Puro humo

Puro humo


Ta Vague Littérature » Hasta bien entrada la noche

Página 28 de 75

Hasta bien entrada la noche

Pasemos luego al incoactivo-contingente que presupone el hábito y hace referencia a las horas del día o de la noche en las que es más grato fumar. Y responde —a todas horas— con cierta exigencia y obvias excepciones. Primero, es bueno fumar una pipa, y solamente una, antes del desayuno, cuando el organismo, al estar en ayunas, es más receptivo a la energía nicotínica. Segundo, no deje de fumar al menos tres pipas inmediatamente después del desayuno. Debe realizarse al aire libre y, si fuera posible, mientras se pasea por un jardín fragante o invernadero que aún conserve el rocío perfumado del aroma de las flores. Tercero, en la sobremesa fúmense al menos tres pipas, pero inmediatamente después de haber comido para que no engendren pesadez o negra cólera. Cuarto y finalmente, en la tarde y hasta bien entrada la noche, cuando se dedique a sus libros, fume tantas pipas como le sea posible, si bien no menos de cuatro. Esto lo propongo no como un máximo sino como el mínimo que es imperiosamente cumplido por todos. Ya que cualquiera que fume menos de once pipas per diem no puede ser considerado un fumador en la misma proporción que uno que las fuma. Y si en algún momento el estudiante sintiera que su boca se encuentra empalagosa y salobre por mucho fumar, permítasele que haga una pequeña pausa y que beba una fuerte cocción de té, sin leche ni azúcar. Ya que nada es más fortificante y reparador que este té negro y al mismo tiempo es bebida digna de ser ensalzada. Y de esta suerte entre el fumar constante y la meditación deberá transcurrir la vida del Filósofo de la Pipa. Para él ningún momento ni lugar son buenos a menos que le otorguen la libertad de fumar y ninguno de ellos es malo a menos que se le arranque dicha libertad. Pese a que, por desventura, se vea obligado a batallar con el mundo y ganarse la vida, no será sino el cuerpo humano el que se encuentre ocupado, ya que su intelecto no lo estará. Que no le preocupe la riqueza sino para evitarle la necesidad y ayudarlo a ser más selecto y curioso con su fumificable. Que considere que la buena comida y la vida amable no sean de alguna trascendencia, sino más bien estorbos y tropiezos para el espíritu. Que el lujo, las prendas preciosas y la fina apariencia no las sueñe para él, sino que aprecie verlas en otros contra los que acaso desahogue su desprecio. Pero, sobre todo que rechace aquello que los hombres denominan amor y acostumbre, como hemos visto, a mirar más allá de una bella fachada y ver la piel rubicunda camino de amarillear y arrugarse y, al final, quebrarse en pedazos para revelar mandíbulas en mueca y agujeros por ojos, y filas de huesos, sobre los cuales, cuando están cubiertos, hay tanto ajetreo y tan poco que hacer. Así, con bastante tabaco, muchos libros y algunos amigos, que su vida prosiga hasta que el incoactivo-contingente se extinga, y comience lo ignoto.

Arthur Machen[48]

The Anatomy of Tobacco (1884)

Ir a la siguiente página

Report Page