Sobrenatural
3 Cómo sintonizar con nuevas posibilidades en el cuanto
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3 Cómo sintonizar con nuevas posibilidades en el cuanto
Desplazarse más allá del cuerpo, del entorno y del tiempo no es fácil…, pero vale la pena, porque una vez que desconectamos de la realidad tridimensional entramos en un plano totalmente distinto llamado cuanto, el ámbito de la posibilidad infinita. Describir esta realidad resulta un tanto complicado, porque es distinta a todo lo que conocemos en el universo físico. Las reglas de la física newtoniana, esto es, los mecanismos del mundo tal como lo concebimos, sencillamente, no sirven.
El campo cuántico (o unificado) es un campo invisible de energía e información —también podríamos decir «de inteligencia y consciencia»— que existe más allá del espacio y el tiempo. Allí no cabe nada físico ni material. Es ajeno a cualquier cosa que puedas percibir con los sentidos. Este campo unificado de energía e información gobierna las leyes de la naturaleza. Los científicos han tratado de cuantificar este proceso para que podamos entenderlo mejor, y no dejan de descubrir más y más al respecto.
Basándome en mis conocimientos y mi experiencia, creo que existe una inteligencia consciente hecha de energía, y que esta mente observa las galaxias y los universos. En ocasiones la gente aduce que mi idea carece de fundamento científico. Yo siempre respondo con la misma pregunta: ¿qué pasa después de una explosión? ¿Hay orden o desorden? La gente contesta en todos los casos que una explosión provoca desorden. Y yo sigo preguntando: ¿y por qué el Big Bang, la mayor explosión que se ha producido jamás, ha generado un orden semejante? Alguna inteligencia debe de estar dando forma a la energía y a la materia y unificando las fuerzas de la naturaleza para crear una obra de arte como ésta. Esa inteligencia, esa energía, es el cuanto o campo unificado.
Para intuir cómo funciona ese campo, imagina que retirásemos todas las personas y cuerpos de la Tierra, todos los animales, las plantas y los objetos físicos —tanto naturales como artificiales—, además de los continentes, los océanos y la Tierra misma. Imagina que luego eliminases los planetas, las lunas y las estrellas de nuestro sistema solar, incluido el Sol. E imagina que desaparecieran todos los sistemas solares de nuestra galaxia y, a continuación, todas las galaxias del universo. No hay aire, ni siquiera luz visible a los ojos. Tan sólo una negrura absoluta, vacío, el punto cero. Es importante que recuerdes esto, porque cuando seas una consciencia que se despliega en el momento presente del campo unificado estarás en una negrura infinita exenta de cualquier entidad física.
Ahora imagina que, además de no ver nada, careces de la capacidad de oír, sentir, oler o saborear, por cuanto accedes a esta región sin llevar contigo el cuerpo físico. Estás privado de tus sentidos. En el cuanto únicamente puedes existir siendo consciencia. O, mejor dicho, tan sólo puedes experimentar este ámbito con la consciencia, no con los sentidos. Y como la consciencia es presencia, y la presencia implica prestar atención y advertir, una vez que dejas atrás el mundo de los sentidos y prestas atención a la energía del campo cuántico, tu consciencia conecta con niveles más elevados de frecuencia e información.
Por extraño que parezca, el campo cuántico no está vacío. Es una región infinita rebosante de frecuencia y energía. Y toda frecuencia transporta información. Así pues, considera el campo cuántico una región de energía infinita que vibra en un plano distinto al mundo físico de la materia y los sentidos: invisibles ondas de energía que podemos emplear para crear. ¿Y qué podríamos crear, exactamente, con toda esa energía que flota en un mar de potencial ilimitado? Eso depende de cada cual porque, a grandes rasgos, el campo cuántico es un estado en el que existen todas las posibilidades. Y, como acabo de señalar, cuando estamos en el universo cuántico existimos tan sólo como presencia o consciencia: específicamente, una consciencia que observa o presta atención a una región de infinitas posibilidades contenidas en una consciencia todavía mayor y que vibran a un nivel de energía superior.
En este espacio vasto e infinito de consciencia no hay cuerpos, no hay personas ni materia, ni lugares ni tiempo. En vez de eso, un sinnúmero de posibilidades existen en forma de energía. Así que, en el instante en que piensas en circunstancias conocidas de tu vida regresas a esta realidad tridimensional de espacio y tiempo. Pero, si eres capaz de permanecer en la negrura de lo desconocido, podrás atraer imprevistos a tu vida. En el capítulo anterior, cuando te enseñaba cómo retornar al momento presente, me refería a que dejes de pensar en un mañana previsible o de recordar el ayer y, sencillamente, despliegues la consciencia en este espacio vasto y eterno; que dejes de enfocar la atención en nada ni nadie de esta realidad tridimensional, ni en tu cuerpo ni en las personas que conoces, tus posesiones, los lugares que frecuentas o el mismo tiempo. Si lo haces correctamente, no serás nada salvo presencia. Ése es el camino que te llevará hasta allí.
Ahora retrocedamos un poco para saber cómo descubrieron los científicos el universo cuántico, lo que sucedió cuando empezaron a estudiar el mundo subatómico. Se dieron cuenta de que los átomos, las piezas que conforman el universo físico, están formados por un núcleo rodeado de un gran campo electromagnético que contiene uno o más electrones. Este campo es tan grande en comparación con los minúsculos electrones que parece estar vacío en un 99,999999999999 por ciento. Sin embargo, como acabas de leer, todo ese espacio no está vacío en realidad, sino ocupado por un enorme despliegue de frecuencias energéticas que conforman un campo de información invisible e interconectada. Así pues, pese a su apariencia sólida, el universo tal como lo conocemos es en realidad energía e información en un 99,999999999999.11 De hecho, la mayor parte del universo está constituido la por este espacio «vacío»; la materia es un componente infinitesimal en comparación con la inmensidad de la nada física.
Los investigadores pronto descubrieron que los electrones, esas partículas que se mueven en el vasto campo que rodea el núcleo, se comportan de un modo del todo impredecible; no parecen obedecer a las mismas leyes que rigen la materia en nuestro universo. Ahora están aquí y, al instante, aparecen allá. Por si fuera poco, es imposible predecir dónde y cuándo aparecerán. Sucede así porque, como finalmente descubrieron los investigadores, los electrones existen de manera simultánea en un escenario infinito de posibilidades o probabilidades. Sólo cuando el observador presta atención y busca una «presencia» material, ese campo de energía invisible se plasma en una partícula que conocemos como electrón. Se trata de lo que ha dado en denominarse colapso de la función de onda o evento cuántico. Sin embargo, tan pronto como el observador desvía la atención, deja de observar el electrón y retira el pensamiento de la materia subatómica, éste muda en energía otra vez. Dicho de otro modo, la partícula de materia física (el electrón) no existe a menos que lo observemos; que le prestemos atención. Y, en el instante en que dejamos de mirarlo, muda en energía otra vez (concretamente, en una frecuencia energética, esa que los científicos denominan «onda») y se transforma en posibilidad. En ese sentido, mente y materia están íntimamente ligadas en el cuanto. (Por cierto, igual que nosotros, como consciencias subjetivas, materializamos el electrón cuando lo observamos, existe una consciencia universal objetiva que nos observa a nosotros y nuestra realidad tridimensional para darle orden y forma.)
En lo que a ti concierne, todo ello implica lo siguiente: si contemplas tu vida día tras día desde el mismo nivel mental, previendo el futuro a partir del pasado, estás plasmando infinitos campos de energía en patrones de información, siempre los mismos, que conoces como tu vida. Por ejemplo, si te despiertas y piensas: ¿Siento dolor?, ese dolor que siempre te acompaña pronto se manifestará, porque así lo esperabas.
Imagina lo que pasaría si fueras capaz de dejar de prestar atención al mundo físico y al entorno. Como decíamos en el capítulo anterior, cuando desvías la atención de tu cuerpo te conviertes en un ser sin materia y ya no tienes acceso a los sentidos (ni manera de usarlos). Cuando desvías la atención de las personas que conoces te conviertes en nadie, así que dejas de poseer una identidad en tanto que padre, pareja, hermano, amigo. Ya no tienes profesión, ni religión, ni tendencias políticas, ni nacionalidad. Careces de raza, género, orientación sexual o edad. Cuando retiras la atención de los objetos y los lugares que pertenecen al plano físico, devienes nada en ninguna parte. Y, por fin, si retiras la atención del tiempo lineal (definido por un pasado y un futuro), sales del tiempo; es decir, habitas el momento presente, donde existen todas las posibilidades del campo cuántico. Como ya no te identificas ni estás conectado con el mundo físico, ya no intentas influir en la materia a través de la materia; trasciendes el mundo físico y tu propia identificación como cuerpo ubicado en el espacio y en el tiempo. En un sentido muy real, te encuentras en la oscura inmensidad del campo unificado, donde nada material tiene cabida. Ése es el efecto más inmediato de meditar con asiduidad para acceder al momento presente que describía en el capítulo anterior.
En cuanto eso sucede, despliegas tu atención y tu energía en un campo desconocido que se extiende más allá de la materia, el mismo que alberga todas las posibilidades; un campo constituido tan sólo por frecuencias invisibles que transportan información o consciencia. E igual que los científicos cuánticos descubrían que el electrón mudaba en energía y posibilidad en el instante en que desviaban la atención de él, si desvías la atención de tu vida o superas los recuerdos, tu existencia mudará en posibilidad. Resumiendo, si te concentras en lo que ya conoces, obtendrás más de lo mismo. En cambio, si te fijas en lo desconocido, creas posibilidad. Cuanto más te detengas en el campo de infinitas posibilidades en tanto que consciencia —consciente de estar presente en esa oscuridad sin fin— sin prestar atención a tu cuerpo, a los objetos, a las personas, a los lugares y al tiempo, más energía invertirás en lo imprevisible y más posibilidades tendrás de crear nuevas experiencias en tu vida. Es una ley.
Cambios cerebrales
Cuando cruzas el umbral del campo cuántico no puedes llevar tu cuerpo contigo. Debes entrar como un ser inmaterial, pura presencia o consciencia, una idea o posibilidad que deja atrás el plano físico y vive tan sólo en el momento presente. Como decía en el capítulo anterior, el proceso requiere que superes tu adicción química (cuando menos, de manera temporal) a las emociones que suelen guiar tus pensamientos y transformes tus sentimientos. Sólo así podrás dejar de prestar atención al mundo tridimensional de la materia (la partícula) para colocarla en la energía o posibilidad (la onda). Teniendo en cuenta todo eso, no te sorprenderá saber que ese tipo de experiencias generan cambios altamente significativos en el cerebro.
En primer lugar, puesto que te percibes a ti mismo más allá del mundo físico y, en consecuencia, no puedes prever un peligro exterior, el cerebro pensante —la neocorteza, sede de la mente consciente— ralentiza su actividad y trabaja de forma más holística. Antes hemos explicado que vivir en estado de estrés genera un patrón muy desordenado e incoherente de ondas cerebrales (lo que a su vez impide que el organismo funcione con eficacia) porque, en esa situación, intentamos controlar y predecir lo que nos pueda salir al paso. Nos concentramos en exceso y desplazamos la atención de una persona a una cosa y a un lugar en un momento determinado, activando así las diversas redes neurológicas asignadas a cada uno de estos elementos conocidos.
Una vez que accedemos al momento presente y cobramos consciencia de la existencia de este campo de información infinito, en el que nada físico existe —este vacío eterno—, y una vez que dejamos de analizar o de pensar en algo, en alguien, en algún lugar o en cierto tiempo, cesamos también de activar los distintos compartimentos de redes neuronales. Y según nuestra consciencia se desplaza de un aspecto concreto (llámese objeto, persona, lugar, cuerpo, tiempo) del entorno y amplía el foco de atención, ahora prestando atención a la nada, al espacio, la energía y la información según cobra consciencia de la inmensidad del vacío infinito, el cerebro empieza a cambiar. Los distintos compartimentos que antes estaban subdivididos empiezan a unirse y a entrar en un estado mental integrado y coherente. Las distintas comunidades neuronales se despliegan para formar comunidades más grandes. Se sincronizan, se organizan y se integran. Y, en el cerebro, sincronización implica conexión. Una vez que el cerebro adquiere coherencia, tú te tornas coherente. Cuando se ordena, tú te ordenas; cuando funciona bien, tú funcionas bien. En suma, cuando trabaja de manera más holística, tú te sientes más integrado. Dicho de otro modo, cuando empiezas a conectarte con el campo unificado desde la consciencia (cuando cobras más consciencia de la existencia de este campo porque le prestas atención), tu biología se torna a su vez más integrada y unificada, porque el campo cuántico es, por definición, energía unificadora.
Para poder apreciar más claramente la diferencia entre coherencia e incoherencia, echa un vistazo al gráfico 2 del encarte en color, así como a la figura 3.1. Como verás, cuando las ondas cerebrales son coherentes, están en fase con las demás; tanto los picos (los puntos más altos) como las depresiones (los puntos más bajos) concuerdan. Como las ondas cerebrales coherentes son más ordenadas, también son más poderosas; podríamos decir que hablan el mismo lenguaje, siguen el mismo ritmo, bailan al mismo compás y comparten la misma frecuencia, así que se comunican con más facilidad. Están en la misma onda, literalmente. Cuando las ondas cerebrales son incoherentes, por otro lado, los mensajes o señales electroquímicos que envían a distintas zonas del cerebro y del cuerpo son confusos y erráticos, por lo que el organismo no puede operar de manera equilibrada y óptima.
El segundo cambio que experimenta nuestro cerebro cuando entramos en el cuanto se refiere a la frecuencia de ondas cerebrales, que pasan de beta a alfa y zeta coherentes. Este cambio es importante porque, cuando las ondas cerebrales vibran en una frecuencia más lenta, la consciencia se desplaza de la neocorteza, sede del pensamiento racional, al cerebro medio (el sistema límbico) y conecta con el sistema nervioso autónomo, que es el sistema operativo inconsciente del cuerpo (ver figura 3.2). Este último es la parte del sistema nervioso que se encarga de la digestión, la secreción de hormonas, la regulación de la temperatura corporal, el control del azúcar en sangre, el latido del corazón, la fabricación de anticuerpos contra las infecciones, la reparación de células dañadas y muchas otras funciones del organismo sobre las que, según los científicos, no poseemos control consciente. Básicamente, el sistema nervioso autónomo se encarga de mantenerte con vida. Su tarea principal consiste en mantener el orden y la homeostasis, lo que equilibra el cerebro y, en definitiva, el cuerpo. Cuanto más nos demoremos en el momento presente como consciencias sin cuerpo, sin identidad, sin materia, fuera del espacio y el tiempo, más integrado y coherente se torna nuestro cerebro. Es entonces cuando el sistema nervioso autónomo interviene y empieza a sanar el organismo; porque nuestra consciencia se funde con su consciencia.

Cuando retiramos la atención del mundo material y empezamos a abrir el foco al ámbito de lo desconocido, entrando así en el momento presente, el cerebro funciona de manera coherente. Cuando tu cerebro funciona con coherencia, trabaja de manera más holística y tú te sientes más integrado.
En los momentos en que el cerebro se sobreexcita a causa de las hormonas del estrés, tendemos a cerrar el foco y a prestar atención a las personas, los objetos, las cosas y los lugares de nuestro mundo exterior conocido. En esa situación, el cerebro funciona de manera incoherente. Cuando el cerebro se desequilibra, te sientes más fragmentado y descentrado; vives sumido en la dualidad y en la separación.

Según disminuye la frecuencia de tus ondas cerebrales y retiras la atención de tu cuerpo, el entorno y el tiempo, la consciencia abandona la neocorteza para dirigirse hacia el sistema límbico, que es la sede de tu sistema nervioso autónomo (representado por las flechas oscuras que señalan al centro del cerebro).
Al mismo tiempo, según estos dos sistemas se entrecruzan, el sistema nervioso autónomo —cuya función es promover el equilibrio— interviene y crea coherencia en la neocorteza, la sede de la mente pensante (representado por las flechas claras que señalan a la zona exterior del cerebro).
En otras palabras, cuando habitas el momento presente, abandonas tu cotidianidad. Según devienes pura consciencia, pura presencia, y transformas tus ondas cerebrales de beta a alfa e incluso a zeta, el sistema nervioso autónomo —que posee mucha más capacidad para devolver la salud a tu cuerpo que la mente consciente— interviene y disfruta por fin de las condiciones para hacer limpieza. Este proceso crea coherencia cerebral. Si miras los gráficos 3A-3C del encarte en color, verás tres escáneres cerebrales distintos. El gráfico 3A muestra el escáner normal de unas ondas beta, las que aparecen en procesos habituales de pensamiento. El gráfico 3B corresponde a un alumno con el foco de atención abierto. Muestra ondas cerebrales alfa sincronizadas en coherencia. El gráfico C representa un estado de sincronía coherente zeta, más profundo.
Si, cuando te encuentras en ese estado, dejas de ahondar en lo conocido —tu vida tal como la conoces— para invertir energía en lo desconocido (igual que invertirías dinero en una cuenta bancaria), estás cediendo la entrada a posibilidades insólitas y desconocidas en tu vida. Igual que el electrón material se expande hasta tornarse energía inmaterial en el campo cuántico tan pronto como los científicos dejan de observarlo, si tú dejas de observar tu dolor, tu rutina y tus problemas, éstos se transforman en energía; en un número infinito de posibilidades, en puro potencial. Sólo cuando estás verdaderamente presente en esta poderosa región situada más allá de este espacio-tiempo (el lugar del que proceden todas las cosas) empiezas a experimentar verdaderos cambios.
En el transcurso de un taller avanzado de cuatro días de duración en Tacoma, Washington, celebrado en 2016, llevamos a cabo un experimento para demostrar cómo funciona el proceso. Registramos las ondas cerebrales de 117 participantes en el taller mediante el uso de electroencefalogramas.12 Los EEG se efectuaron antes y después del taller. Pretendíamos detectar cambios en dos parámetros distintos de la actividad cerebral. El primer parámetro era el tiempo que tardaban los sujetos en alcanzar un estado meditativo, definido por la capacidad de generar ondas alfa durante un mínimo de quince segundos. Descubrimos que los participantes tardaban un 18 por ciento menos en entrar en estado meditativo al final del taller de cuatro días.
El segundo parámetro que nos interesaba era el índice entre las ondas delta (asociadas con el acceso a niveles más profundos de la mente subconsciente) y las ondas beta altas (normalmente asociadas con altos niveles de estrés). Las personas ansiosas suelen mostrar niveles acusados de ondas beta altas y niveles más bajos de ondas delta. Queríamos comprobar si la meditación —en particular la capacidad de acceder a la región cuántica y convertirse en conciencia sin cuerpo, sin identidad, sin materia, fuera del espacio y el tiempo— mejoraba esos valores, y de hecho así fue. Los participantes mostraron niveles más reducidos de ondas beta altas (indicativos de un menor estrés) en un 124 por ciento e incrementaron sus niveles de ondas delta (indicativos de un mayor sentimiento de unidad durante la meditación) en un 149 por ciento. La cantidad de ondas beta altas disminuyó en favor de las ondas cerebrales delta en un 62 por ciento; y todo eso sucedió en el transcurso de tan sólo cuatro días. Mira la figura 3.3 para ver los resultados. Advertirás que algunos de los cambios que registramos superaban el cien por cien, lo que indica que los participantes experimentaron mejoras singularmente significativas con relativa rapidez. A eso lo llamo yo un cambio sobrenatural.

El cuadro indica cambios de actividad de las ondas cerebrales según los registramos en el taller avanzado de Tacoma, Washington, en enero de 2016.
Transforma tu energía: el efecto de combinar una intención definida con emociones elevadas
Una vez que has accedido a la zona cero del presente generoso, donde existen todas las posibilidades del campo cuántico, ¿cómo plasmar una o más de esas realidades en potencia en el mundo tridimensional de la materia? El paso requiere dos elementos: una intención definida y una emoción elevada. La intención definida es exactamente eso: debes tener muy claro lo que quieres generar, ser lo más específico posible y describirlo al detalle. Pongamos que te gustaría irte de vacaciones. ¿A dónde quieres ir? ¿Cómo te propones llegar allí? ¿Quién te gustaría que te acompañara o con quién te gustaría reunirte, una vez en tu destino? ¿Qué tipo de alojamiento deseas? ¿Qué quieres ver o hacer? ¿Qué te apetece comer? ¿Y beber? ¿Qué tipo de ropa te vas a llevar? ¿Qué comprarás? Ya has captado la idea. Incluye todo lujo de detalles; cuanto más real sea la imagen, mejor, porque vas a asignar una letra como símbolo de posibilidad a todas esas circunstancias. Como te decía en el capítulo anterior, esos pensamientos, que conforman tu intención, son la energía eléctrica que envías al campo unificado.
Ahora debes combinar esa intención con una emoción elevada: amor, gratitud, inspiración, alegría, ilusión, asombro, fascinación, por citar únicamente algunos ejemplos. Tienes que sintonizar con el sentimiento que esperas experimentar cuando tu deseo se materialice y sentir la emoción antes de vivir la experiencia. La emoción superior (que acarrea una energía más poderosa) es la carga magnética que envías al campo. Y como acabas de leer, cuando combinas la carga eléctrica (tu intención) con la carga magnética (la emoción superior), creas una impronta electromagnética equivalente al estado de tu ser.
También podríamos describir esas emociones elevadas como emociones sentidas. Por lo general, cuando nos embargan emociones como las que acabo de mencionar tenemos la sensación de que se nos agranda el corazón. Sucede así porque la energía se desplaza a esa zona y, a resultas de ese movimiento, notamos físicamente esos maravillosos sentimientos que llevan implícita la intención de dar, cuidar, nutrir, confiar, crear, conectar, saberse seguro, servir y agradecer. A diferencia de las emociones del estrés (comentadas en el capítulo anterior), que reducen el campo invisible de energía e información que rodea tu anatomía, las emociones sentidas agrandan el campo energético del cuerpo. De hecho, la energía que se crea cuando abrimos el corazón aporta al órgano orden y coherencia, igual que le sucede al cerebro, así que genera un campo de energía mensurable.13 A través de este gesto nos conectamos con el campo unificado. Y cuando sumamos una intención (la carga eléctrica) a esa energía (la carga magnética), creamos un nuevo campo electromagnético. Como la energía es frecuencia y toda frecuencia acarrea información, esa energía elevada transportará tu pensamiento e intención.
Recuerda: las posibilidades del campo cuántico existen únicamente como frecuencias electromagnéticas (frecuencias que transportan información) y todavía no las puedes percibir con los sentidos como si fueran materia. Es lógico, pues, que esa nueva señal que emites atraiga frecuencias electromagnéticas al campo vibratoriamente equivalentes. Dicho de otro modo, cuando tu energía vibra en armonía con la posibilidad existente en el campo unificado, empiezas a atraer esa nueva experiencia. Dará contigo, por cuanto tú te conviertes en el vórtice de tu porvenir. Por tanto, en ese sentido, no tienes que hacer esfuerzos por atraer lo que pretendes materializar y no hace falta que vayas a ninguna parte para conseguirlo (eso sería cambiar materia por materia).
Debes convertirte en pura consciencia (un no-cuerpo, sin identidad, sin materia, en ninguna parte y fuera del tiempo) y transformar tu energía (la señal electromagnética que emites). Entonces atraerás la experiencia hacia ti (sustituyendo energía por materia). Literalmente, sintonizarás con la energía de un flamante futuro y, cuando lo hagas, el observador (el campo unificado) que te observa observando un nuevo destino apoyará tu creación. Echa un vistazo a la figura 3.4.
Antes de seguir avanzando, me gustaría retroceder para insistir en la importancia de las emociones elevadas para el buen resultado de esta ecuación. Al fin y al cabo, cuando decides atraer un futuro del campo cuántico, si lo haces desde una identidad de víctima o persona que sufre, se siente incompleta o es infeliz, tu energía no será congruente con lo que pretendes crear y no podrás reclamar ese nuevo destino. Eso es el ayer. Si defines al máximo tu intención, tu mente estará en el futuro, imaginando lo que desea. En cambio, si te sumerges en las emociones que te limitan, tu cuerpo se creerá aún inmerso en las mismas experiencias limitadoras del pasado.
Tal como comentábamos en el capítulo anterior, la emoción es energía en movimiento, y las emociones elevadas vibran en una frecuencia más alta que las emociones de supervivencia. Así pues, si quieres generar cambios, debes hacerlo desde un nivel de energía más elevado que la culpa, el dolor, el miedo, la ira, la vergüenza o la falta de autoestima. De hecho, una energía vibratoriamente inferior no puede atraer tu sueño. Tan sólo atraerá un nivel de consciencia equivalente a esas emociones que te limitan. De ahí que, si pretendes conseguir algo ilimitado, debas sentir que no hay límites. Si quieres crear libertad, tendrás que sentirte libre. Si de verdad pretendes regenerar tu cuerpo, tendrás que elevar tu energía hacia la plenitud. Cuanto más elevada sea la emoción que experimentas, más pura será la energía que emitirás y más influencia podrás ejercer en el mundo material. Y cuanto más pura sea tu energía, menos tiempo tardará tu deseo en manifestarse en tu vida.

Una vez que accedemos al momento presente, se abren ante nosotros infinitas posibilidades que existen en el campo cuántico como frecuencias electromagnéticas. Cuando combinas una intención definida con una emoción elevada, emites una impronta electromagnética totalmente distinta al campo. Cuando tu energía vibre en armonía con la energía de esa posibilidad, cuanto más tiempo seas consciente de esa energía, con más fuerza atraerás esa experiencia.
Cada letra representa una nueva posibilidad: R se refiere a una relación. T es un nuevo trabajo. P representa un problema resuelto. M, una experiencia mística. G es una mente genial. S se refiere a salud. A es abundancia. O, una nueva oportunidad.
Este proceso requiere que te relajes y permitas que una mente mayor que la tuya —la consciencia del campo unificado— organice un acontecimiento que sea adecuado para ti. Básicamente, tienes que retirarte a un lado. Las experiencias imprevistas parecen surgir de la nada porque se crean en la nada. Y pueden manifestarse de la noche a la mañana, por cuanto proceden de un ámbito que desconoce el tiempo lineal; me refiero, por supuesto, al campo cuántico, donde el tiempo no existe.
Un investigador francés llamado René Peoc’h demostró el poder de la intención con unos polluelos recién nacidos.14 Cuando los pollitos rompen el cascarón, están programados por el fenómeno de la impronta para reconocer a su madre, a la que siguen a todas partes. Pero, si la madre no está presente en el momento del nacimiento, se vinculan al primer objeto que ven en movimiento. Por ejemplo, si un polluelo ve a un ser humano, lo seguirá a todas partes como si fuera su madre.
Para este experimento, Peoc’h construyó un tipo especial de generador digital aleatorio: un robot que giraría aleatoriamente hacia un lado u otro según avanzaba. El cincuenta por ciento de las veces tomaría el camino de la derecha, y el otro cincuenta, el de la izquierda. Como prueba de control, grabó los movimientos del robot sin que hubiera polluelos presentes. Descubrió que, con el tiempo, el robot acababa recorriendo las distintas zonas del terreno el mismo número de veces. A continuación, Peoc’h expuso a unos polluelos recién nacidos al robot. Tal como esperaba, el robot dejó su impronta en los pollitos como si fuera su madre, y éstos lo siguieron por todo el terreno. Cuando los animales se vincularon con el robot, el científico los encerró en una jaula con un lado descubierto, para que pudieran ver al robot pero no encaminarse hacia él.
Lo sucedido a continuación fue increíble: el deseo de los polluelos de estar cerca de la que creían su madre (en este caso, el robot) influyó en los movimientos al azar de la máquina. Ya no se desplazaba por todo el corral, sino que permanecía en la zona del terreno que se encontraba más cerca de los polluelos. (Ver figura 3.5.) Si la intención de un polluelo es capaz de influir en los movimientos de un robot, imagina lo que puedes conseguir tú si decides atraer un nuevo futuro.
En el punto cero del campo unificado no sólo cobras consciencia de lo que ya existe, sino que puedes materializarlo a través de la atención y la intención. Allí, puedes ser un genio. Puedes nadar en la abundancia. Puedes disfrutar de buena salud. Puedes ser rico. Puedes protagonizar una experiencia mística. Puedes crear un trabajo maravilloso. Puedes resolver los problemas que te agobian.

Ilustración de los resultados del experimento con polluelos de René Peoc’h. La caja marcada con una A representa el movimiento del generador de acontecimientos al azar cuando la jaula está vacía. La caja marcada con una B muestra los movimientos del mismo aparato cuando los polluelos se encuentran en la jaula situada a un lado del corral. Si la intención de los polluelos pudo influir en el generador de cambios al azar hasta el punto de mostrar una clara tendencia a avanzar hacia ellos, imagina tu capacidad para atraer un futuro novedoso hacia ti.
Recuerda: todas esas posibilidades existen en forma de potencial electromagnético en el campo cuántico; no las vas a experimentar con los sentidos porque aún no han llegado a este espacio-tiempo. Únicamente existen como frecuencia o energía que transporta información. Para que la posibilidad se manifieste en este mundo tridimensional, debes sintonizar con ella y observarla. Y para hacerlo correctamente, tendrás que conectar con esa información y energía a través de tu propia energía e intención.
He aquí otra forma de contemplarlo: si estás integrado en la consciencia y la energía de todos los cuerpos, las identidades, las materias, los lugares y los tiempos de un inmenso campo unificado de posibilidades, observar una realidad en potencia en el cuanto es igual que cobrar consciencia de tu propia mano en el mundo físico; la conexión ya existe. Sintonizar con la energía del futuro y observar intencionalmente esa posibilidad en el cuanto fomenta que infinitos campos de energía colapsen en partículas (lo que conocemos como un acontecimiento cuántico), y este acontecimiento deviene una experiencia con capacidad para manifestarse en tu mundo físico y tridimensional.
Así pues, cuando dejas de meditar, de vuelta en este mundo tridimensional hecho de materia, como has experimentado la emoción elevada de antemano, retornarás a tu vida terrena sintiéndote igual que si tu deseo ya se hubiera manifestado o tu plegaria hubiera sido atendida. Te sientes conectado a niveles profundos con tu nuevo porvenir, seguro de que sucederá de un modo que no eres capaz de predecir (porque si pudieras predecirlo se convertiría en un suceso ya conocido y, por tanto, perteneciente al pasado). De hecho, te levantas como un nuevo ser; uno que se siente más energía que materia.
Pese a todo, debes seguir presente, porque en el momento en que bajas la guardia y empiezas a estresarte por lo que pueda pasar o cómo sucederá vuelves a tu antiguo ser: el mismo que intenta predecir el mañana a partir del ayer. Y entonces experimentas de nuevo las mismas emociones de siempre (con la misma energía inferior) que suscita los mismos pensamientos, un gesto que te atrapa una vez más en el mundo de lo conocido. Podríamos decir que desconectas de la energía de tu futuro en el instante en que te embarga la energía vinculada a las emociones del pasado.
Si, por el contrario, logras sintonizar con el potencial que has escogido una y otra vez y acabas por familiarizarte con él, serás capaz de conectar con esa posibilidad no sólo a través de la meditación, sino también cuando hagas cola en el banco. Conservarás la conexión cuando estés en mitad de un atasco. Podrás hacerlo cuando te estés afeitando, cuando estés cocinando o dando un paseo. Lo harás una y otra vez con los ojos abiertos, igual que haces cuando los cierras para meditar. Recuerda: cada vez que sintonizas con la energía de tu futuro en el momento presente, estás atrayendo ese mañana.
Y si lo haces correctamente y con la frecuencia suficiente, tu biología mudará de una realidad vinculada al pasado-presente a otra vinculada al presente-futuro. Es decir, transformarás neurológicamente tu cerebro que pasará de ser un registro del pasado a ser un mapa del porvenir. Al mismo tiempo, según muestras a tu cuerpo en el presente cómo se sentirá emocionalmente en el futuro, lo estás reprogramando para que experimente esa nueva emoción. De ese modo, enviarás señales a otros genes de manera distinta y tu cuerpo se transformará de acuerdo con ese futuro que has escogido con una intención definida como si el mañana ya hubiera tenido lugar. Biológicamente, ya estarás en el futuro.
Jace entra en el cuanto
Cuando mi hijo mayor, Jace, terminó sus estudios universitarios, entró a trabajar en una gran empresa de Santa Bárbara que fabricaba sofisticadas cámaras para el Ejército. A la finalización del contrato, se mudó a San Diego para colaborar en un proyecto incipiente. Al cabo de un tiempo, se dio cuenta de que la gestión de empresa no era lo suyo y decidió dejar el proyecto y viajar. Es un surfista consumado, así que ideó un plan que implicaba recorrer Indonesia, Australia y Nueva Zelanda durante siete meses. Hizo el equipaje, echó mano de sus tablas de surf y se marchó, y lo pasó en grande. Al cabo de seis meses, me llamó desde Nueva Zelanda y me dijo:
—Oye, papá, tengo que empezar a pensar qué haré cuando vuelva al mundo real. Quiero conseguir un trabajo mejor que los anteriores, pero me gustaría hacerlo de otra forma. He aprendido mucho en estos meses sabáticos.
—Muy bien —le respondí—. Sin duda existe alguna posibilidad en el campo cuántico relacionada con un nuevo trabajo para ti. Seguro que puedes conectar con ella. Coge un papel, escribe la letra T y garabatea dos líneas alrededor para representar el campo electromagnético.
(Espera un momento, porque te propondré que hagas algo parecido en la meditación que cierra este capítulo.) Cuando hubo terminado, le dije:
—La T simboliza una posibilidad; tu determinación de encontrar un trabajo que te guste. Pero ahora tenemos que definir con exactitud el tipo de trabajo que te gustaría desempeñar, así que vamos a hacer una lista de los aspectos que te parecen importantes. Quiero que pienses en lo que significa para ti esa T de nuevo trabajo. Debajo de la T, escribe la palabra intención y haz una lista de las condiciones que le pides al nuevo empleo. Puedes escribir todo lo que quieres, excepto cómo y cuándo sucederá.
—Quiero poder trabajar en cualquier parte del mundo —me reveló—, y quiero ganar lo mismo que en mi antiguo empleo, o más. Quiero firmar contratos temporales de seis meses a un año de duración, y quiero que me encante lo que hago.
—Bien. ¿Algo más? —le pregunté.
—Sí, quiero ser mi propio jefe y contar con un equipo —añadió.
—Vale, ahora tu intención está clara —le dije—. Cada vez que pienses en la letra T, ¿podrás asociarla con el significado que acabamos de asignarle, con todas las condiciones que acabas de enumerar?
Respondió que sí, que lo haría.
Entonces le pedí que imaginara cómo se sentiría cuando sucediera.
—Al lado o debajo de las subintenciones que acabas de redactar para determinar el tipo de trabajo que deseas —le sugerí—, quiero que escribas: «Emociones elevadas. La energía de mi futuro». Ahora, especifícalas, una a una. ¿Cuáles son?
—Empoderado, enamorado de la vida, libre y agradecido —me dijo, según identificaba las emociones elevadas que iba a emplear para atraer el empleo. Ahora sólo tenía que conseguir que todo se alineara. Echa un vistazo a la figura 3.6 para ver lo que hizo Jace.
—Tienes mucho tiempo libre ahora mismo. No estás haciendo nada, salvo surfear y disfrutar de tus vacaciones —observé—. Creo que te resultará fácil crear tu futuro. ¿Te comprometes a hacer lo necesario para proyectar una nueva impronta al campo cuántico cada día?
Accedió. A continuación le expliqué cómo acceder al momento presente, encontrar su centro y elevar la energía para que ésta transportase su intención al futuro.
—Visualiza el símbolo al mismo tiempo que proyectas la energía al espacio que se extiende más allá de tu cuerpo —le instruí—. Es igual que conectar una radio y sintonizar una frecuencia que transmite información. Cuanto más te demores en esa energía y más consciente seas de la energía de tu futuro, más probabilidades tienes de atraer la experiencia. Así que procura sintonizar con la energía del mañana a diario. Y recuerda, eso que proyectas al campo unificado implica un experimento con el destino. Cuando tu energía y la energía de ese potencial vibren al mismo tiempo, la posibilidad se manifestará. Así que, Jace, ¿podrás hacerlo?
—Sí —fue su respuesta.

Así fue como mi hijo creó su nuevo trabajo. T simboliza una novedad en potencia. A la izquierda, debajo de Intención, detalló las condiciones específicas que debía reunir su trabajo ideal. A la derecha, debajo de Emoción superior, escribió las emociones que experimentaría cuando su deseo se materializase. Combinando esos dos elementos, modificó su energía a diario para atraer el nuevo trabajo.
—Y entonces, cuando lleves un tiempo bajo ese nuevo estado del ser, quiero que pienses en lo que vas a hacer cuando estés trabajando —proseguí—. ¿Qué decisiones tomarás? ¿Qué cosas harás? ¿Qué experiencias te aguardan y cómo te harán sentir? Quiero que vivas esa realidad futura en el momento presente. Limítate a recordar tu futuro desde el nuevo estado del ser.
Le estaba pidiendo a mi hijo que, igual que algunas personas tienden a obsesionarse a diario con el peor de los casos, se obsesionase con las vivencias maravillosas que experimentaría cuando ese nuevo trabajo acudiese a su encuentro.
—Piensa en la cantidad de tiempo que tendrás para surfear, en los viajes que harás constantemente, en el equipo de gente que trabajará contigo, en sus capacidades y en todo el dinero que podrás ahorrar para comprarte una casa o un coche —lo animé—. Disfruta recreando esas ideas a diario.
Igual que hicieran los pianistas y los culturistas del capítulo anterior, Jace estaba a punto de grabar en su cerebro y en su cuerpo la impronta de ese futuro soñado como si ya hubiera sucedido.
—Y como la energía se concentra allí donde enfocas la atención —continué—, quiero que inviertas tu atención y tu energía en ese nuevo futuro. E, igual que el cuerpo acompaña a la mente a la ducha cada mañana (a una experiencia conocida), si te mantienes fiel al proceso, tu cuerpo acompañará a tu mente a lo impredecible.
Jace accedió a meditar cada día.
Un mes más tarde, mi hijo regresó. En cuanto aterrizó en Los Ángeles, me envió un mensaje de texto que decía: «Eh, papá, ya he llegado a los Estados Unidos. ¿Podemos hablar?»
Vaya, pensé yo. Ya estamos. Así que lo llamé y le pregunté qué tal le iban las cosas.
—Muy bien —dijo Jace—. Pero estoy sin blanca. No sé qué voy a hacer.
El padre que hay en mí quería responder: «No te preocupes, hijo. Te ingresaré algo de dinero para que vayas tirando hasta que la situación mejore». Sin embargo, el maestro que hay en mí se impuso y contesté:
—Me parece fenomenal, porque ahora no vas a tener más remedio que crear algo. Estás en el ámbito de lo desconocido. Ya me dirás cómo va.
Y le colgué. Noté su desasosiego, pero conozco a mi hijo y sabía que se centraría y haría el trabajo.
Como estaba con el agua al cuello, tuvo que redoblar la apuesta. En esa época viajó a Santa Bárbara para visitar a sus antiguos compañeros de la universidad y unos cuantos decidieron pasar cuatro días en la nieve, haciendo snowboard, igual que hacían cada año. Cuando el puente llegó a su fin, pasó por Santa Bárbara antes de volver a casa y vio una tienda de surf. De súbito se encontró cara a cara con el mejor diseñador de quillas del mundo, que casualmente estaba allí.
Empezaron a charlar y, al poco, el diseñador le comentó a Jace:
—Estoy buscando un ingeniero para que diseñe quillas de tablas. Juntos revolucionaremos la industria del surf. Lo necesito de seis meses a un año, y tendrá libertad para trabajar como mejor le convenga; puede hacer lo que quiera. A mí, lo único que me importa es obtener un producto de calidad al final.
Ya imagináis cómo termina la historia. Jace consiguió el trabajo y firmó un contrato de un año que se renueva automáticamente. Gana más dinero ahora que en su antiguo empleo. Le encanta su profesión porque está loco por el surf. De vez en cuando me envía un mensaje diciendo: «No me puedo creer que me paguen por hacer esto». Es su propio jefe, trabaja cuando le viene bien y hace surf para probar las quillas. Está enamorado de la vida. No tuvo que mandar currículums, no tuvo que llamar por teléfono ni enviar emails, ni siquiera tuvo que pasar por una entrevista ni rellenar una solicitud. La experiencia le salió al paso.
Cuando nos convertimos en un no-cuerpo, nadie y nada, en ninguna parte y en el no-tiempo, dejamos de prestar atención a las distracciones del mundo exterior que nos impiden estar presentes en el campo unificado de consciencia que mora dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Miramos hacia dentro y sintonizamos con una inteligencia que siempre nos acompaña. En el instante en que nos alineamos con esa consciencia omnipresente, igual que si nos mirásemos a un espejo, ella nos devuelve la mirada. Y por fin puede reflejar nuestro deseo, tal como se lo hemos mostrado. Cuanto más nos demoremos en esa región inmaterial e invirtamos la atención y la energía en ella, más nos acercaremos al campo unificado. Y cuando accedemos al altar de las posibilidades infinitas, cuando transformamos nuestra energía, estamos transformando nuestra vida.
Según avanzamos hacia ella y confiamos en lo desconocido —sin devolver la consciencia al mundo material de los sentidos en una realidad tridimensional—, mayor es nuestra sensación de integración y unidad. Este proceso empieza a rellenar el sentimiento de carencia, de separación, deshace la dualidad, borra la enfermedad y repara nuestra personalidad fracturada. Nuestra biología adquiere integridad a medida que nosotros nos sentimos más completos.
Al fin y al cabo, cuando uno está completo no hay carencia que valga. Nada nos falta. En ese instante, nos limitamos a observar todo aquello que ya existe en el campo cuántico de infinitas posibilidades o realidades en potencia y las manifestamos a través de la atención y la energía.
Así que ha llegado el momento de preguntarte: ¿qué experiencia, de las infinitas que existen en el campo cuántico, está esperando para salirte al paso?
Los preparativos para generar sintonía
Esta meditación requiere un poco de preparación previa. En primer lugar, quiero que pienses en una experiencia potencial que te gustaría protagonizar. Recuerda que, igual que el electrón antes de mudar en materia, la experiencia ya existe como energía o frecuencia en el campo cuántico. Y estás a punto de sintonizar con esta energía. Algunos de nuestros alumnos han conseguido reducir sus niveles de colesterol, sencillamente, conectando con la posibilidad. Sus marcadores cancerígenos han disminuido. Han logrado que sus tumores desaparecieran. También han creado empleos magníficos, vacaciones con todos los gastos pagados, relaciones sanas, más dinero experiencias profundamente místicas e incluso han ganado la lotería. Créeme, mi equipo y yo lo hemos presenciado. Así pues, ¡adelante, entra en el ámbito de lo desconocido!
Una vez decidida la experiencia que vas a crear, asígnale una letra mayúscula y escríbela en una hoja de papel. Considera esa letra un símbolo que representa esa posibilidad en concreto. Transcribirla al papel en lugar de limitarse a pensar en ella es importante, porque el gesto de escribir presta solidez a tu intención. A continuación garabatea dos líneas circulares alrededor de la letra. Estos garabatos representan el campo electromagnético que tendrás que generar alrededor de tu cuerpo para sintonizar con el potencial del cuanto.
Ahora, asígnale un significado a la letra para que tu intención sea todavía más precisa. Piensa unas cuantas condiciones específicas en relación con tu deseo y escribe un mínimo de cuatro. (Tan sólo deberás excluir cualquier mención al marco temporal.) Por ejemplo, si tu intención es conseguir un empleo fantástico, tu lista podría incluir lo siguiente:
Ganar 50.000 euros más de lo que gano ahora.
Dirigir un equipo de excelentes profesionales.
Viajar por todo el mundo con unas dietas generosas.
Disfrutar de un seguro médico excepcional y de acciones boyantes.
Contribuir a mejorar el mundo.
Ahora, en la misma hoja de papel, escribe las emociones que experimentarás cuando esa posibilidad se haya manifestado. La lista puede incluir:
Empoderado.
Ilimitado.
Agradecido.
Libre.
Asombrado.
Loco por la vida.
Dichoso.
Valioso.
Sean cuales sean en tu caso, escríbelas. Y si piensas que no sabes cómo te vas a sentir porque no lo has experimentado, prueba con la gratitud; ese sentimiento suele funcionar de maravilla. La gratitud es una emoción muy poderosa a la hora de hacer realidad nuestros deseos, porque solemos sentirnos agradecidos después de recibir algo. Así pues, la gratitud en cuanto que impronta emocional implica que la situación ya se ha producido. Cuando te sientes agradecido o gratificado, te colocas en posición de recibir. En consecuencia, si acoges la gratitud, tu cuerpo, a través de la mente inconsciente que habita ya esa realidad futura, empezará a creer en el momento presente.