Puro humo

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L’érotomane par excellence

Pero seguro que se sabe que, después de Freud y sus compinches, un puro es un objeto fálico —¿o acaso un sujeto fálico? La palabra faloforme (en griego un pene conforme con su forma) se aplica al cigarro aún no encendido, un pene erecto, o al cigarro sostenido lánguidamente en la mano masculina pero relajada, la masturbación consumada. O incluso al habano no consumido pero encendido, embutido entre labios gruesos, golosos, felix fellatio. Se puede ver el gozo y el placer postrero en el rostro del que lo sostiene, envuelto en una bruma de caro humo— el incienso del pagano. Pero ¿qué pasa con la colilla ardiente del cigarro? Puede ser también fuente de placeres eróticos, exóticos, de acuerdo con el érotomane par excellence de la literatura francesa moderna, Alain Robbe-Grillet. «Una cama con dosel, una soga» es el sobrecogedor comienzo de la lista de curiosidades que Robbe-Grillet reúne al principio de La casa de citas (La Maison de rendez-vous). Sigue así: «El capullo ardiente de un puro me acompañó por varias horas». Luego viene una famosa frase francesa lista para salir del armario y saltar a algún diccionario soez: «Organizo parties en los jardines». Originariamente tenía sabor a partouzes (o parties étrangées), ya que una orgía es sólo una anomalía. Que ahora seguro significa mucho menos de lo que parece.

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