Sobrenatural
9 Meditación en movimiento
Página 19 de 30
9 Meditación en movimiento
Casi todas las tradiciones espirituales contemplan cuatro posturas de meditación, y en nuestros talleres avanzados las practicamos todas. Una posibilidad es meditar sentado, una postura con la que esperamos ya estés familiarizado. También se puede meditar de pie y caminando, dos opciones que vamos a combinar en la práctica que aprenderás en este capítulo. Y, por último, existe la posibilidad de meditar tumbado. Si bien cada postura responde a un propósito, un lugar y un momento concreto, cada cual se combina con la anterior para ayudarnos a conservar y regular nuestros estados internos, sea lo que sea lo que esté pasando en el entorno externo.
Ahora bien, ¿por qué es importante enlazar la meditación sentada con la meditación de pie y en movimiento? Si bien practicar la meditación a primera hora de la mañana es un modo ideal de empezar el día, si no sostienes la energía y la concentración a lo largo de la jornada es probable que los programas inconscientes que llevan años funcionando tomen de nuevo las riendas.
Por ejemplo, pongamos que das por finalizada tu meditación sentada. Cuando abras los ojos, seguramente te sentirás más vivo, despierto, despejado, poderoso y listo para empezar la jornada. Puede que notes el corazón abierto, expandido y conectado, o quizás hayas superado algún aspecto de ti mismo, hayas transformado tu energía y estés listo para acoger un futuro lleno de novedades. Sin embargo, lo más habitual es que caigas al momento en las viejas pautas. En ese caso, todo el trabajo que acabas de llevar a cabo para crear un estado interior elevado se disuelve en la interminable lista de tareas pendientes: preparar almuerzos y enviar a los niños al colegio, correr al trabajo, ponerte furioso con la persona que te adelanta de mala manera, contestar llamadas, devolver correos electrónicos, correr a las citas y tantas cosas más. Dicho de otro modo, ya no te encuentras en estado creativo, porque acabas de caer en los programas de siempre y en las emociones de supervivencia del pasado. En esos casos, desconectas de la energía del mañana y, en resumidas cuentas, dejas la energía que has creado en el asiento que usas para meditar en lugar de llevarla contigo a lo largo del día. En el plano energético, has regresado al pasado.
Como yo también pecaba de lo mismo, empecé a pensar cómo podía ayudar a los alumnos a llevar esa energía consigo durante la jornada. Por eso creé una meditación que incluye levantarse y caminar. De ese modo, cuando domines la técnica de elevar tus vibraciones o tu energía y combines ese gesto con una visión nítida, contarás con un ejercicio que te permitirá mantener la energía en ese plano elevado y, con el tiempo, la experiencia se convertirá en tu estado natural. El propósito de este capítulo es ayudarte a hacer justamente eso.
De camino al futuro
Tal como te he explicado, durante buena parte del día actúas desde el inconsciente, sin saber a menudo lo que estás haciendo ni por qué. Por ejemplo, es posible que no recuerdes haber recorrido el trayecto al trabajo porque estabas rememorando la discusión que mantuviste unos días atrás o pensando la respuesta al mensaje de texto que alguna persona significativa te ha enviado. Es posible que se pongan en marcha tres programas al mismo tiempo, mientras envías un mensaje, hablas y miras emails. Tal vez no seas consciente de tus tics nerviosos o de aquello que los desencadena, de tu postura, que quizás transmite timidez, o de cómo tu manera de hablar, tus expresiones faciales y la energía que llevas a una sala afectan a tus colegas de trabajo. Esos programas y conductas inconscientes aparecen porque el cuerpo remplaza a la mente, y la combinación de esos programas inconscientes te convierte en la persona que eres. A estas alturas ya sabes que, cuando el cuerpo sustituye a la mente, dejas de vivir en el momento presente y, en consecuencia, ya no te encuentras en un estado creativo, lo que equivale a decir que mantienes a raya tus objetivos, sueños y aspiraciones.
Si cobras consciencia de esas conductas y programas inconscientes, en cambio, puedes trabajar activamente para emitir una nueva impronta electromagnética que esté en sintonía con tu futuro; y cuanto más potente sea la impronta electromagnética que proyectas al campo, antes la encarnarás y ella te encarnará a ti. Cuando tu energía y el porvenir en potencia que ya existe en el campo cuántico vibran en sintonía, el mañana acude a tu encuentro; o, aún mejor, tu cuerpo se siente atraído a una nueva realidad. Te transformas en un imán de un destino insólito que se manifestará en forma de experiencias inesperadas.
Imagina por un momento que tu realidad futura ya existiera, que vibrara como energía no materializada en el campo cuántico. Imagina tu futuro como la vibración de un diapasón recién activado. El sonido que emite es una vibración que viaja en determinada frecuencia. Si tú también eres, a cierto nivel, un diapasón y transformas tu energía para que resuene en el mismo armónico que la posibilidad cuántica de tu mañana, conectarás y sintonizarás con esa frecuencia. Cuanto más tiempo puedas sostener la energía en esa frecuencia, mayor será el grado de sincronización. Pongamos que ya has conectado con esa realidad futura porque compartís una misma frecuencia o vibración. Si consigues que ambas frecuencias se aproximen al máximo en el espacio y en el tiempo, se influirán mutuamente hasta crear una sola. En ese momento, el futuro sale a tu encuentro. Así creamos nuevas realidades.
Es lógico pensar, pues, que en el instante en que tu energía cambia porque te embargan emociones inferiores, las que conocemos como emociones de supervivencia, se genera disonancia e incoherencia entre tu realidad ansiada y tú. Ya no resuenas en la frecuencia de esa posibilidad y eso te separa del futuro que intentas crear. Si te instalas en esas emociones porque tu adicción a ellas es más fuerte que tú, acabarás por crear más de lo mismo, porque tu energía vibrará en sintonía con la misma realidad que intentas dejar atrás.
En el capítulo 3 aprendiste que todas las posibilidades existen en el eterno ahora, y que cuando superas tu identidad como cuerpo conectado con personas, objetos, lugares y momentos en el tiempo devienes pura consciencia. Te transformas en un ser sin cuerpo, sin identidad, sin materia, sin espacio y sin tiempo. En ese momento elegante trasciendes el reino de la materia y entras en el campo cuántico de la información y la energía. En el instante en que dejas atrás las asociaciones con esta realidad física, empiezas a actuar en el campo unificado; estás creando desde un nivel de energía superior a la materia. Los alumnos acostumbran a practicar este proceso principalmente sentados. Si te propongo meditar de pie y caminando es para ayudarte a ser más consciente del momento presente, a sostener y conservar estados elevados a lo largo del día, a mantener la conexión con el futuro cuando tienes los ojos abiertos y llevarla contigo, literalmente, en el camino a ese nuevo mañana.
Cuando empiezas a practicar la meditación en movimiento, es preferible buscar un lugar tranquilo en la naturaleza donde no abunden las distracciones. Cuanta menos gente y actividad haya a tu alrededor, menos te costará permanecer centrado. Con el tiempo, conforme vayas dominando el proceso, podrás practicar en un centro comercial, mientras paseas al perro o en cualquier espacio público.
En muchos sentidos, meditar de pie y en movimiento es igual que hacerlo en reposo. Empiezas por permanecer muy quieto, con los ojos cerrados, y te concentras en el corazón al mismo tiempo que apaciguas la respiración e intentas llevarla a ese centro. Una vez que hayas alcanzado el estado adecuado, haz lo mismo que haces cuando meditas sentado: cultiva las emociones superiores que te conectan con el futuro.
Cuando te sientas totalmente inmerso en esas emociones elevadas, amplía el foco de atención durante unos minutos e irradia la energía más allá del cuerpo, hasta notarla no sólo dentro de ti, sino también a tu alrededor. A continuación, impregna la energía de esas emociones elevadas con la intención de los deseos que albergas para ese día o para el futuro, ya sea sincronicidad, una vida digna, contribuir al mundo, crear un empleo o relación maravillosos o alguna otra cosa. A la sazón estás enviando una nueva impronta electromagnética al campo. Tan sólo cambia el hecho de que, en lugar de estar sentado con los ojos cerrados e irradiando emociones positivas y elevadas, estás de pie con los ojos cerrados, y cuando los abras y eches a andar llevarás contigo esa energía superior.
Todavía de pie, con los ojos cerrados y el foco abierto, traslada la atención al mundo exterior al mismo tiempo que te desplazas de un estado beta a uno alfa. El gesto acallará los pensamientos, los análisis y las voces internas y te llevará a un estado de trance que te hará más sugestionable. Como has aprendido en el capítulo anterior, cuanto más tiempo pases en estado de trance, menos resistencia encontrará la nueva información a la hora de acceder a tu mente subconsciente. Cuando entres en un estado emocional superior en sintonía con el futuro, serás más propenso a aceptar, creer y acoger los pensamientos intencionales acordes con esas emociones. En consecuencia, los pensamientos, las visiones y las imágenes que tu mente vaya creando podrán sortear la mente analítica y serás capaz de programar el sistema nervioso autónomo para que cree la biología del porvenir que deseas.
Como has creado la energía de tu nuevo futuro mientras estabas de pie con los ojos cerrados, te resultará muy fácil abrirlos y echar a andar. No mires a nadie, no prestes atención a los objetos, a la materia ni a nada de lo que te rodea. Limítate a mantener el foco abierto, a dejar la mirada perdida en el horizonte, y mantente en estado de trance. Cuanto más tiempo sostengas ese estado, menos probabilidades hay de que caigas en viejos patrones. Entretanto, tu mente seguirá conectada a las imágenes del nuevo mañana en lugar de volver a reproducir los viejos programas de siempre. Ya estás preparado para internarte en el futuro como una persona distinta.
Habida cuenta de que eres un ser del futuro, ahora debes ser consciente de que siempre has caminado inconscientemente. Ha llegado el momento de transformar los andares, el paso, la postura, la respiración y los movimientos. Podrías sonreír en lugar de mirar inexpresivamente al vacío. Podrías imaginar qué se siente cuando eres rico y caminar como si lo fueras. Podrías adoptar la actitud de alguna persona valiente que te inspire admiración o desplazarte transportando contigo la energía elevada de un cuerpo sano, o andar como una persona amorosa y tolerante, que tiene el corazón abierto. En resumidas cuentas, se trata de encarnar al individuo que siempre has querido ser, pero caminando como si te hubiera poseído. Por ejemplo, podrías imaginar que han pasado dos años y ya has conseguido todo lo que ansías. Lo más importante es que incorpores a tu futuro yo en el ahora. Si tu identidad le pertenece, no tiene sentido desear ser otro porque tu deseo se ha cumplido; ya encarnas las cualidades del mañana. Sencillamente, piensas, actúas y te comportas como tu futuro ser.
Según empieces a adoptar un nuevo andar y sigas practicando un día sí y otro también, vas a adquirir la costumbre de caminar como una persona rica, de pensar como una persona sana, de plantarte como alguien que confía en sí mismo y sentirte libre, ilimitado y agradecido (la gratitud implica que un deseo se ha manifestado) en lugar de, quizás, un ser derrotado, agotado y estresado. Cuanto más practiques, más vas a incorporar este nuevo hábito, que devendrá un patrón inédito de pensamiento, conducta y emoción. Una vez que empieces a sentir y encarnar esas emociones elevadas de manera natural, éstas se adueñarán de ti y te convertirás efectivamente en la persona que quieres ser. El gráfico 12 del encarte en color muestra el cerebro de un alumno que sufrió una transformación alrededor de una hora después de llevar a cabo la meditación en movimiento.
Programando el cerebro para futuros recuerdos
La meditación en movimiento también consiste en crear recuerdos de experiencias que aún no han sucedido en el tiempo lineal; de hecho, en recordar el futuro. Cuando generas sentimientos elevados con los ojos cerrados, irradias esa energía más allá del campo de tu cuerpo. Y cuando los abres y echas a andar debes concentrarte en el corazón (experimentando esas emociones superiores con los ojos abiertos), pues cuanto más intensas sean la emociones, más atención prestarás a las imágenes y los pensamientos que susciten tus sentimientos. Este proceso eleva de manera natural tus circuitos neuronales, por cuanto crea una nueva experiencia interna. La vivencia enriquece el cerebro y crea recuerdos. A la sazón, tu cerebro ya no vive en el pasado, sino en el futuro. Cuanto más encarnes las emociones elevadas de manera correcta, más se comportarán tu cerebro y tu cuerpo como si esa experiencia ya se hubiera manifestado, lo que implica que, en un sentido muy real, estás recordando el futuro.
Es importante que permanezcas en trance, porque cuando alineas el cuerpo con el futuro y cambias tu mundo interior, creas recuerdos a largo plazo. Y como la energía acude allí donde depositas la atención, no sería mala idea que evocaras escenas de tu película mental mientras visualizas, encarnas y sientes el futuro. Según lo hagas, las escenas de la película se convertirán en mapas energéticos y biológicos del porvenir. El gesto de experimentar emociones futuras (en el momento presente) y combinar esas emociones con la intención ejerce un doble efecto: instalas nuevos circuitos que graban en tu cerebro un mapa intencional del mañana y también generas la química emocional de ese suceso futuro, lo que incita a nuevos genes de maneras distintas, induciendo así a tu cuerpo a prepararse para su flamante destino.
Recuerda que esta meditación no se centra tanto en los resultados que esperas alcanzar como en la persona que quieres ser… o estás en proceso de convertirte. Si te concentras en «conseguir» riqueza, éxito, salud o una nueva relación, significa que sigues considerando esas cosas como ajenas a ti; de ahí que debas alcanzarlas. Sin embargo, cuanto más te acercas a esa persona, más se ajustará la realidad al nuevo estado de tu ser. Es el proceso de transformarte conscientemente en otro lo que te ayuda a seguir alineado con un destino distinto. Cuanto más practiques la meditación en movimiento y más entres en la piel de tu futuro, más capacidad tendrás para cambiar el estado de tu ser con los ojos abiertos, igual que hacías con los ojos cerrados. Si practicas este ejercicio las veces suficientes, no sólo llevarás contigo esa energía a lo largo del día, sino que será parte de ti. La repetición te ayudará a estar más presente durante las horas de vigilia, y antes de que te des cuenta estarás actuando, pensando y sintiendo de manera distinta, automáticamente. Se trata de programar una personalidad inédita acorde con una nueva realidad.
Y con el tiempo, ¿quién sabe? Tal vez te sorprendas a ti mismo caminando de manera natural como una persona feliz; actuando como un líder valiente y compasivo; pensando como un genio noble y poderoso; sintiéndote como un emprendedor valioso y rico. Es muy posible que, en el momento menos pensado, cobres consciencia de que ese dolor molesto ha desaparecido porque te sientes pleno, ilimitado y lleno de amor por la vida. Habrás adquirido el hábito de ser ese mismo en el que deseas transformarte. Y sucederá así porque habrás programado los circuitos y activado los genes latentes necesarios para pensar, actuar y sentir de otro modo. Biológicamente, te habrás convertido en esa persona.
El día ofrece abundantes momentos para estar presente y encarnar el futuro. Imagina que estás esperando a un amigo que llega tarde y, en lugar de sumirte en la frustración y el aburrimiento, generas la energía del mañana. Si estás en mitad de un atasco, en vez de enfadarte e impacientarte, puedes sintonizar con la energía del futuro sin cerrar los ojos. Y si estás en la cola del supermercado, enjuiciando a una persona por lo que ha comprado, procura transformar tus pensamientos y sentirte increíblemente agradecido por tu flamante vida para encarnar a tu futuro ser. Cuando caminas hacia el coche en el aparcamiento o te diriges a mirar el correo, puedes empoderarte sencillamente evocando la maravillosa existencia que te aguarda. Y a medida que empieces a aceptar, creer y entregarte a los pensamientos que surgen de ese estado emocional, tu cuerpo creará los compuestos químicos acordes con ese estado emocional. A través de estos gestos programamos el sistema nervioso autónomo para experimentar un destino distinto, y cuanto más practiques, menos probabilidades hay de que pongas el piloto automático y te pierdas el momento presente.
La meditación en movimiento
Empieza por buscar un lugar tranquilo en la naturaleza. Desconecta del entorno y cierra los ojos para centrarte en el momento presente. Dirige la atención al centro del corazón, donde el alma y el corazón conectan con el campo unificado, e inúndalo de emociones superiores tales como gratitud, dicha, inspiración, compasión, amor u otras similares. Si vas a creer en tu nuevo futuro de todo corazón, será mejor que lo abras y lo actives al máximo.
Mantén el foco de atención en el corazón e imagina que tu respiración entra y sale por ese centro —cada vez más lenta, profunda y relajada— durante un par de minutos. Vuelve a crear emociones superiores durante dos o tres minutos más. Irradia la energía hacia el espacio que rodea tu cuerpo y sé consciente de esa energía. Sintoniza con la energía de tu futuro.
Pasados unos minutos, imagina algo que represente una intención definida. Puedes elegir un símbolo significativo que te conecte con el porvenir, como aprendimos a hacer en el tercer capítulo. Usa los sentimientos que te transmiten esas emociones elevadas para cambiar el estado de tu ser y concéntrate en enviar la nueva señal electromagnética al campo. Permanece en ese estado durante dos o tres minutos.
A continuación abre los ojos y, sin mirar a nada ni a nadie, abre el foco de atención y sé consciente del espacio que rodea tu cuerpo en el espacio sin salir del estado de trance. Echa a andar con los ojos abiertos. Con cada paso, incorpora la nueva energía; la nueva frecuencia o el futuro que hayas decidido crear. Siempre que lleves contigo esa energía en la vida diaria, caminando en la piel de tu nuevo ser, estarás poniendo en funcionamiento las mismas redes neurológicas y generando idéntico nivel mental que cuando meditas con los ojos cerrados.
Ahora, recuerda tu futuro. Deja que las imágenes acudan, siéntelas, incorpóralas. Hazlas tuyas. Transfórmate en ellas. Sigue andando durante cosa de diez minutos y luego detente para hacer los ajustes que sean necesarios. Cierra los ojos de nuevo y eleva tu energía. Permanece presente, siendo consciente de esa energía durante cinco o diez minutos. Durante los diez minutos siguientes, con los ojos abiertos pero todavía en trance, camina con intención y propósito en la piel de tu futuro ser. Con cada paso que des llevando contigo esa nueva energía, estarás avanzando hacia tu destino y éste avanzará hacia ti.
Repite dos veces todo el proceso. Cuando hayas terminado el segundo ciclo, detente y permanece inmóvil una última vez, completamente centrado en la sensación que te produce la apertura de tu cuarto centro de energía. Puedes aprovechar ese instante para afirmar quién eres a partir de cómo te sientes. Por ejemplo, si te sientes ilimitado, puedes reconocer: «Soy un ser ilimitado». A continuación, posa la mano abierta sobre tu hermoso corazón y siente que mereces recibir lo que has creado. Eleva tu energía al máximo y siente gratitud, reconocimiento y dicha.
Ahora da las gracias al ser divino que habita en ti; la energía que te sostiene y es la fuente de toda vida. Agradece esa nueva vida antes de que se manifieste. Reconoce el poder que albergas, pídele a la vida maravillosas sorpresas, sincronicidades y coincidencias que te brinden una existencia dichosa. Irradia amor para dar impulso a esa nueva vida.