Sobrenatural
8 Películas mentales / caleidoscopio
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8 Películas mentales / caleidoscopio
Acababa de finalizar una conferencia inaugural un sábado por la noche en Orlando, Florida. Al día siguiente, mientras hacía las maletas para el viaje de vuelta, encendí la televisión para ponerme al día de la situación política en los Estados Unidos. Estábamos en plena campaña electoral de las elecciones presidenciales de 2016 y, como había pasado tres semanas viajando y pronunciando conferencias por el extranjero, sentía curiosidad por saber qué había sucedido en ese tiempo. Fui cambiando de canal a toda prisa hasta encontrar un canal de noticias, dejé el mando a distancia sobre la mesa y seguí haciendo el eq uipaje al mismo tiempo que escuchaba distraídamente la televisión. De repente, un anuncio captó mi atención y al instante entendí por qué hablamos de programación televisiva.
El anuncio comienza con un plano nocturno de la casa de una pareja vista por fuera. Según el foco se centra en la casa, las palabras Catorce noches con herpes zóster aparecen en la pantalla. Cuando el plano cambia al interior de la vivienda, suena una música agradable pero con un punto inquietante mientras un anciano gime de dolor a los pies de su cama. Su preocupada esposa entra en la habitación y le pregunta cómo se encuentra.
—Duele —responde él. En la esquina inferior derecha de la pantalla, en una fuente minúscula casi del mismo color que el fondo, se ven las palabras: «Dramatización interpretada por actores».
La esposa se acerca con una expresión angustiada y, despacio, levanta la camisa del marido para dejar a la vista unas enormes costras rojas que le cubren más de la mitad de la parte inferior de la espalda. La imagen resulta impactante, grotesca y horrible, semejante a una enorme quemadura de tercer grado. He examinado a cientos de pacientes con herpes zóster en mis 31 años de práctica clínica y jamás he visto nada con un aspecto tan terrible como las lesiones simuladas de ese anuncio. Al momento comprendí que estaba creado para provocar una fuerte reacción emocional en los espectadores; porque fue lo que me provocó a mí.
En cuanto ves el sarpullido del hombre, el anuncio consigue su objetivo de captar tu atención. Como el retrato del eccema es tan llamativo, te arranca del estado emocional en el que te encontrabas instantes antes de ver el spot. Y en el momento en que tu estado emocional cambia, diriges más atención y consciencia al origen de la perturbación. Cuanto más fuerte es la emoción que te provoca (estímulo), más te induce a prestar atención (reacción). Esta asociación entre estímulo y respuesta, llamada también programación, ofrece un ejemplo de cómo se crea la memoria a largo plazo o asociativa.
El proceso de programación se inicia con la asociación de un símbolo o una imagen a un cambio en el estado emocional; una combinación que abre la puerta entre la mente consciente y la subconsciente. En el caso del anuncio, ahora que ha captado toda tu atención (e iniciado el proceso de programación), no podrás evitar sino preguntarte qué dirán a continuación. La película continúa con la voz de un lúgubre narrador: «Si alguna vez has sufrido varicela, el virus del herpes zóster está en tu interior. Cuando envejeces, tu sistema inmunitario se debilita y pierde la capacidad de mantener a raya el virus del herpes». Basado en el elemento emocional, el anuncio plantea por primera vez dudas de índole ética al decirle a la audiencia que el sistema inmunológico se debilita con la edad. A continuación vemos al hombre en el cuarto de baño, mirándose al espejo. Parece preocupado, hundido y derrotado.
La escena cambia. Ahora muestra a su esposa hablando por teléfono en la cocina.
—No soporto verlo así —dice.
A continuación aparece el hombre doblado de dolor en la cama, con la palma en la frente. El narrador hace entonces una afirmación categórica, reforzada por la aparición en pantalla de las mismas palabras: «Una de cada tres personas sufrirá herpes zóster a lo largo de su vida». Y prosigue, acompañado de la frase en la pantalla: «La erupción puede durar hasta treinta días».
La escena cambia otra vez. Ahora vemos a la mujer suplicando directamente a la pantalla:
—No sé qué hacer para ayudarlo.
De nuevo aparece el hombre atenazado de dolor, y en la pantalla se leen las palabras: «Una de cada cinco personas que padecen herpes zóster sufrirá neuralgia crónica». La frase permanece sobreimpresa durante el resto de la narración, que prosigue: «La neuralgia producida por el herpes zóster puede durar desde unos meses hasta varios años. No esperes a que uno de tus seres queridos sufra las consecuencias. Habla con tu médico o farmacéutico para evaluar el riesgo de contraerlo».
Vamos a analizar a fondo lo que trata de conseguir este anuncio. En primer lugar, cambia tu estado emocional para conmoverte. Una vez que ha captado tu atención, eres más sugestionable. Ahora que estás más dispuesto a aceptar, creer y asimilar la información (sin analizarla), si te sientes asustado, indefenso, vulnerable, preocupado, impactado, débil o cansado o si experimentas dolor, serás más susceptible a incorporar una información acorde con esas emociones. Es posible que empieces a preguntarte si podrías contraer la enfermedad.
En varios momentos de la película, ciertos «hechos» aparecen sobreimpresos en la pantalla para que puedas leer la información al mismo tiempo que la escuchas. Eso sirve para reforzar la programación. Además, mientras el cerebro pensante está concentrado en la lectura del texto, el contenido del mensaje burla la mente consciente y accede directamente a la subconsciente. Igual que una grabadora, ésta registra el mensaje al completo y crea un programa interno.
Luego, mediante una sugerencia directa y literal, el narrador te infunde el miedo a que el virus del herpes zóster se encuentre ya en tu cuerpo y, a causa del envejecimiento natural, tu sistema inmunitario no sea lo bastante fuerte como para mantenerlo a raya. La maniobra estimula tu cerebro emocional (la sede del sistema nervioso autónomo), facilitando así su programación. El sistema nervioso autónomo, una vez recibida la sugerencia, obedece la orden sin cuestionarla y corre a provocar reacciones químicas en tu cuerpo afines a la insinuación. Dicho de otro modo, el anuncio programa subconsciente y automáticamente a tu cuerpo para que debilite su propia función inmunitaria. En conclusión, corres el riesgo de contraer herpes zóster, y será mejor que tomes medidas cuanto antes. El efecto del anuncio alcanza proporciones aún mayores: si has pasado la varicela y después de mirar el anuncio piensas que tu sistema inmunitario está debilitado a causa de la edad, juzgarás aún más urgente si cabe prevenir la enfermedad, así que estarás todavía más motivado para comprar el medicamento.
Si por casualidad padeces herpes zóster y estás viendo el anuncio, al descubrir que tu condición no es tan grave como la del actor, es muy posible que pienses: Debería tomar el medicamente antes de que empeore. No quiero acabar como él. Si no sufres la enfermedad, al llegar al final del anuncio es probable que estés rumiando: ¿Formaré parte de los dos tercios de la población que están a salvo? ¿O seré yo el uno de cada tres que desarrollará la dolencia? Y si te dices: Espero no formar parte del tercio de la población que corre peligro de contraerlo, significa que consideras la posibilidad de ser vulnerable al virus, lo que equivale a dar por sentado inconscientemente que ya lo tienes.
¿Y sabes lo que me parece más absurdo del anuncio? Ni siquiera menciona el nombre del medicamento, seguramente para no tener que revelar los efectos secundarios. Como el anuncio había llamado mi atención, dejé de hacer las maletas y busqué en Internet algún otro anuncio de la misma empresa farmacéutica. Quería saber qué medicamento aconsejaban para aliviar la gravedad de las exageradas lesiones del actor. Tras una rápida búsqueda, encontré varios spots parecidos que transmitían el mismo mensaje, expresado con pequeñas variaciones. Todos tenían una cosa en común: buscaban captar la atención del espectador.
En otro vídeo, una mujer vestida con bañador y gafas de natación nada largos en una piscina. La imagen está en blanco y negro. Dando un giro al anuncio anterior, el narrador (una autoritaria voz femenina con acento británico) es el propio virus del herpes zóster, como si la narración se desplegara en la mente de la mujer:
«Impresionante, Linda. Sigues siendo tan activa como en tu juventud, pero el sistema inmunitario se debilita con la edad y corres el riesgo de que yo, el virus del herpes zóster, te ataque. Llevo acechando en tu interior desde que pasaste la varicela. Podría manifestarme en cualquier momento en forma de doloroso sarpullido». La escena pasa abruptamente del blanco y negro al color y un hombre se levanta la camisa para mostrar la lesión más horrible que has visto en tu vida. Una vez más, el grotesco y virulento eccema capta tu atención. Tan deprisa como cambió al color, regresa a la nadadora en blanco y negro.
El anuncio prosigue con una estructura parecida a la del anterior: empieza con una afirmación impactante o una imagen desagradable para transformar el estado emocional del espectador, lo coloca en una posición proclive a aceptar la información y, por último, emplea la autosugestión para llevarlo a preguntarse si el virus del herpes zóster estará ya en su organismo. Este anuncio insinúa también que, por más que disfrutes de buena salud, estés en forma y te cuides, podrías contraer la enfermedad de todos modos, por cuanto nadie es inmune. Una vez más, las palabras sobreimpresas en la pantalla refuerzan el mensaje: «Una de cada tres personas me conocerán a lo largo de su vida. ¿Serás tú una de ellas, Linda?» Si por casualidad te identificas con la mujer en algún sentido, la voz te habla directamente a ti.
El tono del anuncio cambia, y ahora un narrador masculino toma la palabra en un tono tranquilo y desenfadado, libre de preocupación. Con un acento británico parecido, la voz anuncia: «Y por eso Linda recurrió a mí, el medicamento X». La pantalla sigue en blanco y negro, salvo por el bañador de la mujer, su gorro de natación y el nombre del medicamento, que aparece en la pantalla con una fuente grande y sofisticada. Ahora el nombre de la medicina se ha grabado en tu cerebro a otro nivel. Una vez más, el anuncio se las ha ingeniado para asociar la salud y la seguridad con el medicamento que, en teoría, te va a proteger. El eslogan aparece en la pantalla según el narrador lo lee en voz alta, afirmando que el medicamento ayuda a «reforzar el sistema inmunitario contra el virus del herpes zóster. La protege a ella de ti».
Al final del anuncio, el narrador advierte: «El medicamento X previene el herpes zóster en adultos de cincuenta años o más. No sirve para tratar la enfermedad y no ayuda a todo el mundo». Y ahora viene lo mejor: «No tome el medicamento si su sistema inmunitario está debilitado».
Hala…, ¿qué? Repítelo. He aquí la ironía: te están diciendo que, a tu edad, las defensas bajan y corres un riesgo mayor de contraer herpes zóster. La medicina, en teoría, está pensada para reforzar el sistema inmunitario, pero no debes recurrir a ella si tus defensas ya están bajas. Lo que nos lleva a una interesante cuestión: si decides recurrir al medicamento, das por supuesto que éste es más poderoso que tu sistema inmunitario posiblemente debilitado. La programación ha funcionado.
Lo que los astutos anunciantes, por no decir inmorales, han comprendido es que el mensaje resulta confuso y desorientador para la mente consciente. Al mismo tiempo, sin embargo, programan en la mente subconsciente la idea de que estás bajo de defensas, seguramente ya albergas el virus y tienes muchas probabilidades de contraer herpes zóster, por más que goces de buena salud. Por si fuera poco, te dicen que si no recurres al fármaco tienes muchos números de sufrirlo —aunque no te garantizan que te vayas a curar fácilmente— y que, pese a todo, podría no funcionar si tu sistema inmunitario está débil.
Para terminar, el anuncio detalla los efectos secundarios (que no son secundarios en absoluto, sino directos): «un sarpullido parecido al del herpes, rojez, dolor, picor, hinchazón, nódulos, calor, hematomas o hinchazón en la zona de la inyección y dolor de cabeza. Consulte al doctor si convive con recién nacidos, embarazadas o personas con el sistema inmunitario comprometido, porque la vacuna contiene una versión debilitada del virus y podría contagiarlos».
¡Caray! Empecé a preguntarme en qué planeta vivo. Este tipo de programación te lleva a plantearte si de verdad gozamos de libre albedrío o si nuestras decisiones se basan en lo que nos hacen creer, ya sea la elección de la cerveza, el champú o el acondicionador, el último smartphone o una pastilla que tal vez, o tal vez no, te ayude a combatir un virus que puede que no tengas. Casi todas las veces la publicidad apela al sentimiento de falta o de separación, al recordarnos que queremos lo que no tenemos, deseamos lo que necesitamos para encajar en determinada consciencia social o buscamos llenar una sensación de vacío o soledad. Y por supuesto, en este caso, si estás enfermo o crees estarlo, el anunciante tiene la solución para tus síntomas.
En una búsqueda final encontré un spot parecido centrado en la misma temática: un actor que supuestamente llevaba padeciendo síntomas 17 días, la impactante exposición de una enorme lesión y las palabras sobreimpresas para influir en el pensamiento del espectador y reforzar el contenido. Igual que el anterior, este anuncio informa explícitamente al público de que el medicamento no sirve para tratar el herpes zóster pero, al final del anuncio, el apuesto actor sonríe y declara: «Por probar no se pierde nada». Yo, por mi parte, me quedé a cuadros, preguntándome por qué querría probarlo si llevara 17 días sufriendo de herpes zóster, sobre todo si el medicamento no cura la enfermedad. No entendía nada.
Hace años, mientras estudiaba, aprendí que la hipnosis se basa en una desorientación de los procesos inhibitorios de la mente consciente que consiste en burlar la mente analítica para que la primera reaccione a las sugerencias y la información del subconsciente. Mientras la mente consciente está ocupada tratando de desentrañar el mensaje, la subconsciente lo acepta todo sin discreción. Si desorientas a la gente con información (o, en el mundo actual, con desinformación), desconcierto o confusión, resulta muy sencillo programar su mente subconsciente.
En este capítulo aprenderemos a llevar a cabo el gesto contrario: reprogramar positivamente la programación negativa que llevamos soportando buena parte de la vida.
Tres mentes en un solo cerebro: la mente consciente, la subconsciente y la analítica
Por ahora, has aprendido que cuando transformas tus ondas beta en ondas alfa, la neocorteza (el cerebro analítico y pensante) se retira de la escena. Según las ondas cerebrales se ralentizan, abandonas el dominio de la mente consciente para entrar en el reino del subconsciente. Podríamos decir, pues, que si estás consciente y presente pero no del todo involucrado en los procesos de pensamiento, tu consciencia se desplaza de la neocorteza pensante al cerebro medio, también conocido como subconsciente, la sede del sistema nervioso autónomo y del cerebelo.
Si alguna vez has visto a alguien totalmente absorto en un programa de televisión, tanto que cuando intentabas hablarle ni siquiera te oía, es posible que hayas presenciado el efecto de las ondas cerebrales alfa; un estado en el que somos altamente sugestionables. La sugestionabilidad es la facilidad para aceptar, creer y asimilar información sin analizarla. En ese estado, el espectador está tan ensimismado, tan concentrado en lo que está viendo, que parece hipnotizado. Para él no existe nada salvo el objeto de su atención.
Si la persona no analiza la información a la que se expone, es muy probable que la acepte, la crea y la asimile, porque no hay filtro que la analice. Es lógico pensar, pues, que cuanto más sugestionable seas, menos analítico. También se puede expresar a la inversa: cuanto más analítico seas, menos sugestionable; en consecuencia, más dificultades experimentará tu cerebro para entrar en un estado alfa o caer en trance. Echa un vistazo a la figura 8.1 para entender mejor la relación entre la sugestionabilidad, la mente analítica, el trance y las ondas cerebrales.
Los creadores de los anuncios que he mencionado anteriormente sabían muy bien que el mejor modo de programar a una persona para que emprenda una acción determinada es llevarlo a un estado alfa, para que no analice la información que recibe. Cuando el anuncio se emite varias veces u otro parecido con el mismo mensaje se reproduce una y otra vez, antes o después el programa se grabará en el subconsciente del espectador. Cuanto más nos exponemos a los estímulos (en este caso, el spot), más automática se torna la respuesta programada. Al final, cuando hemos memorizado inconscientemente el estímulo y la respuesta es automática, la mente consciente ya no necesita pensar o analizar la información entrante. Al mismo tiempo, la mente subconsciente cartografía la información; la almacena como una grabadora de vídeo o de voz. Una vez que el mensaje se haya grabado en tu cerebro, cada exposición al anuncio imprimará las mismas redes neuronales, reforzando así el mismo programa, pensamiento y convicción. De ese modo, la información no sólo influye en tu salud, sino que te ofrece la solución al problema que ha creado el anuncio.

Cuando las ondas de tu cerebro se ralentizan y te separas de la mente analítica, tu cerebro entra en trance y eres más sugestionable. Lo mismo sucede a la inversa: si las ondas de tu cerebro se aceleran, te vuelves más analítico, el cerebro sale del trance y eres menos sugestionable. La capacidad de sugestión es la facilidad para aceptar, creer y asimilar información sin analizarla.
Otras situaciones que incrementan la sugestionabilidad incluyen el estupor, el trauma o una fuerte reacción emocional. Por ejemplo, cuando una persona se queda de piedra o se ve expuesta a una situación con una gran carga emocional, el cerebro tiende a alterarse. Como el cerebro desconecta a causa de una sobrecarga sensorial —un accidente automovilístico, por ejemplo—, la persona se vuelve más sugestionable. En los casos más graves, cuando una persona se queda paralizada o entumecida a causa de una fuerte impresión, su capacidad de pensar queda mermada. Por consiguiente, exponer a alguien a la imagen de un sarpullido tan agresivo que le causa repulsión (combinado con la música y la narración adecuadas para crear un ambiente inquietante y ominoso) equivale a abrir la puerta a la mente subconsciente y programarlo más fácilmente.
Recuerda que la mente subconsciente acecha justo detrás de la consciente. El cerebro límbico es la sede del subconsciente y del sistema nervioso autónomo, que controla las funciones biológicas automáticas al minuto. Una vez que un pensamiento ha quedado programado, igual que un criado que cumpliera las órdenes de su amo, el sistema nervioso autónomo ejecuta la orden del pensamiento.
Si te repiten una y otra vez que el sistema inmunitario se debilita con la edad y que una de cada tres personas que han pasado la varicela contraerá herpes zóster, la carga emocional de la experiencia permite al mensaje burlar la mente pensante y analítica. Como respuesta a esa información, tu SNA cumplirá las órdenes y es muy posible que debilite tu sistema inmunitario interno.
Con el fin de amortizar el dinero que han invertido en este discurso comercial, los anunciantes deben emitir el anuncio por la noche, cuando somos más susceptibles a la programación. ¿Por qué? Porque los niveles de melatonina aumentan con la oscuridad, y la melatonina ralentiza la actividad cerebral con el fin de prepararnos para el descanso y el sueño. Y habida cuenta de que por la noche las ondas cerebrales pasan de beta a alfa, a zeta y a delta, las personas somos menos analíticas a esa hora, cuando el subconsciente se abre de par en par. Si la luz del día nos despabila y nuestro cerebro empieza a producir serotonina, también sucede a la inversa: las ondas cerebrales pasan del estado delta al zeta, al alfa (momento en el cual el inconsciente se presta una vez más a la programación) y por último a beta.
Así pues, si eres un anunciante y sabes que el público, por lo general, ignora los mecanismos de la programación subconsciente, ¿por qué no crear una serie de anuncios para emitir por la noche con el mensaje que pretendes inculcar, reforzarlo con la cantidad exacta de sobresalto y desazón para captar la atención del espectador y programar su sistema nervioso autónomo para que proceda a ejecutar las órdenes justo antes de que se vaya a dormir?
He aquí una regla básica: no mires nada en la televisión ni en Internet ni participes en ninguna clase de entretenimiento que no quieras experimentar…, ni antes de irte a dormir ni nunca.
Ojos de caleidoscopio: entramados en el trance
Llevo muchos años pensando en cómo se nos programa constantemente para que asumamos ideas que nos limitan; es decir, para que creamos que necesitamos algo ajeno a nosotros mismos con el fin de incrementar nuestro bienestar interior. En eso consiste la publicidad, al fin y al cabo: en llevarnos a depender de objetos externos, y a consumirlos, creyendo que nos harán más felices o mejores. Esta idea, que se alimenta de nuestra sensación de separación y falta, se nos inculca sin cesar a través de los medios de comunicación, los programas de televisión, los anuncios, las noticias, los videojuegos, las páginas web y, en ocasiones, incluso la música. La estrategia es muy sencilla, en realidad: si logras taponar por un momento los sentimientos de carencia, miedo, rabia, oposición, prejuicio, dolor, tristeza y ansiedad en los individuos, éstos desarrollarán dependencia hacia alguien o algo externo a ellos mismos para poder ahuyentar esos sentimientos. Si vives permanentemente ocupado y andas siempre preocupado, inmerso en emociones de supervivencia, nunca te concedes la posibilidad de creer en ti mismo.
Ahora bien, ¿y si fuera posible deshacer o revertir la programación, de tal modo que pensaras en ti mismo y en tu vida de manera ilimitada? Eso es exactamente lo que llevamos años haciendo en nuestros talleres avanzados mediante dos herramientas muy sencillas, incluida una con la que los niños juegan desde antaño: un caleidoscopio. La única diferencia es que nosotros la empleamos como tecnología para inducir al trance.
Hasta aquí, hemos aprendido a entrar en trance y a llevar al cerebro a producir ondas alfa y beta con los ojos cerrados durante la meditación. Pero si pudiéramos generar ondas alfa e incluso beta y exponernos voluntariamente a información relevante en relación con nuestros sueños y objetivos vitales, podríamos reprogramarnos para sustituir los estados inconscientes que experimentamos a diario por otros sobrenaturales. Pero ¿por qué el caleidoscopio?
Desde hace muchos años, me apasionan los temas que guardan relación con los estados místicos. Cada vez que he protagonizado una experiencia trascendente y supralúcida, he experimentado la clase de cambios que te ayudan a entenderte mejor a ti mismo y tu relación con el misterio de la vida. Una vez que has vivido una de esas experiencias místicas y has echado un vistazo al otro lado del velo, tu vida cotidiana ya nunca vuelve a ser la misma, y con cada experiencia trascendente que vives a continuación te acercas un poco más a la fuente, la plenitud, la unidad y el campo unificado indivisible. La buena noticia es que ese tipo de vivencias ya no están reservadas a personas como santa Teresa de Ávila, san Francisco de Asís o los monjes budistas que llevan cuarenta años meditando. Cualquiera es capaz de participar, experimentar y acceder al mundo místico.
Cuando protagonizo una experiencia mística, me parece más real que nada de lo que me ha sucedido jamás y pierdo la noción del espacio y el tiempo. A menudo, justo antes de vivirla, veo mentalmente (y a veces fuera de mí) formas circulares y geométricas hechas de luz y energía. Por lo general recuerdan a mandalas, sólo que no son estáticas; parecen ondas estacionarias de frecuencias entrelazadas con patrones fractales. Si tuviera que describir sus propiedades, diría que son formas vivas, en movimiento y cambiantes que evolucionan constantemente a patrones más complejos dentro de otros patrones.
Se parecen a lo que vemos cuando miramos en un caleidoscopio, pero tienen tres dimensiones en lugar de dos. En cuanto veo y me fijo en esas divinas formas geométricas, empiezan a cambiar, y al momento comprendo —según mi cerebro procesa ese patrón de información y lo transforma en una serie de imágenes vívidas— que estoy a punto de experimentar una profunda vivencia mística.
Por eso mi equipo y yo quisimos crear un caleidoscopio visual para los alumnos; y, con un poco de suerte, inducir ese tipo de experiencias. Sin embargo, no pude encontrar una película que mostrase las imágenes de un caleidoscopio de verdad. En aquella época, todos los archivos de geometría fractal que encontrabas en Internet estaban generados por ordenador, y yo quería contar con una representación más realista. Después de mucho buscar, mi equipo y yo encontramos una familia que llevaba tres generaciones fabricando caleidoscopios, así que compramos una de sus mejores obras.
A continuación, alquilamos una cámara RED, la marca más importante de cinematografía profesional con tecnología digital y la más usada en las películas de Hollywood. Dotamos a la cámara de una lente que va prendida a un filamento de fibra óptica y la insertamos en el interior de un caleidoscopio. A continuación fijamos un motor al extremo que rueda para que los cristales y los aceites interiores crearan transiciones suaves y consistentes. Pasamos cuatro horas en un estudio de Seattle, en Washington, grabando hermosas imágenes y colores contra un fondo negro. El negro representa la ausencia de materia física (el lugar en el que nos convertimos en un ser sin cuerpo, sin identidad, sin materia, sin tiempo ni espacio). Sugiere la oscuridad infinita o vacío de la que hablábamos en el capítulo 3.
Mientras grabábamos la película, un proceso que duró varios días, nos percatamos de que la gravedad hacía que los cristales y el aceite cayeran y se aceleraran con cada rotación, así que un técnico tuvo que revisar cada segundo, fotograma a fotograma, para asegurarse de que todas las transiciones fueran suaves. Si la transición no era fluida, podía romper la concentración o el trance del espectador. Nos llevó dos meses transformar toda la grabación en el vídeo de una hora que usamos en los talleres avanzados. Por fin, el talentoso compositor Frank Pisciotti creó la banda sonora. Queríamos que los alumnos quedaran hipnotizados por la hermosa simetría y las cambiantes formas.
Mind Movies: la película de tu futuro
En nuestros talleres avanzados todos los alumnos reciben un divertido programa, muy fácil de usar, llamado Mind Movies, que sirve para crear la película de su futuro. Lo usamos en combinación con el vídeo del caleidoscopio. En función de lo que deseen crear en su vida, la película incluirá imágenes, sugerencias escritas concretas e información diseñada para ayudarlos en su creación; igual que el anuncio del herpes zóster aportaba información sobreimpresa. Las sugerencias abarcan desde superar una enfermedad a fortalecer el sistema inmunológico, encontrar un nuevo empleo, manifestar oportunidades inesperadas, viajar por el mundo, atraer abundancia, encontrar un compañero de vida, protagonizar experiencias místicas y más. Busca recordarles que pueden cumplir sus sueños, crear cosas increíbles y ser sobrenaturales. Los objetivos de esta presentación digital personalizada incluyen:
Ayudar a los alumnos a definir qué desean crear en su futuro.
Programar su mente consciente, así como la inconsciente, para ese flamante mañana.
Transformar su cerebro y su cuerpo de tal modo que reflejen, en el plano biológico, ese futuro.
Asociar repetidamente las imágenes con música para generar nuevas redes neuronales en el cerebro y acondicionar emocionalmente el cuerpo a una nueva mente. Es una forma de que recuerden su futuro.
La tecnología Mind Movie o película mental fue creada por dos socios australianos, Natalie y Glen Ledwell. No sólo son los creadores, sino también el mejor ejemplo de su increíble eficacia. El viaje empezó en 2007, cuando un amigo les mostró la película que había creado sobre su propia vida. Más tarde les propuso fundar una empresa basada en lo que llegó a ser el programa informático Mind Movie. Para poner el negocio en marcha, decidieron distribuir el producto a través de una página web. De ese modo podían mostrar a los clientes de todo el planeta cómo crear sus propias películas. Sin embargo, ya tenían cuatro empresas y no sabían nada de Internet ni de los negocios digitales. Glen a duras penas era capaz de encender un ordenador, y Natalie ni siquiera había oído hablar de YouTube. A pesar de todo, se dieron cuenta de que Mind Movie podía convertirse en una poderosa herramienta para convencer a la gente de que podían dirigir sus vidas en direcciones concretas.
Con esa idea en la mente, decidieron subir a YouTube un vídeo sobre el poder de Mind Movie. La demostración concluía animando a los espectadores a visitar su página web, donde podrían aprender a crear su propia película mental.
A principios de 2008, después de recibir una enorme cantidad de emails de clientes que les contaban cómo Mind Movie había cambiado sus vidas, Natalie y Glen decidieron ir a por todas. Se desplazaron a los Estados Unidos, asistieron a un seminario sobre marketing, se apuntaron al grupo Marketing Mastermind y empezaron a planear el lanzamiento global de Mind Movie. Sin embargo, cuando llegaron a los Estados Unidos estaban prácticamente en bancarrota y apenas si les quedaba dinero para pagar el resto de los trámites que requería el lanzamiento del negocio. Así que decidieron aprender, controlar e implementarlo todo ellos mismos. Trabajaron doce horas al día durante varios meses en su oficina…, también conocida como su dormitorio. A lo largo del proceso dejaron tan atrás su zona de confort que ya ni sabían qué zona era ésa. Cada día afrontaban un sinnúmero de desafíos técnicos, empresariales y personales, pero contaban con un arma secreta: su propia película mental.
En ésta, Natalie y Glen definieron el número de clientes que deseaban atraer y quiénes serían esos clientes. Imaginaron el respeto que despertarían en sus colegas de industria y planearon lo que harían una vez que el negocio hubiera triunfado: a qué restaurantes irían, dónde pasarían las vacaciones. Por fin, decidieron que generarían ventas por valor de un millón de dólares. (¿Por qué no apuntar alto?, pensaron. Tenían amigos que habían ganado un millón de dólares con programas que costaban 5.000.) Miraban su película mental varias veces al día para reducir el estrés y permanecer concentrados e inspirados, aunque en aquellos momentos todo parecía conjurarse en su contra. Sin embargo, sabían que tantos esfuerzos, riesgos y sueños darían fruto el día del lanzamiento mundial. Ya atisbaban la línea de meta… Y entonces sucedió lo inimaginable.
Previsto para septiembre de 2008, el lanzamiento coincidió con la crisis económica global. Las instituciones financieras de todo el mundo afrontaban pérdidas astronómicas mientras que los ciudadanos y las familias perdían sus ahorros, sus posesiones, sus hogares, en la peor recesión que había conocido el mundo desde la Gran Depresión. Entretanto, Glen y Natalie afrontaban sus propias dificultades. Para cuando lanzaron el negocio, habían acumulado una deuda de 120.000 dólares en tarjetas de crédito. Si el negocio fracasaba, lo perderían todo, su hogar, los coches y las inversiones, además de soportar una deuda impagable.
La mañana del lanzamiento, sin que ellos lo supieran, el servidor de correo electrónico estaba fuera de servicio por mantenimiento rutinario, así que ninguno de sus clientes recibió el email de confirmación de la compra. A la hora de comer, su bandeja de entrada estaba inundada de quejas de clientes, por no hablar de los problemas que les estaba planteando su banco digital (querían congelarles la cuenta debido a la inusual actividad). Por la tarde, pese a todo, habían protagonizado el día más memorable de sus vidas.
En la primera hora del primer día, alcanzaron unas ganancias de 100.000 dólares, que por la noche ascendían a 288.000. Finalmente, Glen y Natalie ganaron 700.000 dólares por las ventas de un programa que costaba 97 sin promoción. Pero la historia no termina ahí.
Como es natural, estaban encantados con los resultados, pero se enfrentaban a un último y monumental desafío. A causa de la volubilidad y la incertidumbre del clima financiero en aquellos tiempos, el banco les congeló la cuenta, de modo que no tenían acceso al dinero. Eso implicaba que no podían pagar comisiones a los socios afiliados ni devolver los 120.000 dólares del crédito, ni tampoco pagar participaciones de las ganancias a las personas que les habían ayudado a lanzar el negocio. Si no les liberaron los fondos, estaban perdidos. Por fin, después de pasar seis meses en esa situación, sin poder apoyarse en nada más que en su visión y en su película mental, consiguieron acceso a la cuenta bancaria y se libraron de las deudas que habían estado a punto de dejarlos en la ruina total. Y ahora viene la mejor parte de la historia.
Como el mundo todavía se tambaleaba económicamente, el valor del dólar americano era superior al del australiano, así que, con el cambio de divisas, cuando el dinero les fue transferido a Australia descubrieron que habían ganado 250.000 dólares más. Con eso, más las comisiones que recibieron a cambio de promocionar programas de socios afiliados, Glen y Natalie lograron su objetivo de ganar un millón de dólares.
Atribuyen una buena parte del éxito —que alcanzaron mientras el resto del mundo se hundía— al hecho de que todos y cada uno de los días se concentraban en su película mental.
Si bien es cierto que la historia de Natalie y Glen ofrece un ejemplo excepcional del potencial de esta técnica, y que las opciones son infinitas, el proceso es más o menos el mismo en todos los casos. Los alumnos escogen una canción, una de esas que nunca te cansas de escuchar. A continuación eligen imágenes y/o vídeos —bien de sí mismos, bien de un acontecimiento futuro— y los organizan de manera secuencial de tal modo que narren cómo será ese futuro. Por fin, les pedimos que piensen palabras, frases o afirmaciones concretas para añadir a las escenas, que colocan sobreimpresas en las imágenes. Mediante el mismo sistema exacto que usan los anuncios de la televisión para programar en los espectadores un complejo de víctima o una sensación de carencia, la película mental programa a los estudiantes para creer en su capacidad de creación sin límites.
En los talleres avanzados, los alumnos observan el vídeo del caleidoscopio antes de mirar su película mental, porque les ayuda a alcanzar y sostener con los ojos abiertos el estado de trance alfa y zeta que abre la puerta entre la mente consciente y la subconsciente. Si entran en estados alfa o zeta mientras meditan, son más sugestionables a su propio proceso de programación. Esta idea es importante porque, cuanto más sugestionables son a la hora de mirar la película mental, menos probabilidades hay de que la mente analítica intervenga con su retahíla de dudas internas al estilo de: ¿Dará resultado? O: ¡Es imposible! O: Jamás podré permitirme algo así. O: La última vez no funcionó. ¿Por qué iba a funcionar ahora?
Si bien el caleidoscopio induce un estado de trance en los alumnos con el fin de que su subconsciente se abra a la programación, la película mental es ahora el programa. Las películas mentales influyen en la mente subconsciente de los estudiantes igual que nos influyen los anuncios de la televisión, pero de maneras más positivas, abiertas y constructivas. Cuando los pensamientos del cerebro se acallan, la mente consciente ya no analiza la información entrante. A consecuencia de ello, cualquier mensaje al que nos expongamos en este estado queda codificado en el subconsciente. Igual que si grabaras algo en vídeo o en audio para reproducirlo más tarde, estamos grabando un nuevo programa en la mente inconsciente.
A lo largo de los años se han realizado numerosas investigaciones sobre la relación entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo de la neocorteza. Sabemos ahora que el hemisferio derecho procesa el pensamiento espacial, no lineal, abstracto y creativo, mientras que el izquierdo procesa el pensamiento lógico, racional, lineal, metódico y matemático. Las últimas investigaciones, sin embargo, sugieren también que el hemisferio derecho se encarga de las novedades cognitivas y el hemisferio izquierdo de las rutinas.54 De lo anterior se deduce que, cuando aprendemos algo nuevo, el hemisferio derecho está más activo, y cuando los aprendizajes se integran en la rutina, quedan almacenados en el hemisferio izquierdo.
La mayor parte de la gente tiende a operar desde el hemisferio izquierdo del cerebro, porque funciona a partir de hábitos y programas automáticos que han interiorizado. Considera el hemisferio derecho el territorio de lo desconocido, y el izquierdo, el territorio de lo conocido. Es lógico concluir, pues, que el hemisferio derecho tiende a ser romántico, creativo y no lineal, mientras que el izquierdo suele ser metódico, lógico y estructurado. Nosotros hemos constatado el funcionamiento de esta estructura dual observando los escáneres cerebrales de los alumnos en tiempo real.
Como el flujo de figuras geométricas ubicadas en el interior de otras figuras que ofrece el caleidoscopio no se parece a nadie ni a nada y está fuera del tiempo y el espacio, sus formas están diseñadas para saltarse las redes perceptivas y los centros asociativos del cerebro referidos a personas, materia, objetos, lugares y tiempos conocidos. Esas figuras reflejan patrones fractales recurrentes iguales a los que encontramos una y otra vez en la naturaleza; de ahí que activen centros cerebrales inferiores. Eso explica que no puedas mirar un calidoscopio y ver a tu tía María, la bicicleta que tenías en segundo o la casa en la que te criaste; porque no estás activando los centros asociativos relativos a recuerdos que se ubican en el hemisferio izquierdo de tu cerebro. Como dejas de pensar y analizar para ir entrando poco a poco en un estado alfa y zeta, la actividad en el hemisferio derecho se incrementa. Si el hemisferio izquierdo opera a partir de lo conocido y el hemisferio derecho trabaja con lo imprevisible, cuando incrementamos la actividad del hemisferio derecho estamos más abiertos a crear algo diferente e inesperado.
Los gráficos 9A(1) y 9A(2) del encarte en color muestran escáneres cerebrales de dos alumnos que se encuentran en estado alfa y zeta coherente. En el gráfico 9A(3) verás el cerebro de otro estudiante que ha entrado en estado zeta mientras miraba el calidoscopio. El gráfico 9A(4) muestra el escaneo cerebral de un estudiante mirando el calidoscopio; la zona derecha de su cerebro refleja más actividad por cuanto se encuentran inmersos en la novedad de la experiencia, que induce al trance.
Cuando mostramos las imágenes del calidoscopio en los talleres avanzados, lo hacemos en una sala a oscuras para incrementar los niveles de melatonina y favorecer los cambios cerebrales. Les pido a los alumnos que se relajen y, conscientemente, reduzcan la frecuencia de la respiración. A medida que su respiración se ralentiza, también lo hacen sus ondas cerebrales, pasando de beta a alfa. Luego les pido que se relajen en sintonía con su cuerpo y que se sientan cada vez más en contacto con él. Intento llevarlos a un estado de duermevela, el mismo en el que son más sugestionables, con el fin de predisponer su cerebro a aceptar la programación de la película mental.
Igual que nos influyen los anuncios nocturnos porque la producción de melatonina (que nos prepara para un sueño reparador) nos induce a bajar la guardia, yo me propongo elevar los niveles de melatonina de los alumnos y favorecer las ondas alfa y zeta en sus cerebros con el fin de que estén totalmente abiertos a la información y a las posibilidades que les ofrece la película mental.
La banda sonora de tu futura vida
La música posee la capacidad de evocar recuerdos referidos a un lugar y un tiempo específicos. De ahí que el presentador Dick Clark dijera en una ocasión que «la música es la banda sonora de la vida». En el instante en que una canción nostálgica despliega su magia, el cerebro empieza a rescatar imágenes de momentos y lugares, y esas imágenes te conectan con experiencias relacionadas con ciertas personas y acontecimientos. En términos neurológicos, la canción actúa como una señal externa que estimula determinadas redes neurológicas del cerebro. Gracias a los mecanismos de asociación, ves imágenes mentales que han quedado congeladas en el tiempo. Llamamos a este fenómeno «memoria asociativa».
Si llevas la experiencia más lejos y te sumerges en la canción y quizás incluso la cantas y la bailas, notarás que las emociones asociadas con el recuerdo empiezan a recorrer tu cuerpo. Tanto si relacionas la melodía con tu primer amor como con la llegada de la primavera en tu primer año de universidad o con lo que sentiste mientras paseabas por el campo antes del mejor partido de tu vida, cada uno de esos recuerdos está empapado de sentimientos y emociones. Si experimentas la emoción con la intensidad suficiente, te conectará con la energía de tu pasado; cuanto más fuerte sea la reacción emocional, más claro será el recuerdo. En el instante en que lo sientes y lo experimentas, el recuerdo te transporta a otra época y tu mente viaja a través del tiempo hasta esa experiencia. Igual que te sucedió en el pasado, tu cuerpo abandona su estado de reposo, experimenta las mismas emociones que sintió en aquel entonces y evoca un estado mental idéntico al que generó el recuerdo. Por un momento, el estado de tu ser pertenece al pasado.
Los recuerdos a largo plazo tendrán más fuerza cuanto más intensas sean las emociones asociadas con el acontecimiento. El hecho de que el recuerdo sea positivo o negativo no influye en los procesos mentales de la memoria. Por ejemplo, los recuerdos de traumas, traiciones y sucesos que han causado una honda impresión despiertan emociones tan poderosas como los positivos, sólo que en el primer caso las emociones asociadas serán desagradables. Cuando recordamos y revivimos experiencias de dolor, rabia o tristeza y experimentamos las emociones intensas asociadas con esos recuerdos traumáticos, nuestra química interna empieza a cambiar. Y eso nos lleva a prestar más atención al entorno exterior, en busca de la persona o el objeto que provocó esas emociones de buen comienzo.
Así pues, ¿qué pasaría si crearas una película de tu futuro y le sumaras una canción que te motivara y te inspirara hasta tal punto que te arrancara del estado de reposo, transformara tu realidad y te conectara con la energía de tus recuerdos futuros? Si la música es la banda sonora de la vida y determinadas canciones nos transportan al pasado, ¿no podrías evocar el mañana del mismo modo?
Es ahí donde la película mental entra en juego. Si aunamos imágenes poderosas y conmovedoras referidas al futuro con palabras y frases que refuercen el contenido y combinamos todos esos elementos con emociones elevadas y música inspiradora, estamos creando recuerdos a largo plazo que transportan nuestra biología del ayer al mañana. En otras palabras, las imágenes provocan sentimientos que se correlacionan con las experiencias que deseas tener en el futuro. El ejercicio podría incluir la casa de tus sueños, las vacaciones que tanto ansías, una nueva profesión, libertad de expresión, una relación o un cuerpo sano, experiencias interdimensionales y mucho más. Éstas son tan sólo algunas de las posibilidades que te ofrece tu futura experiencia vital. Ten presente cuando mires tu película mental y conectes con los sentimientos y las emociones de tu futuro que, cuanto más intensas sean esas emociones, más atención prestarás a las imágenes que las generan. Mediante este mecanismo, estarás creando recuerdos a largo plazo de tu futuro… y atrayéndolos a tu experiencia. El elemento mágico e interdimensional del porvenir será la canción, porque los sentimientos asociados con la melodía cambiarán tu energía en consonancia con las sensaciones que experimentarás cuando ese futuro se materialice. De ahí que sea preferible escoger música inspiradora, motivadora o aspiracional.
A continuación, añadirás afirmaciones o información a la película mental que te recuerde quién eres y lo que esperas de tu futuro. Incluso podrías añadir una cronología si te pareciera oportuno. Algunos ejemplos serían:
Las puertas de las dimensiones están abiertas para que pueda vivir experiencias místicas.
Mi cuerpo se renueva día a día.
Mi palabra es la ley.
Me siento profundamente amado, a diario.
La riqueza fluye hacia mí.
Todas mis necesidades están siempre cubiertas.
Mi cuerpo rejuvenece día a día.
Lo divino se manifiesta en mi vida a diario.
Mi compañero de vida me considera su igual y predica con el ejemplo.
Protagonizo sincronicidades cada día.
Me siento cada día más plena.
Mi sistema inmunitario se fortalece día a día.
Afronto la vida con valor.
Poseo un talento ilimitado.
Siempre soy consciente del poder que albergo y proyecto.
Creo en mí misma.
Estoy abierto a lo desconocido.
Cuando invoco al Espíritu, éste me responde.
Si piensas en tu videoclip favorito o en una escena de tu musical preferido, es muy posible que recuerdes la letra de la canción así como las imágenes que la acompañan hasta la última nota, ritmo, melodía y armonía. Igualmente, con toda probabilidad, el poder de esa combinación evocará en tu mente una serie de personas, sentimientos, emociones y experiencias. Ése es, precisamente, el objetivo de tu película mental, salvo que en lugar de recordar el ayer estarás creando recuerdos del mañana. Si escuchas tu canción las veces suficientes al mismo tiempo que observas las imágenes de tu futuro, ¿no crees que cuando oigas la melodía, aunque no estés mirando la película mental, te sentirás automáticamente transportado a esas situaciones futuras igual que algunas canciones te llevan al pasado? Con la práctica, no sólo experimentarás las emociones que te conectan con los recuerdos futuros, sino que tu biología también se alineará con ese mañana.
Ya sabes cómo funciona: si tu cuerpo es la mente inconsciente y desconoce la diferencia entre la experiencia que crea la emoción y la emoción que surge únicamente del pensamiento, puedes llevar al cuerpo a creer, en el presente, que está viviendo una realidad futura. Y como el entorno envía señales a los genes y las emociones son consecuencia del entorno, si experimentas las emociones asociadas a esos acontecimientos antes incluso de vivirlos empiezas a transformar tu cuerpo, que en el momento presente se alinea biológicamente con el futuro. Puesto que todos los genes fabrican proteínas y las proteínas son responsables de la estructura y las funciones del organismo, el cuerpo empieza a transformarse biológicamente igual que lo haría si el mañana ya estuviera aconteciendo.
La suma de todo
¿Y si invitaras a un grupo de gente a dejar sus vidas de lado durante cuatro o cinco días con el fin de alejarlos de los estímulos externos, que les recuerdan constantemente la personalidad con la que se identifican? Si los separases el tiempo suficiente de las personas que conocen, de los lugares que frecuentan, de las rutinas que siguen cada día a la misma hora exacta, recordarían quiénes son en realidad: seres humanos ilimitados. Y si pasases un par de días enseñándoles a generar más coherencia en sus corazones y en sus cerebros —y siguieran cultivando ese estado cada día— cabe pensar que, antes o después, aprenderían a abrir sus corazones y conseguirían que sus cerebros rindieran al máximo. De hecho, libres de distracciones, estarían más centrados en la visión del nuevo futuro y, al mismo tiempo, serían más capaces de experimentar las emociones que el porvenir les depara. Y según aportaran más coherencia a sus cerebros y corazones, sus campos energéticos se tornarían más coherentes, y eso generaría una impronta electromagnética más clara.