Puro humo

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¡Waugh, waugh!

«Trabajé bastante bien.

Bebí buen vino y fumé buenos puros.»

Los diarios de Evelyn Waugh

Evelyn Waugh volvió a su hotel para ser entrevistado —¿Para ser qué?, entrevistado: Ah, ¿así que fue entrevisto?— por el Paris Review, con un paquete. Waugh llevaba en el paquete, el de Paris Review, una grabadora. En su bulto, Waugh había escondido una caja de puros. Le dijo a su entrevistador (que fumaba un cigarrillo): «Considero que los cigarrillos resultan algo escuálidos en un dormitorio». Luego encendió un cigarro y se metió en la cama. Waugh fue ese escritor que declaró que se sentiría feliz de tener, en este orden, una comida decente al día con una botella de vino y un habano. Waugh odiaba a Maugham, a quien llamó en sus diarios, con frío desprecio, pederasta. Pero la banda mística de un puro hace, de ambos hombres, uno solo.

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