Pijama azul
Capítulo 5
Página 6 de 33
Capítulo 5
Vania Teloy
Domingo, 26 de junio de 2022
Mientras Arlet habla con los Mossos d’Esquadra y después de colgar la llamada con su hermana, aprovecho para rellenar un par de informes pendientes, sentada en el mostrador de la sala de urgencias. Bostezo y me froto los ojos con fuerza como si así se me fuese a quitar el sueño y el cansancio que cada vez me resulta más difícil de llevar.
—¿Quieres café?
La voz me asusta y me giro con rapidez hacia atrás. Javi, uno de los enfermeros del turno de día me mira sentado en una silla mientras me muestra un termo.
—No, gracias —respondo con sequedad y me giro dándole la espalda de nuevo.
—Estúpida… —lo escucho mascullar en voz baja.
Siento la tentación de girarme y decirle lo primero que se me pase por la cabeza, pero estoy cansada y no me apetece discutir con nadie, así que lo paso por alto y hago ver que no lo he escuchado. Cierro el informe y abro el de Arlet para preparar la medicación que voy a recetarle cuando decido que realmente un café cargado es justo lo que necesito, así que me levanto, salgo a la entrada e introduzco una moneda en la máquina expendedora. El café es espantoso, pero al venir anoche de improviso no traje mi termo, y prefiero esto antes que aceptar nada de ese gilipollas. Vuelvo al mostrador removiendo el café con descaro mientras él me observa sin disimular que no le caigo bien. Termino de completar la receta, la imprimo y la firmo justo cuando los agentes salen del box.
—Por nosotros ya está, que tenga un buen día —me dice uno de ellos para despedirse.
—Gracias, igualmente.
Cojo mi café y la receta y entro en el box de Arlet. Lo primero que llama mi atención es un enorme patinete eléctrico que los agentes han dejado plegado y apoyado en un rincón.
—Han sido muy amables al traerlo —dice ella mientras yo miro el aparato contrariada.
—¿Te caíste con eso?
—Un niño salió de la nada justo cuando iba a pasar un paso de peatones y no tuve margen de maniobra —explica haciendo un gesto de dolor cuando se mueve.
—No irías a la velocidad adecuada entonces —escupo sin cortarme y ella clava su mirada en mí como una estaca.
—Había un coche mal aparcado que me tapaba la visibilidad, los Mossos ya lo han denunciado. Y el crío salió como una bala, si hubiese mirado habría visto que yo estaba pasando y nada de esto habría pasado —se defiende y noto cierta molestia en su tono.
Afirmo con condescendencia y le tiendo el móvil.
—Tu hermana viene de camino, y tienes razón, es un poco alarmista, pero he logrado que se calme.
Arlet hace un intento de sonreír, sin embargo, esta vez no le sale porque sentirse juzgada por mí está claro que la ha ofendido. Como me niego a disculparme por opinar donde nadie me ha pedido que lo haga, le tiendo la receta y me siento a su lado para explicarle bien las pautas.
—Ten cuidado al limpiarte los rasguños, hazlo solo con agua y jabón, sin utilizar esponja ni gasas. Solo con la mano.
—De acuerdo.
—Esto es para que vengas el lunes a consultas externas y te repitan el TAC, quiero asegurarme de que todo sigue en orden. Entrégalo en el mostrador de urgencias y les pides que te den hora conmigo, paso consulta de once a doce.
Arlet asiente con el gesto más relajado y la puerta del box se abre después de que alguien llame con los nudillos. No necesito que se presente para saber que es su hermana, se parecen una barbaridad, solo que esta es más mayor que mi paciente.
—¿Ves cómo ese espanto es peligroso? —rezonga la mujer señalando el patinete en cuanto lo ve.
Me hago a un lado y dejo que se acerque a su hermana.
—No me abraces que me destrozas —la avisa Arlet con gesto compungido.
Su hermana se detiene en seco y la mira de arriba abajo antes de reanudar el paso y darle un beso en la cabeza.
—Ella es la doctora que se ha hecho cargo de mí —anuncia Arlet y me señala.
La hermana me mira, y el abrazo que no le ha dado a mi paciente acabo recibiéndolo yo sin que me dé tiempo de salir huyendo. Me quedo inmóvil, sin lograr esconder mi incomodidad mientras mis ojos se clavan en los de Arlet, que me mira como si estudiase mis reacciones.
—Gracias por haberla ayudado —dice soltándome por fin.
Tardo en reaccionar. Hace tiempo que no llevo bien el contacto físico con la gente, solo se lo permito a Maribel y suele ser a regañadientes, y ya no recordaba lo que se siente cuando alguien te envuelve con sus brazos.
—Voy a llevar ese trasto del infierno al coche y vuelvo a por ti —anuncia la hermana, cogiendo el patinete y abandonando el box.
—¿Estás bien, Teloy? —pregunta Arlet, y me doy cuenta de que sigo petrificada mientras trato de que esta extraña sensación abandone mi cuerpo.
Afirmo con la cabeza para ganar tiempo, y solo reacciono cuando ella me sonríe. Un escalofrío me recorre la columna de arriba abajo y carraspeo tratando de serenarme.
—Disculpa a mi hermana, a veces es muy intensa y no tiene freno.
Parpadeo y vuelvo a afirmar, hasta que finalmente, me acerco a ella y le extiendo la mano.
—Tengo que seguir haciendo la ronda. Ha sido un placer conocerte, pero no me gustaría nada volver a verte por aquí.
Arlet estrecha mi mano con una firmeza que me gusta y esboza otra sonrisa que logra calmarme por completo.
—A mí tampoco me gustaría volver a verte en estas circunstancias…
El resto de la frase queda en el aire cuando la puerta vuelve a abrirse y su hermana entra con una bolsa de ropa mientras se queja de que le hayan llamado la atención por dejar el coche frente a la puerta de urgencias.
—Cuídate, te veo el lunes.
Suelto su mano cuando ella afirma y me despido de su hermana con un gesto de cabeza, pasando rápido por su lado, preparada por si vuelve a abalanzarse sobre mí.