Sobrenatural

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2 El instante presente

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Cuando nos hallamos en ese estado, el cerebro entra en alerta máxima según intentamos predecir, controlar y provocar resultados con la intención de incrementar nuestras posibilidades de supervivencia. Y cuanto más lo hacemos, más fuerte se torna la adicción y más nos identificamos con un cuerpo conectado a la identidad y el entorno, presos de un tiempo lineal. Sucede así porque consumimos toda la atención en ese proceso.

Cuando tu cerebro está sobreexcitado y vives en modo de supervivencia, desplazando tu atención al trabajo, las noticias, tu ex, tus amigos, los emails, Facebook y Twitter, activas cada una de esas redes neurológicas con gran rapidez (revisar figura 2.5). Si la situación se prolonga mucho tiempo, el gesto de estrechar el foco y desplazar la atención con frecuencia acaba por compartimentar el cerebro, que ya no funciona de manera equilibrada.

Y cuando eso sucede, acostumbras al cerebro a activarse a partir de una pauta desordenada e incoherente, lo que le resta eficacia. Igual que un relámpago entre las nubes, las distintas redes neuronales se activan al tuntún, de modo que el cerebro trabaja de manera no sincronizada. El efecto sería parecido a un grupo de tamborileros que hicieran repiquetear sus tambores a la vez pero sin ritmo ni concierto. Hablaremos largo y tendido sobre los conceptos de coherencia e incoherencia más adelante, pero, de momento, baste decir que cuando tu cerebro se torna incoherente, lo mismo te sucede a ti. Si tu cerebro no funciona óptimamente, tú tampoco lo harás.

Cada uno de los objetos, las personas y los lugares del mundo exterior relacionados con una experiencia relevante de tu vida está vinculado a una emoción, porque las emociones —energía en movimiento— son vestigios químicos de la experiencia. Y si esas hormonas del estrés tan adictivas te acompañan la mayor parte del tiempo, podrías usar a tu jefe para reafirmar tu adicción a enjuiciar. Podrías usar a tus colegas para reafirmar tu adicción a competir. Podrías usar a tus amigos para reafirmar tu adicción al sufrimiento. Podrías usar a tus enemigos para seguir enganchado al odio, a tus padres para justificar tu dependencia del sentimiento de culpa, Facebook para seguir instalado en la inseguridad, las noticias para reafirmar tu adicción a la ira, a tu ex para justificar tu dependencia al resentimiento y tu relación con el dinero para reafirmar tu adicción a la escasez.

Eso significa que tus emociones —tu energía— están entreveradas, incluso vinculadas, con cada persona, lugar o cosa que experimentas en tu realidad conocida. E implica también que no dispones de energía para crear un nuevo empleo, otra relación, una situación económica más boyante, una nueva vida o un cuerpo sano siquiera. Te lo diré de otro modo. Si lo que piensas y lo que sientes determina la frecuencia y la información que emite tu campo de energía, que a su vez ejerce un efecto significativo en tu vida, y si toda tu atención (y, en consecuencia, tu energía) está vinculada al mundo exterior de personas, objetos, cosas, lugares y tiempo, no te queda energía en el mundo interior para los pensamientos y los sentimientos. De ahí que, cuanto más fuerte sea tu adicción a esas emociones, más enfocarás tu atención en las personas, los objetos, los lugares o las circunstancias de tu realidad externa. Y en el proceso perderás casi toda tu energía creativa y experimentarás pensamientos y sentimientos en consonancia con lo que ya conoces. Es muy difícil pensar o sentir cosas nuevas cuando eres adicto al mundo exterior. Y es muy fácil desarrollar una adicción hacia las personas y las cosas que son, precisamente, el origen de los problemas. Ésas son las situaciones que nos llevan a perder el poder y a desperdiciar la energía. Si revisas la figura 2.5, encontrarás unos cuantos ejemplos que muestran cómo creamos lazos energéticos con los distintos elementos de nuestra realidad externa.

Echa un vistazo a la figura 2.6. A la izquierda del diagrama verás dos átomos unidos por un campo invisible de energía. Comparten información. La energía los vincula. A la derecha del diagrama verás a dos personas que comparten una experiencia de resentimiento. También están unidas por un campo invisible de energía que las mantiene unidas. En verdad, comparten una misma energía y también una misma información.

Para separar dos átomos se requiere energía. Igualmente, si tu atención y tu energía están vinculadas a personas, lugares y objetos del mundo físico exterior, es evidente que hará falta energía y esfuerzo para romper esos lazos a través de la meditación. Este principio plantea una cuestión: ¿en qué medida tu energía creativa se encuentra supeditada al sentimiento de culpa, el odio, el resentimiento, la carencia o el miedo? La verdad es que podrías estar usando toda esa energía para crear un nuevo destino.

Igual que dos átomos se unen para formar una molécula —que comparte energía e información—, cuando dos personas experimentan las mismas emociones y energía, y proyectan los mismos pensamientos e información, se vinculan también. En ambos casos, los dos elementos están unidos por un campo invisible de energía que los mantiene conectados. Si hace falta energía para separar esos átomos, también precisaremos energía y consciencia para desviar la atención de las personas y las circunstancias en las que hemos depositado tanta energía creativa.

Para hacerlo, tendrás que dejar de prestar atención a todos esos objetos de tu mundo exterior. Por eso usamos la meditación como paradigma de cambio de nuestro estado interno. Eso nos permite romper las asociaciones con todos y cada uno de los lugares, los objetos, las personas, los momentos y las circunstancias el tiempo suficiente como para desplazar la atención hacia el mundo interior. Una vez que hayas trascendido tu cuerpo emocional y hayas retirado la atención de los objetos conocidos del mundo exterior, podrás reclamar tu energía y romper los lazos con tu realidad pasada-presente (que es siempre la misma). Para ello tendrás que efectuar la transición de ser un cuerpo a ser un no-cuerpo, lo que implica retirar la atención del cuerpo, el dolor y el hambre. Vas a tener que pasar de ser alguien a no ser nadie (retirando la atención de tu identidad como pareja, padre o madre y empleado). Tendrás que pasar de prestar atención a algo a no prestarla a nada (olvidarte del móvil, de los emails y de prepararte una taza de café), de estar en alguna parte a no estar en ningún sitio (trascendiendo cualquier pensamiento sobre la silla en la que meditas o las citas que te aguardan) y de habitar un tiempo lineal a estar en el no tiempo (sin recuerdos que te distraigan ni pensamientos sobre el mañana).

No digo que el móvil, el portátil, el coche o la cuenta bancaria sean malos en sí mismos, pero cuando estás demasiado apegado a esas cosas y captan tu atención hasta tal punto que no puedes dejar de pensar en ellas (a causa de las fuertes emociones que llevan asociadas), esas posesiones te poseen. Y en ese caso no puedes crear nada nuevo. El único modo de hacerlo es aprender a recuperar toda esa energía fragmentada para poder trascender las emociones de supervivencia a las que eres adicto y que atan tu energía a la realidad pasada-presente. Una vez que hayas retirado la atención de esas circunstancias externas, los lazos energéticos y emocionales que te unen a ellas se debilitarán y dispondrás por fin de la suficiente energía como para crear un nuevo futuro. Eso va a requerir que cobres consciencia de dónde has estado invirtiendo la atención inconscientemente e, igual que si intentáramos separar dos átomos, dedicar cierta energía a romper conscientemente esos lazos.

La gente me cuenta en los talleres una y otra vez que el disco duro de su ordenador se ha echado a perder, que les han robado el coche, que han perdido el trabajo y que no tienen dinero. Cuando me hablan de todas esas pérdidas, ¿sabes lo que les digo? «¡Fantástico! Ahora tienes un montón de energía disponible para diseñar un nuevo destino.» Por cierto, si haces bien este trabajo y consigues recuperar tu energía, es probable que te sientas incómodo al principio, incluso que cunda cierto grado de caos. Prepárate, porque algunos aspectos de tu vida se van a hacer añicos. Pero no te preocupes. Sucede así porque has roto los vínculos energéticos que te unían a la antigua realidad. Todo aquello que no vibre en la misma sintonía que tu futuro se desmoronará. Acéptalo. No intentes recomponer tu antigua vida, porque estarás demasiado ocupado con el nuevo destino que vas a crear.

He aquí un gran ejemplo. Un amigo mío que era vicedecano de una universidad acudió a una reunión de junta unas tres semanas después de empezar los ejercicios de meditación. Mi amigo era la piedra angular de esa universidad. Los alumnos y los profesores lo adoraban. Entró en la reunión, se sentó… y lo despidieron. Así que me llamó y me dijo:

—Eh, no sé si el proceso de meditación está funcionando. La junta acaba de despedirme. ¿No me dijiste que si hacía el trabajo me pasarían cosas fantásticas?

—Óyeme bien —le contesté—. No te aferres a esas emociones de supervivencia, porque regresarás al pasado. Tú sigue buscando el momento presente y creando desde ahí.

Al cabo de dos semanas se enamoró de una mujer con la que se casó poco después. También recibió una oferta para el cargo de vicedecano de una universidad mayor y mejor, que aceptó agradecido.

Un año más tarde volvió a llamarme y me dijo que la facultad que lo había despedido le pedía que volviera, ahora como decano. Así que nunca se sabe lo que nos depara el universo cuando la vieja realidad se desmorona y la nueva empieza a desplegarse. Lo único que te puedo asegurar es lo siguiente: lo desconocido nunca me ha fallado.

Cómo reclamar tu energía

Si vas a desconectar del mundo exterior, tendrás que aprender a modificar tus ondas cerebrales. Así que hablemos un poco de frecuencia de ondas cerebrales. La mayor parte del tiempo que pasas despierto y consciente las ondas de tu cerebro vibran en un espectro beta. Las ondas beta se dividen en frecuencias de espectro bajo, medio y alto. Las beta de frecuencia baja corresponden a los estados de relax, cuando no percibes amenazas del mundo exterior pero eres consciente de tu cuerpo en el espacio y el tiempo. Correspondería a tu actividad cerebral cuando lees, charlas tranquilamente con tu hija o escuchas una conferencia. Las de espectro medio corresponden a estados de mayor atención, como cuando conoces a un grupo de gente, te presentas por primera vez y tienes que recordar el nombre de todo el mundo. Estás más alerta, pero no te sientes estresado ni totalmente desequilibrado. Considera las ondas beta de espectro medio como un estrés positivo. Las beta de espectro alto aparecen cuando las hormonas del estrés atacan con fuerza. Corresponden a cualquiera de las emociones de supervivencia, incluidas ira, alarma, agitación, sufrimiento, pena, ansiedad, frustración e incluso depresión. La frecuencia de las ondas beta de espectro alto es tres veces más alta que las de espectro bajo y el doble que las de espectro medio.

Si bien tu cerebro pasa buena parte de la vigilia en frecuencia beta, también entra en estado alfa a lo largo del día. Sucede cuando estás relajado tranquilo o cuando te encuentras en modo creativo, e incluso intuitivo; cuando ya no piensas ni analizas sino que imaginas o ensueñas, como si estuvieras en trance. Si las ondas cerebrales beta indican que buena parte de tu atención está enfocada en el mundo exterior, las ondas alfa señalan que has desplazado el foco al mundo interior.

Las ondas cerebrales de frecuencia zeta aparecen en el duermevela, ese estado crepuscular en el que la mente sigue despierta pero el cuerpo ya ha desconectado. Esta frecuencia se relaciona también con los estados profundos de meditación. Las ondas delta suelen aparecer durante el sueño profundo y restaurador. Sin embargo, a lo largo de los últimos cuatro años, mi equipo de investigación y yo hemos registrado varios casos de ondas delta muy profundas durante la meditación. Los cuerpos de estos alumnos duermen profundamente y no están soñando, pero los escáneres muestran que sus cerebros procesan altas amplitudes de energía. La consecuencia de este estado, según los testimonios, es una profunda experiencia mística de unidad, durante la cual se sentían conectados con todos y con todo en el universo. Mira la figura 2.7 para comparar los distintos tipos de ondas.

Una frecuencia de onda de tipo gamma indica lo que yo denomino un estado de supraconsciencia. Esta energía de alta frecuencia se manifiesta cuando el cerebro se activa a consecuencia de un acontecimiento interno (uno de los ejemplos más claros serían los estados meditativos en los que tienes los ojos cerrados pero entras en el interior de ti mismo) en lugar de hacerlo por algo que ocurre fuera del cuerpo. Hablaremos más de las ondas gamma en los capítulos siguientes.

Uno de los mayores desafíos que afrontan las personas a la hora de meditar es el paso de un estado beta alto (e incluso medio) a otro alfa y zeta. Sin embargo, este paso es vital, por cuanto en las frecuencias más bajas el sujeto deja de prestar atención al mundo exterior y a las distracciones que atrapan su mente en situaciones de estrés. Y cuando cesa de analizar y urdir estrategias, con el fin de prepararse para el peor de los casos de un futuro basado en los peores recuerdos del pasado, disfruta de la oportunidad de estar presente, de existir únicamente en el ahora.

Comparación entre distintas ondas cerebrales.

¿No sería maravilloso, durante una meditación, cortar las asociaciones con todos los elementos del entorno exterior, trascender el cuerpo, los miedos y las obligaciones y olvidarte tanto del pasado conocido como del futuro previsible? Si lo haces bien, incluso perderás la noción del tiempo. Según vayas superando los pensamientos automáticos, las emociones y los hábitos adquiridos, sin duda lo lograrás: te proyectarás más allá de tu cuerpo, de tu entorno y del tiempo. Debilitarás los lazos energéticos que te atan a tu realidad actual y accederás al momento presente. Sólo allí es posible reclamar la propia energía.

Eso requiere cierto esfuerzo (aunque con la práctica se va volviendo más sencillo) porque vives inundado de hormonas del estrés la mayor parte del tiempo. Así que vamos a examinar lo que pasa cuando, en el transcurso de la meditación, no logras acceder al momento presente. De ese modo sabrás cómo afrontar el problema cuando suceda. Como comprenderás, dominar esta habilidad es importante porque, si no eres capaz de superar el estrés, los problemas y el dolor, no podrás crear un futuro libre de esas condiciones.

Pongamos que estás meditando y tu pensamiento empieza a divagar por su cuenta. Estás acostumbrado a ese tipo de pensamiento porque llevas años practicando y depositando la atención en las mismas personas y cosas ubicadas en los mismos lugares y tiempos. Y también hace mucho que abrigas automáticamente las mismas viejas emociones con el fin de reafirmar la misma personalidad que está vinculada a tu realidad personal de siempre. Es decir, llevas largo tiempo condicionando repetidamente tu cuerpo para que viva en el pasado. La única diferencia es que ahora, como te has propuesto meditar, tienes los ojos cerrados.

Y mientras estás ahí sin ver nada, tampoco ves a tu jefa físicamente. Pero tu cuerpo desea experimentar la rabia que te genera, porque cada vez que la miras en el mundo material —cincuenta veces diarias, cinco días a la semana— sientes ira o amargura. Igualmente, cuando recibes emails firmados por ella (lo que sucede diez veces al día) reaccionas inconscientemente del mismo modo, así que tu cuerpo se ha acostumbrado a emplearla para reafirmar tu adicción a la ira. Quiere sumirse en esas emociones de las que depende e, igual que un adicto ansía la droga, el cuerpo ansía esas sustancias químicas a las que está habituado. Quiere guardarle rencor a tu jefa porque no te ha ascendido o juzgar a ese colega que siempre te pide favores. Y entonces empiezas a pensar en otros colegas que también te irritan y en otras razones que te llevan a enfadarte con tu jefa. Estás ahí sentado, intentando meditar, pero el cuerpo te boicotea. Y sucede así porque te está suplicando su dosis de viejas emociones, las mismas que sueles sentir cuando vas por la vida con los ojos abiertos.

En el momento en que te das cuenta de lo que se despliega en tu mente —de que estás prestando atención a esas emociones— adquieres consciencia de que estás invirtiendo la energía en el pasado (porque las emociones son vestigios de otro tiempo), así que puedes parar el proceso, volver al momento presente y retirar la atención y la energía del pasado. Pero luego, al cabo de un rato, empiezas a sentirte frustrado, enfadado y resentido otra vez, y de nuevo te das cuenta de lo que está sucediendo. Entonces te recuerdas que tu cuerpo quiere sentir esas emociones para reafirmar su adicción a ciertos compuestos químicos y te dices que dichas emociones generan en tu cerebro ondas beta de alta frecuencia; y te detienes. Y cada vez que interrumpes la explosión emocional, te relajas y regresas al momento presente, le estás diciendo a tu cuerpo que él ya no es la mente; ahora la mente eres tú.

Pero entonces la mente empieza a divagar pensando en las reuniones que te aguardan ese día y en los recados que tienes que hacer y en las tareas pendientes. Te preguntas si tu jefa ya habrá respondido al email y te acuerdas de que todavía no le has devuelto la llamada a tu hermana. Y hoy pasa el camión de la basura, así que tendrás que acordarte de sacarla. Y de repente eres consciente de que te estás anticipando al mañana, de que estás invirtiendo tu atención y tu energía en la misma realidad de siempre. Así que te detienes, vuelves al momento presente y, una vez más, retiras la energía de ese futuro conocido y previsible para ceder espacio al imprevisto en tu vida.

Echa un vistazo a la figura 2.8. Muestra que, cuando accedes al delicado punto del momento presente generoso, tu energía (representada por flechas) ya no se desvía al pasado y al futuro como hacía en la figura 2.3. Ahora has retirado la energía del pasado conocido y del futuro previsible. Ya no activas y conectas los mismos circuitos del mismo modo, y tampoco regulas ni envías señales a los mismos genes a través de las emociones de siempre. Si repites muchas veces este proceso, empiezas a recuperar la energía porque rompes los vínculos energéticos que te unen a tu realidad pasada-presente. Sucede así porque retiras la atención y la energía del mundo exterior para depositarla en el mundo interior. Ahora dispones de la energía que necesitas para crear algo nuevo.

Lo más normal sería que tu atención se despistara otra vez. Según permaneces sentado en postura de meditación, tu cuerpo se enfada y se impacienta porque quiere ponerse en movimiento. Al fin y al cabo, lo has programado para llevar a cabo la misma rutina cada día en cuanto se levanta. Quiere dejar de meditar, abrir los ojos y ver a alguien. Quiere escuchar las noticias de la tele o charlar con alguien por teléfono. Prefiere desayunar a seguir allí sentado sin hacer nada. Le gustaría oler el café saliendo de la cafetera, como cada mañana. Y le encantaría sumirse en las sensaciones de una ducha caliente antes de empezar el día.

Según retiras la atención de tu realidad pasada-presente o de tu realidad futura previsible, recuperas la energía y fabricas tu propio campo electromagnético. Ahora dispones de energía suficiente para regenerar el cuerpo o para crear nuevas experiencias en tu vida.

El cuerpo desea experimentar la realidad física con los sentidos para tener acceso a alguna emoción, pero tu objetivo es crear una realidad en un mundo situado más allá de los sentidos, que no venga definido por el cuerpo y la mente sino por ti en cuanto que mente. Así pues, cada vez que cobres consciencia del programa, tendrás que devolver el cuerpo al momento presente. Él, por su parte, intentará retornar al pasado de siempre porque desea enzarzarse en un futuro predecible, pero tú lo traerás de vuelta. Cada vez que superas esos hábitos automáticos, tu voluntad vence al programa. Cada vez que vuelves al momento presente, igual que cuando enseñas a un perro a sentarse, estás creando en tu cuerpo las condiciones para una nueva mente. Cada vez que adquieres consciencia de tu programa y te abres paso hasta el ahora, estás declarando que tu voluntad es más poderosa que tu programa. Y si sigues devolviendo la atención (y, en consecuencia, la energía) al instante, si consigues ser consciente de cuándo estás presente y cuándo no, antes o después tu cuerpo tirará la toalla. Es el proceso de retornar al momento presente cada vez que empiezas a divagar lo que acaba por romper los vínculos energéticos que te unen a la realidad conocida. Y cuando regresas al ahora, lo que estás haciendo en realidad es trascender la identidad que te acompaña en este mundo físico y desplegarte en el campo cuántico (un concepto que explicaré con detalle en el siguiente capítulo).

La etapa más difícil de cualquier guerra es la última batalla. Eso significa que cuando tu cuerpo y tu mente estén rabiando, cuando te hagan creer que no puedes más y te pidan que renuncies y regreses al mundo de los sentidos, debes perseverar. Aférrate con decisión a lo desconocido… y antes o después empezarás a romper esa adicción emocional que te posee. Cuando dejas atrás el sentimiento de culpa, el sufrimiento, el miedo, la frustración, el resentimiento y la falta de amor propio, liberas tu cuerpo de las cadenas de los hábitos y las emociones que te anclaban al pasado; y, al hacerlo, desatas la energía para poder reclamarla. Cuando el cuerpo libera toda esa energía emocional que acumula, ya no actúa como si fuera la mente. Entonces descubres que justo al otro lado del miedo hay valor, que al otro lado de la falta hay plenitud y al otro lado de la duda hay conocimiento. Cuando accedes a lo desconocido y renuncias a la ira y al miedo, descubres amor y compasión. Es la misma energía, sólo que antes estaba atascada en el cuerpo y ahora está disponible para ti, que podrás usarla en diseñar un nuevo destino.

Así que cuando aprendes a trascenderte a ti mismo —o al recuerdo de ti mismo y de tu vida— rompes los vínculos que te atan a todas esas cosas, personas, lugares y momentos que te mantienen conectado con tu realidad pasada-presente. Y cuando por fin superas el miedo o la frustración y liberas la energía que estaba atrapada en el pasado, la atraes hacia ti. Y, según liberas esa enorme cantidad de energía creativa que permanecía anclada a las emociones de supervivencia —dentro de ti y a tu alrededor—, construyes un campo personal de energía en torno a tu cuerpo.

En nuestros talleres avanzados hemos registrado el efecto de recuperar la propia energía. Nuestros expertos emplean un aparato muy sensible llamado «máquina de visualización por descarga de gas» (GDV, del inglés gas discharge visualization). Esta máquina, que cuenta con un sensor especial denominado «antena Sputnik», desarrollado por el doctor Konstantin Korotkov, mide el campo electromagnético ambiental en las salas de conferencias con el fin de registrar los cambios de energía según avanza el taller. En el transcurso del primer día de nuestros talleres avanzados apreciamos en ocasiones una caída de los niveles de energía. Sucede porque, cuando empezamos a meditar y los alumnos rompen los vínculos energéticos con las personas y las circunstancias de su realidad cotidiana, absorben la energía. La extraen de un campo mayor para poder dedicarla a su propio destino, así que la energía general de la sala tiende a disminuir según los participantes empiezan a construir su campo individual en torno al cuerpo. Por otro lado, a medida que los miembros del grupo se trascienden a sí mismos a lo largo de ese primer día, generan por fin su propio campo de luz y, según su energía se expande con cada sesión, contribuyen a aumentar los niveles energéticos de la sala. A resultas de ello observamos por fin cómo aumenta la energía global. Para ver cómo se manifiesta este fenómeno, busca los gráficos 1A y 1B en el encarte en color.

Un modo de incrementar tus posibilidades de tener éxito en la meditación sería concederte tanto tiempo como para no sentir apremio en el transcurso de la experiencia. Cuando yo medito, por ejemplo, me concedo un par de horas. No siempre las consumo, pero me conozco lo bastante bien como para ser consciente de que, si dispusiese de una hora nada más, me pasaría el rato pensando que ese tiempo no va a ser suficiente. Si, en cambio, tengo dos horas por delante, puedo relajarme, con la tranquilidad de saber que dispongo de tiempo de sobra para acceder al momento presente. Algunos días encuentro la zona cero con rapidez, mientras que otros tengo que trabajar una hora entera hasta llevar mi cerebro y mi cuerpo al ahora.

Soy una persona muy ocupada. En ocasiones, cuando acabo de llegar a casa para disfrutar de tres días entre talleres y eventos, me despierto por la mañana y al momento empiezo a planear los temas que voy a tratar en las tres reuniones que me esperan ese día con distintos miembros del equipo. Luego me pongo a pensar en los emails que debería dejar escritos antes de acudir a esas reuniones. Y también tomo nota mental de las llamadas que tendré que hacer de camino al aeropuerto. Ya sabes a qué me refiero.

Cuando me encuentro en esta situación, pensando en las personas que voy a ver, en los lugares a los que debo acudir, en la rutina que me aguarda y, en suma, en mi realidad conocida, caigo en la cuenta de que estoy induciendo a mi cerebro y a mi cuerpo a creer que ese futuro ya ha sucedido. En el momento en que cobro consciencia de que me estoy fijando en un mañana predecible, dejo de anticiparme a los acontecimientos y me obligo a volver al momento presente con el fin de desencadenar y desprogramar esas redes neuronales. Tal vez me asalte alguna emoción, me impaciente o me frustre una pizca al pensar en algo que me pasó el día anterior. Y como las emociones son vestigios del pasado y mi energía acude allí donde deposito mi atención, me doy cuenta de que estoy invirtiendo mi energía en el pasado.

Es posible también que las hormonas del estrés sobreexciten mi cerebro y que mi cuerpo entre en un estado beta de alta frecuencia. En esos casos intento relajarme para regresar al momento presente otra vez. Y cuando lo hago ya no estoy activando y conectando los mismos circuitos cerebrales de siempre, sino rescatando mi energía del pasado para volver a disponer de ella.

Y si soy consciente de que estoy generando los mismos pensamientos conocidos, ligados a sentimientos antiguos, en el instante en que me separo de esos sentimientos dejo de condicionar a mi cuerpo para que viva en el pasado y de enviar señales a los mismos genes. En consecuencia, como las emociones son restos de experiencias en cierto entorno, y como es el entorno el que organiza la conducta de los genes, en el momento en que dejo de experimentar esas viejas emociones estoy activando y enviando señales a otros genes de manera distinta. Y eso no sólo afecta a la salud de mi organismo, sino que prepara mi cuerpo para un futuro distinto, que ya no imita el pasado. Así pues, al inhibir los sentimientos de siempre, cambio el programa genético de mi cuerpo. Y como las hormonas del estrés, con el tiempo, regulan a la baja la expresión de los genes saludables y provocan enfermedades, cada vez que me animo a mí mismo a abandonar las emociones que me provocan estrés, impido que mi organismo renueve su adicción a las emociones estresantes.

Si lo hago correctamente —superar los antiguos pensamientos y emociones de mi pasado y futuro—, entonces el mañana previsible (así como el pasado conocido que empleaba para afianzarlo) deja de existir en todos los planos: energético, neurológico, biológico, químico, hormonal y genético. Ya no estoy activando las mismas redes neuronales ni las conecto de nuevo (porque he dejado de albergar recuerdos de personas y cosas en unas circunstancias determinadas), sino que regreso al momento presente, rescatando mi energía al hacerlo. Echa un vistazo a la figura 2.9 y verás cómo el pasado conocido y el futuro previsible han dejado de existir.

Me encuentro en la zona cero del presente generoso y dispongo de energía para crear algo nuevo. He generado mi propio campo de energía alrededor de mi cuerpo. Cada vez que dedico tiempo —en ocasiones horas enteras— a salir de mí mismo para ir en busca de esa región que conocemos como el eterno ahora, y consigo acceder a ella, pienso lo mismo: Ha valido la pena.

Cuando te encuentras en la zona cero del momento presente generoso, tu pasado conocido y tu futuro previsible dejan de existir. Entonces puedes crear posibilidades inéditas en tu vida.

4. También conocido como la Regla de Hebb o Ley de Hebb; ver D. O. Hebb, The Organization of Behavior: a Neuropsychological Theory, Nueva York, John Wiley & Sons, 1949. [Edición en castellano: Organización de la conducta, Barcelona, Debate, 1985.]

5. L. Song, G. Schwartz y L. Russek, «Heart-Focused Attention and Heart-Brain Synchronization: Energetic and Physiological Mechanisms», Alternative Therapies in Health and Medicine, vol. 4, n.º 5, págs. 44-52, 54-60, 62, 1998; D. L. Childre, H. Martin y D. Beech, The HeartMath Solution: The Institute of HeartMath’s Revolutionary Program for Engaging the Power of the Heart’s Intelligence, San Francisco, HarperSanFrancisco, 1999, pág. 33.

6. A. Pascual-Leone, D. Nguyet, L. G. Cohen et al., «Modulation of Muscle Responses Evoked by Transcranial Magnetic Stimulation During the Acquisition of New Fine Motor Skills», Journal of Neurophysiology, vol. 74, n.º 3, págs. 1037-1045, 1995.

7. P. Cohen, «Mental Gymnastics Increase Bicep Strenght», New Scientist, vol. 172, n.º 2318, pág. 17, 2001, http://www.newscientist.com/article/dn1591-mental-gymnastics-increase-bicep-strenght.html#.Ui03PLzk_Vk.

8. W. X. Yao, V. K. Ranganathan, D. Allexandre et al., «Kinesthetic Imagery Training of Forceful Muscle Contractions Increases Brain Signal and Muscle Strength», Frontiers in Human Neuroscience, vol. 7, pág. 561, 2013.

9. B. C. Clark, N. Mahato, M. Nakazawa et al., «The Power of the Mind: The Cortex as a Critical Determinant of Muscle Strenght/Weakness» Journal of Neurophysiology, vol. 112, n.º 12, págs. 3219-3226, 2014.

10. D. Church, A. Yang, J. Fannin et al., «The Biological Dimensions of Transcendent States: A Randomized Controlled Trial», presentado en el Congreso Francés de Energía Psicológica, Lyon, Francia, 18 de marzo de 2017.

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