Puro humo
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El ocaso del caso irlandés
En Irlanda, cada día comienza con salvas por la muerte de Myles na gCopaleen. Como en todo velorio irlandés que se precie de serlo, la tristeza no es tanto a causa de la muerte como del olvido. Sir Myles va camino de ser olvidado porque estuvo en el negocio de los recuerdos. Pero Myles se olvidó o, mejor dicho, no se acordó, de los puros. Dale recuerdos a Upmann, de mi parte, y un saludo para Partagás.
Para colmo de males, Myles, jamás, jamás se dignó a hablar de los habanos o del más minúsculo Schimmelpenninck, él que vivió en un humidor. Tampoco escribió acerca de pipas pero sí, de entre todas las cosas, sobre cigarrillos irlandeses: «Todas las noches me siento en casa», asevera, «pensando en ello» (algún pecado, seguro) «y fumando incontables cigarrillos». Por fin tiene, sí —¡por fin!—, por fin tiene algo que confesarnos: «Mis incontables cigarrillos me los hace especialmente Carrols de Dundalk». ¿Y por qué no Carroll de Isis? Don Lewis Carlos, de él es de quien cogió el vicio. Pero les va a mostrar uno de ellos, diciendo: «Les voy a mostrar uno de ellos». Y luego la verdad, la dura verdad irlandesa, tan espesa como el Irish coffee, igual de embriagadora: los cigarrillos de Myles son (y son miles) «Bastante redondos, como un aro». Fin del proyecto. Myles na gCopaleen o Flann O’Brien o Brian O’Nolan o incluso Brian O Nuallain, todos esos nombres, todos esos hombres murieron de cáncer de garganta. ¡Cigarrillo o muerte! ¿Qué tal las dos cosas? Be Gorrah!
En Irlanda, Tierra de Ira, cada día comienza con albas por la muerte de Myles na gCopaleen.
Y, sin embargo sinembargo, Yeats nunca mencionó los puros a pesar de haber cantado a las torres y a las velas. Aunque nosotros, los fumadores, conocemos que un puro es una torre con velas de humo.