Sobrenatural
5 Programando el cuerpo para una nueva mente
Página 13 de 30
Regula el equilibrio oxidativo de las células, por lo que contribuye a reducir los radicales libres que provocan estrés oxidativo (la causa más universal del envejecimiento). Ayuda a que las células neuronales se regeneren y crezcan de manera óptima.
CTGF
Contribuye a curar heridas, al crecimiento de los huesos y a regenerar el cartílago y otros tejidos conectivos. La disminución en su expresión se asocia con el cáncer y las enfermedades autoinmunes como la fibromialgia.
TUFT1
Contribuye a la regeneración y a la curación, incluida la regulación de las células madre (las células indiferenciadas o «en blanco» que se pueden convertir en el tipo de tejido que requiera el cuerpo en cada momento).
Están involucradas en el proceso de mineralización del esmalte dental.
DIO2
Importante para la salud del tejido placentario y la función tiroidea (implicada en la producción de la hormona tiroidea T3). Contribuye a regular el metabolismo reduciendo la resistencia a la insulina y, por tanto, reduciendo la posibilidad de enfermedades metabólicas y, posiblemente, aminorando el apetito desmesurado y las adicciones. También ayuda a regular el estado de ánimo, sobre todo la depresión.
C5orf66-AS1
Elimina los tumores al contribuir a identificar y eliminar las células cancerosas.
KRT24
Asociado con la salud de la estructura celular. También elimina ciertos tipos de células cancerosas, incluidas las que se encuentran en el cáncer colorrectal.
ALS2CL
Elimina los tumores, sobre todo los que contribuyen al carcinoma de células escamosas, un tipo de cáncer de piel.
RND1
Ayuda a las células a organizar las moléculas que les proporcionan la estructura rígida. También contribuye al crecimiento de las neuronas y combate ciertos tipos de células cancerosas (como las que se encuentran en la garganta y en el cáncer de pecho).
Figura 5.15
Éstos fueron los genes cuya expresión se reguló en el taller avanzado de cuatro días que celebramos en Tampa, Florida, en 2017.
Si nuestros alumnos, generando emociones superiores, transformaron su expresión génica en sólo unos días, imagina lo que podrías lograr tú si practicaras esta meditación durante algunas semanas. Si empleas esta técnica respiratoria para liberar las antiguas emociones que se quedan atascadas en el cuerpo después de años y años pensando y sintiendo lo mismo, y practicas nuevos estados emocionales cada día, al cabo de un tiempo esas emociones expansivas se convertirán para ti en la nueva norma. Tu cerebro generará pensamientos distintos, acordes con tus sentimientos elevados. Por fin, a base de elegir una y otra vez esas emociones abarcadoras en lugar de aferrarte a las que te limitan, y si aceptas que estás activando genes y fabricando proteínas responsables del cambio de estructura y funcionamiento del cuerpo, hallarás más sentido en lo que estás haciendo, lo que a su vez fortalecerá tu intención y acabará provocando un resultado aún más impactante.
Está científicamente demostrado que empleamos alrededor de un 1,5 de nuestro ADN. Al resto lo conocemos como «ADN basura». Sin embargo, existe un principio biológico según el cual la naturaleza nunca desperdicia nada. En otras palabras, si el ADN está ahí, será por algo. De no ser así, la naturaleza, en su infinita sabiduría, lo habría eliminado en el proceso de evolución (debido a la ley universal que dicta que si no usas algo, lo pierdes). Así pues, podríamos considerar los genes como una biblioteca de posibilidades. Existen infinitas combinaciones de variables genéticas que esos genes latentes pueden expresar. Están ahí, esperando a que los actives. Hay genes que favorecen una mente genial e ilimitada, longevidad, inmortalidad, una voluntad de hierro, la capacidad de curar o de vivir experiencias místicas, la regeneración de órganos y tejidos, la activación de hormonas de la juventud para que disfrutes de más energía y vitalidad, una memoria fotográfica o la capacidad de hacer cosas fuera de lo común, por nombrar sólo unos cuantos.
El único límite es tu imaginación, tu creatividad. Cuando actives esos genes al margen del entorno, tu cuerpo, enviando señales a otros genes para crear nuevas proteínas que permitan una manifestación de la vida más portentosa, expresará un mayor potencial. Así que, cuando te pido que sientas determinadas emociones superiores para reprogramar tu cuerpo a una nueva mente, sé consciente de que, cada vez que experimentas una emoción, estás llamando a tu propia puerta genética. Te invito a que te dejes llevar por el proceso y te impliques al máximo en la experiencia.
Recondicionando el cuerpo a una nueva mente
Antes de que empecemos formalmente la meditación, vamos a efectuar unas cuantas sesiones de práctica. He preferido dividirlas en varios pasos aislados para que puedas aprenderlo poco a poco. Una vez que tengas dominado cada uno de los pasos, los uniremos en un todo. Así que, para empezar, siéntate en una silla con la espalda recta y planta los dos pies en el suelo. También puedes sentarte en el suelo en postura de loto (con las piernas cruzadas) y encajar un cojín debajo de tus posaderas. Coloca las manos en el regazo, sin cruzarlas. Si quieres, cierra los ojos.
Cuando estés listo para empezar, levanta tu perineo, tu suelo pélvico; los mismos músculos que empleas para el coito y la evacuación. No contengas el aliento; respira con normalidad. Tensa los músculos con todas tus fuerzas y mantenlos tensados durante cinco segundos. Repite el ejercicio durante la misma cantidad de tiempo. Hazlo una tercera vez, sostén la tensión durante cinco segundos y vuelve a relajarte. Quiero que adquieras control consciente sobre esos músculos, porque tendrás que usarlos de otro modo.
Ahora contrae los mismos músculos del perineo y, al mismo tiempo, los del abdomen inferior. Empuja la parte baja del abdomen hacia arriba y hacia dentro para cerrar los dos primeros centros. Aguanta durante cinco segundos y relájate. Recoge esos mismos músculos otra vez y aprieta. Sostén la postura durante otros cinco segundos y luego relájate. Repite el proceso una vez más. Acuérdate de respirar mientras lo haces; no contengas el aliento.
Ahora contrae los músculos del perineo y, al mismo tiempo que empujas hacia dentro los músculos del abdomen inferior, incorpora al ejercicio los del abdomen superior. Ahora estás contrayendo todo tu núcleo: los tres primeros centros. Aguanta así durante cinco segundos y vuelve a relajarte. Hazlo otra vez, en esta ocasión tensando los músculos un poco más. Mantén la postura durante cinco segundos y relájate. Repítelo por tercera vez y, mientras contraes y aprietas todos esos músculos, intenta estrujarlos un poco más y levantarlos aún algo más. Aguanta un rato, y luego relájate.
Como la experiencia crea redes neurológicas en el cerebro, según ejecutas cada paso y perfeccionas el anterior, instalas de antemano en el cerebro el equipo neurológico que necesitas para vivir la experiencia. Te pido que uses los mismos músculos que llevas años utilizando, pero ahora de un modo distinto. Este gesto escurrirá los centros y liberará la energía que lleva mucho tiempo acumulada en tu cuerpo.
Ahora vamos a probar otra cosa. Llévate la mano a la parte alta de la cabeza y posa el dedo índice en el centro para que recuerdes bien ese punto una vez que retires la mano. Recuerda que la energía acude allí donde pones la atención, así que ese punto será tu objetivo. Deja las manos en el regazo y, sin contraer todavía ningún músculo, respira pausadamente por la nariz. De momento, sólo te pido que acompañes la respiración con la atención desde el perineo pasando por la zona inferior del abdomen, luego por la superior, el centro del pecho, a través de la garganta, el cerebro y, por último, la cima de tu cabeza, donde antes has posado el dedo. Cuando llegues a ese punto, contén el aliento y mantén la atención en la cima de tu cabeza. Deja que la energía siga a tu consciencia. Quédate ahí durante unos diez segundos y relájate.
Ahora llévate el dedo a la cabeza otra vez. Retíralo y asegúrate de que notas el punto sin la ayuda del dedo. Deja las manos sobre los muslos. Respira una vez más sin contraer los músculos. Esta vez, cuando inspires por la nariz, imagina que estás absorbiendo energía por ese tubo —como cuando absorbes líquido por una pajita— hacia lo alto de la cabeza. Cuando hayas alcanzado ese punto, contén la respiración durante un rato similar al anterior y deja que la energía inunde tu conciencia. Luego, relájate.
Ha llegado el momento de hacerlo todo a la vez. Con la próxima respiración, por la nariz, contrae los músculos adentro y arriba al mismo tiempo que inhalas. Empieza por cerrar los músculos del perineo, recoge los del abdomen inferior y contrae los del abdomen superior. Y, según aprietas los músculos de cada centro —con la intención de desplazar toda esa energía almacenada en la zona inferior hacia el cerebro—, acompaña el camino de la respiración por cada uno de los tres centros. Mientras sigues contrayendo los músculos para cerrar esos tres primeros centros, lleva el aliento al pecho (el cuarto centro), a la garganta (el quinto) y luego deja que recorra el cerebro (el sexto). Acompáñalo a la parte alta de la cabeza, deja ahí la atención y contén el aliento al mismo tiempo que sigues contrayendo los músculos centrales. Aguanta el aire durante unos diez segundos y relájate según lo dejas salir.
Repite todo el proceso dos veces más como mínimo. Acuérdate de tensar los músculos de los dos primeros centros mientras el aliento sube por la columna vertebral pasando por cada centro de energía hasta llegar a la cumbre de la cabeza. Al llegar ahí, contén la respiración un rato y relájate otra vez según sueltas el aire.
Recuerda que, cuando pones en práctica esta técnica, estás usando el cuerpo como instrumento de consciencia, de modo que toda tu intención debería estar concentrada en separar la mente del cuerpo. Estás liberando energía que lleva mucho tiempo atrapada en los tres centros inferiores y la estás desplazando hacia los superiores, donde puedes usarla para sanar el cuerpo o crear algo insólito en lugar de emplearla únicamente para la supervivencia.
Practicar este ejercicio con frecuencia para familiarizarte con los distintos pasos te resultará muy útil de cara a aprender varias de las meditaciones del libro. Sé paciente contigo mismo; igual que cuando aprendes a hacer algo nuevo, tendrás que repetirlo muchas veces antes de llegar a dominarlo. Es posible que al principio te cueste sincronizar las acciones del cuerpo con la intención de la mente. Pero antes o después, si practicas lo suficiente, serás capaz de coordinar todos los pasos en un solo movimiento.
Soy consciente de que hay muchas técnicas respiratorias distintas, y es posible que hayas probado alguna otra con éxito en el pasado. A pesar de todo, te animo a intentar ésta, aunque cuentes ya con una favorita, porque sólo haciendo cosas nuevas puedes generar experiencias novedosas. Si continúas haciendo lo mismo, seguirás creando idénticas experiencias. Y si no haces nada, no consigues nada. Sí, esta técnica requiere cierto esfuerzo, pero a medida que le vayas cogiendo el tranquillo comprenderás que el esfuerzo ha valido la pena.
Ahora ya estás preparado para comenzar la meditación formal. Si has comprado mi CD Reprograma el cuerpo para una nueva mente o has descargado el audio en drjoedispenza.com, descubrirás que la grabación incluye una canción que he escogido para ayudarte a elevar la vibración de tu energía. Si haces la meditación por tu cuenta, practica la respiración mientras escuchas alguna melodía inspiradora que dure entre cuatro y siete minutos. A continuación abre el foco de atención y toma consciencia de las distintas partes de tu cuerpo, como también del espacio que las rodea. Acto seguido, despliégate como pura consciencia en el campo unificado para instalarte en el presente generoso y convertirte en un ser sin cuerpo, sin identidad, sin materia, ajeno al espacio y al tiempo.
Ahora ha llegado el momento de cultivar siete emociones elevadas, una a una, mediante el ensayo emocional de cada una. Recuerda: cuanto más poderosos sean tus sentimientos, más estarás regulando al alza tus genes. Bendice tu cuerpo. Bendice tu vida, bendice tu alma, bendice tu futuro al igual que tu pasado, bendice los desafíos de tu existencia y bendice también la inteligencia que mora en ti y que te da aliento. Para terminar, da las gracias por tu nueva vida antes de que se manifieste.