Puro humo

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La obertura

Estaba ayer en un café no lejos del Royal Exchange, donde observé a tres personas en conversación privada al calor de una pipa de tabaco; entre quienes, habiendo llenado una pipa para mi propio uso, y habiéndola encendido con ayuda de una pequeña vela de cera que se hallaba ante ellos y, tras haber echado dos o tres bocanadas entre ellos, me senté pasando a ser uno más en el corrillo. No considero que deba añadir al lector que, entre hermanos fumadores, el acto de prender la pipa con igual candela se considera como una obertura para la conversación y la amistad. Así que nos saludamos de una forma muy sincera y, atrincherados bajo una nube de nuestra propia cosecha, recogí el último número de The Spectator y, echándole una ojeada, dije: «The Spectator está hoy muy ingenioso…»: a lo que un viejo caballero, robusto y aletargado, sentado en el ángulo superior de la mesa, habiendo exhalado gradualmente una gran bocanada de humo de la que había hecho anteriormente acopio, repuso, «Ay, más ingenioso que agudo, me temo». Su vecino, que estaba sentado a su diestra, se acaloró inmediatamente y siendo como era un político airado, dejó caer su pipa con tanta ira que la rompió por la mitad, con lo que me dispensó con una rociada de tabaco.

Joseph Addison, The Spectator, número 568

Éste es el hombre que dijo que el retruécano es la forma más baja del ingenio. Aquí está, un deshollinador devenido polvo, ni ingenioso ni agudo. Ni de mi agrado.

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