Pijama azul

Pijama azul


Capítulo 27

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Capítulo 27

Arlet Vila

Viernes, 22 de julio de 2022

Llego a urgencias casi sin aliento, habiendo corrido escaleras abajo y esquivado médicos por el camino para llegar cuanto antes después de recibir la llamada de Asensio. Atravieso la parte central y voy directa hacia el pasillo donde se encuentra la sala de curas, encontrándome en la puerta a la doctora Heredia, al doctor Asensio, a Javier y a otro enfermero.

—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Teloy? —pregunto llegando frente a ellos.

Maribel, con la cara descompuesta y bajo el quicio de la puerta, ni siquiera me mira. Es Asensio el que se acerca y me habla en voz baja.

—La detenida la ha golpeado en la cara, no parece grave, pero tampoco puedo saberlo porque no deja que ninguno nos acerquemos —explica tan compungido como angustiado—. Está como ida, hiperventilando y temblando como una hoja. Iba a sedarla para que se deje hacer, pero Heredia ha dicho que esperase a que vinieras tú.

—Yo me ocupo —digo al mismo tiempo que interpongo mi cuerpo entre el de Heredia y el marco de la puerta y me asomo a la sala.

Vania está sentada en el suelo con la cara ensangrentada y la pierna izquierda botando de forma frenética mientras se mira, absorta, los dedos de una mano. Tengo que tragar saliva para no desmoronarme delante de todos, y mucho menos delante de ella.

—Que alguien me prepare una bandeja de curas —le pido a Abel Asensio sin apartar la mirada de Teloy, que parece ajena a todo.

—Está en el suelo junto a ella —señala por detrás de la pierna que Vania tiene botando.

El jefe de urgencias me tiende unos guantes y se aparta.

—Dejadme sola con ella, si necesito ayuda os llamaré —ordeno, y Maribel asiente y cierra la puerta a mis espaldas.

Camino hasta Teloy y me agacho frente a ella, que hace el intento de zafarse cuando acerco una mano hacia su cara. Entonces le cojo la mano con la que intenta apartarme y se la aprieto con firmeza, sacudiéndola hasta que logro que me mire.

—Yo no me voy a marchar, Vania, así que ni lo intentes —le advierto con determinación.

Se queda inmóvil mirándome y ahora es su mano la que comienza a apretar la mía como si temiese caer por un precipicio y su labio inferior, manchado de sangre como gran parte de su cara, empieza a temblar al mismo tiempo que sus ojos se anegan y estalla en un llanto seco que la hace convulsionar y volcar hacia delante. Me dejo caer de rodillas y la acuno contra mi cuerpo mientras sus sollozos desgarradores y cargados de tristeza, se camuflan con la tela de mi bata, sobre la que ha hundido la cara.

Vania llora intensamente, lo hace de manera espasmódica entre hipidos tan frecuentes que apenas le da tiempo a respirar. Se aferra con fuerza sobrehumana a mi cuerpo y sus lamentos me encogen el alma hasta que empiezo a ver borroso y me doy cuenta de que yo también estoy llorando. Me limito a consolarla con mi abrazo, pero en ningún momento trato de hacerla parar a pesar de que el esfuerzo realizado por el llanto hace que, de la brecha de su labio y la que tiene en la ceja, brote más cantidad de sangre. 

Libero una de mis manos para arrastrar mis propias lágrimas y con ella me hago con una gasa y se la pongo sobre la herida de la ceja para detener la hemorragia. 

Teloy llora sin descanso durante varios minutos en los que no me muevo ni un centímetro a pesar de que una de las piernas se me ha dormido. La puerta se abre de forma suave y cuando miro, veo a Heredia asomada, tapándose la boca con la mano antes de salir de nuevo y dejarla cerrada.

Aparto la gasa cuando compruebo que ya no sangra y con su cabeza apoyada sobre mi pecho, le aparto el pelo de la cara y le voy recogiendo las lágrimas con el pulgar constantemente.

Vania poco a poco ha encogido sus piernas hasta quedarse hecha un ovillo junto a mí, refugiada en mi abrazo hasta que, cuando me quiero dar cuenta, ha dejado de llorar y lo único que queda son esos hipidos espasmódicos que arrastras durante minutos después de haber llorado con intensidad.

—Le voy a pedir a Asensio que entre con una camilla y te llevaremos a un box para que yo pueda curarte —le susurro con suavidad sin dejar de abrazarla.

—¿Tú? —balbucea y me abraza con más fuerza.

—Yo —afirmo con rotundidad.

Teloy arrastra su cara ensangrentada sobre mi bata hasta que logra mirar hacia arriba y encuentra mis ojos. Su mano, ralentizada por la debilidad absoluta que siente, logra trepar por mi brazo hasta que llega a mi cara y se posa con temblor sobre mi mejilla. Vania me sonríe y yo siento que mi cuerpo entero es invadido por un hormigueo intenso que me recorre de punta a punta hasta dejarme sin aliento.

—Eres la mujer más bonita que he visto en mi vida, Teloy —afirmo en un susurro que me nace de muy adentro.

Su mano ahora va hacia mi nuca y presiona sobre ella para que yo baje la cara, buscando mis labios con la mirada clavada en ellos.

Me los humedezco al mismo tiempo que contengo la respiración, agitada porque por fin ha llegado el momento que tanto llevo deseando. Sus labios están a punto de rozar los míos, puedo sentir su calor y el temblor de su respiración cuando la puerta se abre y ella se escurre sobre mi pecho de nuevo.

Asensio observa la escena estupefacto, impresionado por ver a esa compañera que en su día fue su amiga rota sobre una mujer que para él todavía es una completa desconocida.

—¿Puedo ayudar? —pregunta sobrecogido por la situación.

—Sí, hay que subirla a una camilla y llevarla a un box —afirmo decidida a no demorarlo más.

—No hay ninguna libre, aquí no paran de llegar pacientes. Con tu permiso, la vamos a llevar a tu despacho, allí estará más tranquila hasta que se libere alguna habitación en planta. Maribel lo está preparando todo —dice dejándome sorprendida.

—De acuerdo.

Asensio se agacha frente a nosotras y roza el brazo de Teloy para llamar su atención.

—Te voy a coger, Vania —la informa temeroso de hacer algo que la incomode.

Sin embargo, para sorpresa de ambos, ella asiente y se aferra al cuello del doctor cuando él empieza a levantarla. Vania emite un par de aullidos de dolor cuando él se pone en pie acomodándola contra su cuerpo. Yo me levanto aceptando la ayuda de Javier, que me ha tendido la mano con amabilidad y me ha permitido apoyarme en él unos segundos mientras se me destensan las articulaciones. El camino hasta mi despacho me resulta más propio de una película que de un hecho real, con Abel cargando con Vania y Javier despejándole el camino hasta el ascensor.

Cuando entramos a mi despacho, Heredia ha puesto una sábana sobre el sofá y tiene preparada una bandeja de curas y un gotero. Asensio la deja con cuidado y él y Javier abandonan el despacho. Lo primero que hacemos Heredia y yo es quitarle el pijama para examinar todo su cuerpo en busca de algo que no hayamos visto. Vania, agotada por el estrés que le ha producido el ataque de la detenida y también del que produce liberarse de una carga emocional como la que arrastraba, se deja hacer como si fuese una muñeca. Una vez comprobado que solo tiene un hematoma en el glúteo y otro muy pequeño en el hombro, Heredia le pone la vía con un calmante y se pone en pie después de darle un beso en la cabeza.

—Creo que es mejor que sigas tú, estaré fuera —dice, y me da un apretón en el hombro y se marcha.

Me siento al lado de Teloy y comienzo a limpiarle la sangre con una gasa mientras ella me observa cómo te miraría un animal al que acabas de rescatar.

—¿Cómo te encuentras? —le pregunto muy bajito, pasando la gasa por su pómulo, justo por debajo de la cicatriz.

—Me duele mucho la cabeza, me va a reventar —dice y un suspiro entrecortado brota de su pecho.

—El calmante no tardará en hacerte efecto, Vania. Necesitas descansar del estrés que has sufrido hoy, cierra los ojos e intenta dormirte.

Le paso los dedos por la frente como si quisiera apartarle el pelo y le sonrío antes de que sus párpados empiecen a cerrarse y ella sea incapaz de hacer nada por evitarlo.

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