Puro humo

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Sublime Mackenzie

Compton Mackenzie rindió homenaje al tabaco en su Sublime Tobacco como ya lo había hecho a los licores en Whisky Galore. Nadie osaría decir que Mackenzie fue un gran escritor, ni siquiera un buen escritor. Pero su Sublime Tobacco (dedicado a su mujer: «Ésta es la historia de la hoja dorada para conmemorar una boda dorada».) es uno de los mejores libros sobre fumar jamás escrito. Su título no es el acierto elegante de My Lady Nicotine, pero posee más hojas sobre la hoja escogida que la obra maestra de Barrie. Es también un libro más contemporáneo, aunque considerablemente menos inglés (Mackenzie era escocés de origen). Pero, de nuevo: no se podría encontrar un escritor más inglés que Barrie —que nació en Escocia.

Así es como Compton Mackenzie comienza su libro:

Si un doctor de mirada grave, después de tomarme el pulso y darme palmaditas en el pecho y comprobar mi presión arterial, declarase al final de esa investigación que debo dejar o bien el tabaco o bien de beber alcohol de cualquier tipo durante el resto de mis días, tendría que contestar sin pestañear y con la austeridad de un estoico: «Entonces renuncio al vino y los licores y no beberé nada más que agua durante el resto de mis días; pero nunca renunciaré a mi pipa y, cuando alguien me ofrezca un puro, lo aceptaré con gratitud y lo fumaré con placer».

Ésas son palabras de un verdadero fumador y, me atrevería a decir, de un fumador de puros, fiel al perfume del tabaco. Scent of human.

A la madre de Mackenzie le disgustaban igualmente los vapores de las pipas y de los cigarrillos pero le encantaban los de los cigarros y su padre solamente fumaba cigarros. Así pues, era una cuestión de genes más que de azar que Mackenzie se convirtiera en un fumador de cigarros, un historiador y un poeta. Éste es el caso de un escritor menor que tenía problemas con las comas pero que resulta ciertamente interesante cuando escribe sobre puros. Debe de ser su escocés. Mackenzie empieza con la revelación de que su gen de gentleman viene de su madre, «después de haberse opuesto a los cigarrillos durante toda su vida, empezó a fumarlos cuando murió a los 88 años». Aquí Mackenzie puede serlo todo salvo deshonesto. Podría haber dicho que su madre, ya en la vejez, se dio a la pipa o a los cigarros y le quedaba una bonita historia. Pero dice la verdad y se lo agradecemos aún más.

Y, como siempre, cuenta banalidades divertidas: «Existía, en esa época, la leyenda de que los cigarrillos egipcios obtenían su potente humo de la mezcla de tabaco con excrementos de camello». ¡Esto es lo que yo llamo el camelo de Camel!

Oscar Wilde, despúes de oír lo que viene a continuación, hubiese exclamado de seguro que Bosie vivía a su costa y por encima de sus posibilidades:

Una tarde, en compañía de varios conocidos, me encontré con lord Alfred Douglas en la Exhibition. Estaba él en su estado habitual de emoción febril de aquellos días y de pronto anunció que todos nosotros debíamos cenar con él… Recuerdo haberme asombrado ante su pedido de una docena de puros Murias para cerca de media docena de personas, a dieciocho peniques la pieza —puros largos y delgados que fumamos en un compartimento del Pavilion Music-Hall.

Obviamente el palco se convirtió en el compartimento de los puros.

O:

Tuvimos una reliquia del proceder victoriano hacia el tabaco teniendo que esperar hasta que finalizase el brindis real para encender los puros o los cigarrillos. Eso en Inglaterra, pero ¿qué hay de los viejos USA? Mientras cruzábamos la frontera con Indiana los cobradores vinieron para advertir a los pasajeros que no se podrían fumar cigarrillos hasta que el tren dejase atrás el Hoosier State.

Derechos de aduana

Existe una creciente tendencia a ofrecer cigarrillos unos cinco minutos antes de la llegada de los puros. El verdadero fumador de puros no desea un cigarrillo como preludio a un Punch o un Partagás o un Henry Clay.

… la bocanada de humo, esto es, el puro muy pequeño o cheroot.

La primera mujer a la que vi fumando un puro fue Mrs. Bernard Berenson. Esto fue hace cincuenta años. Espero que el puro no acelerara su temprana muerte.

Compton Mackenzie encontró una marca de puros llamada Moonriders (jinetes de la Luna), el nombre perfecto para un puro. «Si tan sólo pudiese encontrarlos de nuevo», se lamentaba cuando no pudo encontrar los cigarros con una metáfora por nombre.

Prohibiciones y adicciones

«Una pérdida aún más triste que la de los habanos de antaño fue la desaparición de la cheruta Old Manila después de que las Filipinas fuesen arrebatadas a España por los Estados Unidos. La cheruta Old Manila era casi el doble de largo que el burdo producto de hoy y el sabor era por lo menos tres veces mejor. Recuerdo que mi doctor de Oxford me comentaba que la cheruta Old Manila poseía una muy pequeña cantidad de opio.» Ah, voila! Eran tiempos en los que un vino italiano, el popular Mariani, tenía una base de cocaína, y el término Coca-Cola aludía más a su composición química que a la marca. Freud era todavía joven. También lo era el siglo y nadie llamaba al inquilino del 221B de Baker Street por el nombre de Sherlock Holmes.

Tiempos en los que «era aceptable fumarse un cigarrillo en cualquier calle de Londres pero no se consideraba educado fumar en pipa en el West End». ¡Insólito!

Una parodia

—No irás a fumar tu pipa en Bond Street, ¿no?

—¿Y por qué no?

—Mira: si te compro un puro, ¿lo fumarás en vez de la pipa?

Respondí que sí con presteza y nos dispusimos a entrar en Morris para adquirir algo que fumar en Bond Street más decoroso que una pipa.

Otras prohibiciones

No se permite fumar en público a las mujeres, salvo entre cinco y siete de la tarde, en el thé dansant ofrecido a diario en el hotel Plaza de Central Park, Nueva York y en el Rector’s Restaurant en el centro de la ciudad.

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