Sobrenatural
10 Estudio de casos: deseos cumplidos
Página 20 de 30
10 Estudio de casos: deseos cumplidos
En el estudio de casos que vas a leer a continuación, conocerás a personas muy parecidas a ti que se tomaron un descanso en sus ajetreadas vidas para crear un nuevo futuro. Se definieron a sí mismos a diario a partir de su visión del mañana en lugar de hacerlo a partir de recuerdos del ayer. Podríamos decir que estaban más enamorados del futuro que del pasado. El gesto de ejercitarse a diario y llegar a dominar las prácticas expuestas en los últimos tres capítulos les permitió convertirse en seres sobrenaturales. Presta atención a la facilidad con que lo lograron.
Tim da con la clave de su futuro
La primera noche de un taller avanzado que celebramos regularmente en Seattle y que suele coincidir con Halloween, pedimos a los alumnos que se disfrazaran de su futuro yo. Tim se disfrazó de swami. Siempre se había identificado con los gurús de la India, suscribía su estilo de vida y siendo muy joven había dejado Connecticut, su tierra natal, para estudiar en un ashram. Al comienzo del evento, los participantes recibieron también un regalo de la organización: una llave que simbolizaba su capacidad para acceder a su futuro ser.
Tim había asistido ya a varios talleres avanzados en el pasado. La primera vez que creó una película mental, incluyó la imagen de unas monedas de plata y oro en una de las escenas. Llevaba años tratando de vencer la emoción del miedo, pero en cierto momento se percató de que ese miedo escondía el convencimiento de no estar a la altura. Para Tim, las monedas simbolizaban su propia valía.
—Todo el mundo quiere ser rico —me dijo—. Pero yo, como había tomado la senda de la búsqueda espiritual y estaba en el mundo del yoga y todo lo que conlleva, estaba convencido de que debía ser pobre y asimilar la pobreza para demostrar mi discurso con hechos. Así que las monedas de oro y plata no significaban mera riqueza, sino merecimiento.
En su película mental de Seattle, Tim añadió nuevas imágenes que enriquecieran su visión. Usó un carácter chino que significa «riqueza» como segundo símbolo de valía, pero, como nunca había deseado dinero, escribió «afluencia» debajo del símbolo. Prefería la palabra «afluencia» porque, al buscar la definición, describía que según su etimología latina significaba «fluir hacia». ¿No sería genial —pensaba— que todo aquello que deseo fluyera hacia mí?
Si bien Tim es una persona muy analítica, después de mirar una y otra vez su película mental en combinación con el calidoscopio, descubrió que le costaba muy poco burlar la mente analítica y entrar en la subconsciente, el sistema operativo, para programar su futuro.
Durante el taller, cuando llegó el momento de dar profundidad a una escena de la película mental, vivió una experiencia trascendente. Empezó a experimentar una gran alegría, seguida de un amor entusiasta por la vida, casi como un ardor en el corazón. Dijo que se había sentido como si fuera capaz de incendiar el mundo. Luego, durante la meditación, les indiqué a los alumnos que había llegado el momento de abrirse y recibir. En ese momento, afirma Tim, la energía empezó a entrar en su cuerpo.
—No sé de dónde procedía —me confesó—, pero fue igual que si alguien hubiera abierto una espita. Recibí un chorro de energía, que entraba por la parte superior de mi cabeza y salía por las manos. Tenía las palmas hacia abajo y, sin que yo lo decidiera, la propia energía me obligó a darles la vuelta. Perdí la noción del tiempo y el espacio, no sabía dónde estaba, pero pasé el resto de la meditación en ese estado de éxtasis exaltado. Sabía que, de algún modo, todo iba a cambiar a partir de ese momento y ya nunca sería la misma persona.
Tim estaba convencido de que la descarga de energía lo había llevado a creer en su propia valía, porque a partir de ese momento no volvió a ser el mismo.
—Estoy seguro de que la nueva información que penetró en mi cuerpo reescribió mi ADN y borró mi viejo ser, porque esa parte de mi personalidad ha desaparecido —aseguraba.
Cuando Tim llegó a Phoenix, donde poseía y regentaba una tienda de camas japonesas, abrió el negocio como de costumbre un lunes por la mañana. El jueves, una mujer que le había comprado un futón hacía años se presentó en su establecimiento. Tim y la mujer habían trabado amistad y ella pasaba por allí de vez en cuando para charlar. Ahora se había retirado y acudió a la tienda para decirle a Tim que acababa de redactar su testamento. Quería que Tim fuera el albacea. Él se sintió muy honrado por la deferencia y le dio las gracias.
—Aquí está — dijo ella, y lo dejó sobre el mostrador junto con una llave—. Léelo.
Echando un vistazo al documento, Tim descubrió que no sólo lo había nombrado albacea, sino que también le dejaba monedas de oro y plata por un valor de 110.000 dólares. La llave del mostrador abría la caja de seguridad en la que guardaba las monedas (que, por supuesto, eran muy parecidas a las de la película mental de Tim). Al momento, Tim recordó la «llave del futuro» que había recibido en el taller avanzado de Seattle. ¡Pues vaya si lo merecía!
Sarah no puede tocar el suelo
En la Fiesta del Trabajo de 2016, Sarah resultó gravemente herida al tratar de evitar que un barco de cinco toneladas se estrellara contra un muelle. Durante varias semanas vivió un tormento asistiendo a terapia física y tomando un cóctel de fármacos, además de realizar visitas constantes al quiropráctico. Como nada parecía hacerle efecto, los médicos le aconsejaron operarse. Sarah, sin embargo, decidió asistir a un taller avanzado en Cancún antes de someterse a la cirugía.
Como sufría tantos dolores, su hijo le sugirió que llevara una silla de ruedas consigo. Ella decidió no hacerlo, y cuando llegó al hotel cayó al suelo desplomada de dolor. Más tarde, tras bañarse en la piscina con un flotador, sufrió leves espasmos al intentar salir del agua.
Sarah ya conocía mi trabajo, así que acudió a Cancún con su cojín de meditación y su película mental. En ésta aparecía fuerte y sana, capaz de correr otra vez. Jugaba al baloncesto con su hijo y a lacrosse con su hija. También se veía a sí misma ejecutando yoga aéreo, y cada vez que contemplaba la escena acogía la dicha que atribuía a la experiencia. Igualmente, cuando oía la canción de su película mental, notaba elevarse su energía.
Durante los primeros días, cada vez que tensaba los músculos centrales y dirigía la energía columna arriba con nuestra técnica respiratoria, notaba el pulso del nervio ciático, igual que si una cálida corriente eléctrica viajase nervio arriba. Al mismo tiempo, ponía toda su intención en imaginar que la energía era una luz sanadora en ascenso por su columna vertebral.
El tercer día, a primera hora, buscó en Internet la imagen de una mujer practicando yoga aéreo. Tuvo muy presente esa imagen todo el día. Por la tarde, los alumnos trabajaron con el calidoscopio y la película mental. Una vez que se desplegaron en el campo cuántico, les pedí que prestaran dimensión a una escena de su película mental. Cuando la meditación hubo terminado, les sugerí que se tendieran; pero, según me confesó Sarah más tarde, ella no podía encontrar el suelo. Empujaba el cuerpo hacia abajo, pero no estaba ahí. Antes de que se diera cuenta, se sorprendió a sí misma en otra dimensión protagonizando una experiencia sensorial estilo IMAX en toda regla; pero sin sus sentidos. Estaba viviendo una escena futura de su película mental. En su cerebro se habían conectado los suficientes circuitos como para que su experiencia subjetiva se le antojase tan real como cualquier vivencia objetiva. No visualizaba la escena; la protagonizaba en primera persona.
—Comprendí que me encontraba en otra realidad, en un tiempo y un espacio distintos. Estaba en mi futuro —explicó—. Y hacía ejercicios de yoga aéreo. Colgaba cabeza abajo y el suelo no estaba ahí. No dejaba de buscarlo, pero tan sólo me columpiaba en una preciosa cinta de seda roja. El dolor no me molestaba. Flotaba libre en el espacio.
Por fin, se tumbó. Lágrimas de alegría le corrían por las mejillas. Cuando dimos por concluida la meditación, el dolor había desaparecido.
—Supe que estaba curada —afirmó—. Mi propio poder mental me inspiraba un asombro reverencial y sentí una gratitud inmensa. Las imágenes de mi película mental no han dejado de manifestarse; de hecho, mi película mental no se puede comparar a mi maravillosa vida.
Terry camina hasta un nuevo futuro
En septiembre de 2016, mientras practicaba la meditación en movimiento por la hermosa Sunshine Coast de Australia, Terry vivió una experiencia trascendente. Hacia el final de la meditación, cuando se detuvo para ejecutar la última parte, se sentía conectada, contenta y expansiva. Siguiendo mis instrucciones, se abrió al campo con la intención de merecer su vida futura. Sin previo aviso, notó cómo una corriente eléctrica le entraba por la parte alta de la cabeza hacia el corazón. Según la energía le recorría el resto del cuerpo, atravesándole los muslos hacia los pies, las piernas le empezaron a temblar de manera incontrolada.
—El intenso temblor parecía venir de dentro —me explicó—, pero mi cuerpo nunca había experimentado una energía tan intensa. Creí que las piernas no me sostendrían. Y, en ese momento, perdí por completo el control consciente de la parte inferior de mi cuerpo.
Rompió en sollozos incontrolables y, con ese gesto liberador, su mente y su cuerpo también empezaron a soltarse. El tiempo pareció detenerse. Terry comprendió que su organismo estaba movilizando toda una vida de emociones no resueltas. Y según la corriente eléctrica la recorría por dentro, notó cómo enormes cantidades de materia densa y oscura se desprendían de su cuerpo.
—Creo que esa materia eran traumas, no sólo de mi vida actual, sino también de vidas pasadas —recordaba—. Incluía el intento de suicidio de mi padre cuando yo tenía ocho años, que ha marcado mi vida. A causa de ese trauma, nunca me he permitido a mí misma recibir amor incondicional.
Notó cómo todos los convencimientos que la limitaban —adquiridos a través de un condicionamiento emocional particularmente intenso y de las creencias inconscientes de otros— se disolvían sin más.
—Todo aquello que no estaba en sincronía con la persona que soy en realidad desapareció —dijo Terry—. Experimenté una verdadera liberación, algo que mi alma ansiaba desde hacía mucho tiempo. Supe que mi alma me había llevado a esa playa, en ese instante, con toda esa gente, para llevar a cabo este trascendente trabajo.
Cayó de rodillas y un amor abrumador fluyó a través de su ser. Arrodillada en la arena, sintiéndose humilde ante ese poder, vio que cada paso del camino había sido necesario para que viviera ese momento transformador. Observó a la persona que había sido a lo largo del último año, cómo había escogido conscientemente meditar a diario y cómo se había enamorado de sí misma una y otra vez. Supo que su yo futuro había llamado a su ser del pasado para que viviera esa experiencia de profundo amor.
Cuando Terry regresó a la realidad tridimensional y recuperó los sentidos, la invadió una increíble sensación de paz y unidad con todo lo que la rodeaba. Según contaría después, experimentó una profunda reconexión con su ser físico, mental, emocional y espiritual, y afirmó que hacía mucho tiempo que no se sentía tan «dentro de su ser».
—La experiencia me recordó que soy, como somos todos, una expresión de la energía divina —expresó—, y que merezco recibirla.