Sobrenatural
4 La bendición de los centros de energía
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La historia más espectacular en relación con este fenómeno está protagonizada por una niña de ocho años que, al recibir un corazón de una de diez, empezó a padecer pesadillas muy vívidas en las que era asesinada.21 En efecto, la donante había muerto asesinada y el asesino no había sido capturado. La madre de la paciente la llevó a un psiquiatra y éste acabó convencido de que la niña soñaba hechos que habían sucedido realmente. Contactaron con la policía, que abrió una investigación a partir de los detalles proporcionados por la pequeña acerca del asesinato, incluida información relativa a la hora y el lugar del crimen, el arma, las características físicas del criminal y la ropa que llevaba puesta. El asesino fue identificado, arrestado y condenado.
Así pues, en los casos que acabamos de ver, la información contenida en el campo energético que rodeaba el órgano trasplantado alteró la expresión de la energía del receptor en el momento en que el trasplante tuvo lugar.
En ese instante, la luz y la información del órgano se mezclaron con el campo preexistente del paciente trasplantado. El receptor capta la información que ha quedado grabada electromagnéticamente y ésta influye en su mente y en su cuerpo. La energía, portadora de una información específica, influye en la materia.
Cuando agrupas distintos órganos, creas un sistema: musculoesquelético, cardiovascular, digestivo, reproductivo, endocrino, linfático, nervioso o inmunitario, por nombrar solamente unos cuantos. Esos sistemas funcionan a partir de la información que extraen del campo de energía y consciencia invisible que los rodea. Y cuando unes todos esos sistemas obtienes un organismo, que a su vez está en posesión de su propia energía electromagnética. Y ese campo de luz es lo que somos en realidad.
Ahora volvamos a las hormonas del estrés. Como mencionaba antes, cuando funcionas en modo de supervivencia y extraes demasiada energía del campo para transformarla en compuestos químicos del cuerpo físico —ya sea por practicar demasiado sexo, comer demasiado o sufrir estrés excesivo, o todo a la vez—, la energía que rodea el cuerpo mengua. Eso implica que no hay información o luz suficiente como para que la materia reciba las instrucciones adecuadas relativas a homeostasis, crecimiento y reparación. Cuando sucede algo así, los centros particulares dejan de recibir, procesar o expresar energía, y ya no generan una mente neurológicamente sana que pueda enviar las señales necesarias a las zonas del cuerpo que son inervadas por esos centros. Como la energía dotada de intención consciente que se desplaza por el tejido neurológico o lo activa crea mente, la expresión de mente que regula las células, los tejidos, los órganos y los sistemas del cuerpo disminuye en esos centros, porque la energía ya no discurre por ellos. Privado de luz e información coherente, el cuerpo empieza a funcionar cada vez más como pura materia. Según esos minicerebros pierden coherencia, nuestro cerebro se torna incoherente.
Por si fuera poco, cuando el cerebro entra en incoherencia y se compartimenta a causa de las hormonas del estrés, envía también un mensaje incoherente —como una radio mal sintonizada— por el sistema nervioso central a cada uno de los plexos de neuronas que se encargan de la comunicación con el cuerpo. Y cuando esos minicerebros reciben mensajes incoherentes, envían también mensajes confusos a los órganos, los tejidos y las células de cada zona del cuerpo relacionada con cada uno de esos centros. Este problema afecta a su vez a la expresión hormonal y la conductividad nerviosa que influyen en los distintos órganos, tejidos y células del cuerpo, y la incoherencia general acaba por provocar enfermedades o desequilibrios. En consecuencia, cuando los cerebros particulares se tornan incoherentes, las distintas zonas del cuerpo asociadas a éstos entran en incoherencia también. Y cuando los sistemas no funcionan bien, nosotros no funcionamos bien.
Cómo incrementar la energía
Volviendo a la bendición de los centros de energía, si aprendes a prestar atención a cada uno de esos centros y cobras consciencia del espacio que los rodea, aportas coherencia a los pequeños cerebros igual que generas coherencia en el cerebro principal que tienes entre las orejas. Y según atiendes a la partícula (materia) prestando atención al perineo (el primer centro) o al espacio de detrás del ombligo (segundo centro), a la boca del estómago (tercer centro) o a la parte central del pecho (cuarto centro), y así sucesivamente, vas fijando la atención en cada uno. Y la energía acude allí donde enfocas la atención.
A continuación deberás desplazar la atención —o ampliar el foco— al espacio que rodea cada uno de esos centros, conectando así con la energía que vibra en el entorno. Y cuando lo hagas, es de vital importancia que estés experimentando una emoción superior como amor, gratitud o dicha. Como has leído en capítulos anteriores, ese gesto es fundamental, porque la emoción superior es energía, y cuanto más sostengas el foco abierto desde un estado emocional superior, más capaz serás de construir un campo coherente de frecuencia muy elevada alrededor de ese centro energético.
Una vez que has creado un campo coherente alrededor de un centro, éste cuenta con una energía coherente que transporta las instrucciones adecuadas. Los átomos, las moléculas y los compuestos químicos que componen las células a partir de las cuales se crean los tejidos, los órganos y los sistemas del cuerpo se alimentarán del nuevo campo de luz e información, así como de una energía más coherente con un mensaje intencional más claro que transportará instrucciones inéditas a cada centro del cuerpo. De ese modo, el organismo empezará a obedecer a una nueva mente. Según cedes el control y te instalas en el momento presente, habida cuenta de que la energía acude allí donde enfocas la atención, serás capaz de construir un campo abundante de luz e información, así como de elevar la frecuencia de la señal. Y ese pensamiento cargado de intención dirigirá la energía a cada centro para generar una nueva mente en ese cerebro particular. Y como cada centro se estará alimentando de un nuevo campo de frecuencia e información, el cuerpo recuperará el equilibrio o la homeostasis. Y en este estado devendrás más energía y menos materia, más onda y menos partícula. Cuanto más elevada sea la emoción, más energía crearás y más espectacular será la transformación.
Si, en cambio, te quedas atascado en las emociones de supervivencia como preocupación, miedo, ansiedad, frustración, rabia, desconfianza y tantas otras, careces de esa energía, de esa información y de esa luz alrededor del cuerpo. Según la frecuencia, la luz y la energía menguan y se tornan más incoherentes en cada centro, devienes más materia y menos energía y, al final, el cuerpo enferma. Éste es el objetivo de la meditación que ahora te propongo: aumentar la frecuencia de la materia con el fin de que arrastre una vibración inferior y desorganizada al orden y la coherencia, o arrastrar la materia a una mente nueva, más coherente.
Pero recuerda, este proceso no se puede forzar. No lo conseguirás a base de voluntad. No sirve intentarlo, esperarlo ni desearlo, porque no se puede llevar a cabo mediante la mente consciente. Debes acceder al subconsciente, porque ésa es la sede del sistema operativo: el sistema nervioso autónomo que rige y controla todos esos centros.
Tienes que cambiar la frecuencia de tus ondas cerebrales, porque la pauta beta te ata a la mente consciente y te separa del subconsciente o sistema nervioso autónomo, que es el director de la orquesta. Cuanto más profunda sea la meditación, cuanto más te alejes de un estado beta para entrar en uno alfa e incluso zeta (cuyas ondas corresponden a un estado de meditación profunda semejante al duermevela), más se reduce la frecuencia de las ondas y mayor es tu acceso al sistema operativo. Así pues, cuando pongas en práctica la bendición de los centros de energía, recuerda que el objeto de la meditación es ralentizar las ondas cerebrales y combinar una emoción superior con la intención de bendecir cada uno de esos centros —prestarles vida a través del amor— para luego ceder el control y permitir que el sistema nervioso autónomo tome el mando, porque éste no precisa de la mente consciente para saber qué hacer. Entretanto tú te abstendrás de pensar, visualizar o analizar. Tan sólo debes hacer algo que en principio puede parecer mucho más complicado: depositar una semilla de información y retirarte a un lado para permitir que el sistema autónomo reciba las instrucciones y la información y las utilice para crear más equilibrio y coherencia en tu cuerpo.
Hemos comprobado empíricamente la eficacia de esta meditación a la hora de incrementar la energía en cada uno de los centros y equilibrarlos entre sí en nuestros propios alumnos. Para hacerlo, empleamos el aparato de visualización por descarga de gas del que hablábamos en un capítulo anterior, que nos permite medir los campos de energía de los participantes antes y después de llevar a cabo la bendición. La tecnología GDV consta de una cámara especial para tomar imágenes del dedo del sujeto mientras se le aplica una pequeña (y totalmente indolora) descarga eléctrica en la yema durante menos de un milisegundo. El cuerpo reacciona a la descarga proyectando una nube de fotones. Si bien la descarga eléctrica es inapreciable a simple vista, la cámara del GDV la capta y la envía a un archivo digital. A continuación, un programa llamado Bio-Well transforma los datos en una imagen parecida a la que puedes ver en el gráfico 4 del encarte en color.
Los gráficos 4A-4D muestran el equilibrio (o desequilibrio) existente entre los centros de energía del sujeto, antes y después de la meditación. El software Bio-Well emplea los datos de la GDV para calcular la frecuencia de cada centro de energía y compararla con los parámetros normales. Los centros de energía equilibrados aparecen perfectamente alineados, mientras que los desequilibrados muestran un patrón descentrado. El tamaño del círculo que representa cada centro indica si la energía es menor, igual o mayor que el promedio, y en qué proporción. La zona izquierda de cada ejemplo del gráfico 4 muestra los registros de los sujetos antes de empezar el taller, mientras que los de la derecha revelan los valores que se registraron pocos días después.
Ahora mira los gráficos 5A-5D. La parte izquierda de la figura indica los registros del campo de energía que rodea el cuerpo de cada alumno antes del comienzo del taller, mientras que la parte derecha muestra los valores del mismo campo a la conclusión del retiro.
También hemos empleado la tecnología GDV para calcular en qué medida esta meditación en concreto (y otras de las que se incluyen en el libro) refuerza la energía que envuelve el cuerpo. Como pronto podrás comprobar en las instrucciones de la meditación, al principio te voy pidiendo que prestes atención no sólo a las diversas partes del cuerpo, sino también al espacio que las rodea; y luego, al final de la meditación, al espacio que envuelve la totalidad de tu cuerpo. Como ya sabes, la energía acude allí donde pones la atención, de manera que, si te concentras en ese espacio, tu energía acudirá allí de manera natural. Al hacerlo, empleas la atención, la consciencia y la energía para construir y fortalecer el campo de luz e información que envuelve tu cuerpo. Este gesto, a su vez, genera orden y sintropía en lugar de desorden y entropía. Cuando lo haces, devienes más energía coherente y menos materia; y además dispones de un potente campo de luz e información al que puedes acudir para crear.
Meditación basada en la bendición de los centros de energía
Esta meditación se ha convertido en una de las más populares entre nuestros alumnos y ha dado lugar a un número espectacular de resultados sobrenaturales. Igual que en el capítulo anterior, te daré unas instrucciones básicas para que sepas cómo proceder si decides hacer la meditación por tu cuenta.
Empieza por concentrarte en el primer centro de energía y luego abre el foco de atención hacia el espacio que envuelve ese centro. Una vez que estés percibiendo el espacio de alrededor, bendice el centro con tu mejor intención y conecta con una emoción superior —como amor, gratitud o alegría— para elevar la vibración y crear un campo de energía coherente.
Repite el mismo proceso con cada uno de los siete centros energéticos del cuerpo, y cuando llegues al octavo, ubicado unos cuarenta centímetros por encima de tu cabeza, bendice ese centro con gratitud o reconocimiento, porque el agradecimiento nos coloca en posición de recibir. Será este último el que te abra la puerta a la profunda información que reside en el campo cuántico.
Ahora abre el foco y lleva la atención a la energía electromagnética que rodea la totalidad de tu cuerpo para construir un nuevo campo. A medida que tu cuerpo se alimente de esa nueva energía electromagnética, te tornarás más luz, más energía y menos materia… y elevarás la vibración de tu cuerpo.
Recuerda: si te propones crear lo insólito, debes sentirte insólito. Si vas a curarte de una manera espectacular, debes sentirte espectacular. Conecta con la emoción elevada y procura sostenerla a lo largo de la meditación.
Una vez que hayas bendecido cada uno de los centros energéticos, túmbate durante un mínimo de quince minutos. Relájate, déjate llevar y permite que tu sistema nervioso autónomo reciba las órdenes e integre toda esta información en el cuerpo.