegado a nuestras manos nos han abrumado y asombrado. Hemos visto cómo personas normales y corrientes conseguían cosas fuera de lo normal.
En el transcurso de este viaje que hemos emprendido junto a HeartMath, hemos presenciado proezas espectaculares por parte de nuestros alumnos. Mediante un sofisticado sensor fabricado en Rusia, el Sputnik (mencionado de pasada en el capítulo 2), hemos constatado valores increíbles de energía colectiva en las salas en las que se reunían los participantes de los talleres, registros que mostraban a diario considerables incrementos de energía.
Habida cuenta de que las emociones elevadas, involucradas en la actividad del sistema nervioso autónomo, generan campos electromagnéticos, un incremento de esas emociones produce cambios en la microcirculación de la sangre, la transpiración y otras funciones corporales. Y como el Sputnik es tan sensible, puede cuantificar fluctuaciones ambientales a través de cambios barométricos, humedad relativa, temperatura del aire, campos electromagnéticos y demás.87
Echa un vistazo a los gráficos 15A y 15B del encarte en color. En esos registros procedentes de nuestros talleres se advierte un incremento progresivo en la energía colectiva de la habitación. La primera línea roja es la medida de referencia y muestra la energía presente en la sala antes del comienzo del taller. Si miras las líneas roja, azul, verde y, por fin, la marrón (cada color representa un día distinto), verás que la energía se incrementa de manera constante día a día. En los gráficos 15C y 15D se aplica la misma escala de color; ahora bien, esos valores reflejan intervalos de tiempo específicos durante las meditaciones matutinas de cada día. Los datos indican que nuestros estudiantes se están tornando expertos en incrementar la energía de la sala generando una coherencia más unificada.
Los registros del Sputnik demuestran que la energía colectiva creada por nuestros alumnos desde el primer día del taller hasta el último se incrementa día a día. Siguiendo esa tendencia, la mayoría de los grupos muestran una concentración extrema según la energía aumenta con cada día que pasa. En un veinticinco por ciento de los casos, aproximadamente, la energía permanece estable durante los primeros dos días, pero en las jornadas siguientes aumenta significativamente. Creemos que sucede así porque, al principio del taller, los miembros del grupo están tratando de romper los vínculos emocionales que los conectan a su realidad pasada. Así que, durante estos periodos, extraen energía del campo unificado para construir sus propios campos electromagnéticos. Al reducirse la energía del campo, tiende a caer la energía colectiva de la sala. Pero una vez que esos campos individuales empiezan a crecer, a ganar realidad y coherencia y a entrelazarse unos con otros, presenciamos un incremento espectacular de la energía colectiva.
La Figura 13.2 muestra que cuando dos ondas coherentes se encuentran, crean una onda mayor. Este fenómeno se conoce como interferencia constructiva. Cuanto mayor es la onda, más elevada es la energía. Gracias a la mayor coherencia de las ondas que generan nuestros estudiantes durante los talleres, el campo del grupo crece, de modo que los participantes disponen de más energía para sanar o lograr acceso a niveles mentales más elevados, lo que conduce en ocasiones a experiencias místicas.

La interferencia constructiva aparece cuando dos ondas coherentes se encuentran para crear una onda mayor. La amplitud es la medida que se usa para definir la altura de la onda. Cuanto mayor es la amplitud, más elevada la energía. Si una comunidad de personas crea campos electromagnéticos coherentes, cabe pensar que, cuando sus energías interfieran, la energía colectiva aumentará.
Mi equipo y yo hemos vivido con asombro y humildad las profundas curaciones de los alumnos, su capacidad para incrementar y regular estados elevados y los testimonios de experiencias místicas o trascendentes revelaciones como consecuencia de haber aprendido a regular sus ondas cerebrales, abrir el corazón y entrar en un estado de coherencia. Algunos de estos hechos podrían ser calificados de milagros, pero creemos que tan sólo forman parte del proceso de alcanzar un estado del ser sobrenatural. Esto nos llevó a preguntarnos si nuestros alumnos podrían influir en el sistema nervioso de los demás y, de ser así, qué implicaciones tendría la experiencia. Dichas preguntas suscitaron el nacimiento del Proyecto Coherencia.
Proyecto Coherencia
En colaboración con el Instituto HeartMath, llevamos a cabo numerosos experimentos que consistían en escoger una pequeña muestra al azar de entre 50 a 75 alumnos de nuestros talleres avanzados, monitorizar la variabilidad de su ritmo cardiaco y sentarlos en la primera fila de la sala para llevar a cabo tres meditaciones en el transcurso de 24 horas. Habida cuenta de que la VRC no sólo proporciona información sobre la coherencia del corazón, sino también sobre el cerebro y las emociones, queríamos medir la variabilidad del ritmo cardiaco de los sujetos durante todo un día.
Al inicio de la meditación, los participantes debían enfocar la atención en el centro del corazón y respirar a través de ese centro lenta y profundamente, tal como explicábamos en el capítulo 7. A continuación debían cultivar y sostener una emoción elevada durante entre dos y tres minutos con el fin de ampliar el campo electromagnético de su corazón y pasar de un estado de egocentrismo a otro de altruismo. Acto seguido pedíamos a todo el colectivo, entre 550 y 1.500 participantes, que proyectaran la energía resultante de sus emociones elevadas más allá de su cuerpo a toda la sala. El siguiente paso consistía en enviar sus mejores intenciones a los estudiantes sentados en la primera fila de la habitación, los mismos que se hallaban conectados a los monitores de VRC, deseándoles que sus vidas fueran más ricas, que sus cuerpos sanasen y que disfrutaran de experiencias místicas.
El objetivo del experimento era medir la energía colectiva de la sala y las posibilidades de que las personas conectadas a los monitores de VRC se vieran afectadas de manera no local. ¿Sería posible que esos niveles elevados de energía y frecuencia en forma de amor, gratitud, plenitud y dicha indujesen al corazón de otro a entrar en coherencia… aun si se encontraba en el otro extremo de la sala? Los resultados confirmaron la hipótesis. No sólo la energía emitida generó coherencia en las personas conectadas a los monitores de VRC, sino que sus corazones empezaron a latir de manera coherente en el mismo momento exacto, durante la misma meditación, el mismo día. Y no fue un suceso aislado. Obtuvimos los mismos resultados una y otra vez. ¿Qué significa?
Los datos corroboran la convicción sostenida por la Iniciativa de Coherencia Global del instituto HeartMath, según la cual existe un campo invisible por el que se transmite información. Este campo une y ejerce influencia en todos los sistemas de vida, al igual que afecta a nuestra consciencia colectiva humana. Gracias a este campo, la información transita de manera no local y a nivel subconsciente entre las personas a través del sistema nervioso autónomo.88 En otras palabras, estamos vinculados y conectados por un campo invisible de energía que influye en las conductas, los estados emocionales y los pensamientos conscientes e inconscientes del resto del mundo.
Como toda frecuencia transporta información, los campos magnéticos generados por los corazones del conjunto de estudiantes actuaron como ondas portadoras de esta información. Si nosotros, en los talleres, somos capaces de provocar efectos no locales en los demás, ¿no cabría pensar que las emociones superiores, surgidas del centro del corazón, podrían influir positivamente y de manera no local en nuestros hijos, parejas y colegas de trabajo y en cualquier persona con la que mantengamos una relación o conexión?
Si miras la figura 13.3, advertirás que 17 personas entran en coherencia cardiaca a la misma hora exacta, el mismo día, durante la misma meditación. Todos esos estudiantes alcanzaron ese estado gracias a la energía de los demás. Los alumnos que enviaron la energía abrigaron sus mejores intenciones hacia las personas que estaban conectadas a los monitores. Los resultados demuestran que cuando la identidad y el pensamiento se retiran a un lado, devenimos una sola mente y nos conectamos mutuamente de manera no local. A través de esa conexión podemos influir en el sistema nervioso autónomo de los demás para que experimenten más armonía, coherencia y plenitud. Imagina lo que pasaría si miles de personas hicieran lo mismo en beneficio de todo el planeta.

Figura 13.3.
En este gráfico se aprecia cómo 17 personas entran en coherencia cardiaca a la misma hora exacta, el mismo día, durante la misma meditación. La zona que discurre entre las líneas verticales muestra cómo los corazones del grupo entran en coherencia.
Poco después de estas meditaciones colectivas, nuestros alumnos empezaron a enviar emails preguntando si, puesto que habíamos demostrado la capacidad de generar un cambio constatable de energía en una sala que reunía de 550 a 1.500 personas, no sería posible lograr el mismo efecto a escala global. Así pues, fueron los propios alumnos los que solicitaron que organizásemos meditaciones globales, lo que derivó en el nacimiento del proyecto. Anunciamos la primera experiencia en Internet en noviembre de 2015. Más de 6.000 personas de todo el mundo se reunieron a través de la Red para crear colectivamente un mundo más acogedor y pacífico. En la segunda meditación participaron más de 36.000 personas, y en la tercera, más de 43.000 unieron fuerzas a través de Internet. Tenemos intención de seguir celebrando eventos del Proyecto Coherencia, con la esperanza de irradiar una intención cada vez mayor de paz y amor al planeta. Esperamos, con el tiempo, ser capaces de ofrecer resultados concretos de los efectos.
Meditación del Proyecto Coherencia
Para empezar, cobra consciencia del centro del corazón. Desde la presencia, enfoca la atención en ese centro, abre el foco y sé consciente del lugar que ocupa el corazón en el espacio, así como del espacio que rodea el espacio que lo rodea.
A continuación desplázate en pensamiento y presencia al centro de la Tierra y proyecta tu luz más allá del planeta, hacia el espacio. Quiero que lo hagas para elevar tu vibración y que sostengas esa emoción. Todavía en pensamiento y presencia, sepárate despacio de la Tierra, transfórmala en una idea y llévala a tu corazón. Según albergas la totalidad del planeta en el corazón, eleva la vibración de la Tierra y envía la energía más allá de tu cuerpo, hacia el espacio. Irradia tu amor hacia la Tierra.