Puro humo
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La tabaquera robada
Me levanté y lo abracé cálidamente, aunque él estaba tan inmerso en sus pensamientos que en ese mismo momento se llevó mecánicamente la mano al reloj, como para consultar la hora. «Siéntese», me dijo. «¿Un puro?»
«He dejado de fumar», respondí.
«¿Por qué?», preguntó.
Me dio reparo y acaso me ruboricé. Había dejado de fumar porque, al haberse reducido mi práctica, me era muy caro. Solamente podía costearme una pipa. «Prefiero una pipa», dije riéndome. «Pero cuénteme ese robo. ¿Qué es lo que ha perdido?»
Eso es todo lo que intuimos por el título. Ya conocemos a los dos caballeros. Son, por supuesto, Holmes y Watson. Pero este cuento no fue precisamente escrito por sir Arthur Conan Doyle sino por un americano advenedizo llamado Bret Harte. Es, de hecho, una parodia. Si hago hincapié sobre ella es porque Sherlock Holmes no fue nunca fumador de puros. Lo suyo era la pipa. Tal y como funcionan las parodias, ésta no es ni siquiera buena, pero Bret Harte era amigo de Mark Twain y decía que, después del caballo, un puro es el mejor amigo del hombre. También sabía que una tabaquera robada podía ser de mayor valor para su dueño que una gargantilla. Después de todo, las perlas pueden ser falsas, los diamantes hechos de cristal pulido y las diademas mera bisutería, pero un puro… ¡Un puro es una pasión ardiente!