Puro humo

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Adiós al tabaco

Por la maldición babilónica dudo

esgrimiendo mi verso tartamudo.

Y aunque de buscar sendero no cejo

en un mundo tan complejo

o de encontrar un alegato

o un lenguaje bien sensato

(aún la frase escasa no te canta)

como debe hacerlo ante ti, gran planta.

150 líneas más tarde, Lamb dice al fin su adiós al tabaco —aunque no a fumar. Muy pronto volvía tanto a echar humo como a hacer versos. Esto, en Australia, se llama hacer la Melba, soprano famosa por cantar «Ya con ésta me despido / pero pronto doy la vuelta».

Lamb era un loco por el tabaco —o acaso loco a secas. En cualquier caso, su hermana sí que estuvo verdaderamente trastornada, tanto como para acabar matando a su madre (también madre de Lamb) en un ataque de demencia. (Puedo agregar a todos los cotilleos maliciosos, que ella —la hermana— jamás fumó en su vida.) Más tarde, Lamb la adoptó.

O así decir de cualquier precio

mitad mi amor o mitad mi desprecio.

Lamb adoraba el tabaco también:

Y la pasión que celebra

menos a la querida que a la hebra.

Lo que suena como un Byron birloque.

El giro de la pluma humeante de Lamb es, en realidad, el golpe de gracia —de un boomerang.

Aquí vuelve. Lamb amaba a su hermana pero, aparentemente, amaba más al tabaco.

Oscuro cual hollín sirviente de la viña,

criado negro de Baco que encariña.

¿Estaba ahora versificando a Otelo?

Brujo que enmascaras tu tez

negra como el hollín, como la pez.

¿Escande versos? ¿O los esconde?

En tu honor quedan rotos

tantos y tantos más votos

que los que amantes devotos tienen contra las mujeres

pues en femenino quieres.

Denominó al tabaco, en una contaminatio, «Hermano de Baco, nacido más tarde» —pero el poema es demasiado largo. Hacia el final se sitúa más cerca de Marlowe que de Shakespeare:

entre los gozos

del bendito tabaco y de los mozos.

Al final pacta, se retracta, y consta en acta:

Pero debo (que en esta parte

no sufras, gran planta) dejarte.

Si bien de amarte soy reo

morir por ti no es mi deseo

aunque cada día, no lo dudes

cantaré en alto tus virtudes.

¿Es éste el final del poema? Podría ser. En cualquier caso no es el fin del tabaco nuestro adiós a Lamb.

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