Pijama azul
Capítulo 29
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Capítulo 29
Vania Teloy
Lunes, 25 de julio de 2022
El vuelo hasta Milán ha sido tan corto que cuando me quiero dar cuenta, ya estoy al volante del coche que he alquilado. Me dirijo directamente hacia el Cimitero Maggiore, donde hace dos años enterré a Lucía. Llevo mucho tiempo pensando en hacer esto, en volver aquí y hablar con ella, contarle cómo me siento y explicarle lo miserable que está siendo mi vida sin ella, sin embargo, nunca me he atrevido, y ahora que estoy aquí, las cosas que quiero contarle han cambiado.
Cuando llego hasta su lápida el corazón se me hace un nudo y las lágrimas comienzan a brotarme sin control. No es un llanto angustioso como el del otro día, ya no me siento así, ahora es otra cosa y, cuando saco un pañuelo y me limpio, incluso sonrío cuando leo su nombre completo.
—Hola —saludo al aire, y me agacho sobre la lápida y aparto un par de piedras con la mano.
Me siento sobre ella ante la mirada estupefacta de una señora que camina con un ramo de flores.
—Yo no te he traído nada —digo suspirando.
A Lucía no le gustaban las flores.
Los siguientes minutos los paso explicándole lo mal que lo pasé cuando la perdí y pidiéndole perdón por no haberla llorado antes y por no haber vuelto a visitar su tumba desde el día del entierro.
Le explico que empiezo a sentirme mejor, que siempre la voy a seguir queriendo y que una parte de mi corazón será siempre de ella, pero que de la otra, se está apoderando otra persona tan rápido que casi no me estoy dando cuenta.
—Yo creo que te caería bien —digo despedazando las hojas de una margarita que he arrancado del suelo.
Le cuento a Lucía todo lo que ha sucedido con Arlet desde el momento que la conocí y cuando termino, me doy cuenta de que ella es la única culpable de que por fin me haya atrevido a dar tantos pasos hacia la recuperación y la aceptación de la muerte de mi mujer.
—Incluso he ido a terapia —vuelvo a decir en voz alta como si Lucía estuviese a mi lado escuchando mi relato.
Estoy segura de que se reiría y me diría que no se lo cree, la imagino con tanta nitidez, que por un momento puedo reproducir el sonido de su voz y de su risa en mi cabeza.
Sonrío y miro en todas direcciones descubriendo que nadie, salvo esa señora, parece prestarme atención. Aquí cada uno viene a ver a los suyos, unos les ponen flores limpias, yo le hablo y por fin me despido de ella.
—No sé cuándo volveré, pero te prometo que lo haré.
Cuando salgo del cementerio las lágrimas siguen brotando de mis ojos de manera silenciosa, sin embargo, esta vez no tiene nada que ver con la última que estuve aquí, cuando estaba tan angustiada que me dolía respirar. Ahora me siento bien, en paz. Por fin he logrado aceptar la pérdida de Lucía y tengo la certeza de estar preparada para empezar de cero, y eso tengo claro que quiero hacerlo con Arlet.
Antes de volver al hotel, y tras meditarlo bastante, me paso por la casa de los padres de Lucía. A ellos tampoco he vuelto a verlos desde que la enterramos y, aunque los conocía poco, creo que merecen saber que no me he olvidado de ella y que yo también la lloro y la echo de menos.
Su padre se queda atónito cuando me encuentra al otro lado de la puerta, pero después de la impresión inicial, extiende los brazos y me recibe con un abrazo.
—Cuanto tiempo, Vania, sabía que algún día vendrías a vernos —dice, y ahora sí que siento que por fin he cerrado el capítulo completo.